Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AMB







domingo, 14 de junio de 2009

Alcance



Bueno, otra pequeña interrupción antes de abrir el baúl donde guardo las viejas páginas.
Es que el calor me obliga a distraerme más de lo normal y me paseo por uno y otro sitio. En este caso, leyendo el blog de "Vagabundia", de JMiur (un interesante blog investigador de temas informáticos -sobre todo relativos a Blogger), me he encontrado con un vídeo muy bueno.
El vídeo ha quedado finalista en el 5º concurso de cortos y animaciones organizado por la National Film Board de Canadá, y Cannes Short Film Corner, un festival amparado por YouTube.
Lleva el título de "Reach" (que creo que se traduce por alcance o extensión), y su autor es Luke Randall, de Australia.
Es una buena animación, que a pesar de su simplicidad seguro que nos lleva a más de una reflexión. En palabras de JMiur, se trata de una "joyita", y estoy de acuerdo.
Espero que os guste, y sobre todo que os haga pensar...

AC.

sábado, 13 de junio de 2009

Linda



Lo siento, no lo he podido evitar.
Sigo con el "rescate" del baúl, donde guardo las páginas del viejo cuaderno, pero me cuesta hacer cualquier cosa con esta ola de calor que ha entrado aquí de repente. A otros quizá les guste y les siente bien, pero para mí el calor es como un azote, como una paliza, como un castigo.
Los lobos esteparios gustamos de otros climas más frescos.
En fin, el caso es que esta mañana he visto la última entrada que ha puesto la amiga Cristalook en su sitio, una entrañable y cariñosa entrada dedicada a su perrita Líli, y no he podido sustraerme a la tentación...

Yo también "tuve" una amiga similar, hace algunos años, muchos años ya. Era una mezcla de pomerania y "chucho", según el veterinario, pero para mí era un encanto, y ante todo "mi pequeña amiguita" de cuatro patas. Una mañana, al despertar, me la encontré a los pies de mi cama, metida en un barreño. Yo tendría unos doce o trece años, y ella tan sólo unos pocos meses, o puede que semanas. Fue un fantástico regalo y una muy grata sorpresa. La vi tan bonita que le puse el nombre de Linda.

Tenía su genio, su "mala leche", pero sólo si la provocabas. Por lo general, era muy cariñosa y juguetona. Estuvo con nosotros unos dieciseis años. Hubo en casa otros perros, buenos amigos también, pero a Linda la recuerdo especialmente. Sentí mucho no poder estar en su despedida. Y esta pequeña entrada quiere ser un homenaje a mi querida y entrañable Linda, que tan buenos momentos me regaló con su vida.
Para que vea desde dónde esté que no la he olvidado.

Después sigo removiendo en el baúl.


AHM

miércoles, 10 de junio de 2009

Danza de las mil manos



Andaba yo preparando un "rescate" de mi viejo cuaderno de papel, para ponerlo aquí, en este nuevo cuaderno de cristal, cuando una buena amiga de Argentina (que esta vez no es Roxana), me ha sorprendido con un bonito regalo.
Se trata de un vídeo musical, pero sobre todo de una maravilla visual.
Hace poco hablaba yo aquí de la "Multiplicidad", y ponía como ilustración una foto de una modelo hindú (de nombre Brisa) que mostraba múltiples brazos. Bueno, pues en este vídeo se puede ver más de lo mismo, mucho más.

Según el texto que acompaña al regalo, es un grupo chino de veintiuna bailarinas (creo que el nombre es Guan Yin) que ya actuó en los juegos olímpicos del 2004. Y la bailarina principal se llama Tai Lihua, de 29 años, que es la que siempre se ve en primer lugar.
Pero lo curioso de todo esto es que... ¡todas son sordo-mudas!
Parece ser que actúan basándose sólo en las señas que les hacen sus instructores desde los rincones del escenario. Eso es lo que dice el texto aludido, pero me imagino que toda esta danza la tienen ya bien aprendida.
El caso es que es, como decía, toda una maravilla visual, y sonora, que merece la pena ver.
Aquí yo no sólo hablaría de "multiplicidad", sino también de sincronicidad.

El vídeo creo que se grabó durante el festival de primavera de este mismo año, en Beijing, que antes llamábamos Pekín.
Me parece un buen interludio antes de publicar el rescate que estoy preparando.
Espero y deseo que sea de vuestro agrado.

