Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AMB







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jueves, 27 de agosto de 2015

La mentira


    

    
       Parece que últimamente surgen muchas voces de gente despierta —como las de David Icke o Foster Gamble— que nos alertan sobre la mentira que estamos viviendo. ¿Será esto la señal de un próximo cambio?
    Me gustaría creerlo así, y por hoy me lo voy a creer. La alegría de vivir merece que confiemos en algunas señales...
    Y no es necesario comentar nada al respecto, porque en este cuaderno se ha hablado casi siempre de lo mismo, de una forma u otra. A mi manera personal he dicho aquí que vivimos inmersos en una monumental mentira. Una falsedad consensuada, aceptada por la mayoría, que convierte al mundo en una especie de circo repleto de peleles y payasos, con gente sin voluntad que se limita a seguir los cánones que han sido establecidos por unos cuantos.
    Es a lo que me refería cuando hablaba aquí de que había que diferenciar entre lo que llamo «la mirada del mundo» y «la mirada del sueño», como dos formas claramente definidas de percepción que resultan en imágenes muy distintas de lo que es el mundo y la misma vida. 
    Da igual que esto haya sido dicho hace mucho tiempo, por Hesse, Jung, Watts, Castaneda, Suzuki o Krishnaji... La mentira es muy fuerte y se mantiene en el poder. Pero me gusta sobremanera, y por supuesto me alegra mucho, que estas voces surjan de nuevo y que enciendan con el destello de su lucidez esta época gris y opaca, que se asemeja cada día más a un paraíso para idiotas.
    Por eso, por la estimación que la auténtica vida merece, hoy confío en estas señales. Quién sabe si aún sea posible un mañana mejor... 


AHM
(27 de agosto, 2015)


        

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vídeo: The Lie We Live - Spencer Cathcart


jueves, 18 de diciembre de 2014

Este barco de vida que es el planeta...




    Encuentro en la bitácora del poeta Antonio del Camino (Verbo y penumbra), un vídeo con el discurso que hizo el presidente de Uruguay, José Mujica, en ocasión del reciente homenaje que recibió en Guayaquil. 
    Como dije hace casi un mes en el artículo dedicado a Pablo Iglesias, líder del grupo Podemos, entiendo muy poco de política, pero hay cosas que te llegan de una forma natural. Y este discurso me parece muy digno de ser escuchado y reflexionado. Me agradan la "bonhomía" y la sinceridad que transmite este viejo señor. Y por ello tengo el gusto de ponerlo aquí.
    Habla de cosas elementales, y las trata también de una forma elemental y directa, sin ambages, sin perderse en circunloquios politiqueros ni embarrarse en especulaciones de un supuesto alto nivel que terminan no diciendo nada; sino con esa claridad que viene del sentimiento más básico y humano, con el lenguaje de un hombre campechano, de la calle, que habla sobre lo que conoce, sobre lo que ha vivido y sigue viviendo de cerca.
    Este señor Mujica confiesa no creer en el más allá. No es, en ese aspecto, de los míos. Pero se le nota que sí cree, y con fuerza, en el más acá. En cualquier caso, cree en la vida y en que es necesario luchar por ella, para que no sea el valle de lágrimas que algunos se empeñan en hacernos creer como inevitable. 
    Una vez más, tengo que decir aquello de que no es este cuaderno el sitio idóneo para estas cosas, pero merece la pena incluir un discurso donde se dice que... 
    «Lo imposible cuesta un poco más.»
    Que viene a significar que, aparte de lo difícil que pueda resultar, en realidad no es imposible. Me parece un buen mensaje. 


A. H. Martín 
(18 de diciembre, 2014)


        

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imagen: Milky Way over Piton de l'Eau - Luc Perrot (25-Jun-2012)

viernes, 28 de noviembre de 2014

Pablo




Allí de donde vengo nadie me retenía.
Sé que nadie me espera donde voy.

Por la ventana inmóviles desfilan los paisajes.
Sería hermoso no llegar a ningún sitio.

Permanecer así:
viajando de un lugar que ya no existe
a otro que jamás existirá.


Juan Bonilla
(«El viajero»)



