Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AMB







viernes, 14 de noviembre de 2014

Con el sabor del viento




    «Siempre he defendido la idea de que un hombre no llega a ser del todo hombre hasta que consigue romper sus lazos afectivos. Liberarse de ataduras y dependencias emocionales de cualquier clase, familiar o amistosa, de afecto a la patria natal o a una ideología. Lazos que contienen galerías de rostros y de paisajes; geografías, banderas, memorias y filiaciones varias con las que se identifica y que conforman y determinan en gran parte su personalidad, su pensamiento y el rumbo de su existir.
    Todo eso está bien para el hombre normal, pueril, que se pasa la vida sin terminar de salir completamente del huevo, pegado a su cáscara o siempre muy cerca de ella, como si ciertos hilos invisibles y pegajosos le impidieran el movimiento. Pero quien tiene el impulso íntimo de seguir el camino, de avanzar hacia la libertad, ese debe dejar primero todos esos lazos, que no son sino una rémora, un peso innecesario y lastrante que ralentiza el paso y hasta puede impedirlo. Encontrar el grial de su propia alma debe ser el horizonte prioritario de quien tenga espíritu de caminante. Y para ello, su principal objetivo debe ser que su caminar tenga el sabor del viento.
    Eso es lo que siempre he defendido. Pero hoy, cerca ya de la vejez, albergo algunas serias dudas al respecto. Porque... ¿seguiría siendo ese hombre, en esa nueva etapa, en ese distinto caminar, un hombre? ¿O sería algo diferente? ¿Continúa siendo humano quien vive sin lazos afectivos de ningún tipo? ¿No vendría a ser esa tierra de libertad algo así como un inhabitable desierto?
    No es así como lo definen los que han llegado a ella, sino como algo cercano al paraíso. Pero yo, caminante rezagado, tengo mis dudas...» 


Alessandro Castelli
(Shine on you crazy diamond - 2008) 

    

    Sigo hablando de las cosas del amigo Alberto Linde, porque últimamente estamos muy en contacto y casi no me deja pensar en otros asuntos. Me llamó ayer por la noche y me contó lo que le había parecido mi anterior relato sobre el debate que presenció en la cafetería y sus pensamientos sobre ello. Me dijo que estaba de acuerdo en todo lo referente a su creencia en el alma, en Saiwala, y con mi forma de exponerlo. Pero que después estuvo hojeando un par de viejos libros y quería comunicarme lo que allí encontró, porque arrojaba más luz sobre el tema... Uno del poético pensador de Bellagio, Alessandro Castelli —que es amigo suyo—, y otro de Gary Zukav (autor del famoso libro sobre física cuántica, The Dancing Wu Li Masters), titulado "The seat of the Soul", de 1989. Y me envió seguidamente en un correo algunos fragmentos de ambos autores. Al primero ya le he citado al principio, y al segundo lo pongo a continuación:
    
    «Los sistemas de baja frecuencia extraen la energía de los de alta frecuencia. Si desconoces tus emociones y tus pensamientos, tu frecuencia descenderá —perderás energía—, como consecuencia de otro sistema de frecuencia más bajo que el tuyo propio. Por ejemplo, de una persona deprimida decimos que se está "secando" o que le están "chupando la energía". Un sistema de frecuencia suficientemente elevada te aliviará, o calmará, o te refrescará como consecuencia del efecto de la calidad de su Luz sobre tu sistema. Un sistema de este tipo es "resplandeciente".»
    «Pensar en el Universo en términos de luz, de frecuencias y de energías dotadas de diferentes frecuencias —en términos que han llegado a sernos familiares debido al estudio de la luz física—, no es sólo metafórico. Se trata de una forma natural y poderosa de pensar en el Universo porque la luz física es un reflejo de la Luz no física.»
    «Las energías que emanan de tu alma poseen el don de la instantaneidad. Aquellas otras que emanan de tu personalidad siguen el camino de la luz física. Por ejemplo, el miedo es una experiencia de la personalidad. El alma puede hallarse confusa y alejada de la Luz, pero no tiene la experiencia del temor. Si el alma experimenta una ausencia de Luz de una parte de sí misma, la personalidad experimentará esta misma ausencia de Luz como temor. El miedo pertenece a la personalidad, y, por tanto, al espacio y al tiempo. El amor incondicional pertenece al alma, es instantáneo, universal y no tiene atadura alguna que lo sujete.»

