Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AMB







sábado, 28 de marzo de 2009

En el desierto...


Hola, amigos.

Me siento en la obligación de escribir esta nota informativa, debido a mi ausencia de estos días.
Por un lado, he estado ocupado en otras cosas que han absorbido mi tiempo como una esponja... Y por otro, he sufrido un pequeño accidente doméstico, de orden informático, que me ha dejado sin conexión internáutica.
Ya sé que poner tan cercanas palabras como "doméstico", "informático" e "internáutica", resulta cacofónico, pero no he encontrado ahora otras mejores. Lo malo es que con esta aclaración no he hecho sino empeorar las cosas, porque "cacofónico" viene a sumarse a la cacofonía... En fin.

Vamos, lo que quiero decir es que durante unos días he estado como perdido en el desierto.
No es fácil imaginarse la expresión de este lobo estepario cuando, cada vez que intentaba conectarse a Internet, la pantallita desaparecía después de unos segundos... Como si el acceso estuviera prohibido. Después de más de veinte intentos fallidos, este lobo tenía ya las fauces abiertas y babeantes, dispuesto a morder lo que se le pusiera delante.
Y todo esto viene a que tuve la "feliz" idea de instalar en mi equipo el flamante nuevo explorador de Windows, el Internet Explorer 8.
No puedo decir que este explorador sea malo, pero sí he echado en falta algunas sugerencias y alguna advertencia..., como la de que era peligroso para corazones delicados.
Seguramente, el error fue mío al cambiar algo en la configuración, pero el caso es que la situación era clara: no tenía conexión a Internet, más allá de unos pocos segundos. Y en ese tiempo no me alcanzaba ni a rezar un padrenuestro...

Nunca imaginé hasta qué punto estaba ligado a este cuaderno, y acostumbrado a leeros en vuestras respectivas bitácoras, además de los amables y siempre interesantes comentarios que dejais aquí.
La sensación, ya digo, es como si hubiera sido "abducido" y transportado a un desierto. Sólo veía arena y piedras, piedras y arena. Y un sol de justicia, que constantemente me señalaba con el dedo, como si fuera culpable de algo...

Bueno, afortunadamente parece que he conseguido salir del laberinto y aquí estoy de nuevo. Y espero que dure, porque a mí el desierto me gusta, pero no más de un par de horitas.

Y esta es mi aclaración. Para que sepais que no me había ido sin despedirme, sino que me habían cerrado la puerta.
Un saludo para todos.

AC. (28 de marzo, 2009)

sábado, 21 de marzo de 2009

El sabio




"¿Qué sé yo que los demás no sepan?", se preguntó el sabio una mañana, susurrando, mientras observaba desde su balcón la lejanía del horizonte y el pueblo que se extendía por el valle.
Y alguien, al parecer más sabio, le contestó en voz alta desde la umbría de los árboles de abajo:
"Preguntar. Tú sabes preguntar, lo que el común de la gente no sabe hacer, y cada pregunta tuya es una semilla que siembras en la tierra de lo posible. Y esa semilla con el tiempo germinará, crecerá y al llegar la primavera florecerá en forma de respuesta."
El sabio miró hacia abajo y reconoció a quien así había hablado, que saludaba entre la arboleda agitando el sombrero.
"¡Hola, amigo poeta! Tienes el oído muy fino. ¿Cómo tú por aquí?"
"Voy de paseo, aprovechando esta mañana de sol. Y no he podido evitar escuchar tus palabras. Sí, tengo el oído fino y también la mirada."
"Bien está eso. ¿Y decías que mis preguntas son como semillas?"
"Así es, amigo sabio, y precisamente voy ahora en busca de flores nuevas... Seguro que las hay preciosas en la ladera del monte, cerca de la laguna."
"Pero, ¿de verdad crees que las preguntas son como semillas?"
"Sí, lo creo, y además lo he comprobado muchas veces."
"Eso implicaría que en la pregunta vive el gérmen de la respuesta..."
"Yo en eso no me meto. Soy poeta, no sabio. Eso te corresponde a tí saberlo, pero intuyo que es así, como ahora dices.
"¡Bueno, me voy, que la mañana avanza!"
"Que disfrutes de tu paseo, poeta, y que tengas suerte y encuentres esas flores que buscas."

