Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AHM







domingo, 31 de mayo de 2009

Abriendo la mirada...



Cuando abrimos la mirada, cuando olvidamos sombras y problemas, y abrimos bien los ojos podemos llegar a ver maravillas.
La belleza no viene y se va, siempre está ahí, sólo hay que limpiar nuestros ojos de las brumas que los empañan, a veces.
En alguna otra ocasión he escrito aquí sobre el "ver", pero creo que es importante insistir en el tema. La mirada "encerrada" nunca verá más allá de sus propias narices, y una mirada encerrada es una mirada ciega. Ante la visión de un precioso valle, de un bosque mágico o una impresionante montaña, sólo verá... hierba, árboles mudos, campos de cultivo y una gran roca inútil y vacía.
Pero eso que "vemos" no es la realidad, sino un reflejo de nuestra momentánea ceguera.
Así pues, es muy importante abrir la mirada. Importante para nosotros, los que queremos ver lo que vale la pena ver, y constatar que siempre, siempre está ahí, si sabemos mirarlo...

AHM
(31 de mayo, 2009)



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Aria - Suite nº 3
Johann Sebastian Bach

viernes, 29 de mayo de 2009

Cazadores de sueños



Hace unas semanas recibí, desde Buenos Aires, otro inesperado regalo de la amiga Roxana. Una imagen mágica y un texto de su propia mano, y es para mí un placer publicarlo aquí. La imagen se titula "pescando estrellas" y ya la veis arriba, y el texto dice así:

"Cada uno tiene sus deseos. Cada cual tiene sus sueños.
Y unos y otros, van por la vida tratando de encontrarlos. De atraparlos. De alcanzarlos.
Sueños y deseos, tan deseados, tan soñados.
Realizar los sueños es tocar el cielo con las manos, y concretar los deseos es obtener una porción de aquel cielo.
Sueños y deseos, están por ahí suspendidos. Colgados, escondidos, esperando ser descubiertos.
Esperando que entre la oscura rutina, alcancemos a ver su luz encendida.
En mi sueño más bonito, se cumple mi mayor deseo.
Y mi mejor deseo, sueño que se hace realidad.
Va mi alma por el cielo, recogiendo sueños y deseos..."

Roxy

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Me gusta y estoy de acuerdo, excepto en una cosa: no creo que los sueños y los deseos estén "por ahí suspendidos"... A ambos los llevamos dentro desde siempre. Seguramente, a lo que quiere referirse Roxana es a la "ocasión", a esa luz que a veces, muy pocas veces, brilla ante nosotros, y a la que debemos cazar sin demora, porque en seguida se escapa como el aire.
La ventana que se abre inesperadamente y a través de la que vemos el sueño o el deseo listo para hacerse realidad. Por eso es bueno llevar siempre con nosotros el cazamariposas, el pescador de estrellas.
La vida es lo que tiene, entre otras muchas cosas, que es muy rápida. Y el que no está lo bastante despierto se pierde la oportunidad, la ocasión, algunas veces la ocasión de su vida.
Mi alma no va por el cielo "recogiendo sueños y deseos", qué más quisiera, pero sí voy por la tierra con los ojos abiertos de par en par, para que no se me escape ninguna luz, que a veces puede incluso estar oculta tras cualquier sombra...

Gracias, amiga Roxana. Te deseo lo mejor, o sea, que consigas abrazar tus sueños.
Un beso desde la lejanía, tan cercana en el fondo.

Sólo una cosa más: ¿somos en realidad cazadores de sueños? ¿O somos cazados por ellos? ¿No es la fuerza del sueño y la del deseo la que nos atrae, la que nos atrapa?
Pero, bueno, creo que en definitiva sólo nos atrae aquello que ya llevamos dentro. Es decir, que da igual cómo lo miremos. El objetivo siempre será "abrazar ese sueño" que nos fascina desde siempre.


AHM
(29 de mayo, 2009)

miércoles, 27 de mayo de 2009

Viaje a Montagnola




Han pasado treinta años desde mi viaje a Montagnola, desde que un joven caminante llegara de noche a la estación de Lugano, con un gran bolso lleno de libros, tabaco y sueños, con poco dinero en la cartera y dispuesto a dormir bajo un árbol.
Por las calles de la ciudad me encontré con un viejo, y le pregunté en italiano por el camino a Montagnola. Se llevó una mano a la cabeza y exclamó: "¡Ah, e lontano!", y luego me indicó buenamente el camino, ayudándose con gestos, porque mi italiano era muy deficiente. Efectivamente la aldea estaba lejos, el camino era largo y cuesta arriba, pero jamás he dado un paseo tan grato en mi vida. El bolso tan pesado que llevaba sobre un hombro era para mí como una ligera pluma. Casi estuve a punto de subir volando... y así sentí en efecto aquel hermoso paseo, como un vuelo. Iba hacia la casa del amigo, que aunque ya no estuviera, seguro que sí estaba...
Me acompañaban el silencio, un cielo lleno de estrellas y abajo la gran sombra brillante del lago.

