Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AHM







miércoles, 22 de abril de 2009

Confusión digital


ALOJAMIENTO A CAMBIO DE DIÁLOGO

Con tal que proponga a sus moradores, y lo gane, un debate sobre cualquier aspecto del budismo, todo monje vagabundo tiene derecho a quedarse en un monasterio Zen. Si, por el contrario, sale derrotado, deberá marcharse.
Dos hermanos, ambos monjes, vivían solos en un monasterio en el Norte del Japón. El hermano mayor era muy docto, mientras que el pequeño era estúpido y le faltaba un ojo.
Un monje vagabundo llegó cierto día al monasterio en busca de alojamiento. Según la costumbre, desafió a los hermanos a entablar una discusión sobre la sublime enseñanza. El mayor, que se encontraba bastante cansado de tanto estudiar, pidió al más joven que ocupara su puesto.
"Ve y arréglatelas para que el diálogo se haga en silencio", le aconsejó, pues conocía su escasa habilidad con las palabras.

El joven monje y el recién llegado se dirigieron al oratorio y tomaron asiento.
Poco después, el forastero llegaba corriendo hasta el lugar donde se encontraba el hermano mayor.
"Puedes sentirte satisfecho", le dijo. "Tu joven hermano es un eminente budista. Me ha derrotado".
"Cuéntame cómo se desarrolló el diálogo", le rogó el hermano mayor.
"Al sentarnos", explicó el viajero, "yo levanté un dedo, representando al Buda, el Iluminado. Él replicó levantando dos dedos, dando a entender que una cosa era el Buda y otra sus enseñanzas. Tras lo cual yo alcé tres dedos, simbolizando al Buda, sus enseñanzas y sus seguidores, llevando una vida armoniosa. Pero él me lanzó entonces un puño a la cara, indicándome que las tres cosas proceden de una comprensión única. Fue así como ganó, y por lo tanto yo no tengo derecho a quedarme".
Dicho esto, reemprendió su camino.

"¿Dónde se ha metido ese tipo?", preguntó el hermano menor, que salía entonces del monasterio.
"Tengo entendido que ganaste el debate".
"No gané nada. Vengo a darle una paliza a ese monje".
"Cuéntame cuál fue el tema de la discusión", dijo el hermano mayor.
"¡El tema!... Pues bien: Nada más sentarnos, ese tipo levantó un dedo, insultándome al insinuar que sólo tengo un ojo. No obstante, puesto que se trataba de un forastero, pensé que era mi obligación portarme cortésmente, así que le mostré dos dedos, felicitándole por su buena suerte, que le había permitido conservar ambos ojos. Pero entonces, el muy miserable alzó impunemente tres dedos, sugiriendo que entre él y yo no sumábamos más que tres ojos. Esto me sacó de mis casillas y empecé a darle de puñetazos, pero él logró escapar y así acabó todo".

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- Del libro "Carne de Zen - Huesos de Zen"
- Editorial Swan (Madrid, 1979)
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Imagen: Hokusai

22 comentarios:

  1. Esta historia me representa la dificultad que existe en el lenguaje de los signos. Porque si no media una explicación de lo que se quiere decir, es muy posible que todo termine en confusión.
    Los símbolos no siempre significan lo mismo; depende de la persona que los utiliza y del momento en que son utilizados.
    Por eso es tan importante el diálogo con palabras. Aunque también éstas sean símbolos...

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  2. Yo, que trabajo cotidianamente con la lengua y la comunicación,sé lo difícil que es establecer un canal adecuado.Porque, ya que hablaremos de signos, sé que las palabras, a veces, pesan más por su entonación que por su significado.Igualito que lo que ocurrió en esta tu historia zen,ya que los signos, signos son, siempre.
    Y,siempre con respecto a tu "Confusión digital", probablemente los maestros budistas tengan otra interpretación, muy diferente de la nuestra.
    Y bueno, no seguiré disertando, porque se corre el riesgo de aburrir.

    Y la pintura de Hokusai, sublime, como toda la obra de ese maestro japonés.

    Un gran abrazo, Antonio!
    (y te dejé un agradecimiento en "El Túnel")

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  3. Yo de nuevo...mi agradecimiento está en Free...,(me perdí entre tanto signo y símbolo).

    Besos!

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  4. Gracias, Silvia, ya te respondí allí, y lo de cantar lo decía en serio.
    Es como dices, amiga: las palabras cambian su sentido simplemente con modificar un poco su entonación, por eso el lenguaje escrito resulta insuficiente para transmitir emociones, porque no hay bastantes signos para expresar los cambios de tono (a los que habría que agregar los gestos).

    No se me ocurre cómo puedan interpretar los maestros budistas esta pequeña historia, más allá de lo ya expuesto. Sinceramente, creo que está bastante clara, incluso para nuestras mentes occidentales y profanas.
    Para mí es una parábola sobre la confusión a que pueden llevar los signos, y más si son sólo visuales.