El sabio se quedó meditando sobre las palabras de su amigo, que ya desaparecía tras un recodo, camino de la laguna. "Puede que sea verdad lo que dice el poeta", pensó. "Y si así es, ¿por qué hace la pregunta quien ya tiene la respuesta...?"
Se metíó en la casa y miró despacio los muebles y los libros de su pequeña torre, pero en realidad no estaba mirando nada. Seguía pensando en silencio. La respuesta está implícita en la pregunta...
"¡Ah, ya caigo!", exclamó, al cabo de un rato. "¡Es sólo una concesión al tiempo! Sí, la pregunta es una semilla y en la semilla está la planta, el árbol, la flor, pero todo necesita tiempo para germinar, crecer y mostrarse en plenitud. ¡Es el juego del tiempo! ¡El juego de la vida!"
Estimó oportuno prepararse un leve tentempié de media mañana, acompañado de medio vasito de vino y algo de fruta, pero siguió pensando en lo mismo: "El tiempo, es el tiempo..., como una necesidad de jugar. En el niño están ya el joven y el viejo, pero hay una 'necesidad' de desplegar, de desarrollar, de crecer, por el puro gusto de hacerlo. ¡La vida quiere vivirse! Esa es la razón."
"Puede que en el fondo ya lo sepamos todo, pero necesitamos preguntar, inquirir, luchar y desesperar, para que 'eso' florezca en algún momento. Lo contrario sería la quietud de un conocimiento perfecto, algo parecido a la muerte. Y la vida quiere moverse, jugar, vivir..."
"¿Nos hace gracia un chiste conocido? No, sólo nos hace reír el que no conocíamos, el inesperado, el nuevo. De la misma manera, nos atrae el amor desconocido, el amigo desconocido, la tierra ignota, todo aquello que puede ser pero aún no es, al menos no es para nosotros."

Mientras se comía lentamente el plátano con pan, el sabio, haciendo honor a su nombre, siguió pensando:
"La vida es una aventura. Ese es su sentido. Y no hay aventura en medio de un mundo viejo, conocido, trillado. Sólo la hay en lo nuevo. Puede que la aventura ya tenga escrito su guión desde hace tiempo, mucho tiempo, y todas las preguntas sepan su respuesta, pero un velo oculta todo esto y no nos deja verlo así. De este juego no conocemos ni las reglas, así que hay que inventar continuamente, descubrir y jugar entre sombras."
"Pero a pesar de las sombras, o gracias a ellas, la vida es un juego apasionante. El mejor de los juegos. Así que seguiré sembrando preguntas todos los días de mi vida, aunque sepa las respuestas, seguiré sembrando, para que alguna mañana de sol un poeta joven, sensible y despierto descubra flores nuevas en la ladera del monte, cerca de la laguna."

Y después de pensar esto, el sabio cogió su viejo bastón de caminante, salió de su casa y se fue a pasear. Quería descubrir las flores que él mismo había plantado, ver el fruto de su propia semilla. Ver, en definitiva, lo que el tiempo había hecho con sus sueños.


Antonio Martín
(21 de marzo, 2009)


miércoles, 18 de marzo de 2009

El umbral de Liz y la joya de Rayuela



Hola, amigos.

Esta no es una entrada normal del cuaderno, sino una entrada-noticia.
Por un lado, me complace mucho presentar el nuevo blog de la amiga Liz Hentschel, alias Lirio, "la pintora de sueños", según mi particular apreciación.
El blog lleva el interesante nombre de "Umbrales", y se estrenó hace un par de días con la pintura que aquí reproduzco y que lleva el título de "Volviendo a casa".

Dejo apunte de esta noticia, aparte de por ser amiga mía (Liz, no la noticia, aunque también) porque quedó claro la última vez que puse aquí su "Ofrenda" que su arte os gusta. Ya estaba en mi lista su blog del punto de encuentro Letras Kiltras, pero éste es más personal, en el sentido de que es sólo suyo, y tenemos la libertad de comentar sin necesidad de registrarnos en sitio alguno.
Así que, para vuestro conocimiento, dejo aquí el enlace:
http://lirio-umbrales.blogspot.com
El blog acaba de empezar, pero ahí es donde Liz irá poniendo sus inestimables tesoros. Yo, desde luego, no me lo pienso perder.

