Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AMB







domingo, 6 de mayo de 2012

Esa música extraña...


Diario de un obstinado

(Sábado, 10 de Abril, 1993)


Decía Hölderlin, en las primeras páginas de su "Hiperión", que se arrepentía de haber estudiado en las escuelas, que la ciencia, de la que había esperado la confirmación de sus alegrías, la aserción de sus sueños, era la que le había estropeado todo...


"En vuestras escuelas es donde me volví tan razonable, donde aprendí a diferenciarme de manera fundamental de lo que me rodea; ahora estoy aislado entre la hermosura del mundo, he sido expulsado del jardín de la naturaleza, donde crecía y florecía, y me agosto al sol del mediodía."

A esto es lo que llamo el veneno de la realidad. Es ese lenguaje, ese código de signos, esa música extraña que domina el mundo... Forzosamente la escuchamos día tras día, sin poder evitarlo, porque nos rodea por todas partes. Cada ser humano con el que nos cruzamos en la calle es un agente, un miembro de la ingente secta, un portador del veneno. Y también cuando estamos solos, sí, incluso en soledad seguimos oyendo esa música extraña, esa canción de locos, porque, lamentablemente, sale también de nuestra propia boca.

No digo que los hombres sean conscientemente culpables de esta situación, pero sí lo son a nivel inconsciente. Simplemente, se han dejado llevar, han abandonado sus sueños, porque la realidad que iban descubriendo no se correspondía con ellos. Se han dejado envenenar.

Ya hemos hablado otras veces de la libertad. Sí, somos libres, pero la mayoría no usa esa libertad más que para elegir adaptarse. Por supuesto, es mucho más cómodo, mucho más fácil amoldarse a lo ya establecido y dejar de lado cualquier novedad, cualquier diferenciación, cualquier individuación. De hecho, es tan fuerte la llamada de la realidad que nuestra adaptación a ella no la consideramos como algo cómodo y fácil, sino simplemente como algo necesario. El problema está, según yo lo veo, en estimar esa realidad como real, en no reconocer el veneno.

Recuerdo que cuando era joven solía decirles a mis amigos, y a mí mismo, que una cosa era el mundo y otra muy distinta la vida, y que nunca debíamos confundirlas. Dicho así, se entiende muy poco, es una definición demasiado simple, sólo una expresión adolescente que no explica nada. Pero yo sabía muy bien lo que quería decir, y lo sigo sabiendo. Primero conoces la vida, tu conciencia está limpia, tu corazón es sensible, eres capaz de amar, capaz de relacionarte directamente con lo que te rodea y de unirte a ello. Hablas un lenguaje, que me atrevo a llamar mágico, y a través de ese lenguaje puedes comunicarte con las plantas, con los animales, con las nubes, con las estrellas... Reconoces al mundo que te rodea como algo maravilloso de lo que tú formas parte. Recordando las palabras de Hölderlin, te sientes dentro de la hermosura del mundo, estás dentro del jardín de la naturaleza. No eres razonable, pero tampoco un tonto que se cree inmerso en una especie de cuento de hadas. Lo que ves ante ti es una llanura inmensa, que ondea bajo el cielo de la noche, y que te llama...

Esa voz, que a veces continúo escuchando a través de la lejanía, es precisamente lo que me convierte en diferente. Me niego rotundamente a dejar de oírla. Ahora ya tengo casi treinta y seis años, he pasado y sigo pasando por las inevitables escuelas de la realidad, por los largos días extraños. Debería ser más razonable, debería haberme aprendido la lección a fondo. Me han enseñado muy bien qué es el mundo y qué soy yo. Me han dictado mil veces mis deberes, lo que tengo que hacer, que pensar, que sentir...

Pero lo siento, soy un obstinado. Y, como decía mi querido Hermann Hesse, el obstinado sólo obedece a una ley, a una sola, la que lleva dentro de sí, en su corazón, a su propio sentido, a esa voz que le llama desde la lejanía.