    No es nada habitual en este cuaderno el hablar de política, y eso es principalmente por dos razones. En primer lugar, porque yo de política entiendo muy poco. No es que sea apolítico, pero para escribir sobre política me faltan conocimientos, históricos y actuales, y la necesaria visión de conjunto. Puedo opinar someramente, como cualquiera, sobre algún evento en particular, pero no profundizo lo suficiente, por lo que acabo de decir, que carezco de los suficientes datos y análisis para tener un criterio con fundamento. Así que, por consiguiente, me suelo abstener de cualquier crítica, más allá de un simple comentario superficial. No por no querer mojarme, sino por no decir tonterías. Mejor no hablar de lo que no se sabe.
    Y en segundo lugar, porque este cuaderno no fue creado para ese tipo de comentarios. Los que os pasais por aquí sabeis bien que la tónica que se frecuenta en este cuaderno desde hace años, desde su comienzo, es más bien intimista, dedicada a reflexiones, más o menos afortunadas, que algunas veces se disfrazan de cuentos que rozan lo fantástico o entran plenamente en esa dimensión. 
    Pero hoy me apetece dejar el testimonio de un personaje que últimamente está cobrando cierta fama en este país. Me refiero al líder de esa nueva formación política que lleva el sugerente nombre de "Podemos": Pablo Iglesias. Y lo hago porque este individuo, a pesar de las críticas negativas que suele recibir desde uno y otro lado (que tachan su discurso como adoleciente de populismo y demagogia), me parece que habla muy nítidamente, poniendo los puntos sobre las íes, sin ambages, y dando en el clavo de las cuestiones más importantes. 
    Otra cosa es que las soluciones que propugna sean o no viables. Los que entienden dicen que no. Pero me gusta mucho que alguien tenga la valentía de llamar a las cosas por su nombre, sin eufemismos ni circunloquios, sin esconderse ante nadie y caiga quien caiga. Y me hacen gracia las reacciones que despierta entre algunos típicos políticos y politiqueros de sillón, que hasta llegan a ponerse nerviosos ante la claridad de sus palabras y la fuerza directa y natural de su mensaje. 
    Lo de la no viabilidad de sus propuestas tiene su explicación. Cuando se proponen soluciones nuevas a viejos problemas se está intentando mover aquellas piezas que llevan demasiado tiempo fijas sobre el tablero, como si estuvieran clavadas. Es decir, se está intentando un cambio profundo y básico en el esquema habitual. Eso, que a algunos les suena como a desastre y al fin del mundo conocido, es lo que carga las tintas sobre su supuesta inviabilidad. Recordemos, sin embargo, que algo que parece utópico no es en realidad imposible. La utopía se refiere a algo que no existe, pero no necesariamente a algo que no pueda existir...
    Los que asisten con desagrado, sorprendidos —y quizá algo temerosos— al avance de esta nueva formación, son precisamente los que están en absoluto de acuerdo con el sistema, los apoltronados, los que se benefician de que las cosas estén como están. Son los que suelen decir aquello, por ejemplo, de que si se les subieran los impuestos a los que más tienen, lo único que se conseguiría es que se fueran del país. Así que mejor que sigan siendo los que menos tienen sobre quienes caiga el peso de los tributos.    
    En fin, repito que no entiendo casi nada de política y que este lugar no es el idóneo, pero hay cosas que gustan de una forma natural. Y el discurso de este joven señor Iglesias (al que los idiotas llaman "el coleta") me parece sumamente atractivo. Quizá sea por simple intuición y algo de empatía, pero hoy me parece el necesario contrapunto frente a tanta bazofia política anclada y supuestamente correcta. Como una voz en el desierto.
    Lo más probable es que el desierto no se deje amilanar. Casi seguro que no. Y seguirá siendo desierto mucho tiempo más, quizá por siempre. Que para eso están los celosos guardianes de los valores "sempiternos", los controladores y súbditos del mundo. La gran masa gris formada por los "realistas" (inventores y amantes de la realidad tal como se muestra ahora) y por los desencantados (los que dejaron de creer en los cambios y se resignaron a lo que defienden los anteriores).
    Pero, desde aquí dedico mi aplauso a este joven político con leve apariencia de nazareno —y a su grupo, por supuesto—, que ha venido a traernos una voz nueva y fresca. Una voz que, con un claro destello de sinceridad, brilla hoy en medio de ese desierto gris de lo convencional y lo falso, de lo putrescente en que tantos "realistas" han querido siempre ahogarnos, para salvaguardar sus turbios valores y sus manchadas riquezas.        
    No es en absoluto mi intención poner a Pablo en algo parecido al lugar del héroe, lo pongo en el lugar que le corresponde. Como he dicho antes, es una voz en el desierto, una voz necesaria que viene a cubrir el asfixiante hueco que había en la esfera política de este país. Una voz que nos recuerda que las transformaciones aún son posibles. Que hay esperanza, si hay voluntad. Que, aunque muchos no quieran reconocerlo y muchos otros no lo deseen, la verdad es que podemos.

    Le dedico esa imagen del mago Merlín, no porque le identifique con esa figura mítica, ni mucho menos, sino porque le van a hacer falta algunos poderes mágicos para alcanzar la meta que se ha propuesto. Quizá entre todos, se pueda generar esa magia. No puedo evitar dudarlo, porque son demasiadas las sombras contrarias, los muros y los castillos, pero hay que intentarlo. Al menos, de momento, ya tenemos una alegre pincelada de color en el lienzo gris de esa fingida y cochambrosa realidad, que tantos quieren eternizar.


Antonio H. Martín 
(28 de noviembre, 2014) 
     
   





        

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imagen 1: Merlín, el mago (o quizás otro druida)
imagen 2: Pablo Iglesias (líder de "Podemos")

domingo, 10 de enero de 2010

Tambores cercanos




Bien, ya llegó la hora de contestar vuestros amables comentarios, y lo voy a hacer desde aquí, como una nueva entrada, para que se vea más y este tema quede más expuesto...
Se fueron los tres Reyes Magos de Oriente, imagino que a sus países de origen. Les ví pasar volando a última hora de la noche sobre sus camellos alados (¿o eran nubes?), y dos de ellos me dedicaron un saludo desde lejos, como único regalo. Pero el tercero ni siquiera me miró. Era el que llaman Baltasar...