    Sí, Hokusai era todo un maestro.

    Y permíteme que diga que tú, vos, también eres maestra en lo tuyo. No lo digo por tu trabajo afuera, sino por los regalos, las joyas de colores y distancias que nos dejas en tu Zigurat.

    Un abrazo, amiga maestra.

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  5. Ya lo dijo el zorro, el del Principito ;): "el lenguaje es fuente de malos entendidos"..

    Por eso prefiero dejar al alma que hable, que escriba, que pinte, que entienda, que reflexione...

    Y así las palabras, los colores, las ideas surgen y se materializan.. Cuando la mente o el cuerpo no son más que los bellos instrumentos para que ella se manifieste..

    (espero que estas palabras lleguen a expresar lo que quiero jeje)

    En realidad, la clave está en captar la esencia detrás de la forma. La forma es importante porque la contiene.. pero no lo es todo..

    Un abrazo, querido Antonio.. Me encantan las historias zen que nos regalas... y por cierto: he bajado al sótano y me voy bailando en las notas musicales que he encontrado ;)

    besos!!

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  6. Querido Antonio,
    Después de tomar durante dos años un curso de filosofía oriental dictado por una monja budista china, te aseguro que toda interpretación occidental puede ser rebatida en un instante.Durante los dos años que estuve en el curso, vi como, en cuanto a doctrina filosófica, los signos comunicacionales eran absolutamente distintos, (al menos entre la china y yo, jaja!)
    Y gracias por tus conceptos hacia mi zigu!

    Mil besos!

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  7. Sí,pienso que cuestión de percepción e interpretación de cada cual, amigo Antonio.

    El lenguaje en cualquiera de sus expresiones creo, es algo relativo al observador, por ello quizá eso de los malos entendidos aún con las más acertadas palabras.

    Una historia habla de dos monjes que miraban ondear una bandera y discutían al respecto. Uno de ellos afirma que "la bandera se está moviendo", y el otro insiste en que "lo que se mueve es el viento". Un maestro que por allí pasaba les dice: "Son sus mentes lo que se está moviendo." Los preceptores aseguran que ni siquiera esta última respuesta es la definitiva o verdadera.

    Tengo entendido que a los estudiantes Zen a veces se les plantean acertijos que no pueden entenderse ni descifrarse por medio de la razón. He aquí dos ejemplos: "¿Cuál es el sonido de una mano al aplaudir?" y "Dime cómo era tu rostro antes de que nacieras",El propósito es oponer al intelecto una barrera que el pensamiento lógico no puede penetrar, es decir, se pretende lograr que el alumno descubra que la respuesta es "no responder" la pregunta.

    Es apasionante todo lo relacionado al Zen, gracias por trasmitir.

    Saludos y salud 2 :)

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  8. Hola, Antonio.

    Te diré que no me quedó muy clara la moraleja de este relato.Pero veo dos cosas posibles.

    Una, que a veces se dan unos como "diálogos de sordos", en donde ninguno de los dos interlocutores entiende al otro. En este caso, cada uno lo interpretó a su manera --opuestas las dos interpretaciones--, pero no creo que tenga que ver con el hecho de que fueran meramente visuales los signos. Ni tampoco creo que el lenguaje escrito allane definitivamente las diferencias. La cuestión está en que si se da o no un entendimiento espiritual profundo entre ellos o no. Porque si existiese empatía mutua, ni siquiera harían falta los signos escritos, sino que sólo un gesto o una mirada puede ser suficiente para entenderse...

    La segunda cosa que puedo pensar es que, a pesar de las dificultades de interpretación, se da por ambas partes un acto de "cortesía" oriental, concediéndole la victoria al oponente.

    Pero no me hagas caso, seguramente estoy muy lejos de la verdad.

    Me dejas pensando...

    ¿Y dices que no crees que el lenguaje escrito sea suficiente para transmitir emociones? Mmm,
    pues yo creo que sí que puede ser suficiente. Si no fuera asi, ¿cómo es que podemos entender los libros y novelas de escritores antiguos o lejanos? Ciertamente nos transmiten muchas emociones, y son casi universales, a pesar de nuestras diferencias individuales.

    Cuestiones peliagudas, realmente...

    Bueno, te dejo un abrazo claro, aunque yo misma me encuentre hundida en la confusión ante este cuento zen.

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  9. Excelente moraleja.
    Las palabras no siempre son capaces de expresar lo que sentimos, aún así es el mejor método que tenemos...y proseguimos a la meta.
    Sócrates dijo: "Habla para que yo te conozca".
    Aunque, sólo por liarla, las palabras, como los signos, pueden confundir, enredar, engañar...u escuchando podemos, también, sacar conclusiones equivocadas de quien las pronuncia.
    Lo que hacemos y no lo que decimos es lo que nos define.
    Pero la palabra...Nos hace humanos,y para mí tiene un extraordinario poder de sugestión.
    Un abrazo.

