Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AHM







jueves, 9 de abril de 2009

Minuto de luna


Cuando Martín volvió a casa esa noche después de un nervioso día de trabajo, tuvo aún tiempo y ganas, tras una parca cena, de garabatear algún pensamiento en su cuaderno. Era algo que le gustaba mucho hacer, porque le ayudaba a recuperarse del ruido diurno, a olvidar por un rato todo lo caótico y extraño y recobrar su propia voz.
Era noche de luna llena, así que empezó escribiendo así:


Creo que he venido a este mundo a soñar...
Los problemas van y vienen, las personas también; vienen y se van, como las olas. Pero la luna, visible o no, siempre está ahí, en su sitio. Es el ojo que mira. A veces parece que tiene sueño y parpadea, pero luego despierta de nuevo y sigue mirando.
Puedo decir fácilmente que a cuatro minutos de mi casa hay un bar, pero eso no tiene ningún misterio. Lo interesante sería poder darle la vuelta a la frase y decir que a cuatro bares de mi casa hay un minuto... Esto, que parece no tener sentido, sí atrae a mi mente. Lo primero que pienso es que no se está hablando de un minuto cualquiera, sino de uno especial, de un minuto diferente que escapa al curso rutinario del tiempo, del tiempo normal y corriente. Se supone que hay muchos más minutos que bares, por mucho que estos abunden por aquí, pero esa extraña frase, absurda en apariencia, me está diciendo lo contrario, que hay más bares que minutos.
Pasamos por la vida como llevados por la corriente de un río. En esa corriente encontramos personas, paisajes, casas y teatros, parques y amigos, trabajos y enemigos, músicas, sentimientos, luces y sombras, esquinas, plazas, calles, balcones y ventanas que miran, caminos curvos o rectos, aires, vientos, silencios, experiencias... Y todo va como flotando a nuestro alrededor, siguiendo la misma corriente. Pero hay algunas veces, muy raras, en que sin saber cómo nos quedamos enganchados a algo; la mano agarra una rama de la orilla, o el pie se atora en una piedra del fondo del río, y durante un momento, quizá un simple minuto, nos sentimos fuera de la corriente, y entonces vemos las cosas de un modo distinto.

No entendemos por ello especialmente nada, y en seguida la corriente, que empuja con fuerza, vuelve a arrastrarnos y tornamos a ser como hojas a la deriva, como ramas secas o cualquier otra cosa. Sin embargo, a lo largo de todo el resto del camino seguimos recordando ese raro minuto en que nos detuvimos y vimos pasar todo lo demás... Ese momento extraño, ese instante diferente que puede no volver a repetirse, se nos queda grabado ya para siempre.
Porque pareció como si la vida quisiera decirnos algo...


Martín, ya cansado por la hora, pero satisfecho de haber escrito algo en su cuaderno, apagó la lámpara y se fue a acostar. Le esperaba otro largo día en el caótico trabajo, otra vuelta en el torbellino, un giro más del absurdo antes del fin de semana. Pero se entregó al sueño con una sonrisa, recordando que él había tenido más de una vez su minuto de luna, que más de una vez había visto el brillo fugaz entre el río de sombras.
Desde el balcón de la noche, la luna, en silencio, miraba.


Antonio HM.
(8 de abril, 2009)

24 comentarios:

  1. Antonio, qué texto tan bonito y verdadero, me identifico plenamente con él. Tienes una gran sensibilidad. Gracias, lo he disfrutado mucho. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Sí, creo que Martín lo ha descrito con acierto. La vida es un continuo devenir... No hay dos días iguales, ni dos escenas iguales... Y esogemos aquellos días, momentos y personas como especiales porque les dotamos de una nueva dimensión, de ese algo que anhelamos.
    La naturaleza no se muestra dos veces del mismo modo, igual que los seres humanos. De ahí que sintamos ese continuo devenir.
    Buen texto.
    Un abrazo grande.
    Ahh!! Te he enlazado a mi lista de blogs. Espero no te moleste.