Daniel Damián ( Conde de Galzerán) dijo...
Me temo que no se trata de mala música o de música rabiosa, amigo Antonio; yo diría que es una cuestión de educación y del respeto a los demás. A mí me gusta que seas, cuando procede, políticamente incorrecto. Cada vez echo de menos en los demás, la razón y la verdad que día a día se va disfrazando de teorías cretinizantes, presuntamente post modernas, ecolomoralfascistoides. Por muy “modernos” que seamos a las cosas hay que llamarlas por su nombre.

Si eso ya dura una década, mala solución le veo. Una de dos: o ahuecas ó léete otra vez, -que resulta más barato- el Balneario de nuestro tío Hermann. Allí no habían negros; pero sí un holandés insoportable. El problema no es el color del ruido, sino la escasa instrucción de nuestro mundo.


Daniel, lo de "música rabiosa" lo decían en el documental que menciono, no lo digo yo, pero lo suscribo totalmente, porque a veces he pegado la oreja a la pared para intentar entender la letra y sí, es música grosera y rabiosa, es una música que ataca, que golpea y a la que se le nota mucho la intención de herir.
Yo de "moderno" tengo poco, jeje, y lo "políticamente correcto" me parece una especie de pomada pegajosa que echan por encima de los seres y las cosas, sólo para engrasar engranajes y rodamientos, para que la maquinaria funcione según sus intereses.
Recuerdo bien a ese "holandés" del relato de Hesse. Pobrecillo..., si lo único que hacía el hombre era tener la voz grave, arrastrar sillas y toser de vez en cuando... ¡Ojalá le tuviera de vecino! Y el tío Hesse encontró la solución a su problema, si no recuerdo mal, imaginando un punto de debilidad y juventud en su rostro, cierto pliegue de su cuello, o algo así, un gesto que le permitió "querer" a ese vecino y transformarlo de enemigo en amigo. Yo, Daniel, soy incapaz de hacer eso. Cuanto más miro a mis vecinos más lejanos y enemigos me parecen.
Educación no tienen, no, ninguna, ni creo que quieran tenerla en absoluto. Y, efectivamente, si llevo con este problema ya tanto tiempo es porque no tengo salida. Siempre me gustó vivir de alquiler, pero a mi compañera se le ocurrió la bonita idea de que teníamos que tener una casa en propiedad, pensando en el día de mañana. Así que aquí llevo ya diez años "disfrutando" de ese día...
Un abrazo, amigo Conde.

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Isis de la noche dijo...
Créeme que te entiendo, querido amigo, cuando te quejas. Y con justo derecho ;)

Ay.. a veces uno no tiene más que las palabras para desahogarse, máxime cuando se trata de circunstancias que no puedes cambiar o de sentimientos que no puedes gritar en la cara de los directamente involucrados, a no ser que estés dispuesto a recibir improperios, groserías y hasta golpes de su parte...

Pues sabes... hay quienes -negros y de otros colores- se creen dueños del mundo, del espacio que incluso comparten con otras personas. Te cuento -sin culpa- que alguna que otra vez he alzado el volumen al máximo para que mi amado Beethoven hiciera vibrar hasta mis cristales con las sublimes notas de su 'Oda a la Alegría' o para que Steve Tyler hiciera retumbar mis ventanas con su agudísima voz con la que interpreta 'Hole in my soul' jeje... Pero nunca haría de eso una costumbre, sobre todo si sé que eso interrumpe el sueño o la reflexión o la calma de algún vecino mío (a pesar de no conocer a casi ninguno, siento que debo respetar las normas más elementales de la convivencia pacífica....)

Pero a otras personas, eso sencillamente no les importa. Y es que, como bien lo dice el Conde que me antecede ;), ya nadie respeta nada. Solo para que no te sientas solo en tu dolor ;), te cuento que yo tenía unos vecinos (bueno, no sé si eran uno o varios o mujer u hombre o negro o gringo o chino) que escuchaban música atroz durante el día a todo volumen, cuando yo tenía que dormir durante el día porque trabajaba durante la noche....

Ya te podrás imaginar mi desgracia... Un día, sin poder contenerme, salí a la ventana y grité, con todas las fuerzas que mi rabia me permitió, lo que esa persona se merecía escuchar: "Baja el volumen imbécil!!!!!!"

Tuve que elegir cuidadosamente el adjetivo a utilizar porque no sabía el sexo del destinatario de mi 'pedido'. Pero lo hice sin pena alguna. Y ni tonta me iba a buscarle.. Si para algo no tengo ni pizca de paciencia es para lidiar con la estupidez de la gente. No sé por qué dio resultado mi acción, pero lo hizo ;) Tal vez porque durante días antes visualicé ese momento de manera tan perfecta, que sucedió tal cual lo hube imaginado: el volumen descendió y nunca más mi muy merecido sueño matutino fue interrumpido.

No obstante, contemplé varias veces la posibilidad de denunciar a la policía el hecho, pero me prometí hacerlo solo si mi primer intento fracasaba ;)

Y es que debe ser penado por la ley el hecho de atentar contra la necesidad de silencio... el maravilloso silencio que precisamos algunas personas.