Y por otro lado, dejar constancia que la amiga Rayuela (del blog En Zigurat) me regaló el otro día un premio-joya, el cual tengo el gusto de exponer aquí y compartir con vosotros, o sea, con quien lo quiera de los que estais en mi lista. Tal y como hice con los dos anteriores. De esta manera, me evito difíciles elecciones, que siempre me dan dolor de cabeza, y tener que buscar un tiempo extra que me cuesta mucho encontrar.
Así que quien lo quiera puede tomarlo, porque es suyo. Haceros a la idea de que todos los blogs de mi lista están nominados.

Bueno, especialmente... ¡Todos! jejeje. Y el señor Saramago también, que el Nobel lo debe tener ya un poco olvidado.

Un gran abrazo para este medio mundo tan especial que nos ha tocado compartir. O sea, para todos vosotros, amigos de lunas, cristales, encinas, vientos, estrellas, amapolas, tiempos, miradas, orillas, fanzaras, dulzuras, brujas y noches...
Seguro que hay más, pero no me caben.

AC. (18 de marzo, 2009)

domingo, 15 de marzo de 2009

Amor del ayer



Algunos guardamos en un rincón de la memoria un amor del ayer, o del nunca. Ese amor que pudo ser y no fue, que pasó rozando nuestro camino pero no se quedó. Sólo la huella sigue ahí, indeleble, conservando extrañamente aún la frescura de entonces.
Creo que el amor es una sustancia fluida que puede verterse en moldes muy diferentes, pero, no sé por qué, siempre hay un molde que nos parece especial. Entre varios afectos elegimos uno. Cuando la vida nos separa de ese ser, en cuya compañía veíamos segura la felicidad, podemos pensar, al cabo del tiempo, que hizo lo que debía hacer. Que apartó de nuestro camino al ser que no era, en realidad, la "media naranja" que creíamos. Seguramente la vida es sabia y mueve los hilos según un plan previo, acorde a un destino. Pero ¿y si no es así? ¿Y si la vida se equivoca, o simplemente estaba distraída aquella noche? ¿O éramos nosotros los distraídos y no pusimos toda la fuerza en el intento?
Sea como fuere, nunca sabremos la verdad del asunto. Porque aquello pasó hace tiempo, está más allá de la frontera, en el lejano país de lo imposible.
La vida es generosa y nos muestra después otras oportunidades, otros caminos, otros "moldes" donde verter nuestro amor, ése que se quedó detenido y sediento en el ayer.
Y encontramos, efectivamente, nuevos moldes, nuevas cercanías, nuevos afectos, otras formas distintas que nos acompañan amablemente y necesitan de nuestro abrazo... Pero, nos queda la sensación de que nada será lo mismo, por muy bueno que pueda ser, y obstinadamente intentamos mirar a través de esos nuevos afectos, por si detrás estuviera... ella.

Como lobo estepario, me siento extraño hablando de amor, pero es que uno tiene también sus debilidades, y cuando florecen los almendros y las jacarandas, llueven invisibles, pero ciertos, los recuerdos de ese ayer perdido en las galerías del tiempo. Vuelven los sueños aquellos que se fueron...
¿Alguien sabe dónde se coge el avión para Nuncalandia?

AHM
(15 de marzo, 2009)

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viernes, 13 de marzo de 2009

Más premios...