Ya sé que no soy un pensador. Ni siquiera sé escribir bien. A mi discurso le falta claridad, es torpe, desmañado, está lleno de saltos, no tiene coherencia. Ya, ya lo sé, pero esto no es un ensayo, ni pretendió serlo nunca, ni de lejos. Estas páginas componen sólo las hojas de un diario, un diario íntimo, escrito en soledad, escrito en silencio, con la noche como única presencia. Páginas escritas sólo para mí mismo, y quizá para algún amigo que llegue algún día a leerlas. Páginas que no tienen, seguramente, ni pies ni cabeza, pero que tienen, eso sí, corazón.

Escuchemos, para terminar, un antiguo poema del lejano oriente, que a mí me parece tan cercano, uno de los últimos que escribió Saigô, el errante:



"Puesto que pienso
que lo real
nunca es real,
¿cómo podría creer
que los sueños no son más que sueños?"
 
 
Antonio H. Martín
(Abril, 1993)
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imagen: "The Autumn Labyrinth", por Jacek Yerka

sábado, 5 de mayo de 2012

Vienen los 55...



El mes que viene cumplo 55 años. La verdad es que me parece increíble haber llegado hasta aquí... En mis fantasías de juventud, la imagen más habitual era la de un final temprano, que no llegara ni a los cuarenta... Pero aquí estoy, viviendo aún, y además una nueva vida, en un lugar nuevo, en un valle entre montañas. Es como un sueño hecho realidad.
Siempre se ha dicho aquello de "plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro", como la realización de una existencia, pero yo no he hecho nada de eso. Me he limitado a seguir la pauta del tiempo, adaptándome como mejor supe a las circunstancias del momento. Estuve casado durante más de treinta años con una buena mujer a la que quería, pero el tiempo demostró que no era mi compañera, por diferentes motivos, que no vienen al caso. Ese primer beso, bajo el sol de verano, me lo dijo claramente, pero uno era cabezota, terco como una mula, e insistió en prolongar lo que la vida, a la larga, mostró como imposible...
Bueno, ya hace más de un año que estamos separados. Vivo solo, como siempre quise, porque entronca con mi ser más íntimo, con esa imagen de lobo solitario que mi sombra me recuerda una y otra vez. Y la soledad es eso: el espejo que mejor te refleja. Hay de todo en este micro universo, bueno, malo y regular... Pero, es mi forma de saber vivir. Porque no sabría vivir de otra manera. Las compañías las celebro, y me alegran la existencia, pero sólo si son ocasionales. Soy solitario por naturaleza.

Me acompañan las nubes viajeras, los árboles y el río cuando paseo por el pueblo. Y las viejas casas de piedra, el aire, las luces cambiantes, los aromas de las flores y esos pequeños amigos de cuatro patas a los que adoro, perros y gatos a los que dispenso salchichas, y que se vuelven locos de contento cuando me ven. Animales inocentes, que suelen estar presos de cadenas, o encerrados, y que ven en mí a un ser humano diferente, que les presta atenciones a las que no están acostumbrados.
Y luego, ya en casa, están los libros, los benditos amigos que tantas pasiones encendieron en mí en el pasado. Esos objetos fieles, de papel y cartón, llenos de magia, que pueden acompañarte, hablarte, e incluso influir en tu vida de manera considerable... Y la música, la maravillosa música, que no sólo te acompaña, sino que a veces hasta te atraviesa...

Así que, visto lo visto, no puedo quejarme. Y si alguna vez lo hago será por alguna deformación de mi carácter... Por lo demás, no he plantado ningún árbol, porque no tengo jardín para hacerlo; no he tenido hijos, porque así lo decidí en su momento; y lo del libro... Bueno, he escrito muchos cuadernos personales, y este "cuaderno nocturno" virtual lleva funcionando desde hace ya casi cinco años. Y algunos lectores ha tenido, y tiene. Con críticas de todo tipo, pero generalmente positivas.
No es que uno quiera dejar huella, pero me apetecía hacerlo y así lo he hecho. Aparte de que esto de publicar mis reflexiones en internet, me ha reportado muchas buenas relaciones, incluidas ciertas buenísimas amistades, sobre todo una...