Y sí.. el hip hop es horrendo... Y tiene vibraciones energéticas muy bajas. ¡puede ser hasta psíquicamente nocivo!!! ;)

Ay amigo.. te deseo suerte, mucha suerte y paciencia... Espero le encuentres pronto una solución al asunto ;)

besos miles... susurrados ;)


Isis, me alegro de que te diera resultado aquella voz, que seguro estaba llena de energía. Yo no puedo hacer eso... Lo más que he llegado a hacer es a conversar, usando toda la diplomacia posible, y gracias a eso he conseguido algunos resultados positivos. Pero es una situación que se repite y no tiene solución.
Aquí, si vas con este problema a la policía se te quedan mirando como si fueras idiota. Hay una ley contra el ruido, pero es sólo un papel oculto en un cajón olvidado.
A mí una vez se me quejó la vecina de abajo porque puse con el volumen muy alto un aria de Juan Sebastian Bach...
Sí, tienes razón en cuanto a lo de las vibraciones. Esa "música" es perjudicial, te lo aseguro. Será buena para ellos, pero para mí es como un veneno.
En fin, ya vendrán tiempos mejores, jeje. Un beso, maga.

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Alfaro dijo...
Hace años, cuando traducía a Séneca, en una de aquellas parrafadas, leí que él era capaz de abstraerse y escribir, y te iba enumerando todos los ruidos que le llegaban..., a mí me sucede algo parecido, tengo una gran facilidad de abstracción.

Sin embargo, no soporto oír los días de fiesta la misa de la tele que oye uno de mis vecinos, es mayor, oye mal, y todo lo pone excesivamente alto, música, programas de tele, y me abstraigo con todo, incluso a veces disfruto de su música pero con la misa no puedo... pero he encontrado la solución me pongo los auriculares y solo oigo mi música.
Y lo peor es que a veces su mujer me pregunta..., no soportarás... porque oye tan mal... y mira que se lo digo... Y yo como soy medio idiota y me da pena le contesto: no, no si apenas la oigo...
Y luego cuando me quedo sola, me digo seré imbécil...
Pero tú en algún lado podrás realizar una queja, el presidente de la comunidad... que les diga que bajen el volumen.


¡Jaja! Ay, Alfaro, aquí el presidente de la comunidad no sirve para nada. Aquí lo único que sirve es tener buena suerte y poder marcharse con viento fresco.
Lo de la abstracción, como hacía Séneca, me resulta imposible, tengo el oído muy sensible y escuchar tambores cercanos durante horas me marea las neuronas. Al final no sé ni qué escribo ni dónde vivo.
Bien por ti, que has encontrado esa solución de los auriculares. Pero en mi caso, piensa que no es lo mismo un vecino con problemas de oído que un grupo de "negritos" contentos...
Un saludo.

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Amanecer dijo...
Pienso que no es el color de la piel, la que hace las malas costumbres, sino la educaciòn recibida, y la no enseñanza del respeto a los demàs.

Sòlo el que vive el problema, sabe como le està llendo en su casa.
Siento por lo que estàs pasando.
Pero..
Pienso que si has recargado la tinta, al referirte a ellos como ¿Están medio sordos estos "negros"? pudiendo haber escrito "de color".
Lo siento, pero no puedo dejar de decir lo que pienso.


Amanecer, siento que te haya molestado lo de "negros". Es una forma coloquial de hablar, no lo he dicho con ningún sentido despectivo. Decir "negro" o decir "blanco" no significa gran cosa, porque nadie somos ni blancos ni negros, es sólo una forma de nombrar. Y si te fijas verás que siempre lo he escrito entre comillas, o he dicho... "de color... negro".
Según la segunda acepción del diccionario de la lengua española, negro significa: "individuo cuya piel es de color 'negro'".
Así que no es un invento mío, ni lleva sobrecarga de tinta en ningún aspecto.
Y sí, efectivamente, no es el color de la piel el motivo de las "malas costumbres". Es sólo que hay gente con respeto y otra gente que no lo conoce ni de nombre... En mi caso se trata de unos "negros", pero también podrían haber sido chinos, esquimales o galeses. Me da lo mismo. Lo que me molesta no es su color, es su actitud, y su falta de civismo.
Un abrazo, amiga, y no te enfades, por favor, que no hay motivo para ello.
;)
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Poi.eli(z) dijo...
Estoy totalmente de acuerdo contigo Antonio. Diez años en el infierno te han hecho un santo, amigo mío. Te entiendo perfectamente. A veces pienso que hay quienes tienen "by passes" del intestino al oído y vice-versa. Como Isis, trabajé de noche por una temporada, que se prolongó más allá de mis apetencias y aprehendí el involuntario insomnio, no aquél buscado para crecer, sino el evitado para no dejar de hacerlo. He tenido que lidiar con el "bendíto" Rap por mucho tiempo, sin resultado. Estas "personas" entienden que son los únicos "ceros" vivos (ex-pían a cualquiera) con licencias compradas para re-matar a la maltrecha sensibilidad que nos rodea. Hay códigos de urbanidad, pero las reglas no aplícan a todos y la ley tan sólo a nosotros, la clase media (a la mitad del escalafón evolutivo entre los nendertales y los diostóles). No se te ocurra razonar, lo intenté y el volumen se ha triplicado a partír de entonces. Y si pides a las autoridades que intervengan, de manera doméstica, te recomendaran no hacer nada para evitar consecuencias. ¿Soluciones? A no ser que te mudes, que de haberlo podido hacer, ya lo hubieras hecho de seguro, se podría recubrír la pared con algún material que amortigüe el sonido, insonorizarla, abstraerla, separar cielo e infierno con una sima de glorioso silencio. (Cuando hay una cámara de aire en el muro base, ésta se puede rellenar con un material aislante apropiado). Las plantas son otra opción, ellas filtran del aire también los sonidos. El último paso sería proceder judicialmente, de considerarlo, te convendría grabar el alboroto y medír los decíbeles de contaminación auditiva que produce. El oído es uno de los sentidos más frágiles y el ruído puede llegar a dañarlo irreversiblemente. Sigue brillando, guerrero de incólume luz...