Hoy es un día pleno de sol aquí en Madrid, pero aún así ha habido una pequeña nube brillante en el cielo y se ha parado un instante justo sobre mi casa. No ha llovido agua, sino premios, dos bonitos paquetes regalo que llevaban como nombre del remitente el de mi nueva amiga Le8al, del blog, que ella llama su "rinconcito", "Cosas que escapan a la razón..." Un rincón encantador que os aconsejo a todos, porque allí se está muy a gusto, con buenas letras y buena música.
Por descontado, está en mi lista, creo que el primero, por las comillas, y su dirección es http://le8al.blogspot.com

Pero lo que no voy a hacer esta vez es repartirlo, no al menos de la manera convencional. Semejante tarea sobrepasa en esta ocasión mis fuerzas; hoy me siento contento pero un poquito mayor.
Así que invito a todos los blogs incluidos en mi lista, o sea, a sus dueños, claro, que se lleven una copia de estos galardones a su casa, si lo estiman oportuno. Se lo dedico a todos ellos, es decir, a vosotros.
Con una sola excepción: el señor don José Saramago. Aparte de porque no creo que desde su atalaya de blanca arena, allá en Lanzarote, se vaya a dar ni cuenta de este mínimo hecho (que para nosotros no es tan mínimo), porque este buen señor ya tiene el premio Nobel... Me parece que con eso ya va servido. Aunque, si quiere, por mi parte no hay ningún inconveniente.

Que quien los recoja lo haga con total libertad y absoluta impunidad. Prometo no tomar medidas al respecto. Pero, sobre todo, que lo haga con una sonrisa y luego no sea tan viejo como yo y tenga la amabilidad de compartirlo con quien estime que lo merece. Ese es mi humilde deseo.

Un gran abrazo para todos, amigos de tertulia virtual.

Antonio Castellón dixit.
(13 de marzo, 2009)

El sitio


EL SITIO... ¿Un lugar lejano?


Necesitamos encontrar el sitio, nuestro sitio. Media vida se puede emplear en esa búsqueda, y algunas veces casi la vida entera, pero una vez encontrado no hay mejor lugar en el mundo. El sitio no es sólo un lugar, es un estado de ánimo relacionado con un lugar, o con varios, o con ninguno. Si lo encontramos sabemos, sentimos que estamos en nuestro sitio, y no hay mejor sitio que ése.
La vida suele llevarnos de un lado para otro como el viento a las hojas en otoño, de una manera que nos parece caprichosa o simplemente azarosa, aunque quizá no lo sea, ni lo uno ni lo otro. Somos prisioneros de las circunstancias, estamos sujetos a sus leyes y presiones, o al menos así lo sentimos. Por eso necesitamos encontrar nuestro sitio, nuestro lugar en el mundo. Ese sitio al que siempre queremos volver, o del que nunca debimos habernos ido.
Normalmente identificamos esto con nuestra casa, nuestro hogar, o intentamos que se parezca lo más posible. Decoramos los muebles con imágenes, figuras y recuerdos que nos transmitan la sensación de que estamos en nuestro propio dominio, sin invasiones externas, sin interferencias. Incluso dentro de la casa casi siempre hay una sala especial que consideramos nuestro lugar más íntimo, donde no nos gusta que entre nadie a curiosear. Puede ser nuestro cuarto de estudio, una buhardilla apartada del trasiego de la casa, o simplemente nuestro dormitorio. Un lugar de lo más personal, que sólo mostramos a los amigos más queridos, o sea, a los de verdad.
Todo esto está muy bien, cumple la necesidad de refugio que tiene cualquier ser humano. Pero el 'sitio' al que me refiero es algo más.
El sitio es un sentimiento, una esfera luminosa que llevamos dentro y que cuando brilla nos dice claramente que estamos 'situados'. ¿Corazón, alma...? Démosle el nombre que más nos guste; lo importante es que ése y no otro es nuestro sitio, un lugar inaccesible para otros y del que sólo nosotros tenemos la llave.

Lógicamente, un lugar adecuado, como nuestra casa, nos ayudará a encontrarnos en ese sitio, pero no siempre es así ni tiene por qué serlo. Cuántas veces hemos puesto nuestra música favorita con la intención de animarnos y nos hemos quedado fríos... Eso es porque el sitio nunca se encuentra desde afuera, por muy acomodado que esté, sino desde dentro. Los estímulos externos, como músicas, paisajes o determinadas situaciones favorables, como gratas compañías, nos ayudan a acercarnos, pero el sitio que buscamos sólo se encuentra desde uno mismo. La llave está en nuestro poder, aunque muchas veces no demos con ella.