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  10. Suscribo tu primer comentario...Sí, así es, y aunque a veces las palabras no signifiquen lo mismo para todos. Cuantas veces estamos utilizando las mismas palabras y entendiendo cosas diferentes. Qué difícil es entendernos, qué difícil!
    Bs

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  11. Bueno, por una vez no me extenderé.
    O quizás sí... jajaja No, no, en serio, creo que hay una frase, que me atañe de cerca y que resume muy bien lo que dices en tu primer comentario. Todo, es según el color del "cristal" con que se mira...
    Pero cada vez creo más en el poder de la palabra, escrita o verbal. Si me animo, haré una entrada sobre ello, porque de verdad que me parece un tema fascinante.
    Fantásticos estos cuentos Zen Antonio, abren la mente de forma poderosa. Y mejor aún tu explicación, porque explica lo obvio, lo que todos creemos saber y nunca nos planteamos en profundidad. No dejes de hacerla en ninguno amigo.
    Un abrazo.

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  12. Está claro que falló esa parte que se llama "código" y que tiene que ser conocido por los dos para entenderse, porque si no sucede eso: uno habla en ruso y otro, en guaraní.
    Es un cuento divertido, y dice bastante de la necedad, del llegar al golpe por una mala interpretación.
    Buenas noches.

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  13. Bueno, amigos, hasta leer el último comentario, el de Alfaro, tenía la sensación de que no habíais captado un importante elemento de esta historia...
    Y es su gracia.
    Yo, sinceramente, me reí al leerlo, casi como si fuera un buen chiste.
    Luego vienen las interpretaciones, que pueden ser variadas, al estilo oriental u occidental. Pero, básicamente, a mí lo que me produjo es risa.

    Isis:
    De acuerdo con lo que dices, pero reconoce que no es nada fácil "captar la esencia detrás de la forma" cuando lo que tienes delante es un dedo alzado, o dos o tres...
    Habría que ser un brujo para "ver" de qué color es esa energía. Eso o preguntar al interlocutor silencioso qué es lo que quiere decir con sus dedos.

    Me alegro que te guste la música de abajo.
    Un beso.

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  14. Silvia, estoy seguro que la maestra budista que tuviste estaría de acuerdo con mi versión, pero, claro, no me lo diría con los mismos términos; probablemente su respuesta sería darme con el abanico en la nariz...

    Besos, amiga zen.

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  15. Así lo veo yo también, amiga Azul, y creo que es el sentido de esta divertida historia.
    Por ejemplo, sobre lo que cuentas de "la bandera y el viento", añadiría una respuesta más: todo se está moviendo, la bandera, el viento, las mentes e incluso algo más que es intangible e invisible...
    De manera que los dos monjes tenían razón, el maestro tenía razón, ¡y hasta yo la tengo!, jejeje.
    El problema viene siempre de querer 'dividir' la realidad, que un todo indivisible.

    Los "acertijos" que mencionas son los llamados 'koans', que intentan enfrentar a la mente con algo insoluble e ininteligible para que deje a un lado el método racional discursivo al que está acostumbrada. Es decir, para que 'vea' la realidad, y no una interpretación racional de la misma, que siempre será una mala copia.
    No soy estudiante de Zen, pero aun así me atrevo a decirte que un día, no hace mucho, encontré "el sonido de una sola mano". Era algo tan fácil y cercano que me dejó asombrado.

    Un saludo zen, amiga, que es como una huella sobre la arena.

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  16. Hola, Liz.

    A ver si consigo explicarme, que aunque pueda parecer lo contrario, no es tan fácil...

    En el caso concreto de esta historia, creo que habrían sido de mucha ayuda las palabras, para que uno y otro supieran qué se estaba dando a entender con los dedos.
    Pero, por otra parte, ese mismo lenguaje escrito es insuficiente, no porque no sea capaz de transmitir emociones, sino porque le faltan signos para representar un diálogo real.

    Si yo estoy hablando con alguien y le digo: "Eres bueno", junto con esas dos simples palabras estoy acompañando entonación y gesto. El sentido de lo que digo, al escribirlo, necesita una explicación, porque no hay signos ortográficos que puedan expresarlo.
    Hace falta un contexto para arropar ese texto, porque si no la breve frase queda en el aire de lo indefinido.
    Con "eres bueno", puede que le esté expresando mi admiración o que le esté retando a un duelo...
    ¿Entiendes? A eso me refería.

    Por lo demás, claro que el lenguaje escrito es capaz de transmitir emociones. Y si no que le pregunten a este lobo estepario qué sentía al leer el Hyperion.

