
Rebuscando en mi baúl me he encontrado con esta página de mi "diario de un caminante", de hace más de treinta años, de la cual transcribo ahora un fragmento:
Otra vez, la noche... La noche con su cadencia silenciosa llena de mil voces internas. En el magnetófono, una música que responde a mis sentimientos, y un cigarrillo con su danza de humo y su sabor de recuerdos, que se quema lentamente entre mis labios. A través de las paredes de mi cuarto me vienen las voces de mis padres y de mis pequeños hermanos, pero no las escucho. Estoy a solas conmigo mismo. Las preguntas llegan calladamente hasta mi corazón y, aun en medio del silencio, me hieren sus voces sinceras, tremendamente sinceras.
¿Quién soy? ¿qué espero de la vida?
Soy un hombre sensible que gusta del aliento profundo del vivir. Me gusta tener amigos -amigos de verdad- y entregarme a ellos, acompañarles en su soledad, y llevar una sonrisa esperanzadora a su tristeza. Me gustan los campos, las montañas, los árboles, las nubes, los lagos... Me gusta observar el gesto inquieto del río, y escuchar el sonido de una pequeña cascada entre el silencio del campo.
Me emociona la despedida del sol, cuando incendia el horizonte y pinta cuadros de sublime belleza ante mis ojos asombrados y mi alma agradecida. Me gusta el manto blanquecino que la luna extiende sobre la noche, plateando sus sombras. Me llega muy adentro el roce del viento; parece darme alas y transportarme a un mundo de absoluta libertad, una libertad plena de sentido que me hace sentirme feliz y seguro de la vida.
Es muy grato para mí el pasear junto a la mujer amada en medio de la noche; apoyar una mano en su cintura, acariciar suavemente el sedoso cabello, mirar con atención su rostro de princesa, descubrir el brillo de la luna en el fondo de sus ojos, besar lentamente sus labios, como el que besa un sueño...
¿Quién soy? Soy un hombre que ama la vida, y que cree que hay cosas más importantes que el dinero, la posición social y el apego a la familia. Soy un caminante, alguien que va en pos de la profundidad...
(Noviembre, 1977)
Bueno, sobran los comentarios, pero está claro que mi locura es muy antigua. No he cambiado nada del texto, porque así se ve mejor de donde viene este caminante. Y lo que más me gusta es comprobar que mucho tiempo después... sigo igual de loco.
Antonio H. Martín
Lo mas importante es llegar a conocerse uno mismo. Y creo que tu lo has conseguido. Y quererse .Se desprende de tus frases que eres muy sensible y hay cosas de ti mismo que te duelen...
ResponderEliminarMe gusta como escribes porque te describes. Un abrazo. Victoria.
:):):)
ResponderEliminarNo, no has cambiado sigues siendo el mismo.
Un beso.
Falta una coma... jeje!
ResponderEliminarAsí es, Victoria, eso es lo más importante.
ResponderEliminarEs muy necesario conocerse, pero lo es más superarse, o sea, no encerrarse en los propios límites e intentar ir más allá.
Me sorprende tu percepción cuando dices eso de que hay cosas de mí mismo que me duelen. Porque es cierto. No es que sea un perfeccionista de mí mismo, pero... como que no estoy de acuerdo con lo conseguido. Necesito más. Mis alas, a mi entender, son aun muy cortas. Quiero, necesito volar más alto.
Un abrazo.
Hola, "Anónimo".
ResponderEliminarGracias por tus sonrisas y tu beso. Por la coma no te preocupes, se sobreentiende.
Y no, no he cambiado ni pienso hacerlo, a no ser que sea para mejor, pero la base siempre será la misma.
Un beso grande.
(pd.: te quiero)
No te sorprendas de mi percepción. es que se te entiende todo,yo al menos te entiendo, otros no se...
ResponderEliminarTal vez haz cometido errores, como todo el mundo, pero en tu caso te molestan un poco. No pasa nada, asi es la vida esta, vale la pena vivirla a tope, es lo unico que tenemos. Victoria.
