Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AHM







domingo, 5 de octubre de 2008

Dunsany




Me entero de que mi estimado Lord Dunsany era, aparte de capitán del ejército inglés, un gran aficionado a la caza mayor, lo que le llevó a viajar por tierras lejanas de África y la India... No importa, pero caigo en la cuenta de que se hace uno unas ideas muy equivocadas sobre las personas que quiere y admira.

Imaginaba al señor Dunsany como un hombre más bien tranquilo, pacífico, que acostumbraba a dar largos paseos por el campo y luego, al anochecer, se encerraba en su castillo a escribir cuentos maravillosos. Me lo figuraba como un maestro de la fantasía, como un veterano viajero que conocía bien la tierra de los sueños. Y seguramente era así en realidad, pero, como todos los hombres, poseía también otras facetas, otras inclinaciones...

Lo de capitán lo entiendo, por la presión de las circunstancias --en este caso la guerra mundial--, pero lo de apasionado de la caza mayor me descoloca un poco. Y la culpa, por supuesto, no es de Dunsany, sino de esta manía que tengo de imaginar a los otros como prefiero que sean, sin molestarme primero en indagar cómo fueron realmente.

Mi manía es comprensible, pero no tiene disculpa, porque lo que hago con ella es recortar la realidad para que se ajuste a mis deseos. El paisaje queda muy bonito y agradable después de este recorte pero, lamentablemente, es un paisaje falso.

Seguiré evocando la figura del estimado Dunsany, maestro de sueños, a mi manera, pero con el añadido de nuevos datos que, por otra parte, para nada ensombrecen su buena imagen. Y para demostrar que aquí no ha pasado nada, esta misma noche voy a leer su cuento de La Ventana Maravillosa.

AHM.

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