Cuando llegué, el pequeño pueblo ya estaba casi dormido. No recuerdo si pregunté a alguien o si la vi por encima de las bajas casas, pero en seguida estuve delante de la Casa Camuzzi, ante el viejo portalón de madera. Allí había vivido mi querido Hermann Hesse muchos años, antes de mudarse a su nueva casa en la colina, la casa rossa.
Me paré delante del portal medio abierto, desde donde se veían las sombras del jardín de más abajo, el jardín de Klingsor, que ya conocía por su novela. Y me quedé allí unos minutos como el que está delante de un templo sagrado. Para mí lo era. Al poco tiempo alguien me dio la bienvenida... Un lustroso gato vino hacia mí lentamente y se paró justo a mis pies. Le acaricié, me dijo algo quedo en su idioma y se marchó, tan lento como había venido. Más tarde supe, por una fotografía, que Hesse había tenido un gato muy parecido.
A continuación caminé sin rumbo por las callejuelas oscuras y solitarias, sin buscar nada, sólo percibiendo la presencia del amigo y maestro en cada sombra, en cada esquina, como una compañía constante. Me sentía realmente en casa.

Allí estuve una semana, caminando por los senderos, mirando casas y jardines, bajando a la preciosa ciudad de Lugano, mirando desde lejos la Casa Rossa... Y conseguí entrar en la antigua casa de Hesse, donde un escritor que allí vivía, me obsequió con varios libros suyos dedicados. Es decir, que estuve dentro del templo, y vi el espejo de Klingsor y me asomé por su balcón, ante el que "se hundía profunda y vertiginosamente el viejo jardín". Y lo más curioso, y para mí más valioso, es que este escritor había conocido personalmente a Hermann Hesse, y también a Jung.
Cuando salí de la Casa Camuzzi, con varios libros en las manos, después de haber visto lo que había visto, de haber estado en el templo, el corazón me estalló en un llanto alegre y una gran sonrisa me iluminó la cara. Aquel joven caminante había encontrado la puerta del paraíso...
¿Hacían falta más señales? No, el destino estaba claro, o así lo sentí entonces. Al día siguiente me fui.

Anoche tuve un sueño magnífico, mágico. Soñé que estaba de visita en casa del tío Hermann, una casa grande llena de libros que tiene ahora en algún lugar de la constelación de Orión. Y él estaba allí. Hablamos. Yo buscaba un libro y me ayudó a encontrarlo.
No sé lo que este sueño significa, no soy psicoanalista, pero algo intuyo...
Por lo demás, sólo puedo decir que entre lo fácil y lo difícil, entre lo posible y lo imposible, en esa delgada línea brillante y sombría que pende sobre el abismo, es donde habita el ángel o el demonio de mi vida.


Antonio H Martín
(Noche del 26 al 27 de mayo, 2009)



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Imágenes:

- Paisaje de Montagnola, acuarela de Hermann Hesse
- Casa Camuzzi, Montagnola, cerca de Lugano

sábado, 23 de mayo de 2009

Time to say Goodbye



No se trata otra vez de unos "minutos musicales" de intermedio. No, eso se acabó. Sólo es que he encontrado este vídeo en internet y quiero compartirlo con vosotros.
El tema ya es viejo, y seguro que todos lo conoceis hace tiempo, pero esta versión me ha gustado especialmente.
Es en directo, lo cantan Andrea Bocelli y Sarah Brightman y se nota un buen ambiente de amistad, de buena vibración, de buena onda...
Ya he dicho alguna vez que yo de idiomas nada, o muy poco, así que ni inglés ni italiano. Vamos que no sé lo que dice la letra, sólo frases sueltas.
Pero hay un idioma que sí entiendo muy bien: el de la emoción, el del sentimiento.
Y con la emoción de esta música quiero transmitiros mi agradecimiento por estas nuevas amistades virtuales que aquí he encontrado.
"Virtual" o no, la amistad es la amistad. Lo que vale es el sentimiento.
Y a vosotros os siento como mis amigos.

Vaya esta música por todos vosotros, por vuestra presencia lejana, y a la vez tan cercana.
El título dice, creo, "el tiempo para decir adiós", o algo parecido (aunque aquí se llamó "Por ti volaré"). Pues yo lo uso para deciros ¡Hola! y enviaros un amable abrazo.