    Y, por otra parte, es precisamente a lo que me dedico en este cuaderno: a transmitir emociones, sentimientos y pensamientos.
    Tiene sus dificultades, pero es la mejor herramienta de la que disponemos.

    Un abrazo, amiga.

    (ya veo que has recuperado tu lirio)

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  17. Hola, Esther.

    Yo, por descontado, soy amigo de la palabra, que me parece hasta mágica, y de ella me sirvo para comunicarme con vosotros.
    Pero de Sócrates no soy muy amigo... Sus diálogos me parecen un laberinto que sólo busca encerrar al pobre hombre que intenta expresarse, para después dejarle en ridículo.

    -¿Y cómo dice que se llama dónde escribe?
    -Cuaderno nocturno.
    -¿Por qué? ¿escribe de noche?
    -Sí, aunque no siempre.
    -Pero elige el nombre de "nocturno" porque prefiere esa hora, ¿verdad?
    -Sí, y además porque mis pensamientos suelen surgir de noche.
    -¿Y durante el día, a qué se dedica? ¿No escribe? ¿No piensa?
    -Durante el día a veces tengo la mala suerte de encontrarme con pesados como usted, que no sé qué busca con sus absurdas preguntas...
    -Ah, o sea, que según parece le molestan mis preguntas, ¿por qué será? ¿porque no es de noche? ¿porque no está usted frente a su cuaderno?
    -...
    -¿No contesta? ¿No será que en el fondo usted no escribe ni piensa ni nada, y que sólo es un fantasma de sí mismo?
    -Señor Sócrates, permítame que me vaya. Tengo cosas que hacer más importantes que escucharle, por ejemplo darle la vuelta al filete que tengo en la sartén.
    Que tenga usted un buen día.

    Bueno, más o menos así sería un diálogo entre ese señor y yo, jeje.

    Un abrazo, Esther, y gracias por venir.

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  18. Hola, Libertad.
    ¡Cuánto tiempo sin leernos!

    Creo que lo de entendernos, o mejor, lo de no entendernos aun usando las mismas palabras, está en la voluntad de quien habla.
    Me explico:
    Una palabra es una herramienta, un utensilio, y puede usarse de muchas formas. Al igual que un cuchillo, que puede servir para cortar un filete, para pinchar una patata o... para lo otro, que no voy a decir aquí.
    Pero pienso que por muy difícil que sea entendernos, todo se arregla con un abrazo o un beso, que es un lenguaje universal que..., bueno, dejémoslo en que es un lenguaje universal que clarifica las cosas, las intenciones.
    Y si no queda claro, pues dos besos y dos abrazos.

    Bs, Libertad.

    Pd.- Te dije alguna vez que me gusta mucho cómo escribes; si no me paso por allí es por el maldito problema del tiempo...

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  19. ¡Qué raro! Cristal no se ha extendido...
    :(

    "Todo es del color del cristal con que se mira".
    Sí, amiga, y precisamente el Zen, lo que busca es que nos quitemos el cristal, las lentes, las gafas y miremos 'directamente' a la realidad de las cosas.
    Quizá me digas que no todos podemos quitarnos las gafas así como así, pero es que si no..., siempre veremos una realidad con dioptrías.

    "¡No, es al contrario!"
    "Los cristales son los que nos ayudan a compensar las dioptrías."

    No, amiga, los cristales lo único que hacen es 'habituar' a nuestros ojos a una cierta forma de mirar y de ver. Y al final, sólo vemos lo que los cristales quieren...

    Te mando todo mi ánimo para que hagas esa entrada sobre la palabra. Ya me sugeriste hace tiempo que la hiciera yo, pero en tus manos lo dejo.
    Manos femeninas, con su armario en orden, que seguro sabrán hilvanar mejor los conceptos.

    Un gran abrazo, amiga despierta y cavilosa.

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  20. Alfaro, ya dije antes que has sido la única que ha mencionado lo "divertido" de la historia.
    Y en cuanto a lo del "código", jeje, eso es justo lo que me suele faltar cuando te leo, ya lo sabes.
    Pero, bueno, aun así te leo e intento rescatar figuras, imágenes y metáforas.

    Un abrazo, poeta abstracta.

    (como abstracta es la misma vida)

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  21. Seguramente hay tantas interpretaciones como personas sigan la historia en debate...en mi caso siempre me quedo perpleja al ver como con la sencillez y la gracia casi infantil de las historias Zen pueden llegar a la iluminación de rincones olvidados de un alma...

    Besito volado

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  22. Me gusta eso que dices, Brujita, de "la sencillez y la gracia casi infantil". Efectivamente es asombroso como una historia de éstas puede llegar a "iluminar" rincones oscuros.
    Sí, son "infantiles" en apariencia, pero eso me hace pensar en la seriedad con que se expresa un niño: claro, sencillo, directo, sincero...

    Un beso con alas.

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