Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AHM







jueves, 4 de diciembre de 2014

En la niebla




    ¡Qué extraño caminar entre la niebla!
Cada árbol, cada piedra, son los únicos,
ningún matojo ve a su compañero;
todos están muy solos.

    El mundo estaba lleno de amistades
cuando mi vida aún era luminosa;
ahora, que estoy cercado por la niebla,
no veo ya a ninguna.

    No puede, en realidad, llamarse sabio
quien no conozca el velo de tinieblas,
lo inesquivable y tenue que le aísla
de todos los demás. 

    ¡Qué extraño caminar entre la niebla!
La vida es aislamiento solitario:
ningún hombre conoce a los restantes.
Todos estamos solos. 


Hermann Hesse

____________________


    No sé en qué época escribió Hesse este poema. Sin duda, en un tiempo en el que se sentía muy solo. Pero quiero empezar este mes de diciembre con él, usándolo de pantalla para este invierno que se avecina. Lástima que en la traducción al castellano se pìerda su musicalidad, su calidad poética. Por eso pongo a continuación un vídeo con el texto original en alemán. Pero de lo que quiero hablar es de la niebla...
    Entre la niebla he estado muchas veces. Y, sinceramente, era gozoso caminar así, porque todo se me aparecía como un mundo encantado. El tiempo estaba como casi detenido. Y veía cada figura de una en una, fijándome en los más mínimos detalles y saboreándolos de una manera especial. En medio de un silencio absoluto, pero que no llegaba a ser abrumador, sino sugerente, y algunas veces incluso fascinante... Era como caminar por el país de las hadas.
    Cada uno ve las cosas a su manera. Es evidente que Hesse se refiere a otra clase de niebla... Pero esa, que también conozco sobradamente, la del mundo extraño, ya casi no me afecta. Por supuesto que todos estamos solos, pero, afortunadamente, uno puede encontrar en esa soledad muchas presencias, muchas luces entre sombras, que le hablan y le acompañan, si tiene la suerte de saber mirar.
    La soledad puede ser rica o pobre. Llena o vacía. Eso depende del nivel de contacto que haya entre la mente y el alma. Entre las calles y el cielo. Y entre esa dura y fría niebla, aparte del aislamiento lógico que supone encontrarse entre extraños, entre los mil seres huidizos y esquivos, cerrados y oscuros que nos rodean (que vienen a ser como sombras sin fondo) puede la mirada llegar a ver lo que necesita ver.
    Todos estamos solos, es cierto. Pero esa niebla no es más que un fenómeno aparente y pasajero. Las necesarias presencias, estén cerca o lejos, siempre están. Aunque no las veamos. Están ahí, aquí, con nosotros. Acompañándonos, guiándonos y dándonos aliento y ánimo para seguir el camino.
    Como he dicho siempre, sólo hay que pararse un rato dentro del laberinto. Sólo unos pocos minutos de silencio, mirar hacia dentro y... Al volver a levantar la mirada, muchos seres y cosas de ese mundo extraño nos hablarán y nos dedicarán (si lo merecemos) una sonrisa.
    La niebla, la buena niebla, es una nube que baja a la tierra, que acaricia... Y la otra, la que nos hace sentirnos solos, es una bruma pasajera que surge del interior, de un mal momento, de un esquinado pliegue del espacio, de un pellizco del tiempo. Pero todo se mueve como el aire, como el agua... Y las ondas siempre vuelven a su sitio.

    Hermann Hesse superó ese momento, porque hizo lo que tenía que hacer y la vida le respondió. Y después escribió otros poemas muy distintos. Con otra música, con otra luz. Su caminar entre la niebla ya no fue solitario, ni triste ni vacío. Porque a esa niebla la espanta el amor a la vida.


Antonio H. Martín 
(4 de diciembre, 2014)

    







          



____________________

imagen 1: www.Vetton.ru
imagen 2: Hermann Hesse, solo en un grotto cualquiera
imagen 3: Ninon Ausländer y Hermann Hesse, en su jardín con los gatos
música: Watermark - Enya  

2 comentarios:

  1. Pues sí, todos conocemos las "nieblas" que nos aislan de los demás y que confieren una cualidad de aparente confusión, desdibujando los objetos a nuestro alrededor...
    Hesse conoció íntimamente esta circunstancia, pues, ¿acaso no fue él mismo el Lobo Estepario? Solitario e incomprendido se movió por los laberintos de la vida. Pero también tuvo preciosas relaciones personales, epistolares y, sobre todo, literarias. Cuando cogía su pluma, se convertía en Siddharta, hablaba con Goldmundo por boca de Narciso, creó a Joseph Knecht...
    Él supo "canalizar" óptimamente su soledad y la pobló de seres sabios y fantásticos. Y, para colmo, nos legó en su obra un tesoro que nos enriquece sin cesar. Ojalá todos lográramos seguir su ejemplo. Tú, por cierto, lo haces bien, con estos hermosos soliloquios tuyos que nos compartes.
    Yo, como siempre, encuentro ecos en mis otros ídolos, mis queridos Beatles. La canción de George titulada "Blue Jay Way" describe perfectaente un paisaje nublado. ¿Quieres escucharla? ¡Es preciosa!

    http://youtu.be/MNLcXj5yR68

    Un beso azul. amigo distante y cercano

    ResponderEliminar
  2. Por supuesto, amiga Liz, es como dices:

    Hesse fue el Steppenwolf, ese solitario sensible y nervioso que se apartaba de todo lo burgués, porque no podía entenderlo ni aceptarlo; porque le parecía estúpido, ridículo, falso, y chirriaba con su propia forma de ver y sentir la vida y el mundo. Aunque, curiosamente, siempre se sentía atraído por los ambientes burgueses (externamente hablando) y solía vivir en casas burguesas, limpias, ordenadas y acogedoras... Más tarde salió de esa amarga y enloquecida burbuja, mediante el mágico puente de la risa, de la buena risa irónica. Y a través de su fe en los Inmortales: Mozart, Goethe...
    Pero eso fue sólo una etapa intermedia de su vida. Luego, como bien apuntas, vinieron Narciso y Goldmundo (Siddharta es anterior), y el buen castalio Josef Knecht.
    Es decir, que superó sus nieblas. Y fue a través de esa canalización de la energía dispersa (o sea, haciendo lo que debía hacer), como consiguió reflotar su vida. Pasó de estar fragmentado a lograr una cierta armonía y entereza. De otra manera, como les pasó a otros muchos, el amigo Hesse se habría hundido para siempre en la miseria de lo absurdo, en esa ciénaga que supone el no encontrar el propio sitio en el mundo.
    Es lo que intento expresar en este "soliloquio", Liz. Gracias por decir que lo hago bien.

    Y gracias por Blue Jay Way. Buscaré una versión subtitulada. Me gustaría enterarme de la letra, ya que habla de la buena niebla.

    Besos de azul anochecer, amiga soñadora. Sigo a la espera de tus últimas obras...

    Antoine du Lac
    (Steppenwolf through the looking glass)

    ResponderEliminar