Antonio




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Imagen: "Lifeterm Holidays", por Jacek Yerka (2008)

viernes, 22 de mayo de 2009

Brumas



"En los días y en las horas en que el impulso hacia la voluptuosidad es más fuerte, cuando no se trata de un apagado anhelo surgido de la vaciedad y el embotamiento de la consciencia, sino de una avidez ardiente y de una violenta pasión, precisamente entonces es cuando las mayores fuerzas del espíritu están también dispuestas a llevar al límite su actividad. Ahora bien, en el instante en el que la consciencia se entrega a la pasión y está llena de ella, la consciencia mejor permanece latente, se precisa de un poderoso esfuerzo para invertir la dirección y para que, en vez de esa pasión torturante, indigente y desesperada (el reino de la noche), sea la actividad de las elevadas fuerzas del espíritu, el reino de la luz, lo que llene la consciencia."

Arthur Schopenhauer

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Esto escribió el señor Schopenhauer, no sé si cuando era joven o ya de viejo, pero no estoy del todo de acuerdo. Y no estoy de acuerdo en su oposición entre lo que llama "el reino de la noche" y "el reino de la luz"... ¿Por qué habría de oponerse la noche a la luz?
Lo que sí entiendo bien es una cosa: o es de noche o es de día, ambas cosas no se pueden dar al unísono, aunque estén íntimamente relacionadas. No hay sombra si no hay una luz que se derrame sobre una figura, pero en la vida uno está en un sitio o en otro, no en los dos al mismo tiempo... La conciencia se sitúa en un lugar o en otro. Se pueden ver ambos sitios desde la lejanía, desde una cierta distancia, desde una cierta altura, pero no se puede actuar en los dos en el mismo momento.
Lo que Schopenhauer llama "el reino de la noche" es para mí toda una fuente de riquezas, un lugar inmenso y generoso donde encuentro toda clase de sueños y placeres, un oasis. Y el "reino de la luz" es otra cosa, es el desierto del pensamiento, con su fina arena de "realidades", que se mueve con el viento, de causas y efectos, de orden. El alma y el espíritu...
¿Son partes contrarias el alma y el espíritu?
¿Qué sería de un espíritu sin alma, o al revés? Nunca negaré la pasión, nunca mi afán por saber me partirá la conciencia en dos mitades, nunca seré un buda ni nada parecido. Mi entrega a la vida ha de ser total o no será entrega. Y yo amo a la vida.

No es que esto tenga mucho que ver con este tiempo mío de ausencia, pero algo sí. Mi problema tiene que ver con lo que apuntaba Schopenhauer, pero no en el sentido maniqueo en que lo presenta. Simplemente el viento cambió de rumbo y me hizo mirar hacia otro lado. Ese lado no es mejor ni peor, sólo es otro lado. Y cuando se mira hacia un sitio no se ve el otro, y menos se puede actuar en él. Ése es el problema: que no tengo dos caras, sólo una, y, o miro a un lado o miro a otro.
El viento sopló fuerte y no me dejó girar la cabeza.
Aun así, podría haberlo hecho, porque soy muy "cabezota" cuando me pongo, podría haber estado aquí, en el cuaderno, escribiendo y "charlando" con vosotros, mis amigos "virtuales", pero no hubiera estado al cien por cien, no hubiera sido del todo sincero. Porque mi ser estaba mirando a otro sitio.
Esta bitácora se llama "cuaderno nocturno" porque me encanta la noche, porque es en la noche cuando me siento más vivo, cuando mi mente está más clara, cuando más siento la vida. Pero la noche tiene muchas y variadas sombras... y algunas te atrapan, te absorben y no te dejan salir fácilmente.
Pero como nada es eterno, los vientos cambian y las sombras disminuyen, ya estoy fuera, mirando desde la distancia. Soy muy amigo de las sombras, pero no me gusta que me detengan demasiado tiempo, sólo el necesario para conversar con ellas y ver lo que te muestran, que suele ser mucho.

Así que, despejadas las brumas, la luna vuelve a brillar. Y la verdad es que está hermosa.


Antonio H. Martín
(21 de mayo, 2009)
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PD.- Agradezco todos y cada uno de vuestros comentarios, sobre todo esos que hablaban de "extrañeza"... Y me gustaría contestaros uno por uno. Lo haré en cuanto pueda. Un abrazo.

martes, 12 de mayo de 2009

Multiplicidad



Hola, amigos.
No quiero parecer descortés por no responder a su debido tiempo vuestros amables comentarios. En su momento lo haré. Y tampoco quiero que penséis que me estoy haciendo el "misterioso" con mi silencio... Sólo os pido un poco de paciencia. Muchos entendéis eso del "retiro necesario"; algunos incluso habeis dejado de escribir un tiempo para luego volver renovados. Cada uno tendrá sus razones. Las mías ya las intenté explicar un poco en mi entrada de la ausencia... Y poco más hay que añadir. Los vientos soplan en varias direcciones, con intensidades distintas, y las entrañas no siempre están debidamente "en su sitio", ni se mueven en el mismo sentido, sino que a veces andan un poco revueltas y descolocadas. El tiempo las pondrá en su lugar, espero.
Aquí os dejo un texto de Hermann Hesse, de su Diario de 1920-1921, en el que se queja de la limitación humana, de la dificultad o imposibilidad de abarcar la riqueza y complejidad de la vida. Y lo acompaño con un bonito vídeo musical, que incluye imágenes de luz inclinada... Espero que os guste.