En fin, que eso, que vienen los cincuenta y cinco, y a uno le entran ganas de hacer balance. Y... sólo puedo decir lo siguiente: que el balance sale en positivo. Tengo la sensación de estar viviendo una vida "de regalo", porque nada de esto me esperaba. Bienvenida pues esta vida adiccional. Así es la vida, siempre: ¡sorprendente!

Termino con una cita de un libro de Eduardo Punset, que leí hace poco:

El oxígeno que respiramos, el calcio de nuestros huesos, el hierro de nuestra sangre y el carbono de nuestras células se forjaron hace miles de millones de años en el interior de las estrellas. Por eso para entender nuestro origen debemos entender primero el de las estrellas.

Me parece una cita preciosa, que me sitúa en el lugar adecuado. Somos, efectivamente, hijos de las estrellas. Intentemos pues vivir de acuerdo a ello, y quizá echemos algo de luz sobre este mundo oscuro...



Antonio H. Martín



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imagen 1: "Northern Lights" (Alaska), por M. Warren Fancy
imagen 2: "Northern Horizon" (Cantabria), por AHM
música: "Long Ago", por Michael Hoppé, Martin Tillman y Tim Weather

miércoles, 25 de abril de 2012

La sombra (II)




El día era desapacible, con nubes grises y fuertes vientos. Se había refugiado en la intimidad de su casa, porque allí afuera, entre las calles de piedra, le costaba mantener el sombrero sobre su cabeza. Y hasta cuando se cruzaba con alguien en el camino, era difícil hablar, porque el aire se llevaba las palabras. No era tiempo para pasear, ni para encuentros, ni para nada. Así que decidió que el mejor sitio para estar era su pequeña casa, caldeada de libros y silencio. Pero al poco de estar allí, desde un rincón oscuro del cuarto de estudio, reapareció la sombra... Era pequeña, pero afilada, y muy, muy negra. Le miró, le sonrió de una manera que se podría llamar cruel, y le dijo en un susurro...

-Te dije que volvería...
  
Pero él no se arredró y le devolvió el saludo:

-Hola, sombra. Te esperaba.
 -¿Me esperabas?  
-Sí.
 - Bien, pues aquí estoy de nuevo.
 -Y... ¿tienes algo que decirme, o vienes sólo a molestar a este solitario?
 -No, no vengo a molestar, aunque yo para ti sea la molestia.
 -¿Y a qué vienes, sombra?
 -Sobre todo, a mirarte, y a que me mires...
 -No creo que eso sea interesante, ni para ti ni para mí.
 -Para mí sí lo es, lobo solitario, porque me nutro de tus vacíos.
 -¿Cómo es eso?
 -Ya ves, viejo, las sombras nos alimentamos de oscuridades, y las tuyas... me gustan sobremanera.
 -¿Por qué?
 -Porque son mi alimento preferido. Al fin y al cabo soy tu sombra.
 -Sombra, estás loca.
 -Sí, pero no más que tú.
 -Bueno, ¿y qué más?
 -¿Quieres que te conceda un deseo? Tengo ese poder...
 -¿Ah, sí? Pues mi deseo es que te vayas.
 -¿Irme? No puedo irme, lobo solitario. Formo parte de ti.
 -¿Y si enciendo luces?
 -Me obligarás a ocultarme, pero... no me iré.
 -Vaya, pues lo nuestro parece fijado.
 -Lo está.

La noche iba avanzando paulatinamente, y la sombra parecía cobrar más poder en la oscuridad, ganando terreno palmo a palmo. Lo cual puede parecer lógico, pero al tal "lobo solitario" no le hacía ninguna gracia... Se decidió por fin a espetarle:

-¡Sombra, vete ya! ¡No te quiero a mi lado!
 -No puedo hacer eso, lobo, yo soy tu otro lado.
 -¿Entonces hemos de convivir siempre tú y yo?
 -Así es.
 -No me gusta.
 -¡Te aguantas! Al fin y al cabo soy una creación tuya.
 -Será inconsciente...
 -Sí, lo es, pero no olvides que el inconsciente es más fuerte que la conciencia.

  El viento había amainado, pero ya era noche profunda. Las nubes viajeras se contaban sus historias allá arriba, mientras que los árboles y el río se disponían a dormir sus sueños. El solitario se sentó en su sillón, dispuesto a olvidar...