AHM



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lunes, 8 de junio de 2009

Sueño de flautas II



SUEÑO DE FLAUTAS

por Hermann Hesse


(Segunda parte)



Yo, por mi parte, continué tranquilo el camino sumido en mis pensamientos, hasta que el sendero dio vuelta en un recodo.
Allí había un molino, y junto al molino se hallaba una barca en el agua. Un hombre sentado en la barca parecía estar esperándome; en efecto, cuando me saqué el sombrero y subí a bordo, la barca comenzó a navegar enseguida río abajo. Me senté en la mitad de la embarcación, y el hombre atrás, al timón. Y cuando le pregunté a dónde íbamos, levantó la vista y me miró con ojos grises y velados.
"Donde quieras", me dijo con voz apagada. "Río abajo hacia el mar o a las grandes ciudades, la elección es tuya. Todo me pertenece".
"¿Todo te pertenece? ¿Entonces eres el rey?"
"Quizá", dijo él. "Y tú eres un poeta, según creo. ¡Cántame entonces una canción de viaje!"
Me infundía temor ese hombre serio y sombrío, y además nuestra barca navegaba tan rápido y sin ruido río abajo, que saqué fuerzas de flaqueza y canté acerca del río que lleva las naves y en el que se refleja el sol; el río, que es más ruidoso en contacto con las orillas rocosas y termina alegremente su peregrinaje.
El semblante de aquel hombre permanecía impasible; cuando finalicé, asintió silenciosamente, como uno que sueña. Y enseguida, ante mi asombro, él mismo comenzó a cantar. Y también cantó acerca del río y del viaje del río por los valles, y su canción era más bella y vigorosa que la mía, pero todo sonaba muy distinto.
El río, tal como él lo cantaba, bajaba como un ser destructor dando tumbos desde las montañas, hosco y salvaje, rechinando los dientes al sentirse refrenado por los molinos y presionado por los puentes; odiaba a todos los barcos que debía sostener; y bajo sus olas, y entre largas y verdes plantas acuáticas, mecía sonriente los blancos cuerpos de los ahogados.
Nada de esto me gustaba; pero su tono era tan hermoso y enigmático que quedé completamente confundido, y angustiado callé. Si lo que aquel cantor viejo, sutil e inteligente cantaba con su voz sofocada era cierto, entonces todas mis canciones habían sido nada más que tontería, torpes juegos infantiles. Entonces el mundo no era básicamente bueno y lleno de luz, como el corazón de Dios, sino opaco y sufriente, malo y sombrío; los bosques no susurraban de placer, susurraban de dolor.



Seguimos navegando. Las sombras se hicieron más largas, y cada vez que yo comenzaba a cantar mi voz sonaba menos clara, e iba apagándose. Y cada vez el extraño cantor respondía con una canción que hacía al mundo más y más incomprensible y doloroso, y a mí me dejaba más y más desconcertado y triste.
Me dolía el alma, y yo sentía no haberme quedado en tierra junto a las flores o al lado de la bella Brigitte; para consolarme, empecé a cantar en la oscuridad creciente, con voz fuerte a través del rojo resplandor del anochecer, la canción de Brigitte y de sus besos.
Entonces se inició el ocaso y enmudecí. El hombre al timón cantó, y también él cantó del amor y del placer del amor, de ojos oscuros y ojos azules, de labios rojos y húmedos, y era hermoso y conmovedor lo que cantaba lleno de pena a medida que oscurecía sobre el río. Pero en su canción el amor era también lúgubre y temible, y se había convertido en un secreto mortal, dentro del cual los hombres, extraviados y dolidos, tanteaban entre penurias y anhelos, y se torturaban y mataban los unos a los otros.
Yo escuchaba y quedé muy fatigado y entristecido, como si hubiera estado viajando durante años a través de la mayor miseria y aflicción. Sentía que del desconocido emanaba y se deslizaba en mi corazón una permanente, silenciosa, fría corriente de pena y mortal angustia.
"Así que la vida no es lo más elevado y hermoso", dije finalmente con amargura, "sino la muerte. Entonces te ruego, oh triste monarca, que cantes una canción a la muerte".
El hombre al timón cantó de la muerte, y cantó más bellamente que antes. Pero tampoco era la muerte lo más hermoso y alto, tampoco en ella había consuelo. La muerte era vida, y la vida muerte, y estaban enzarzadas entre sí en un furioso combate de amor, y esto era lo último y el sentido del mundo, y de allí se desprendía un resplandor que podía, a pesar de todo, alabar toda miseria, pero también una sombra que enturbiaba todo placer y belleza rodeándolos de tiniebla. Pero desde esa tiniebla ardía el placer más bella e íntimamente, y el amor ardía más profundo en medio de esa noche.