    ResponderEliminar
  3. ...Gracias a esos momentos de luna, a esos instantes de blanca luz, es que podemos sobrellevar, como Martín, tantas oscuridades donde los grises son el blanco de cada día y solo la esperanza de que en nuestra noche vuelva a brillar, en algún momento, esa luna, nos anima a continuar.

    Besito volado

    ResponderEliminar
  4. Tienes la mágia de la palabra enganchada en tus dedos y con ella nos haces pensar ¡qué puede haber mejor que eso, la libertad de pensar y deducir la de ser capaces de reconocernos en cada momento!

    Gracias, compañero por tu generosidad para los que por aquí asomamos ávidos.

    Hoy el texto, se me antoja un poema con todas las de la ley.

    Besazo

    ResponderEliminar
  5. "Un minuto de luna"...

    Es el lenguaje de la vida: minutos de luna, horas de sol, el tiempo detenido en un bar, una ventana detenida en el tiempo...

    Dices que, cuando sentimos que salimos de la corriente, es porque la vida nos ha querido decir algo...

    Digo que sí... Y por eso, hay que dejarnos llevar por la vida.. No por la corriente ;)

    besos!!

    ResponderEliminar
  6. Gracias, Andrea.
    La sensibilidad no es de nadie en particular. Yo lo escribí y tú lo has disfrutado. Es lo mismo, desde lados distintos.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  7. Hola, Yurena.
    ¿Cómo me va a molestar que pongas mi cuaderno en tu lista? Al contrario.
    Me alegra que te haya gustado y que te haya dicho cosas con las que estás de acuerdo.
    La forma en que lo has visto me suena mucho a Heráclito, y no era eso lo que tenía en mente, pero encaja muy bien con lo que quería decir.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  8. Me gusta... a cuatro bares de mi casa hay una hora..., es que un minuto es tan poco.
    Dichosos los que han tenido minutos de luna y y brillos (no tan fugaces puesto que se recuerdan)entre las sombras. Pueden soñar en las cosas que no sucederán.
    Los problemas van y vienen como los días, con las personas no, algunas vienen y se van.

    Recordando el post anterior:
    ¿Sabes que los milanos y las gaviotas se comen todos los pájaros, incluidos los mirlos? Las gaviotas se comen (al vuelo?)a las palomas... si no tienen comida en la mar se adentran en la ciudad, anidan en nuestros tejados, hacen un ruido espantoso,y entonces desaparecen las palomas, los gorriones...

    Me ha gustado mucho esta entrada, casi que me la sé de memoria de vecs que la he leído.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  9. Antonio (...o Martín?)

    Me he deleitado una vez más en la lectura de tu texto. Siempre tienen un aire, una cadencia especial tus relatos. Tienen, ¿cómo decirlo?, esa cualidad que trasciende los umbrales entre la realidad y los sueños.

    Martín leva mucha razón al volcar sus pensamientos en un cuaderno. Es lo que hay que hacer para capturarlos, no dejarlos escapar, pues algunos son tan fugaces como ese instante tuyo fuera de la corriente del río.

    De toda tu hermosa reflexión, me he quedado especialmente con tres fragmentos, es decir, tres minutos de luna:
    "...para recobrar su propia voz"
    "a 4 bares de mi casa hay un minuto"
    y
    "durante un momento nos sentimos fuera de la corriente".

    Se podría bordar mucho a partir de cada uno de ellos... pero no hace falta. Creo que todo está dicho y entendido.

    Gracias.
    Y FELICES PASCUAS

    ResponderEliminar
  10. Así es como lo veo yo también, Brujita. En esos "momentos de luna" se puede incluso apoyar toda una vida.

    Un besito lunar.

    ResponderEliminar
  11. ¡Hola, Luisa!

    Ojalá fuera como dices.
    Pero no es que tenga la magia de la palabra, es que tengo casi siempre la ventana abierta, y los pájaros nocturnos son curiosos y se cuelan dentro para cotillear. En seguida se van, pero en ocasiones se les cae alguna pluma...

    Un abrazo, amiga.