-¿Qué quieres olvidar? -le preguntó la sombra.
 -Ay, me gustaría olvidarte a ti. Que desaparecieras de mi vida para siempre.
 -Para eso, caminante solitario, deberías hacer antes una cosa...
 -¿Qué?
 -Olvidarte a ti mismo.
 -Sombra, a veces pareces ser mi amiga, mi consejera... Aunque no me guste lo que me dices...
 -Los gustos son veleidosos, caminante. Los gustos forman parte del aire que sopla en el momento, pero tu sombra siempre te dirá lo que debes oír. Tu sombra es tu fiel compañera.
 -Ya, ya veo que eres fiel, demasiado fiel...
 -¿Por qué "demasiado"?
 -Porque no quiero escuchar tus palabras. Me duelen...
 -Eso es porque te tocan.
 -Sí, me tocan, y me hacen daño.
 -Ese "daño" es por tu bien, amigo lobo solitario.
 -¿Por mi bien?
 -Sí.
 -¿Y por qué me llamas "amigo", si yo te odio?
 -No, no me odias.
 -¿Ah, no?
 -No, no me odias. Al contrario, me necesitas. Por eso vengo a ti una y otra vez.
 -Ahora sí que no te entiendo...
 -Sí, sí me entiendes, y muy bien.

  El solitario se levantó del sillón y se fue a caminar por la casa desierta. En la caja de música del salón sonaba una música de piano, una balada que parecía triste, quizás nostálgica, pero que venía a ilustrar las últimas palabras de la sombra. Puede que tuviera razón este ser extraño, y que su presencia fuese imprescindible en su vida. No podía saberlo con certeza, pero algo le decía que sí.

 -Sombra, ¿quién eres en realidad?

  La sombra se estiró, llegando hasta el techo, y le dijo:
  
 -Yo... soy... tú.
 -Ya, eres mi sombra, pero...
 -¿Pero qué?

  La noche era dueña de ese pequeño universo. El aire estaba, por fin, tranquilo, los libros brillaban en sus estantes, como viejos tesoros, y la luz de la lámpara sobre el escritorio era como una suave caricia, como esa buena amiga que te abraza en los momentos más difíciles... Mientras que la música acompañaba al silencio, con sus armonías, con sus roces, sus colores, azul, verde, violeta, con su entramado de voces y sueños...
  Y dijo la sombra:

  -Amigo, escúchame. De mí aprenderás...
  -¿Qué aprenderé, sombra?
  -A vivir, y a morir.
  -¿Eso lo he de aprender de ti?
  -Sí, lobo solitario, sí...

  Y se fue, por la fina línea oscura entre dos libros, sonriendo, de regreso a su mundo de sombras, con la certeza de que volvería de nuevo.
 
  El caminante se quedó a solas con su silencio, acompañado levemente por los retazos de música, que aún le llegaban desde el salón, y pensó, pensó en este encuentro con su sombra, en este nuevo reflejo del espejo...
 
  -¿A vivir y a morir?... Pues aquí te espero, sombra. 


Antonio H. Martín





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imagen: AHM, como lobo solitario
autor: una buena amiga
música: "Farewell", por Michael Hoppe
pinturas del vídeo: John Atkinson Grimshaw (1836-1893)

martes, 17 de abril de 2012

Hay que morir esta muerte...



Una buena amiga, que dice conocerme bien, me dijo recientemente que yo le parecía un personaje de Dostoyevski... Pero no entró en detalles. ¿Quizá el personaje de "Noches blancas"? ¿O alguno de "Los hermanos Karamazov"?... No lo sé, ya se lo preguntaré. Pero, el caso es que ese comentario me hizo recordar un buen artículo de Hermann Hesse, de 1925, sobre ese escritor, que leí hace muchos años y que estimo necesario reproducir aquí. Tal vez sea un texto algo denso, pero dice cosas muy relevantes...

Antonio H. M.