    Le dije a Alberto posteriormente que, en principio, no veía mucha relación entre estos fragmentos y mi anterior relato sobre la realidad del alma. Es decir, sí había una relación evidente, puesto que ambos autores mencionan al alma, pero no alcanzaba a ver qué nueva aportación daban al tema en cuestión, tal y como quedó expuesto en ese relato. Pero eso fue sólo al principio. Más tarde, cavilando en uno de mis paseos, llegué a ver un guiño de mi amigo en esos fragmentos... Aparte de que en ambos se considera al alma como algo auténtico e indiscutible, las distintas formas en que sus autores abordan el tema vienen a anotar ciertos puntos que tienen que ver con nuestras actitudes personales —la de Alberto y la mía propia—, respecto a la realidad del alma. Puede que mi postura ande más cercana a la del viejo Castelli, el cual, a pesar de su creencia, tiene dudas sobre la humanidad de esa tierra de luz. Quizá debido a estar inmerso en un sistema de baja frecuencia, como apuntaba Zukav. Y también en relación a cierta sombra de miedo... Una especie de vago temor que hace presentir esa tierra del alma como algo vasto y extraño, traspasado por el aire de la soledad y el vacío.
    Nada que ver, según me parece ahora, con la realidad. Es el mismo Zukav quien expresa la superación de esa sombra, cuando dice aquello de que «el amor incondicional pertenece al alma, es instantáneo, universal y no tiene atadura alguna que lo sujete». Lo que viene a responder lúcidamente a Castelli. No se trata, pues, de convertirse en un ser, de alguna forma, inhumano, porque quien llega a esa dimensión del alma no entra en un mundo "desafectivo" y frío, sino que, muy al contrario, amplía su afectividad a un nivel superior. Es decir, rompe claramente sus lazos afectivos, sus dependencias emocionales, como defendía Castelli, pero sólo en lo atinente a su personalidad, no en cuanto al alma; donde esos afectos cobran un color nuevo y muy distinto, transformándose en un sentimiento libre de ataduras que nada tiene que ver con egoísmos, deseos y afanes de propiedad. Es adentrarse, incluso, en un "más allá" del espacio y el tiempo, en un sistema de alta frecuencia, de "luz no física" —como dice Zukav—, en el que lo que funciona es la instantaneidad

    Soy consciente de que este texto que escribo no parece en absoluto un cuento. Y quizá no lo sea... En cualquier caso, me ha ayudado a que esta noche —gracias al amigo Alberto— mi caminar se acerque a tener algo de ese "sabor del viento" que mencionaba Alessandro Castelli. Y con eso me doy por satisfecho. La sombra del miedo ha huido lejos esta noche.
    Mañana le pediré a mi amigo que me envíe una copia de aquella acuarela, la que pintó después de meditar sobre el alma, sobre Saiwala, en la que aparecían, sobre una rama de roble con fondo de amanecer, un mirlo y una mariposa de alas azules. Quiero verla, y tenerla ante mi mesa cuando escriba el próximo cuento, que ya está tomando forma ahora mismo en mi mente, acariciado por el ensueño...   


Antonio H. Martín 
(14 de noviembre, 2014)

                   video
                
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imagen: de El Hobbit - Un Viaje Inesperado
música: Your Song - BSO de "Moulin Rouge"
intérprete: Ewan McGregor
autor: Elton John

7 comentarios:

  1. Desgraciado el que no haya amado más que cuerpos, formas y apariencias! La muerte se lo arrebatará todo. Amad a las almas y las volveréis a encontrar.
    Víctor Hugo (Los Miserables)

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  2. Sí, JFK, así es, sin duda. El romántico Víctor Hugo tenía razón.
    Cuerpos, formas y apariencias son motivo de deseo, atracciones que pueden seducirnos en determinados momentos, pero el amor a las almas respira un aire muy diferente. Y a ese no se lo lleva ni la mismísima muerte.
    Es, como diría Gary Zukav, un estado instantáneo, que está más allá del espacio y el tiempo.
    Un sentimiento así no necesita viajar hacia ningún encuentro, porque vive en un ahora omnipresente; es decir, en un tiempo sin tiempo, que no sé si atreverme a calificar de "eterno"...
    En fin, también yo tengo algo de romántico. Qué le voy a hacer.

    Un saludo, y gracias por leer y comentar.

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  3. No sé si darle o no las gracias a Alessandro Castelli, pero ahora ya sé que no soy un hombre. A decir verdad muchas veces me pregunto por mi identidad y casi nunca hallo respuesta...

    Un abrazo, Antonio

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    1. Diciendo eso, Luis Antonio, estás confesando que has logrado romper ese círculo cerrado de los lazos afectivos, de las dependencias emocionales de familias, grupos, patrias y banderas. Con lo cual, no estás en el nivel de un hombre "normal", sino mucho más arriba... Es la forma de verlo de Castelli, y la mía.
      No quiere esto decir que uno deje de tener sentimientos de afecto hacia los seres y los lugares que estima, sino que los tiene en otro nivel superior. Quizá tu afición a los viajes ha influido positivamente en esto. Y me alegro. Uno no puede dejar de ser humano (ni falta que hace), pero hay diferentes niveles de humanidad. Y el mejor, siempre será el más amplio y más libre.