La masa innominada, se refugia en
el ruído por temor. Temen enfrentarse al silencio y descubrírse a sí mismos, tal cual son en realidad y no como suponen ser.


Eli, temía que por vivir en Puerto Rico no fueras a entender mis problemas, pero ya veo que no es así, y me alegro mucho. Aunque, al ser poeta, también imaginaba que no podía ser de otra forma...
En cuanto a las leyes sobre el ruido, aquí son totalmente ineficaces. De nada sirve denunciar. Y la pared principal ya la cubrí hace tiempo con unas placas de "pladur", un material aislante, pero como me dijo el operario que hizo la obra: "el ruido es como el agua y se cuela por cualquier parte". Y así es, se cuela por el techo, por el suelo y por otras paredes adyacentes. Sólo hay una solución, y es irse de aquí, cosa que aun no puedo hacer.
Mi oído, amiga, es tan frágil como las alas de una mariposa, o sea que imagina lo bien que lo paso cuando oigo ese "bendito" rap...
"La masa innominada se refugia en el ruido por temor"... Me encanta esta frase tuya, Elisabeth. Muchas veces he pensado lo mismo: esta gente es totalmente incapaz de pasar más de diez minutos sin oír sus tambores. Es como si les asustara el silencio...
Un abrazo, y gracias por tu apoyo.

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Gárgola dijo...
Todo tiene un límite Antonio y veo que tu paciencia está en el borde y con toda la razón del mundo. Está bien que expreses así tú rabia: tempestuosamente. No creo que sea el color de tus vecinos, más bien su (in)cultura y su forma de entender la convivencia o, a lo mejor, esto de la convivencia tenga otro significado en su diccionario...
Que escribas 'negros', no me molesta porque decirlo de otra manera acaba siendo un eufemismo que la mayoría de las veces es falso, mucha de la gente que se refiere a 'afro-españoles' o a 'gente de color' para no ser tildado de políticamente incorrecto, en el fondo esta pensando: negro, moreno o mulato sin que esto sea para nada despectivo y pongo un pequeño texto sacado de la recurrida Wikipedia: “Debido a la herencia y connotaciones dejadas por el racismo, muchas personas tienen reparos en utilizar la palabra «negro». A pesar de ello, actualmente se impone la idea de que la negación de las diferencias no permite su valoración y respeto, es más, innumerables cantantes, historiadores, filósofos, políticos, poetas y artistas de origen africano negro se refieren a sí mismos como negros de forma positiva.”
Me parece que no es su color lo que te incomoda y sí la invasión de tu espacio.
Tengo un amigo, que vive en una urbanización de segundas residencias en medio del campo y antes de los festivos o del verano (cuando vienen los veraneantes) se pone muy nervioso ya que, su preciado y campestre silencio se ve alterado por unos 'blancos: españoles de toda la vida', que sólo se comunican con gritos.
A mi, me ha pasado durante un corto periodo de tiempo que tuve un vecino melómano, con muy buen gusto musical por cierto, pero créeme, tampoco me hacia ninguna gracia despertarme los domingos a la 6 de la mañana con las bodas de Fígaro o no poder dormir mi siestecita del sábado... Y sabe que respuesta me dio cuando fue educadamente a quejar me, que era una histérica y que dentro su casa mandaba él (típico :().
Hay una sentencia reciente de un tribunal de Barcelona, condenando unos vecinos ruidosos después de innumeras denuncias, aunque me temo que el camino de la ‘justicia’ es largo y tortuoso y me parece que no estás dispuesto a ir por estos derroteros…
No sé que decirte ni que consejos te puedo dar… Pero si sirve: ¡te entiendo!

besos



Eso es, Gárgola, exactamente eso: a mí su color me da igual, lo que me molesta es "la invasión de mi espacio", como bien dices.
Lo que más me sirve de tu comentario es que me entiendas, porque hay días en que pienso que soy demasiado raro o delicado, y me quejo de más... Pero la claridad me dice después que tengo razón.
Y también entiendo que no debe ser bueno despertarse un domingo a las seis de la mañana con Mozart a toda pastilla, jejeje, pero... ay, ojalá fuera ese mi problema. Porque a mí me ha tocado oír "reguetón" a las ocho.
Un abrazo de silencio.

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Malvada Bruja del Norte dijo...
:-)))

Ahora me dirás ¿de qué te ríes Bruja? Bueno, porque te entiendo. Pero antes de desesperar, ves a la farmacia que te aconsejen unos buenos tapones y a ¡escribir! y relajarse...