    ResponderEliminar
  12. Estimado Antnio,cuantas palabras sabia nos transmite con tus letras,
    En minuto pueden haber cambios incluso que cambie el rumbo de la vida, el destino-
    Un minuto de luna.Un minuto para estar,aquí y ahora y este es mi minuto
    Beso en la mejilla de minuto

    ResponderEliminar
  13. Hola, Isis.
    No lo digo yo, lo dice Martín, y puede que sea cierto, porque esos 'minutos de luna' no creo que aparezcan para nada.
    Digamos que "la corriente" representa al mundo, a la normalidad, y la vida va por donde quiere, y se sale del río. Así que "seguir a la vida" siempre estará lleno de sorpresas.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  14. Y yo puedo decir que a un teclado de mi casa hay un cuaderno en el que se pueden leer palabras hermosas y mágicas como las que acabo de leer...
    Me voy, con un minuto de tu luna dibujándome sonrisas.

    Un gran abrazo, amigo Antonio.

    ResponderEliminar
  15. Hola, Alfaro.
    Sabía que las gaviotas son tragonas, pero no tanto. Tuve una vez un amigo gaviota llamado Juan, pero no era nada tragón, incluso le aburría un poco eso de comer por comer.
    Dices que un minuto es muy poco, y no puedo sino darte la razón, pero la culpa no es del minuto...
    Y sí, los problemas son más constantes que las personas; debería ser al revés.

    Un abrazo, y cuidado con las gaviotas.

    ResponderEliminar
  16. Sí, Mar, en sólo un pequeño minuto caben muchas cosas.
    Puede que los minutos de los que hablo sean como ventanas, y a través de una ventana podemos ver un gran cielo o un gran horizonte.

    Gracias por tu minuto de luna y por tu beso.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  17. Hola, amiga Liz.
    Me alegro de que digas eso, porque efectivamente ahí es donde me siento más a gusto, en esa línea indefinida que separa la realidad del sueño. ¿Duermevela, quizás?
    Lo de anotar los pensamientos en un cuaderno es necesario, porque, como bien dices, si no se nos escapan.
    A veces he releído algún cuaderno y me he encontrado con notas de las que no me acordaba y que tenían su interés. Y otras veces se me ha ocurrido algo y al ir a anotarlo alguien o algo me ha interrumpido -como que sonara el timbre de la puerta o el teléfono-, y al volver al cuaderno aquello había desaparecido totalmente. No quedaba ni rastro de lo que hacía tan sólo unos minutos estaba claro como el cristal.

    Un abrazo, Liz, y Feliz Pascua.

    ResponderEliminar
  18. Gracias, Silvia, por lo que dices, pero sobre todo por tus sonrisas.

    Un abrazo, amiga.

    ResponderEliminar
  19. Gracias, Harol.

    Que alguien como tú, con tu carrera artística y tus premios, me diga que son buenos mis textos, es todo un honor.
    Espero que nos sigamos leyendo.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  20. Cuantas cosas pueden pasar en un minuto
    este es mi minuto, tengo algo en mi blog ,especial para ti, de magia e ilusión me encantaría que te pasase y te lo quedase siempre entenderé lo que decidas.
    Un abrazo estimado Antonio

    ResponderEliminar
  21. Muchas gracias, Marina.

    Por supuesto que me pasaré a recoger tu sorpresa de magia e ilusión.
    No sé aun si la mostraré o no, pero en cualquier caso tendrá un sitio en mi armario de recuerdos.
    Voy para allá.

    Un abrazo, amiga.

    ResponderEliminar
  22. Que indispensables son Antonio, esos instantes atemporales, inmunes del ruido de fuera y dentro, ese Alfa donde el alma suspira y descansa.

    Justo al leerte pasa algo semejante, gracias amigo.

    Un abrazo azul celeste :)

    ResponderEliminar
  23. Hola, Azul.

    Sí, esos instantes son para mí como el aire y el agua. Sin ellos no podría vivir.

    Un abrazo azul turquesa.

    ResponderEliminar