      Un abrazo, amigo aragonés-catalán-mundial (esa es tu identidad).

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  4. Hola, Antonio.
    Yo creo que ambas dimensiones son necesarias; la que llamas "física" nos ayuda a transitar por esta vida. Conlleva sensaciones y relaciones, pues el hombre es por definición un animal social. Por otra parte, está el alma, que no está sujeta al cuerpo ni al tiempo, sino que es intangible y aspira a la eternidad .
    Cada uno de nosotros estamos compuestos de esta doble dimensión. Yo creo que hemos de cultivar ambos niveles, pero sí tener muy claro cuál es cuál, y cuándo entra en juego cada uno. Hemos de mantener nuestra cotidiaenidad, vivir profundamente nuestras querencias pero también tratar de percibir el alma de los demás (así como la nuestra), para no quedarnos en el plano del ego.
    Un abrazo

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    1. Hola, Liz.
      Estoy de acuerdo contigo, amiga, pero permíteme que matice algo...
      El alma no tiene por qué estar "por otra parte", sino que debe estar siempre y en cada momento en contacto con nuestra cotidianidad, porque si no estamos separando la vida en dos mitades. Una dicotomía artificial que no tiene sentido. La luz física y la no física no están separadas en realidad por ningún abismo, como parece.
      Esa "doble dimensión" que mencionas no tiene por qué ser tal. ¿Qué viene a significar lo de que somos animales sociales y que por otro lado está el alma?... Ambas dimensiones han de marchar juntas, porque en realidad son una. Cuando percibo el alma de los demás, lo hago desde mi propia alma, porque si lo hago sólo desde "el plano del ego" estoy estableciendo únicamente una relación superficial. Es nuestra propia alma quien mejor puede relacionarse con otras.
      Y si te fijas, los mejores momentos "sociales", los que nos colocan en una relación auténtica con otros seres, son los que están tocados por la visión del alma. Ella (Saiwala, Seele o Soul), aunque no esté sujeta al espacio ni al tiempo —o precisamente por eso—, es el más óptimo talismán para relacionarse. Porque desde ella es desde donde se construyen los puentes que en verdad merecen la pena. De manera que la magia del alma no tiene por qué estar ausente de nuestra cotidianidad, sino todo lo contrario.
      ¿Te imaginas, por ejemplo, a Francisco de Asís contactando con los demás desde otra dimensión que no sea la de su alma?

      No sé si lo he explicado bien, pero creo que alguna lucecita queda encendida. La normal cotidianidad es, por supuesto, un campo tan vasto y valioso como cualquier viaje extraordinario que podamos hacer, exterior o interior. En todas partes está activo el Infinito, amiga, y en cualquier rincón (aún en el más oscuro y aparentemente anodino) puede aparecer un duende o un hada...

      Desde el árbol azul, un gran abrazo, pintora de sueños, de ángeles y de algún que otro paraíso.

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  5. Algunos lectores, amigos virtuales, me han preguntado en privado por el sentido de incluir ese vídeo musical de "Moulin Rouge", con la canción de Elton John, en esta entrada de "Con el sabor del viento", que viene a ser un complemento de la anterior de "Saiwala", cuyo tema principal trata sobre la existencia del alma. Me decían en sus correos que no entendían la relación entre el vídeo y la historia...
    Y les he tenido que confesar que el primer sorprendido fui yo, que tampoco entendí en un principio esa inclusión... Porque poner ese vídeo fue una sugerencia del propio Alberto Linde, quien me dijo que lo encontró 'casualmente' y le había gustado; que le había hecho gracia y que le parecía que daba una imagen clara de esa forma de amor personal que debe ser superada.
    Tratándose de una historia suya, concedí en poner el vídeo, aunque reconozco que la tónica del mismo chirría de modo evidente con el contenido de este pseudo-cuento. A mí también me gusta, musical y estéticamente hablando, pero quizá hubiera sido mejor poner aquí otra clase de vídeo. Habla de amor personal, efectivamente, de un simple enamoramiento entre falsas luces de teatro, pero, a mi entender, no aporta absolutamente nada a lo que en esta historia se ha querido expresar.
    A no ser que, como me explicó Alberto, actúe de contraste, entre esos normales lazos afectivos de luz física (sentimientos intensos y encantadores, pero en exceso personales) y la amplitud de conciencia que supone el acceder a esos otros sistemas con una más alta frecuencia.
    Así que sigo dejando aquí el vídeo. Aunque a primera vista parezca no tener mucho que ver con la historia.

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