Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AHM







viernes, 16 de noviembre de 2007

Consejos y apuntes



Consejos y apuntes personales
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  --Hacer todo despacio, a no ser que las circunstancias nos dicten lo contrario. Se trata de ir siempre por delante del tiempo. Y no por detrás.
Como solía decir Jung: “Omnia festinatio a parte diaboli est.” (Toda la prisa es del diablo).

  --No mirar fijamente a nada ni a nadie. Una atención acentuada puede volverse obsesiva, tanto con las personas como con las cosas. Y esto es perjudicial para la mente. Se crea un vínculo nocivo con respecto al objeto de nuestra atención.

  --Lo anterior es válido, asimismo, para el escuchar. Tanto imágenes como sonidos poseen un mismo poder de atracción. Y ese poder es muy capaz de atrapar nuestra atención y envolvernos en un círculo obsesivo del que nos resultará muy difícil salir.

  --Hay que evitar caer en la costumbre. Todo aquello que empezamos a hacer un día, por causas aparentemente lógicas y racionales, y convertimos con el tiempo en algo asiduo, suele transformarse, a su vez, en un hábito ilógico e irracional y degenerar en simple manía. Al final, no sabemos bien por qué lo hacemos, pero no podemos evitar hacerlo. Estamos presos del círculo cerrado que hemos creado y mantenido durante años con nuestra reiteración. A esto, que llamamos costumbre o hábito, le debemos el llevar una vida de autómatas.

  --Referente al punto que precede, es necesario señalar que la mente ha de estar libre de todas esas rémoras y residuos que nos proporciona la continuidad de la experiencia. Sólo así podremos saber qué es eso que llamamos vivir.

  --Por lo general, no se vive. Sólo se sigue una pauta predeterminada, una larga y absurda sucesión de gestos que, al final, va a darse de bruces con la dura pared del final de la vida. Quizá entonces haya un súbito despertar, una súbita consciencia. Pero, demasiado tarde. Ya no queda tiempo.

  --Es en la infancia cuando empezamos a ver claro dónde está nuestro destino. En la adolescencia, lo vemos aún más claro, más cerca. Y en la juventud, lo sentimos al alcance de la mano, casi lo tocamos con la punta de los dedos. Pero, a partir de aquí, lo que viene son todo barreras, murallas, cadenas que nos impiden realizar aquello para lo que nos sentimos llamados. A partir de aquí, el destino va siendo poco a poco una imagen del pasado.

  --Ya situados, lamentablemente, en esta edad adulta, en que los sueños se van perdiendo, difuminando entre la niebla de los años, ¿qué se puede hacer? ¿Hay alguna salida? Me remito a los primeros de estos consejos para dar una posible respuesta. Porque es importante, porque es vital crear un vacío, un silencio en la mente que suelte el lastre de la experiencia, que borre el peso de los años mal vividos y deje entrar un aire distinto y nuevo.

  --Creo que esto es posible. Aunque suene manido, considero que es cierto aquello de que el niño y el joven que fuimos, siguen viviendo en nuestro interior, ocultos tras esta coraza de adulto maniático y amargado que nos hemos puesto, o nos han colocado a la fuerza. Más allá de esta barrera, de esta armadura asfixiante, está el hombre que presintió su destino, que vio un claro entre las nubes, un brillo azul entre el gris y el negro de la tormenta. Ese que se dijo a si mismo, una mañana de invierno, que su existir iba a ser una lucha entre lo que él llamaba mundo y lo que él llamaba vida.

  --Decía el maestro Schopenhauer : “Lo que nos convierte de manera casi ineludible en personajes ridículos es la seriedad con que tratamos el presente de cada momento, un presente que lleva en sí una necesaria apariencia de importancia. Son pocos sin duda los espíritus que han superado eso y que han pasado de ser personajes risibles a ser personajes que ríen.”

  --Nos quedamos, de momento, con estas palabras. Creo que hay aquí ya suficiente material para pensar un poco. Aunque, eso sí, espero que ese pensar no vaya por los cauces establecidos. Espero y deseo, por el bien de mi lector, que estos consejos y apuntes le ayuden en algo a empezar a salir de su jaula. Más adelante, seguiremos. Hasta entonces, amigo.


Antonio Castellón
(4 de mayo, 2006)



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