
Hola, amigos.
Me siento en la obligación de escribir esta nota informativa, debido a mi ausencia de estos días.
Por un lado, he estado ocupado en otras cosas que han absorbido mi tiempo como una esponja... Y por otro, he sufrido un pequeño accidente doméstico, de orden informático, que me ha dejado sin conexión internáutica.
Ya sé que poner tan cercanas palabras como "doméstico", "informático" e "internáutica", resulta cacofónico, pero no he encontrado ahora otras mejores. Lo malo es que con esta aclaración no he hecho sino empeorar las cosas, porque "cacofónico" viene a sumarse a la cacofonía... En fin.
Vamos, lo que quiero decir es que durante unos días he estado como perdido en el desierto.
No es fácil imaginarse la expresión de este lobo estepario cuando, cada vez que intentaba conectarse a Internet, la pantallita desaparecía después de unos segundos... Como si el acceso estuviera prohibido. Después de más de veinte intentos fallidos, este lobo tenía ya las fauces abiertas y babeantes, dispuesto a morder lo que se le pusiera delante.
Y todo esto viene a que tuve la "feliz" idea de instalar en mi equipo el flamante nuevo explorador de Windows, el Internet Explorer 8.
No puedo decir que este explorador sea malo, pero sí he echado en falta algunas sugerencias y alguna advertencia..., como la de que era peligroso para corazones delicados.
Seguramente, el error fue mío al cambiar algo en la configuración, pero el caso es que la situación era clara: no tenía conexión a Internet, más allá de unos pocos segundos. Y en ese tiempo no me alcanzaba ni a rezar un padrenuestro...
Nunca imaginé hasta qué punto estaba ligado a este cuaderno, y acostumbrado a leeros en vuestras respectivas bitácoras, además de los amables y siempre interesantes comentarios que dejais aquí.
La sensación, ya digo, es como si hubiera sido "abducido" y transportado a un desierto. Sólo veía arena y piedras, piedras y arena. Y un sol de justicia, que constantemente me señalaba con el dedo, como si fuera culpable de algo...
Bueno, afortunadamente parece que he conseguido salir del laberinto y aquí estoy de nuevo. Y espero que dure, porque a mí el desierto me gusta, pero no más de un par de horitas.
Y esta es mi aclaración. Para que sepais que no me había ido sin despedirme, sino que me habían cerrado la puerta.
Un saludo para todos.
AC. (28 de marzo, 2009)








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