
OSCUROS VECINOS
(reflexiones de viejo)
Normalmente en este cuaderno se suele tratar sobre temas que quieren rozar lo filosófico, lo poético e incluso lo místico, ya sea en su vertiente oriental y luminosa o en su otro lado más inclinado, el lado romántico. Y esto es así porque esos son los temas y los lenguajes que más me importan. Los resultados son muy irregulares, con altibajos y contradicciones, porque uno no es profesional de nada, sino sólo un caminante que busca.
Pero, sintiéndolo mucho, me veo obligado en esta ocasión a tratar un tema muy diferente. Un tema que me afecta a nivel personal, pero que también puede ser considerado como un tema de interés social, o al menos así me lo parece.
Recuerdo que de niño, con unos once años, tuve que ir una tarde a la casa de un "practicante", para que me pusiera una inyección. No me acuerdo ya qué problema de salud tenía, pero sí recuerdo muy bien aquella media hora en esa casa... Mientras esperaba sentado y en silencio a que la jeringuilla fuera esterilizada con alcohol, con su pequeña llama azul, delante de mí, en la televisión, podía ver un cortometraje de cine mudo, del maestro Chaplin. Lo normal es que me hubiera reído a carcajadas, como había hecho otras muchas veces, pero en esas circunstancias, en aquellos momentos, que para mí eran la tensa espera de la tortura de la aguja, no me hizo ni pizca de gracia.
Todo mi ser estaba bloqueado, y ni el mejor de los regalos me hubiera hecho ninguna gracia en aquel momento.
Pues algo muy parecido me pasa ahora, en mi situación actual... No siempre, pero sí con frecuencia. Y es que tengo que decir que vivo en un piso de una gran ciudad, y como es lógico estoy rodeado de vecinos, pero mis vecinos, los que me han tocado en suerte son de color..., de color negro.
Yo no soy racista ni xenófobo, y eso puedo demostrarlo porque desde niño sentí una especial atracción por las razas de otros mundos, mis mejores amigos son selenitas y los seres cuya obra más me ha seducido han sido siempre extraños y extranjeros, seres que venían de lejanos horizontes.
Bueno, pues aun así, esta gente en concreto, que por desgracia tengo al lado, casi siempre consigue sacarme de quicio. Y me bloquea a veces hasta tal punto que se me quitan las ganas de todo. En ocasiones consigo algo de abstracción, pero por lo general suele ser una lucha perdida de antemano. Son la única gente que ha logrado que este caminante mire más al suelo que al cielo, porque siempre estoy pendiente de sus salidas y venidas, que es más o menos el baremo que utilizo para saber si un día será tranquilo o no.
Debo decir que estos jóvenes vecinos de color... negro, tienen una "bonita" costumbre, y es oír música. Una música que, para mi gusto, se me ocurre que es igual o similar a la que tiene que sonar en los infiernos a la hora de las torturas, o cuando los demonios se pelean entre sí... Pero, claro, esto lo digo seguramente porque soy un flojo "blanco" europeo que no entiende de música.
Y un detalle a tener muy en cuenta es la cuestión del volumen. ¿Están medio sordos estos "negros"? No, lo que ocurre es que son absolutamente insensibles a que exista alguien en el mundo que no sea de su tribu. No es que sean inconscientes, es que les da exactamente igual...
Además, ¿cómo van a entender y aceptar que su música puede no ser "la mejor del mundo"? Para ellos lo es, y punto.
Anoche vi un documental en la televisión que me informó algo sobre este tema. Resulta que no sé en qué año de los 70 el cantante James Brown proclamó en un concierto que se sentía orgulloso de ser negro..., y eso fue como encender una mecha. Años después surgió una corriente "musical" que denominaron "hip hop", que era una especie de "canción protesta" de esta gente contra la degradante situación en que vivían en aquellos guetos abandonados. Los afroamericanos estaban hartos de su marginación y lo denunciaban a su manera.
Decía la voz en off del documento que esa música surgía "de la rabia"... Bien, hasta aquí lo comprendo, y hasta puedo aplaudirlo. Cuando alguien es pisoteado, cuando pasa hambre y privaciones, no contesta cantando dulces baladas, sino que grita, directamente acusa y grita.
De acuerdo, pero... ¿qué pasa ahora? La situación ha cambiado. No hablo de los Estados Unidos, que conozco sólo de lejos, hablo de mi escenario más cercano, de esta ciudad donde vivo. ¿Por qué después de haber mejorado sus circunstancias, siguen oyendo música "rabiosa"? ¿Tanto gusto le han cogido a eso de gritar y golpear?
Por supuesto que cuando hablo de "negros" no estoy generalizando... Coleman Hawkins y Ben Webster eran "negros", y Louis Armstrong y tantos otros buenos artistas eran "negros". Tanto en la música, como en el cine o en la ciencia ha habido gente que ha destacado y brillado sin que tuviera nada que ver el color más oscuro de su piel (del deporte no hablo, porque no entiendo, pero parece que también, y mucho).
Cuando hablo de negros me refiero sólo a mis "oscuros vecinos". A estos chavales caribeños que pueden estar golpeando mi sensibilidad durante horas, con una amplia sonrisa. A estos chavales que no entienden que las paredes retumban y hasta tiemblan con sus "buenísimos" ritmos machacones. Y sobre todo no entienden que haya otros seres humanos a quienes no les gusta en absoluto esa mierda de música..., que tiene de arte lo que tengo yo de marciano, o incluso menos.
¿No habrá algún sitio libre en la selva para estos "simpáticos" chavales, para que disfruten a sus anchas y sin molestar de sus "alegres" aficciones?
¿O esto que digo es "políticamente incorrecto"?
Escribo esto desde el lecho de la queja, o desde el sillón de la molestia, mejor dicho, que es tan hondo o más que el anterior, y lo hago para desahogarme un poco de una pesadilla que dura ya más de diez años. Porque estoy harto de tener que mirar al suelo en lugar de al cielo, porque estoy cansado de cerrar mi ventana para amortiguar algo el ruido de al lado. Porque quisiera no vivir tan cerca del enemigo.
Quien lea esto, si me conoce ya de anteriores escritos, seguro que comprende que alguien como yo necesita cierta calma, cierto nivel de silencio para poder reflexionar y escribir. Porque el sistema nervioso es un poco más sensible de lo normal, o así es como lo siento.
Pero, bueno, quizá sólo es una forma que la vida utiliza para burlarse de mí y pincharme, como en aquella lejana tarde de mi adolescencia en que no podía reírme de los gestos y piruetas del genial Chaplin.
Si alguna vez viera que alguno de estos chavales está escuchando un nocturno de Chopin o un aria de Bach, creería inmediatamente en los Reyes Magos de Oriente, o puede que hasta pensara que los buenos dioses habían vuelto... Pero me temo que antes lloverán fresas y manzanas, las ranas criarán pelo y los conejos llevarán relojes en el chaleco.
Hasta ese momento, sólo me queda seguir buscando el resquicio del aire y la nube tranquila, el susurro de la sombra y el brillo de luna.
Antonio Martín
(3 de enero, 2010)
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