¿Es posible recuperar el tono perdido, ese tono en el que nos sentíamos a gusto con nosotros mismos y con nuestra vida?
A veces, por azares del mundo, o por erráticas evoluciones de nuestra propia mente, ese tono amable y grato, tan personal, tan nuestro, desaparece de nuestra realidad y nos encontramos inmersos en tonalidades distintas, donde los colores y los sonidos han cambiado. De manera que ya no vemos lo que veíamos, ni sentimos ya aquello que sentíamos... Y hasta nuestra voz tiene un timbre diferente, raro, con el que no nos identificamos como antaño.
Supongo que es debido a algún tipo de desgaste interno, o a alguna consecuencia nefasta, relacionada con actividades que nos alejan de nosotros mismos. Ese tipo de actividades, aparentemente superficiales, de las que uno se deja llevar, sin darles importancia, pero que, subrepticiamente, te van encaminando por derroteros que uno no buscaba y que terminan situándote en un paisaje indeseable, inhóspito y, sobre todo, extraño.
Esto es lo peor de todo: la extrañeza. Es muy conocida esa sensación ocasional de mirarse en el espejo y no reconocerse, pero si esto se extiende más allá, en el espacio y el tiempo, y ya ni siquiera reconocemos ni nuestra voz ni nuestra mirada, en el transcurso de muchos días y noches, la cosa adquiere visos de gravedad. Paseamos por los mismos caminos de antes, vemos los mismos árboles, las mismas personas, el mismo río, los mismos animales amigos, la misma luna, pero sentimos como que hay un cambio de tono... Entre eso que vemos y nosotros no hay ya la misma relación, no se desarrolla el mismo diálogo, que a veces, incluso, nos parecía cercano a lo mágico.
¿Por qué sucede esto? Imagino que el fondo del asunto tiene que ver con un alejamiento de nuestro ser interno, de nuestro ser luminoso, como lo llamaba el amigo Castaneda.
Ocurre, no sabemos cómo, pero ocurre que en determinado momento de nuestra vida nos encontramos con que hemos perdido ese tono, esa brisa que sentíamos como una caricia, ese brillo en la mirada, esa luz diferente, íntima, que sentíamos como muy nuestra, que transformaba el mundo, y que nos salvaba de caer en miserias y vacíos que hasta entonces nos parecían totalmente ajenos a nuestra sensibilidad.
He aquí otra palabra clave: sensibilidad.
Eso es lo que creo que se pierde. Por circunstancias, que no sé precisar, uno pierde su sensibilidad. No es que se vuelva insensible, apático o indiferente, sino que cambia el tono de ésta, cambia el color, y donde antes destellaba un azul ahora hay un gris... Cambia la música, y el allegro se torna en algo más parecido a un adagio, a uno opaco y sin casi armonía...
No me parece que esto tenga que ver con el paso de los años, no se trata del fácil discurso de "me estoy haciendo viejo"... No. Se trata más bien de que algo hemos hecho mal, de que nos hemos -como he apuntado antes- alejado de nosotros mismos. Y la cuestión es: ¿podemos recuperar ese tono perdido? ¿Podemos volver a acercarnos...?
Sinceramente, creo que sí. Y no hablo con gratuidad, porque varias veces en el pasado he transitado por varias "bajadas" de tono, y he conseguido volver, con esfuerzo y al cabo de cierto tiempo, a lo que podríamos llamar mi centro, a mi camino. O sea, que ese regreso sí es posible. ¿Cómo?
Pues mi receta es muy sencilla, y ya la he mencionado aquí en más de una ocasión. Se trata simplemente de lograr detener el flujo de los pensamientos, ese "diálogo interno" que suele acompañarnos, incansable, a todas horas, machacándonos, y que nos sumerge en unas arenas movedizas que nos impiden el libre movimiento y anegan hasta nuestra visión. Sí, se trata de llegar a esa vieja y estimada laguna de silencio, que supone todo un baño de claridad y toda una limpieza mental. Porque allí es donde podemos reencontrar el sonido de nuestra voz, la auténtica, y el tono aquel que habíamos perdido.
Es un viaje posible, sin duda. Y esta misma noche, escribiendo estas líneas, siento que he rozado sus tranquilas aguas...
Antonio H. Martín
(13 de mayo, 2012)
Transformation / Music by Max Richter from Nate Grubbs on Vimeo.
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música: "On the Nature of Daylight" (Transformation), por Max Richter
vídeo: Nate Grubbs









