Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AHM







viernes, 16 de enero de 2015

El libro del río




    Prefiero leer en el sereno fluir del río, en ese espejo acariciado hoy por un leve sol de invierno, que leer el runrún gris, machacón y reiterativo del periódico. Hay que estar informado de lo que ocurre, sí... Aunque, más que en las noticias me suelo detener en las reflexiones, en las columnas y editoriales que intentan mostrar una visión algo más amplia y profunda (un tanto distanciada) del acontecer del mundo. Hay que leer la prensa diaria, lo sé... El muestrario de lo cotidiano; a pesar de que nos hable de una sociedad que parece no moverse nunca hacia ningún sitio, sino sólo dar vueltas y más vueltas en la mediocre y oscura noria de siempre.
    Pero dejadme que luego me entregue a la otra lectura, a la del río. Dejadme que me maraville con el brillo de sus aguas, con la multiplicidad de formas que se mueven según leyes naturales, sin artificios ni mentiras de pésimo y caótico teatro. Donde lo sinuoso no es sinónimo de falso. Dejadme que escuche su música antigua, esa poesía líquida y sabia que seguirá sonando cuando ya no haya periódicos, ni hombres ni mundo.
    Dejad que, sin pretensiones de Vasudeva, lea en las ondas cambiantes y en las líneas danzarinas, en ese libro de agua sin templos ni dioses. Y que me sumerja en su rumor telúrico, en la sencilla hondura de su mágica sinfonía.


Antonio H. Martín
(16 de enero, 2015)

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imagen: AHM

8 comentarios:

  1. Hola Antonio! que alegría que tu sigas con el blog... pues a pesar de que me creía única en ésto de abandonar el blog, resulta que en mi regreso me encuentro con que son muchísimos los que actúan como yo "ratoncillos que abandonan el barco"
    Te contaré que yo llevo ya unos años que no leo el periódico, cada día Juan me pasa los artículos más interesantes y eso es todo lo que leo de los diarios; escucho mucho la radio, eso si, y así me mantengo informada. Soy una lectora empedernida pero de libros que me hagan vivir todo aquello a donde yo no alcanzo, más de leer rincones que guardan historia y tocarlos...leer en las olas y el brillo del mar, hacerlo en las nubes... De manera Antonio que te dejo, ¡ ya lo creo que te dejo ! leer en tu río .

    ¡ Feliz lectura ! Besitos volados

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    1. Encantado de volver a saludarte, Brujita.
      Sí, últimamente hay muchos que dejan sus blogs, que "abandonan el barco" como dices. Ahora parece que está más de moda lo de las redes sociales, tipo Facebook. Quizá por la inmediatez de esas redes, por poner fotos actuales de viajes, etc. y compartir noticias... Pero eso no va conmigo. En comparación con ese movimiento de 'noticieos' varios, los blogs me parecen mucho más serios. O al menos se mueven en otra onda, como más reflexiva y sosegada.
      Leer buenos libros es de lo mejor que me ha ocurrido en la vida. Y quien llega a saber leer también en las olas, el brillo del mar o las nubes es, sin duda, un afortunado. Por cierto, publiqué aquí hace tiempo un cuentecillo titulado "El lector de nubes"...

      Gracias, amiga de olas y haikus. Seguiré intentando leer en ese libro de agua, sin templos ni dioses. Un abrazo.

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  2. Estoy convencido de que la lectura del río y todo lo que conlleva resulta mucho más gratificante en todos los sentidos que la de la prensa convencional...

    El problema que tenemos algunos es que somos analfabetos en determinados lenguajes...

    Un abrazo

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    1. Así es, Luis Antonio, es una lectura mucho más grata, y se aprenden otras cosas...
      En cuanto al "problema" que mencionas... ten en cuenta que todos somos, en principio, analfabetos. Y no hay escuelas para ese aprendizaje. Pero... pararse ante las aguas de un río, cerrar los ojos (o no) y escuchar el sonido del agua sobre las rocas, aunque parezca raro, transporta a la mente a otro nivel. Y de alguna forma se llega a 'claridades' que entre el ruido de lo cotidiano son inaccesibles.
      No hay que ser místico o budista, ni nada parecido, para leer en el libro del río, en el fluir de las nubes o en el susurro del aire sobre los árboles. Lo único que hay que hacer es parar el diálogo interno. Conseguido eso, el resto es fácil. No es que uno empiece a oír "músicas celestiales", sino que escucha el sonido de la naturaleza y eso le pone en contacto con otras formas de percepción, lejos de la normalidad.
      Insisto en que no me refiero ni a misticismos ni a fantasmagorías. Se trata sólo de escuchar el primitivo lenguaje de lo natural. Un lenguaje que tiene mucho que enseñarnos sobre la vida y sobre nosotros mismos.

      Un abrazo, amigo.

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  3. ese río que cuando lo ciega la noche, no duda en seguir su camino
    ese río nos habla con sus voces disonantes, historias que jamás se repiten
    .
    me gustó
    saludos

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    1. Hola, Omar.
      El río sigue su camino en la noche, porque ve en la oscuridad.
      Y sus voces son "disonantes" sólo en apariencia... Una escucha más atenta nos ayuda a percibir más bien como una música coral, en la que todas las voces están atemperadas. Es una armonía difícil de captar en un principio, pero con paciencia y una caña (de silencio interno) se puede hacer.
      Y, en efecto, nos cuenta historias que nunca se repiten, como sabiamente apuntó Heráclito hace mucho tiempo.

      Me alegro de que te guste.
      Saludos, poeta.

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  4. me gustan los ríos, vivo cerca de uno, uno de tantos ríos mágicos de Galicia, rodeados de bosques, de silencios y de soledades buscadas, esas que a veces necesitamos y solo encontramos a la vera de un río
    un abrazo para ti

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    1. A mí también me gustan los ríos, Marga. El que tengo cerca (aquí, en tierras montañesas) no está rodeado de bosques (desafortunadamente), pero sí atesora muchos lugares de esos que mencionas, con silencios y soledades buscadas, que son las soledades gozosas y necesarias.
      También viví, hace muchos años, una pequeña temporada, junto a un lago, y las sensaciones, si bien diferentes en la forma, eran muy similares en el fondo.
      Un abrazo, desde este valle montañés hasta tu mágico río gallego.

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