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SOBRE DOSTOYEVSKI

por Hermann Hesse



No se puede decir nada nuevo sobre Dostoyevski. Todo lo que se podría decir de razonable y justo sobre él ya está dicho, y si en otro tiempo fue nuevo e ingenioso, ahora resultaría anticuado, en tanto que la figura amada y tremenda del poeta se nos presenta siempre envuelta en misterio, cuando nos acercamos a él en momentos de pesar y de abstracción.
El burgués que lee el Raskolnikov y, tumbado en el sofá, busca en este mundo de fantasmas un agradable espeluzno, no es el verdadero lector de este poeta, igual que el sabio y prudente que admira la psicología de sus novelas y escribe buenos folletos sobre su concepción del mundo y de la vida. Debemos leer a Dostoyevski cuando somos desdichados, cuando hemos padecido hasta el límite de nuestra capacidad de sufrimiento y sentimos toda la vida como una única herida ardiente y abrasadora, cuando respiramos desesperación y morimos muerte de desesperanza. Luego, cuando miramos la vida desde la miseria, solitarios y paralíticos y ya no la comprendemos en su salvaje y bella crueldad y no queremos nada de ella, entonces estamos abiertos para la música de este tremendo y magnífico poeta. Entonces ya no somos espectadores, ya no somos gozadores y juzgadores, entonces somos pobres hermanos entre todos los pobres diablos de sus obras, entonces sufrimos sus dolores, miramos fijamente con ellos, fascinados y jadeantes, el remolino de la vida, el molino de la muerte en eterna molienda. Y entonces oímos la música de Dostoyevski, su consuelo, su amor, entonces experimentamos el maravilloso simbolismo de su mundo espantoso y con frecuencia tan infernal.

Dos fuerzas son las que nos solicitan en estas obras, de la oposición de dos elementos y polos contrarios crece la mítica profundidad y poderosa amplitud de su música.
Una es la desesperación, el sufrimiento del mal, el aceptar y no oponerse más contra la cruel y sangrienta crudeza e indecisión de todo ser humano. Hay que morir esta muerte, hay que pisar este infierno antes de que la otra voz, la celestial voz del maestro, nos pueda llegar realmente. La sinceridad y simplicidad de la confesión de que nuestra existencia y humanidad es una pobre cosa, dudosa y quizá desesperada, es una suposición. Debemos entregarnos al dolor, abandonarnos a la muerte, todo el infernal reír de la desnuda realidad deberá haber congelado nuestros ojos antes de que podamos percibir la profundidad y verdad de la segunda, de la otra voz.

La primera voz afirma la muerte, niega la esperanza, renuncia a todos los disimulos y alivios ideológicos y poéticos con que estamos acostumbrados a dejarnos engañar por los poetas lisonjeros sobre la peligrosidad y crueldad de la existencia humana. Pero la segunda voz, la segunda voz, verdaderamente celeste, de este poema nos muestra de otra parte, de la parte celestial, otro elemento que la muerte, otra realidad, otra esencia: la conciencia del hombre. Aunque toda la vida del hombre sea guerra y dolor, vulgaridad y espanto, hay también algo más: la conciencia, la facultad del hombre de presentarse ante Dios. La conciencia nos lleva ciertamente a través del dolor y del miedo a la muerte, nos lleva a la miseria y a la culpa, pero también nos saca fuera de la insoportable y solitaria insensatez, nos lleva a entablar relaciones con la Razón, el Ser, lo eterno.

La conciencia no tiene nada que ver con la moral, ni con la ley; puede estar con ellas en la oposición más temerosa y mortal, pero es infinitamente fuerte, más fuerte que la pereza, más fuerte que el egoísmo, más fuerte que la vanidad. Señala siempre, aun en la más profunda miseria y en el último extravío, un estrecho sendero, abierto, no hacia el mundo predestinado a la muerte, sino más allá de él, hacia Dios. Duro es el camino que lleva al hombre hasta su conciencia, casi todos viven siempre en contra de esta conciencia, se resisten, se cargan más y más, se hunden en la conciencia ahogada, pero todos están en todo momento más allá del dolor y de la desesperación, en el camino abierto que llena la vida de sentido y hace fácil el morir. El uno debe enfurecerse y pecar durante largo tiempo contra su conciencia, hasta que experimenta todos los tormentos del infierno y se ha manchado con todo lo horrible, para al fin, suspirando profundamente, sentir el error y vivir la hora de la transformación. Otros viven en buena amistad con su conciencia, raros, felices y santos hombres, y a ellos les puede suceder lo que sea, no les roza más que por fuera, no les toca el corazón, siempre permanecen puros, la sonrisa nunca desaparece de su cara. Uno de estos es el príncipe Myschkin.

