"Ese algo oculto e imperioso para el cual no tenemos ni mucho menos un nombre, hasta que finalmente demuestra ser nuestra misión. Ese tirano en nuestro interior se venga terriblemente por cada intento que hacemos de evitarle o rehuirle, por cada vez que nos conformamos prematuramente o nos equiparamos con aquellos a los que no pertenecemos, por cada actividad que, por respetable que sea, nos desvía de lo esencial, incluso por cada virtud que intenta protegernos de la dureza de nuestra responsabilidad más íntima.
"Cada vez que dudamos del derecho que tenemos a nuestra misión, cada vez que tratamos de escurrir el bulto, la respuesta es la misma: enfermedad. Extraño y terrible a la vez: ¡lo que pagamos más caro son nuestros alivios! Y si después queremos recuperar la salud, no nos queda otra alternativa: tenemos que cargar con un peso mucho mayor que el anterior..."
Friedrich Nietzsche
Estas palabras de Nietzsche figuraban como lema en la primera edición del escrito de Hermann Hesse "El retorno de Zarathustra", de 1919.
Y me pregunto: ¿qué efecto producen hoy, en este joven siglo XXI, esas palabras? ¿Cómo suenan hoy en nuestros oídos cosas como "nuestra misión", "ese tirano en nuestro interior" o "la dureza de nuestra responsabilidad más íntima"?
Me temo mucho que el idioma chino nos resulte más comprensible que esos extraños conceptos a los que aludía Nietzsche. Cosas románticas, pasadas de fecha... Hoy también hay conciencias, seres humanos despiertos, que tienen sus misiones y responsabilidades, pero creo que todo eso se suele mover en un nivel más bien superficial, un poco, o un mucho, de cara a la galería, sin que haya una verdadera fuerza detrás, sin que exista un "tirano interior" que los obligue a seguir determinado camino, y ningún otro.
Muchos saben sentarse en cómodas butacas, en torno a una mesa bien abastecida, con variedad de aperitivos y licores, y mientras saborean el humo de un buen cigarro, expresar largas peroratas y mantener 'chispeantes' discusiones seudofilosóficas; juzgar al mundo entero y de paso dejar algún indicio, o varios, de que ellos saben muy bien cuál es la solución a todos los problemas. Además, es tan fácil conocer el sentido del vivir entre trago y trago, entre uno y otro aperitivo, mientras se saborea ese habano y la estufa caldea la sala...
No está, no hay ningún "tirano interior", ninguna misión más allá que dejar constancia de que saben hablar, de que son cultos, leídos e inteligentes. Pero yo sólo veo en todo ello palabras muertas. Le daría exactamente igual a esa gente cambiar su conversación "filosófica" por una entretenida y excitante partida de cartas.
De todas formas, la reunión acabará en cuanto la mesa se quede vacía. Y todas esas inteligentes palabras se las llevará el aire de la noche y se las tragará el silencio. Serán sólo sombras, como si nunca hubieran existido. Y al insomne, siempre le quedará el consuelo de la televisión y hacer una última visita a la nevera...
"¿De qué hemos estado hablando?", pensará. "Bah, da igual. ¡Qué buenos programas ponen a estas horas, y qué rico está el sandwich de jamón de york!".
Pero, quiero creer que en algún lugar, solo en su cuarto de estudio, con la estufa ya apagada por falta de gas, ayudándose con una manta, queda aún alguien que siente y piensa, que lee, que escribe, que no puede acostarse porque su "tirano interior" no le deja.
Sólo un pequeño 'nietzsche' cualquiera... Alguien anónimo que guarda aún su vela encendida, luchando heróicamente contra el mar de sombras. En ese veo yo la esperanza del mundo.
AHM
(2 de febrero, 2009)