Yo escuchaba y me había quedado totalmente en silencio; no existía en mí otra voluntad que la del extranjero. Su mirada descansó sobre mí, callada y con una cierta bondad melancólica, y sus ojos grises estaban cargados del dolor y la belleza del mundo. Me sonrió, y entonces cobré ánimos y le rogué en mi necesidad: "¡Ah, retorna, por favor! Tengo miedo aquí en la noche, quisiera volver a la casa de mi padre, o volver para encontrar a Brigitte".
El hombre se levantó y señaló la noche; el farol resplandeció claramente sobre su rostro enjuto e imperturbable. "Ningún camino va hacia atrás", dijo seria y amablemente, "hay que proseguir siempre hacia adelante, si se quiere conocer el mundo. Y de la muchacha de los ojos oscuros ya has tenido lo mejor y más hermoso, y cuanto más te alejes de ella, tanto más hermoso y mejor será. Pero marcha hacia donde quieras; te daré mi lugar al timón".
Yo me hallaba tremendamente entristecido, pero sabía que él tenía razón. Lleno de nostalgia pensé en Brigitte y en mi país y en todo lo que había sido hasta entonces cercano, luminoso y mío, y en todo lo que había perdido. Pero en ese momento iba a tomar el sitio del extraño y conducir el timón. Así debía ser.
Me levanté en silencio y me dirigí a través de la barca al asiento del timonel; el hombre se acercó a mí también en silencio, y cuando estuvimos el uno frente al otro me miró fijamente a la cara y me dio su farol.



Pero cuando me senté al timón y hube afianzado el farol junto a mí, me encontré solo en la barca; advertí con un profundo estremecimiento que el hombre había desaparecido. Sin embargo, no me sentía asustado, lo había presentido. Me parecía que el hermoso día de viaje, Brigitte, mi padre y la patria habían sido sólo un sueño, y que yo era un viejo apenado y que siempre había viajado a través de aquel río nocturno.
Comprendí que no debía llamar a ese hombre, y el reconocimiento de la verdad se desplomó sobre mí como una helada.
Para saber lo que ya presentía, me incliné sobre el agua y alcé el farol, y desde la negra superficie me miró un rostro penetrante y serio con ojos grises, un rostro viejo y sabio. Era el mío.
Y como ningún camino lleva hacia atrás, continué el viaje por las aguas oscuras a través de la noche.


Hermann Hesse (1919)



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- Publicado por Ediciones Librerías Fausto, Buenos Aires, 1975.
- Traducción de Rodolfo E. Modern

jueves, 4 de junio de 2009

Sueño de flautas



Muchos conocen la obra de Hermann Hesse, pero sólo a través de sus novelas más populares, como Demian, Siddharta o El Lobo Estepario. Hay sin embargo otras novelas menores que no son tan conocidas, como es el caso de "Gertrud", "Knulp" o "Rosshalde"... ¿Quién recuerda haber leído el Hermann Lauscher o Viaje al Oriente? Y además de estas otras obras, pequeñas pero no por eso menos importantes, están sus cuantiosas reflexiones, sus críticas literarias, sus poemas y sus cuentos. Sí, Hesse escribió muchos cuentos, y muy buenos, en una línea que podemos llamar romántica, entre fantástica y filosófica, que tiene sus raices en autores como Novalis, Hoffmann, Tieck, Eichendorff o el mismo Goethe.
Me gustaría contribuir aquí, en la medida de lo posible, a paliar ese desconocimiento, reescribiendo y publicando, en este pequeño espacio de mi cuaderno, algunos de sus cuentos. Y cuando digo "reescribir" me refiero literalmente a copiar, no a otra cosa. El tío Hermann me dio personalmente su permiso en el último sueño.
Para empezar he elegido uno de los cuentos de su libro, de 1919, MÄRCHEN, título que más o menos viene a traducirse como "Cuentos de Hadas". En la introducción de su versión en castellano, Rodolfo E. Modern nos explica que un märchen "significa una evasión del hoy para comprender lo permanente del corazón humano, de sus esperanzas, sueños y deseos. Eso a través de sucesos cuya aparente inverosimilitud, medida con los parámetros de las actitudes cotidianas, se revela, en una lectura más profunda, como un sondeo más acendrado en los fenómenos de la naturaleza, la humana incluida. Sus resultados se llaman conocimiento de una entidad final, de una unidad omniabarcadora, que coincide, por supuesto, con los postulados de la filosofía romántica, en la que las apariencias no son sino eso, apariencias."
Por mi parte, sólo añadir que espero que disfruteis de su lectura.