Estas dos voces, estas dos advertencias las he escuchado en Dostoyevski, en los tiempos en que yo era un buen lector de sus libros, en los momentos que la desesperación y el dolor me depararon. Hay un artista que me ha causado una impresión semejante, un músico al que no puedo amar y escuchar en todo momento, igual que no pude leer en todo tiempo a Dostoyevski. Este músico es Beethoven. Tiene aquel conocimiento de la felicidad, de la sabiduría y de la armonía que no se puede encontrar por caminos llanos, que sólo brilla en los caminos que bordean los precipicios, que no se recoge sonriendo, sino con lágrimas y agotados de dolor. En sus sinfonías, en sus cuartetos hay pasajes en los cuales resplandece sobre la miseria y el extravío algo infinitamente conmovedor, infantil y delicado, un presentimiento de sentido, un conocimiento de salvación. Estos pasajes los encontré todos también en Dostoyevski.


Hermann Hesse (1925)



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imagen: retrato de Fedor Mijailovich Dostoyevski
música: Sonata para piano en Re menor, nº 17
autor: Ludwig van Beethoven
piano: Wilhelm Kempff

martes, 3 de abril de 2012

El renacer literario



El hijo de un viejo y querido amigo (digo "viejo" porque nuestra amistad se remonta al lejanísimo año de 1968) es estudiante de periodismo, y ha escrito recientemente un interesante texto sobre este mundo de los blogs, como trabajo para la universidad. Y bueno, el caso es que incluye un comentario sobre mi humilde cuaderno, al cual califica de "melancólico, romántico y profundo"...
Es muy posible que haya acertado en los tres adjetivos, aunque, personalmente, me quedo sólo con los dos primeros. Y en cuanto a que esto de la comunidad bloguera signifique un "renacer literario", pues tengo que reconocer que tengo mis dudas al respecto, pero asimismo reconozco que esta plataforma ha sido y es muy útil a muchos nuevos escritores para darse a conocer, entre los cuales me incluyo, por supuesto. No es para nada lo mismo escribir en tu cuaderno de papel, en la intimidad, dejando el mismo oculto en un cajón, y leyéndolo ocasionalmente a algún amigo, que poder publicar tus textos abiertamente en un medio como internet, enriqueciéndolo con imágenes o incluso músicas.
En ese sentido, es todo un acierto lo de estas plataformas, y les debemos estar muy agradecidos. No sólo porque otros nos pueden leer y podemos leer a otros, asunto éste que de otra manera hubiera sido imposible, sino que además viene a significar todo un entramado de puentes relacionales, del que incluso han surgido muy buenas amistades.

Y ya os dejo con el texto del hijo de mi amigo, del que no menciono el nombre porque así lo prefiere. Si sigue escribiendo así de bien, ya sabremos cómo se llama, porque veremos su nombre impreso en más de un buen libro....


Antonio HM.

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El renacer literario a manos de la comunidad bloguera española
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Imbuida en el torrente de opciones y posibilidades electrónicas, la comunidad de lectores españoles –caracterizada por su diversidad de gustos y estilos-, recibe con los brazos abiertos un nuevo fenómeno sociológico y cultural: la herramienta blog –abanderada por webs como wordpress o blogger, entre otras- a través de la cual escritores consagrados y nuevos creadores conciben pequeñas historias que enriquecen el ya de por sí rico, intenso y dinámico universo literario nacional.
Desde el reflexivo “Lejanías sin Distancia”, el comprometido y visceral “Tardes Grises”, el diverso y visual “Ocurre el Universo” o el melancólico, romántico y profundo “Cuaderno Nocturno”, la comunidad bloguera española presenta visos de erigirse como una de las principales referencias a tener en cuenta en el panorama creativo ibérico y, por extensión, del conjunto de nuevas tecnologías a escala mundial.