Creo que no sigues igual de loco, que tu locura ha aumentado porque tambien ha aumentado tu sabiduría.
ResponderEliminarTonto es el que se conforma. Moriremos aprendiendo...al menos yo.
Besos.
Que aburrido sería no cometer locuras, Antonio. Yo soy más de descubrirme que de conocerme. Porque conocerse a veces conlleva el peligro de auto-censurarse magníficas locuras. Del texto sintonizo con tus gustos, sobre todo con ese rumor que cantan los ríos.
ResponderEliminarUn abrazo de caminante a caminante.
Efectivamente, ya eras TÚ, soñador y romántico.
ResponderEliminarMe gusta lo del "caminante"; que me recuerda a cierto "Peregrino"...
Sigue igual y no cambies.
Ten en cuenta, Victoria, que ese texto es de hace 33 años.
ResponderEliminarSí, he cometido errores, claro que sí, y los errores duelen.
Pero estoy contigo en eso de que hay que vivir, por encima de todo. Para eso estamos aquí, ¿no?
Un abrazo.
Sí, Mária.
ResponderEliminarAntes estaba como una cabra, ahora soy un lobo, y puede que pronto me convierta en halcón.
A lo que nunca voy a renunciar es a la locura. Es mi signo de vida, y no sé vivir de otra forma.
Yo también moriré aprendiendo, a eso vine, a aprender a vivir y a saber morir.
Un beso.
Hola, amigo Conde.
ResponderEliminarSegún lo veo, descubrirse es conocerse, pero hay una barrera que se puede traspasar, y entonces uno va más allá de sí mismo. Y no es por ponerme metafísico, es que es así.
Todos conocemos bien nuestras manías, costumbres, maneras y censuras, pero es que eso no es todo, ni mucho menos.
Mis días más felices transcurrieron por un paseo junto a un río, entre los álamos y con un libro en las manos, caminando hacia el oeste.
Un abrazo, caminante.
Querida amiga Liz:
ResponderEliminarSí, ya era yo. De joven me gustaba hacer esta simple distinción: normales, caminantes y profundos. Y yo me consideraba en el grupo de los caminantes.
Sigo siéndolo.
Y, por supuesto, tu Peregrino y mi caminante son hermanos.
¿Cambiar? No, nunca jamás. O se avanza en el camino elegido, o se muere.
Un beso azul, amiga de sueños.
Es gratificante descubrir que después de 33 años se sigue siendo el mismo, o si no el mismo, que se ha caminado en la dirección correcta puesto que todo sigue en su sitio.
ResponderEliminarLo que nos cuentas, y en lo que te "conozco", trasmite muchísima serenidad; no sé si debido a mis momentos crispados, pero en cierto modo envidio ese digrama que deja todo al alcance de la mano, pase lo que pase, incluído el tiempo.
Un montón de besos para ti, con permiso de tu doña jejeje.
Muaskisssssss
Pues sí, Luisa, sigo siendo el mismo. Las circunstancias, las experiencias negativas te suelen poner capas por encima, pero uno se puede sacudir todo eso de un manotazo (o de dos), y comprobar que por dentro está vivo el mismo brillo de entonces.
ResponderEliminarBesos, amiga Luisa, y gracias por pasarte por aquí, que hacía ya mucho que no venías.
;)
nuestra escencia no cambia,Antonio!
ResponderEliminar(que viva la locura)
mil besos*
No, no cambia, Silvia, y esa locura es precisamente nuestra cordura, lo que nos da claridad y nos mantiene en el camino.
ResponderEliminarCada uno que elija el suyo, el mío es el de los caminantes locos que persiguen sueños.
Besos, amiga maga inquisitiva.
caminante, sigue mostrándonos tu forma locura...Un abrazo
ResponderEliminarAsí lo haré, June, no sabría hacerlo de otra forma, cada uno es como es.
ResponderEliminarUn abrazo.