Para mí, el hombre entero, completo, tal vez feliz, es el que lleva su sitio dentro, vaya donde vaya y esté donde esté. El que nunca se preocupa demasiado por el tiempo que hace fuera, si llueve o hace sol, porque siempre está dentro de "su casa".
Quizá alguien piense que esto viene a ser como un "estar aislado", una especie de autismo de 'torre de marfil', pero no. El que está en su sitio, el que lo ha encontrado y sabe llevarlo consigo a cualquier parte, es un ser libre y transparente, humano, comprensivo, que ve y escucha como cualquier otro, con la única diferencia que él no se deja 'tocar', no se deja llevar por las circunstancias... Todo lo percibe, como cualquiera, sus ventanas están abiertas de par en par, pero la puerta está cerrada. Y sólo la abrirá cuando quien llame al timbre valga la pena.
Necesitamos encontrar el sitio, nuestro sitio. Y una vez allí, tendremos la buena sensación de estar por fin en casa.


Antonio Martín
(13 de marzo, 2009)




domingo, 8 de marzo de 2009

Mujer


En este señalado Día de la Mujer, la pintora mexicana Elisabeth Hentschel ha querido poner su granito de arena con este precioso retrato.
Elisabeth aparece de vez en cuando por aquí, en los comentarios, usando el 'nick' de Lirio, y firmando con su nombre: Liz.
Y me enorgullezco de poder decir que es amiga mía; amiga de sentires y lecturas. A mí me gusta llamarla "la pintora de sueños", porque así es como la veo. Y si alguno de vosotros quiere conocer más de su obra, tengo en mi lista su sitio, en "El blog de Liz".
El origen de esta amistad es exactamente el mismo que en el caso de Cristal: Hesse. Ya hace cuarenta y siete años que mi tío Hermann se fue de este mundo y todavía anda haciendo amigos... ¿No es esto mágico?

Bien, este cuadro lo ha titulado "Ofrenda", y es, como digo, su aporte en este día tan especial. Aunque, bien mirado, todos los días de la semana deberían estar dedicados a la mujer, menos el domingo... Así que si hoy es domingo es porque los organizadores de días festivos y efemérides no saben lo que hacen.

Yo sobre la mujer no puedo decir nada... Se me llena la boca con un torrente de palabras y no se me puede entender. Así que me limito a comentar someramente la pintura de mi amiga Liz.
En este cuadro veo a una bella mujer, con rasgos mexicanos, que descansa sobre el tronco de un árbol y lleva en las manos un ramillete de flores... Detrás de ella, un fondo de bosque romántico, impregnado de sueños.
La mujer descansa, pero su mirada es muy triste, como si quisiera volver al camino que está detrás, de donde cogió las flores, para perderse en una vida nueva y libre, es decir, para ganarse, para encontrarse, para vivir su propia vida, la que su corazón le pide vivir. Y no esta farsa, esta existencia sometida que parece que le ha tocado en suerte, como a otras muchas mujeres.

Me da la impresión de que esa mujer no está en realidad descansando sobre el tronco seco del árbol. Esa mujer está ahí parada porque no quiere avanzar más. Las pequeñas flores sobre su regazo son el símbolo del destino que desea, y le queman las manos.
Es ese difícil momento de querer decidir sin poder hacerlo... De mirar algo que no quieres ver. De ahí la tristeza, la pena de no tener la fuerza de cambiar el rumbo.
Esto es lo que veo. Seguramente la misma Liz, si se pasa por aquí, dará su versión original, lo que quiso decir con ese cuadro, y no tendrá mucho o nada que ver con mi torpe apreciación. Pero eso lo sabremos de su propia voz, de su propia letra.

Mientras tanto, mis mejores deseos y todo el ánimo de que soy capaz para las mujeres del mundo, y en especial para las que son maltratadas, orilladas, menospreciadas... Las mujeres son las flores del jardín. ¿Qué sería un jardín sin flores? No sería un jardín, sino un páramo, sólo malas hierbas, piedras y cardos; o peor, un desierto.
Quizá soy un romántico trasnochado, pero para mí la mujer es nada menos que la reina del mundo.

AHM.
(8 de marzo, 2009 - Día de la Mujer)

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Imagen: "Ofrenda", por Liz Hentschel.