La posibilidad de publicar contenidos de muy diversa extensión, empleando gran cantidad de lenguajes digitales, entre los que podemos encontrar textos, hiperenlaces, fotografías, música o vídeos, convierte a la comunidad bloguera (enfocada al mero acto de crear, con todas sus consecuencias), en la estrategia comunicativa más completa, frente a la brevedad y mayor actualización de Twitter o el funcionamiento más esquemático y delimitado de las distintas redes sociales, enfocadas a la mera transmisión de contenidos concretos y definidos.

Universo de profundidad y reflexión creativa: Cuaderno Nocturno, de Antonio H. Martín

La imaginación, principal arma arrojadiza del blog literario, genera una conexión estable y duradera entre los distintos autores y la pequeña –o inmensa- prole de seguidores que, ávidos por encontrar textos de calidad y buenas historias, hallan aquí un portal de renovación inmediata, posibilidades infinitas y creatividad desbordante, amén de la posibilidad del fácil acceso o contacto con el autor, lo que enriquece ambas partes y “humaniza” la figura del escritor. Como ejemplo exponencial de esta nueva realidad literaria, Antonio H. Martín, autor del blog “Cuaderno Nocturno”, representa a la latente camada de autores que encuentran en las redes digitales su vía de transmisión predilecta. Sus entradas, pequeñas pinceladas de arte, narrativa, poética y reflexión, describen un entorno onírico –no olvidemos que la propia dirección del enlace que nos conduce a sus textos (http://dunsany8.blogspot.com/) nos retrotrae a Lord Dunsany, novelista anglo-irlandés aclamado por sus cuentos fantásticos, de épica celta- y convierte al lector en parte activa de cada texto, invitándole a seguir los vericuetos de la mente, las sugestivas imágenes del paisaje cántabro desde el cual concibe gran parte de sus contenidos, tomando como inspiración el encanto de la soledad de los pequeños pueblos y aldeas del norte de España, alejado de la estresante y abrumadora actividad de capital, de la que, sorprendentemente y contra todo pronóstico, es oriundo. Una experiencia apasionante, que no hace sino confirmar el buen estado de salud de la otra cara del ingenio e interesante producción de las letras españolas en nuestro tiempo.



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texto: Autor anónimo (de momento)
imagen: AHM

martes, 27 de marzo de 2012

Himno a la alegría



No es que esto vaya a cambiar el mundo, pero... emociona ver a diez mil personas interpretando el Himno a la Alegría de Beethoven.
En cualquier caso, siempre será bueno para el mundo sembrar vibraciones positivas como ésta. Así lo creo.

Un abrazo a todos, amigos.

AHM





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imagen: "Autumn Poolside" (de BIG)
http://www.bancodeimagenesgratuitas.com

miércoles, 29 de febrero de 2012

Tiempo de uvas



Vuelve a este cuaderno esa hada oscura, sonriente y lúcida, sociable y sola, vigorosa, llamada Ana Poo, que ya os presenté hace unos meses con su poema de "La otra orilla". Y lo hace cruzando el puente amarillo de la denuncia y el desencanto, pero apuntando también un horizonte posible, de mejores tiempos y mejores vientos...
Lo de "oscura" sólo lo digo por el color de su pelo, porque por lo demás es una mujer de lo más luminoso, una adicta recalcitrante de la lucha por la vida, la esperanza y los buenos sueños.


Antonio H.M.

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TIEMPO DE UVAS


Hay millones de ojos almendrados,
y manos orientales;
hay voces dulces y mestizas,
y aves migratorias;
van brotando como semillas
de un jardín exótico y grandioso.

Hay tierras calcinadas,
y selvas invadidas por raices ajenas.
Hay calles innombrables,
y flores cercadas por el miedo.
Hay fruta derramándose en las costas,
racimos extranjeros
esperando el suave tiempo
de las uvas,
en el que no llora la Tierra.

Y mientras esperan,
ellos levantan su copa de lluvia
para brindar contigo,
para poder ir juntos,
de dondequiera que fueses,
hacia la primavera.


Ana Poo Espinosa


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imagen 1: AHM
imagen 2: retrato de Ana Poo