Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AHM







miércoles, 4 de julio de 2012

El vagabundo



Las calles de la ciudad eran como acuarelas detenidas en el tiempo, entre sombras. Sólo la luna, las farolas y el brillo de la lluvia reciente daban algo de color a un paisaje desértico y casi de sueño.
En una esquina de las afueras, había un hombre sentado en el escalón de un portal. Estaba solo y miraba fijamente a algún punto impreciso de su mente. Estaba allí pensando desde hacía horas, quieto, ensimismado, envuelto por la oscuridad de una noche vacía de verano. Nada llamaba su atención, más allá de sus pensamientos, y no tenía a donde ir. Era un vagabundo, o eso parecía.
Pensaba en su vida pasada, y se preguntaba qué había sido... ¿Unos juegos infantiles, sueños de juventud, momentos de amistad y amor, algún viaje, trabajos ingratos, relaciones rotas, desengaños...? Entre sus labios había un cigarrillo humeante, y de tanto en tanto el humo parecía seguir el ritmo de sus pensamientos, como en una danza caprichosa y caótica.
En eso, se acercó una mujer, una elegante dama, y se paró ante él. Le preguntó:

- ¿Necesita algo, buen hombre? ¿Comida, dinero, cariño?

El supuesto vagabundo alzó la vista y miró incrédulo a la aparición.

- ¿Por qué me pregunta? Necesito todo eso y más. Pero no creo que a usted le importe.

- No sé qué decirle. No le conozco, pero algo de usted me atrae, por eso le he preguntado.

- Bueno, pues ya lo sabe. Y ahora márchese y déjeme con mis cosas.

La mujer insistió:

- ¿Tiene algún problema?

- Tengo todos los problemas. ¿Le basta con eso?

Como única respuesta, la dama extendió su mano derecha hacia el vagabundo, mientras sonreía. No le estaba dando dinero, sólo era su mano abierta en signo de saludo. Y el hombre, sin saber por qué, la cogió. En ese momento una oleada de sentimientos e imágenes olvidadas le golpeó el pecho. Vio su vida entera, como en la galería de un museo, cada momento congelado en un cuadro, cada sentimiento escrito en una página. Y en breves instantes todo se volvió un torbellino vertiginoso que daba vueltas y más vueltas. Pensó en asirse a algo, pero al final desistió y se dejó llevar...



Antonio H. Martín

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imagen: AHM

6 comentarios:

  1. Es un relato triste y, a la vez,tan real. Hay veces que uno se siente como este vagabundo (en mujer en mi caso, claro)....Está muy bien escrito y descrito...te felicito. Un abrazo

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  2. Interpreto a la mujer como la muerte... y bueno ¿sabes que pensé? No es tan mala muerte al fin y al cabo, estás sentado, una noche, reflexionando sobre tu vida, meditando sobre todo y nada y la muerte te tiende la mano: Próxima parada...

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  3. Es una belleza tu cuento, Antonio.
    Felicidades, sinceramente.

    Un abrazo

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  4. Es triste, según se mire, Susana.
    A este hombre le tocó un buen final, suponiendo que fuera un final...

    Un abrazo

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  5. Pues sí, Malvada, así parece, pero no era esa mi idea. Lo que pasa es que uno escribe mucho desde el inconsciente y nunca sabe bien quién es quién, hasta que acaba el cuento.
    Y sí, es una buena muerte, rodeado de sus mejores recuerdos, e invitado por una bella dama que parece que le va a llevar a algún sitio...
    De la "próxima parada", no sé nada.

    Un abrazo, Bruja.

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  6. Gracias, amiga Liz.

    Al final me voy a creer que se me dan bien los cuentos cortos, jeje.

    Un abrazo

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