Y como ya te han dicho, no es una cuestión de "colores" sino de educación y vuelvo a asegurarte que nadie mejor que yo te entiende...


¿De qué te ríes, Bruja?
Amiga del Norte, hace tiempo que tengo esos tapones, pero no sirven para nada. Con esta gente sólo sirve una cosa, y es marcharse lo más lejos posible.
Lo de los colores ni me va ni me viene, y no creo que a estas alturas haya nadie capaz de "educarles".
Confiaré en la buena suerte y en que el viento cambie de rumbo.
Un abrazo.

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Cristal00k dijo...
Pues me parece a mí, que aquí la única sensibilidad ofendida y atacada va a ser la tuya Antonio.

Los que te visitamos con una cierta frecuencia sabemos de tu gusto por la soledad y el silencio, por lo que me imagino que la tortura debe de ser insoportable... sobre todo si dura desde hace tanto.

Sólo puedo decir que lo siento de veras y que ojalá que a no tardar puedas darle una solución conveniente. Pero está difícil por lo que explicas.

Y abundando en lo que dice Gárgola, me consta que cuando dices "negros", en tu caso, es como si dijeses rubios,valencianos o Koreanos... y si son negros... pues lo son! sin más adjetivos.

Y me gusta también que seas políticamente incorrecto, porque hace ya bastante que me molesta ese "buenismo" estúpido y completamente falaz del respeto a la diferencia sobre todo cuando ese respeto no es recíproco ni de lejos! como en tu caso y en el de tantos. Desde niña me he preguntado ¿porqué debo de respetar a quien no lo hace conmigo en la misma medida? ¡Basta de esa estúpida y aparente bondad que no hace más que machacarnos!

Y lo más envenenado de todo esto, tal como apuntan todos los comentaristas es que las leyes, al final, parece que favorezcan más al agresor que al agredido... Imcomprensible!

Entiendo tu explosión amigo, que es tan solo el derecho al pataleo y la búsqueda del apoyo y la comprensión de los amigos cercanos en sensibilidad, que como puedes ver no te faltan.

Sólo me resta desearte que esa gente tan desagradable, desaparezca cuanto antes de tu vida y que nada te haga mirar al suelo, las nubes y la luna te echarían en falta amigo.

Abrazos solidarios!


Amiga Cristal:
Sí, la única sensibilidad herida es la mía, jeje. ¿Tienen ellos la suya? Supongo que sí, pero en ningún momento ha sido atacada por este lobo caminante. No es que sea "bueno", pero siempre he procurado no molestar a nadie.
Es sorprendente que te atrevas a hablar de "buenismo", en estas fechas en las que todos somos tan "buenos" y tan "correctos". Lo del respeto es, efectivamente, algo no recíproco con cierta clase de personas, que ni siquiera saben el significado de esa palabra.
Yo me iré con las nubes y la luna, algún día, alguna noche, pero de momento tengo que estar aquí y saber soportar el ruido de los tambores.
Un abrazo.

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Luis Antonio dijo...
A NUESTRA COMÚN Y BUENA AMIGA CRISTAL00K: (Con tu permiso, Antonio)

Cuesta respetar a quien no te respeta, pero pagarle con la misma moneda, ¿no nos coloca a su misma altura?

No es la primera vez que me expreso en estos términos, ¿verdad?

A ANTONIO MARTÍN:

Yo también sufrí, hace tiempo, el comportamiento incívico de unos vecinos. Hablé con ellos, les amenacé con denunciarlos...Todo fue inútil. Sólo resolví el problema al casarme y cambiar de vivienda. No considero necesario concretar quiénes eran ni cuál el color de su piel. Eran, como he dicho antes, unos incívicos y mal educados. Y esas "virtudes", lamentablemente, están más extendidas de lo que quisiéramos...y no tienen fronteras.

No me entiendas mal. Cuando uno está afectado por algo, lo normal es que se desahogue. Y yo te comprendo y no vengo a tu casa a darte lecciones ni consejos. Opiniones, sí. Yo también las agradezco

Un cordial saludo, amigo


Hola, Luis Antonio.
¿Qué quieres decir con "pagarles con la misma moneda"? Ni aun queriendo hubiese podido hacer algo así, porque no tengo en absoluto dinero que se le parezca ni de lejos. Donde ellos han puesto su ruido yo sólo he puesto mi silencio.
Mira, ahora mismo, según escribo estas líneas he oído sus voces y silbidos en la calle, lo que significa que en unos segundos estarán aquí, en su piso, y expresarán su amor a la vida a su manera: tocando tambores de la selva...
No es un problema de colores. Educados está claro que no están, pero en estos tiempos ¿quién lo está? ¿Para qué educan a la gente? ¿para que sean mejores personas? ¿o para que funcionen mejor dentro del sistema? ¿A quién le interesa la educación?
¿Acaso vivimos en un mundo humanista? No, me temo que no.
Y según esto que acabo de decir, ¿a quién le importa si esta gente, del color que sea, hace ruido o no? Sólo a los que tienen que sufrirlos de cerca, y a nadie más. El sistema está muy contento con estas presencias. El sistema sabrá por qué...
En fin, un saludo, Luis Antonio. Te deseo que no vuelvas a tener la mala suerte de encontrarte con gente así.