Antonio H. Martín

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SUEÑO DE FLAUTAS


por Hermann Hesse


(primera parte)


"Toma esto", dijo mi padre, y me alcanzó una pequeña flauta de hueso, "tómala y no olvides a tu anciano padre cuando alegres a la gente con tu música en países lejanos. Es tiempo de que veas el mundo y aprendas algo. He mandado hacer esta flauta, porque no te gusta ninguna otra tarea, excepto cantar. Piensa también que debes tocar siempre canciones bonitas y amables, de lo contrario sería malgastar el don que Dios te ha concedido".
Mi querido padre entendía poco de música, era un erudito. Él pensaba que yo no tenía más que soplar en la linda flauta para que todo anduviera bien. Como no lo quería despojar de su creencia, le agradecí, guardé la flauta y procedí a despedirme.
Nuestro valle me era conocido hasta el gran molino del caserío; detrás comenzaba el mundo, y debo admitir que me gustó mucho. Una abeja fatigada de volar se había posado sobre mi manga, y la llevé conmigo para tener, en mi primer descanso, un mensajero que llevara enseguida mis saludos a la patria que dejaba atrás.
Bosques y praderas acompañaban mi camino, y muy lozano también el río me acompañaba. Descubrí que el mundo se diferenciaba poco de mi patria. Los árboles y flores, las espigas de trigo y los avellanos me hablaban; yo cantaba sus canciones con ellos, y ellos me comprendían, como en casa. De pronto mi abeja despertó, se arrastró despaciosamente hasta mi hombro, levantó vuelo y giró dos veces en torno mío con su zumbido dulce y profundo; luego se orientó rectamente hacia atrás, hacia el hogar.

En eso surgió del bosque una muchacha joven, que llevaba un cesto en el brazo y un sombrero de paja de ala ancha que dejaba en sombras la rubia cabeza.



"Dios te guarde", le dije, "¿adónde vas?"
"Debo llevar la comida a los segadores", dijo. Y se puso a caminar a mi lado. "¿Y tú, dónde quieres ir?"
"Voy a conocer el mundo, mi padre me ha enviado. Él cree que yo debo tocar mi flauta en público, ante la gente, pero yo no sé hacerlo bien todavía, antes debo aprender mucho".
"Bueno, bueno. ¿Y qué sabes hacer en realidad? Porque algo debes saber".
"Nada en especial. Puedo cantar canciones".
"¿Qué clase de canciones?"
"De todo tipo ¿sabes? A la mañana y a la noche, a los árboles, a las bestias, a las flores. Ahora, por ejemplo, podría cantar una canción bonita acerca de una muchacha joven que sale del bosque para llevar la comida a los segadores".
"¿Puedes hacerlo? ¡Cántala entonces!"
"Lo haré, pero, ¿cómo te llamas?"
"Brigitte".

Entonces entoné la canción de la linda Brigitte con el sombrero de paja, y lo que llevaba en el cesto, y de cómo las flores la miraban cuando pasaba y los vientos azules la seguían a lo largo del cerco del jardín, y todo lo relacionado con ello. Atendió seriamente a la canción, y me dijo que era buena. Y cuando le comenté que estaba hambriento, levantó la tapa del cesto y extrajo un pedazo de pan. Mientras yo le echaba el diente con ahinco, al tiempo que continuaba ágilmente la marcha, ella me dijo: "No se debe comer a la carrera. Una cosa después de la otra". Entonces nos sentamos sobre la hierba, yo comí mi pan y ella se abrazó las rodillas con sus manos bronceadas y me miró.
"¿Quieres volver a cantarme alguna otra cosa?", preguntó cuando dejé de comer.
"Con gusto. ¿Qué quieres que cante?"
"Algo acerca de una chica que está triste porque ha sido abandonada por su novio".
"No, no puedo. No conozco eso, y tampoco debe uno estar triste. Mi padre dijo que debo cantar siempre canciones graciosas y amables. Te cantaré algo acerca del cuclillo o de la mariposa".
"Y de amor, ¿no sabes ninguna?" preguntó luego.
"¿De amor? Oh sí, eso es lo más lindo de todo".
Enseguida empecé una canción acerca de cómo el rayo de sol está enamorado de las rojas amapolas y juega con ellas lleno de alegría. Y de la hembra del pinzón, cuando aguarda al pinzón y al llegar éste vuela como si estuviera asustada. Y seguí cantando acerca de la muchacha de ojos pardos y del joven que llega y canta y recibe un pan de regalo; pero ahora no quiere más pan, quiere un beso de la doncella y quiere ver dentro de sus ojos pardos, y canta y canta hasta que ella empieza a sonreír y le cierra la boca con sus labios.

