Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AHM







viernes, 16 de noviembre de 2007

El Inconsciente Colectivo


















(12-Agosto-2006)


Vivir en esta ciudad, en este barrio, entre esta gente, me mata poco a poco.
Me gustaría tener la paciencia de un árbol, o saber volar como un pájaro. Pero ni lo uno ni lo otro. Soy humano, sólo humano, y esta ciudad me mata poco a poco.
Por otro lado, sigo leyendo a ratos el libro sobre Jung, y me parece cada vez más interesante. Un viento fuerte y fresco, que ayuda a soportar mejor el tedio de este mundo caluroso y vulgar.

También una pequeña claridad de esta mañana de agosto, me dice con voz lejana pero audible que me deje ya de tantas historias sobre mi mismo, de mis problemas, de mis pobres miserias y del recuento de mi vida vulgar, y me dedique a cambiar mi rumbo y mi atención hacia otros campos y otros aires más profundos y más luminosos.
Por ejemplo, por qué no intentar adentrarse de nuevo en el inconsciente colectivo. Volver a escuchar la voz del mito. Buscar el camino de regreso al origen. Volver a casa. La casa donde nació mi alma.



(16-Agosto-2006)


Efectivamente, como leí hace poco, creo que en Jung, estamos condicionados por muchas cosas : el ambiente que nos rodea, la cultura, el idioma, nuestra forma física, nuestra historia personal…
Pero eso atañe sólo a la personalidad, al yo, al ego. Dentro nuestro hay también algo mucho más grande. Jung lo llamó el Self, o el inconsciente colectivo.
Yo, por ejemplo, como ser individual, tengo un nombre concreto, Antonio Castellón, o Luis Pérez, da igual. Pero recuerdo que mis mejores vivencias, aventuras y alegrías de juventud, no tenían un nombre concreto. Yo sólo era un “caminante”. En esos momentos especiales no era mi ego quien vivía la experiencia, sino algo mucho más profundo y mucho más vasto. A esta grandeza, a este júbilo yo lo llamaba “magia”, porque transformaba el mundo y en medio del gris de la realidad me permitía ver encantadoras sutilezas que me devolvían la alegría de vivir. Jung diría que era una toma de contacto con el inconsciente colectivo. Hesse hablaría quizá del “dejarse caer” en el reino del alma, donde se juntan todos los pares de opuestos y la vida se hace completa y recupera su unidad. Castaneda mencionaría al Espíritu, al Poder o al “lado activo del infinito”. Los hindúes creo que lo llaman Atman o algo así. En cualquier caso, se trata de una vivencia que está más allá de nuestra persona, más allá de nuestro yo.
Cuando era joven creía que el proceso de individuación del que hablaba Jung, era tomar conciencia de uno mismo, comprender, asumir y aceptar la propia individualidad, con sus peculiaridades y limitaciones, ser uno mismo, vivirse. Pero no es así. La individuación es comprender y asumir nuestro ser por entero. Dentro de esta totalidad, nuestro yo individual es sólo una ínfima parte. La individuación sería llegar al ser completo. Tener conciencia de nuestra totalidad.
¿Cómo se coge esto? ¿qué hay dentro de mí que está más allá de mí mismo? Quizá la respuesta sea: casi todo. Y lo que justifica el “casi” es esa leve capa, esa breve imagen con nombre propio a través de la que gozo o me irrito, siento placer o aburrimiento, odio o amo… Es el tamiz que establece para mí la sutil pero abismal diferencia entre alergia y alegría. En definitiva, a través de lo que vivo.
Pero no hay que olvidar que esta individualidad andaría por ahí mucho más enriquecida si se nutriera más de lo inconsciente, si ampliara su contacto con aquello que está más allá de la superficie. Creo sinceramente que es un buceo necesario.


Antonio C.


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