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Terry dijo...
Creo Antonio que, con esa misma elocución literaria que has dibujado tu particular queja, podrías llamar a sus puertas y añadiendo que es una buena música. Que allí donde la produjeron, fue en estudios preparados acusticamente, que es un desperdicio que una música tan maravillosa se deje escapar por el mal ajuste de puertas y ventanas, además de paredes no insonorizadas, haciendo que los demás vecinos se ahorren unos suculentos beneficios en gastos de música y por la jeta.


Recuerda, una gota de miel........esperemos que no te acuerdes de mi padre.

Feliz año Antonio Martín.


Hola, Terry.
Eso que dices ya lo he hecho en varias ocasiones, pero con resultados irregulares. A esta gente se le va fácilmente la olla y son flojos de memoria.
¿Lo de la "gota de miel" se refiere a las moscas? ¡Jajaja!
Que tengas un buen año, Terry.

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Vico gonz dijo...
No se puede ofender la sensibilidad de quien no la tiene.
En mi humilde opinión lo que estás enfrentando es un ruidoso encuentro con la realidad...el siglo xx y xxI vienen signados por la ignorancia más profunda, aquella que tiene más que ver con valores de convivencia perdidos que con la incultura propiamente dicha, la misma ignorancia que conduce a la indiferencia y,también, a cierto "autismo social". Es un maquiavélico plan para homogeneizar y que se inició con el cambio de significado de la palabra discriminación que dejó de ser,para conveniencia de algunos, un mecanismo de la inteligencia (tanto humana como animal) para convertirse en una "malapalabra".
P.D: La ignorancia es multicolor y planetaria.


Hola, Vico.
Tu primera frase la pondría en un marco: "no se puede ofender la sensibilidad de quien no la tiene".
La verdad es que tengo que darte la razón. De niño pensaba que el siglo XXI sería muy avanzado, en todos los sentidos, y ahora compruebo que se da como una especie de regresión. La gente con que me encuentro a diario es gente "primitiva", gente que no habla ni conversa, sólo vocea, grita, no razona, golpea directamente. Este es el lamentable inicio de siglo. Espero que no siga en ese estilo...
Parece que tanto la sensibilidad como la inteligencia fueran cada vez bienes más escasos.
Sí, "la ignorancia es multicolor y planetaria". ¿Por qué será?

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Lirio dijo...
¡Uf!
Horror.
Te comprendo porque lo he vivido, aunque por suerte no es tan seguido ni es hip hop, afortunaamente... pero sí ten go vecinos que contaminan auditivamente el ambiente. Y no es que sean de otra etnia u otro color necesariamente, sino de otra cultura y educación (como decía Daniel arriba).
Pues a ponerte a Mozart o a Pachelbel en tu casa para contrarrestar la invasión o mejor aún; a Beethoven, o a Pink Floyd; puede servir como una especie de "antídoto". Yo he hecho eso algunas veces, y me ha ayudado.
Buena Suerte, y mucha Paciencia


Ya, Liz, eso sería una buena solución, pero me da miedo poner "mi" música para contrarrestar a la otra, porque esto sería un galimatías. Lo tengo comprobado: si pongo música, aprovechando el silencio, los vecinos ponen la "suya", y todo se va al infierno.
Gracias por tus buenos deseos. Un abrazo.

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Luisa Arellano dijo...
Yo te entiendo muy bien, Antonio, y entiendo que harto como estás después de diez años de tabarra por parte de tus vecinos… tu enfado hacia su actitud les etiquete con su característica más evidente: negros.

Durante algún tiempo mi pesadilla diaria fueron los gitanos y lo consiguieron a base de que mis oídos no escuchasen otra cosa que sus “lolailos”, de encontrarme enganchados en la puerta de mi casa pelotones ingentes de pelo de las melenas de ellas desprendidos de los cepillos con los que se peinaban por horas en medio de la calle y que limpiaban al aire antes de entrar de nuevo a sus casas, o de las meadas en las aceras de los niños y también de los viejos cuando volvían a su casa de las tabernas…

Un millón de cosas más, que omito por desagradables, me hicieron sentirme muchas veces como tú te sientes ahora y lógicamente cuando tenía que referirme a ellos y su comportamiento incívico ¿de quién estaba harta? pues de los gitanos

Y no, no es racismo ni nada que tenga que ver con el racismo, es sencillamente que para diferenciar al vecino “tocapelotas” que no cumple con las normas de convivencia, hay que señalarle de alguna manera. Todos los hacemos aunque no seamos conscientes de ello cuando ocurre. Así nos referimos a ellos como : “ la rubia” del bajo que tira en el suelo del garaje toda la porquería que sus hijos le echan en el coche. El “gordo” del segundo que tiene todas las zonas comunes llenas de colillas a pesar de que en el edificio está prohibido fumar. La “enana” del quinto que sacude las alfombras sobre la ropa tendida de los de abajo y además deja durante todo el día la basura en el rellano. El “cojo” del tercero que cada fin de semana nos obsequia con varias audiciones de sexo en vivo…

En fin, que la cosa parece mucho más grave cuando las moscas cojoneras pertenecen a grupos que históricamente han sido discriminados, como los negros y los gitanos por ejemplo. Tanto es así que alguno de estos “vecinos” se han aprendido la cantinela y no dudan en espetarte cuando civilizadamente intentas hacerles comprender que viven en comunidad y deben cambiar su comportamiento: “¡ayyyy la paaaayaaaa, racisssstaaaa, que eresss una raciiiissssssstaaa!”