AHM.

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Diario 1920-1921

¡Ay! ¡Debería llevar diez y más diarios! Ya he empezado tres o cuatro. Uno se llama "Diario de un libertino", otro "Selva de la infancia", otro "Libro de los sueños". A éstos deberían añadirse un diario del pintor, un diario de la música, uno sobre la vieja lucha entre el instinto de la vida y el deseo de la muerte, diario del suicida, quizá también un diario de la reflexión, de la búsqueda de criterios: extensión del pensamiento a cosas generales, a la naturaleza, la política, la historia. Y luego me gustaría escribir al mismo tiempo tres o cuatro libros más, para experimentar algún tiempo con la polifonía y la bipolaridad, para documentar de alguna manera la circularidad y la multiplicidad del alma. Pero no es posible, lo más pequeño es ya demasiado, lo más sencillo es demasiado complejo, la mano tendría que tener veinte dedos y el día cien horas. ¡Oh dioses indios con diez y veinte brazos, cuán verdaderos sois!
Y con todos estos diez diarios no habría hecho más que anotar, escribir. No habría dormido, ni soñado, pintado ni hecho música, no habría vivido la amistad, el hambre, el sexo, la vida plena -no, ¡el día tendría que tener mil horas!

Claro que uno se puede moderar, ejercitar la técnica, quedarse en lo posible -pero todas las medidas ensayadas se acercan demasiado a aquella con la que los maestros de escuela miden a Goethe; y además, ¿tiene sentido esforzarse por lo posible? La más pequeña obra de arte, un dibujo a lápiz con seis trazos o un poema de cuatro líneas, intentan audaz y ciegamente lo imposible, van al todo y quieren encerrar el caos en una cáscara de nuez.

Hermann Hesse

sábado, 9 de mayo de 2009

El largo y sinuoso camino



En vista de que el autor de estas páginas sigue ausente, hemos decidido poner unos "minutos musicales" para amenizar el espacio.
Esperamos que sean de su gusto y que pronto el autor vuelva a su sitio.
Gracias por su atención.

Fdo.: El equipo de Blogger.




miércoles, 6 de mayo de 2009

Ausencia



Hay veces en que la vida te mueve hacia determinados lugares, te empuja, te lleva y te coloca en ellos... Son lugares conocidos, o no, que nos gustan o no, pero la vida es tajante y te obliga a permanecer allí. El por qué de eso la vida lo sabrá...
Ante situaciones así, que pueden ser externas o internas, uno sólo puede dejarse llevar, porque es la vida la que tiene el poder.
¿Qué puede hacer una brizna de hierba ante la fuerza del viento?

Algo así me ha ocurrido últimamente, y ante esta situación mi respuesta ha sido la ausencia... No por no querer estar en este sitio, en este cuaderno que considero mi casa, sino por no poder. Digamos que el viento soplaba en otra dirección y uno pesa demasiado poco como para resistirse a su fuerza.
Lo único que he podido hacer es pararme a mirar. Una parte de mí se ha sentado en un banco solitario frente a la imagen del infinito y ha observado lo que pasaba, con admiración, con temor, con asombro, con respeto, y sin poder hacer nada más, sólo mirar.
No podía entrar aquí porque no tenía voz...

Pero esa situación ya ha pasado. El viento amainó y me dejó libre para volver a mi casa. Y aquí estoy, ante vosotros, con vosotros, mis amigos invisibles.
Todo esto suena como muy tremendo, pero sólo es mi forma de escribir. Yo es que suelo tomarme la vida muy en serio, sobre todo cuando la vida me toma en serio a mí, aunque afortunadamente también sé ver el lado gracioso de las cosas, y ese lado anda muy cerca de lo mágico. Creo que lo he dicho ya más de una vez: para mí la vida es magia o no es.

Cuando estaba sentado en ese banco, entre grandes piedras, vientos y nubes, llegué a escuchar una voz que surgía de alguna parte, entre el silencio luminoso de aquel desierto, quizá de alguna nube, de la hierba, o quizá del mismo aire, y esa voz decía... "Deja que el tiempo sea y sé tú con el tiempo"...
Lo que eso quiera decir sólo el viento lo sabe, sólo la magia lo comprende. La única opción válida, la única libertad, es seguir el camino. Todo lo demás no importa.
He vuelto a casa.


Antonio H. Martín
(6 de Mayo, 2009)



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tema: So long ago, so clear
álbum: Heaven and Hell
música: Vangelis
voz: Jon Anderson