Entonces Brigitte se inclinó y cerró mi boca con sus labios; luego cerró los ojos y los volvió a abrir. Y yo miré las estrellas cercanas de un dorado oscuro y en ellas estábamos reflejados yo mismo y un par de blancas flores del prado.



"El mundo es muy hermoso", dije, "mi padre tenía razón. Pero ahora te ayudaré a llevar estas cosas hasta donde está esa gente".
Tomé su cesto y proseguimos el camino. Su paso sonaba con el mío y su alegría coincidía con la mía, y el bosque hablaba delicado y fresco desde la montaña. Yo nunca había caminado tan contento. Durante un largo rato canté con fuerza, hasta que tuve que cesar de puro exceso; era demasiado todo lo que susurraba y hablaba desde el valle y la montaña, desde la hierba y el follaje, desde el río y los matorrales.
Entonces pensé: si pudiera comprender y cantar al mismo tiempo las mil canciones del universo, del pasto y las flores, de los hombres y las nubes, de la floresta y el bosque de pinares, y también de los animales. Y asimismo todas las canciones de los mares lejanos y las montañas, de las estrellas y la luna; y si todo eso pudiera simultáneamente resonar en mi interior y ser cantado, entonces yo sería como el buen Dios y cada canción debería ser como una estrella en el cielo.
Pero mientras yo pensaba de este modo, lo cual me había dejado silencioso y maravillado, pues antes jamás se me habían ocurrido cosas así, Brigitte se detuvo y sujetó firmemente el asa del cesto.
"Ahora debo subir", dijo. "Allá arriba está nuestra gente. ¿Y tú, a dónde vas? ¿Por qué no vienes conmigo?"
"No, no puedo ir contigo. Tengo que ver el mundo. Muchas gracias por el pan, Brigitte, y por el beso. Pensaré en ti".
Ella tomó su cesto con la comida; y otra vez sus ojos de sombras pardas se inclinaron sobre mí, y sus labios se adhirieron a los míos. Su beso fue tan bueno y dulce, que casi me puse triste de pura felicidad. Entonces le dije adiós y marché presuroso carretera abajo.
La muchacha subió lentamente por la montaña; se detuvo bajo el follaje que caía al borde del bosque, y miró hacia abajo donde yo estaba. Y cuando le hice señas y agité el sombrero sobre mi cabeza, inclinó ella la suya una vez más y desapareció en silencio, como una imagen, entre la sombra de las hayas.

(...)

Hermann Hesse (1919)

lunes, 1 de junio de 2009

La sirena



Quería despedir este mes de Mayo con algo especial, bueno, al menos con algo diferente.
Así que os brindo una canción de mi cosecha, que grabé hace cuatro años. Yo no soy cantante, ni de lejos, pero hace un tiempo me animé a ir a los "karaokes", por aquello de liberar tensiones, y dejé algunas cosillas para el recuerdo.
Este es un tema de Víctor Manuel, que una noche loca me atreví a cantar, "La Sirena".
Espero que vuestras críticas no sean demasiado duras. Sólo se trata de un detalle para terminar el mes con una sonrisa.

Un abrazo a todos, y perdonad mi atrevimiento, sólo es pura diversión.

AC.


(Ah, me olvidaba, en mis "sesiones musicales" me hacía llamar Antonio Martín, por si algún día era famoso, jejeje, y que no confundieran al que canta con el que escribe.)

domingo, 31 de mayo de 2009

Abriendo la mirada...



Cuando abrimos la mirada, cuando olvidamos sombras y problemas, y abrimos bien los ojos podemos llegar a ver maravillas.
La belleza no viene y se va, siempre está ahí, sólo hay que limpiar nuestros ojos de las brumas que los empañan, a veces.
En alguna otra ocasión he escrito aquí sobre el "ver", pero creo que es importante insistir en el tema. La mirada "encerrada" nunca verá más allá de sus propias narices, y una mirada encerrada es una mirada ciega. Ante la visión de un precioso valle, de un bosque mágico o una impresionante montaña, sólo verá... hierba, árboles mudos, campos de cultivo y una gran roca inútil y vacía.
Pero eso que "vemos" no es la realidad, sino un reflejo de nuestra momentánea ceguera.
Así pues, es muy importante abrir la mirada. Importante para nosotros, los que queremos ver lo que vale la pena ver, y constatar que siempre, siempre está ahí, si sabemos mirarlo...

AHM
(31 de mayo, 2009)



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Aria - Suite nº 3
Johann Sebastian Bach