Tú duerme tranquilo al respecto, si es que te dejan… “los negros”

Besos solidarios.



Ay, amiga Luisa, me has tocado muy de cerca, porque ese problema de los gitanos lo he sufrido yo mucho, desde chaval. Ya te contaré, si quieres.
Y es como dices, lo he oído muchas veces: esta gente (o gentuza, directamente) se ha aprendido muy bien eso de "eres un racista". Les sirve de escudo para esconder su mugre... Pero no les vale, porque todos sabemos que esto no va de razas ni de etnias, sino de un saber convivir que ellos desconocen por completo.
Dormiré tranquilo, con negros o sin ellos, sabiendo que hay gente buena como vosotros.
Abrazos.

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MGJuárez dijo...
Disculpa Antonio, ando de lecturas y relecturas y se me coló el comentario en el anterior post...


La "oscuridad" va más lejos de un color, un piercing, o una vestimenta, eso lo sabemos todos.

Pero hay otra oscuridad, latente, que se difunde cual malla prieta y asfixiante por entre circunvalaciones de materia gris. Entonces, la persona -que ya no es tal persona-, se transforma en otro ente oscuro, oscuro, muy oscuro...

Un abrazo, y Feliz Año, Antonio.
Montse.



Así es, Montse, ese es el color al que me refería, al color "oscuro", que más que un color es una actitud.
No sé cómo funcionará eso que dices de la "malla prieta y asfixiante", pero sí sé que es algo que se respira cerca de cierta gente. Lo de que sean personas o no es algo que dudo, pero no soy tampoco quien para juzgar.
Un abrazo, y un buen año te deseo, Montse, y que continúes con tus lecturas, porque los libros sí que tienen una buena actitud y un buen color...

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Espero que haya quedado bien claro cuál es la magnitud del problema. No se trata aquí en absoluto de discriminación, de racismo o de cualquier necedad de ese tipo. Es sólo un problema social, de convivencia, entre unos vecinos y yo. Nada más. Si en vez de gente de color "negro" hubieran sido indios cherokees o apaches, pues hablaría de gente de color "cobrizo". Lo de los colores me da exactamente lo mismo. No es su color lo que interfiere en mi vida, sino su ruido.
Lo que está claro es que aquí quien sobra soy yo. Porque, viendo las cosas de cerca, se nota mucho que ellos están más integrados en el mundo que este lobo solitario. Eso que yo llamo "ruido" es una música que está muy de moda en la actualidad, y es muy admirada por mucha gente, sobre todo gente joven. Así que el "raro" soy yo.
Es lo que pasa por quedarse rezagado y no adaptarse a los tiempos "modernos". Aunque para nada me arrepiento de ello, porque que esa mal llamada "música" sea para mí un auténtico dolor de cabeza y de tripas no hace sino señalar mi buen gusto.

Lo siento, pero las plantas y yo seguiremos prefiriendo a Bach.

Y no quería decirlo, pero debo añadir que lo peor de esto sobrepasa mi ámbito personal... Porque esta gente donde va se queda, hinca sus raíces y crece. De tal manera que en pocos años son capaces de transformar el color y el ambiente de calles, de zonas y hasta de barrios enteros.
Esta ciudad es conocida desde siempre por su hospitalidad, su generosidad, sus puertas abiertas, pero esta gente en concreto no viene a integrarse, sino a desintegrar... No es que lo hagan conscientemente y a propósito, es que su misma forma de ser es excluyente y separadora de todo lo demás. Donde habitan crean su campamento, su aldea, su isla. Y nadie que les sea ajeno puede sobrevivir sanamente en su proximidad. ¿Una nueva forma de conquista? ¿o estoy exagerando?
Lo único que sé es que en estos diez últimos años he visto como mucha gente, de la considerada como "normal", se iba de aquí, cambiaba de casa, por el sólo hecho de perderles de vista, por el sólo hecho de poder vivir tranquilos, que es un valor a tener muy en cuenta y que esta gente "de color" convierte en casi imposible.
El mundo les sonríe y les abre sus brazos. Yo soy incapaz.

Como veis, todos tenemos nuestras razones particulares. Y si opinamos sobre algo de una manera y no de otra es porque hay detrás una vivencia personal que así nos lo indica. Objetivamente no sé quien tiene más razón, o qué razón pesa más en la balanza. Y me da igual. Ya dije antes que soy subjetivo, no puedo ser de otra forma. Pero me atrevo a creer en que sí es necesaria una norma de conducta y convivencia que regule de alguna manera este aparente caos social... Me parece básico y esencial en una sociedad sana.
Mi vecino, sea del color que sea, no tiene por qué acercarse a mí y preguntarme cómo deseo y necesito vivir. Pero sí debe saber hasta qué punto puede él expresar su forma de vida... Si no respetamos los espacios personales vamos por mal camino.

Un saludo a todos.


Antonio Martín
(9 de enero, 2010)



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Imágenes:

- "It is calm in the block", por Jacek Yerka, 1984.
- "Erroll Holiday", por Jacek Yerka, 2007.