Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AHM







jueves, 17 de noviembre de 2011

El caminante



A buen paso atraviesa la noche
un caminante.
Con él van
la alta montaña y el ondulado valle.
Hermosa está la noche.
El avanza, no se detiene,
y no sabe adónde su camino lleva.

De pronto canta un pájaro en la noche.
"¡Ay!, pájaro, ¿qué me has hecho?
¿por qué entorpeces mi paso y mis sentidos
y escancias dulce aflicción
en mi oído, obligándome a detenerme
y escucharte?
¿Por qué me seduces con tu canto y tu saludo?"

Calla el buen pájaro y dice luego:
"No, caminante, no, no es a ti
a quien seduzco con mi canto...
Atraigo a una hembra lejana.
A ti, ¿qué te importa?
Si estoy solo, la noche no es hermosa...
A ti, ¿qué te importa? Tu sino es caminar
¡y nunca, nunca detenerte!
¿Por qué sigues ahí,
qué te han hecho mis trinos,
caminante?"

El buen pájaro calló y meditó:
"¿Qué le han hecho mis trinos?
¿Por qué sigue ahí
ese pobre, ese pobre caminante?"


Friedrich Nietzsche


... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...


Junto a este poema de Nietzsche, escribí, hace muchos años, en un margen de la página, lo siguiente: "Es ésta esa sombra triste que oscurece a veces el rostro del caminante: la soledad, el frío del silencio, la nostalgia y el anhelo de un hogar, con ecos y sonrisas. Mas esto es lo que se paga por el camino, éste es el precio por cruzar el puente..."
Hoy no estoy seguro de que eso sea así, pero reconozco que, en ocasiones, el camino ha de andarse en solitario, y eso nos aleja de ese entorno cálido y amable que, como cualquier ser humano, necesitamos. La soledad no tiene por qué ser el precio de la claridad, pero muchas veces, sin duda, lo es.
Menos mal que también, en algún momento, de alguna manera, inesperadamente, esa soledad encuentra una salida, un lazo, una compañía, una presencia. Y es entonces cuando se diluye, desaparece, se transforma, y deja de llamarse soledad...

Decía el pájaro del poema de Nietzsche: "Si estoy solo, la noche no es hermosa..." Así es, pero lo principal es andar el camino, y nunca detenerse. Es vital, si queremos seguir siendo caminantes. Como también lo es aprender la lección, difícil, de que a pesar de la soledad, la noche es hermosa. Verlo o no, depende del poder y la libertad de nuestra mirada.


Antonio H. Martín

____________________
imagen: Antonio HM.

14 comentarios:

  1. Impresionante, hermoso, emotivo, aleccionador El poema, tu texto todo.....
    Besos poéticos, y no estás solo porque tu soledad es la de muchos y las sumás negativas dan resultados positivos.

    ResponderEliminar
  2. El camino debe hacerse solo, pero los trinos seductores de un pájaro pueden hacer cambiar de ida a cualquiera...Fijo.

    ResponderEliminar
  3. siempre hacemos el camino solos, aunque alguien camine con nosotros.

    es bella la noche


    abrazo, antonio*

    ResponderEliminar
  4. La soledad es necesaria...pero ¿cómo no detenerse ante el canto de un pájaro?
    Besos

    ResponderEliminar
  5. Cuando crecemos interiormente, o bien estamos en ello normalmente lo hacemos solos, es el peaje que debemos pasar, afortunadamente y como dicen los budistas "nunca es siempre igual".

    ResponderEliminar
  6. La belleza de que eres capaz es siempre un acicate. Gracias por mantener en pie tanto puente de aire.

    ResponderEliminar
  7. Sólo la soledad escogida es siempre hermosa.

    Pero no hay mejor hogar para un caminante que la noche plena de bellos y espléndidos sueños, amigo. Aunque no sepamos adónde nos lleva el camino...

    Escuchemos pues atentos a ese "pájaro del sueño" por si se acerca a nuestra abierta ventana para indicarnos la dirección correcta para alcanzarlos... porque sólo encontrar esa senda alejará las sombras para traer la claridad deseada. Así lo veo yo, Antonio.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  8. Gracias, Maribel.
    No, es verdad, no estoy solo. Quizá mi próxima entrada explique algo esto...

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  9. Sí, Luis Antonio, el camino siempre es una senda solitaria. Pero, como dices, a veces se encuentra uno con pájaros extraños y atractivos, y eso... es para pensárselo, jeje.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  10. Así es, amiga Silvia.
    La noche es bella por sí misma, estémos solos o acompañados, sepamos verlo o no. Ese es el mensaje.
    Y sí, el camino, el de dentro, se hace siempre solo.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  11. Para algunos sí que lo es, Virgi. Yo, por ejemplo, es en la soledad donde logré encontrarme, y siempre necesito esa parcela de aislamiento y silencio, para seguir sintiéndome.
    Pero... ¿por qué no detenernos un momento a escuchar el bello canto de un pájaro? ¡Claro que sí! Siempre y cuando eso no nos detenga más de la cuenta.

    Besos.

    ResponderEliminar
  12. Sí, Malvada, normalmente hacemos solos ese viaje de la conciencia. Pero eso no quita para que la vida, en algunas raras ocasiones, nos ponga un pájaro delante, y eso nos detiene, al menos durante unos instantes.
    Y además... ¿y si el pájaro decidiera acompañar al caminante?
    Cosas más raras se han visto, y estarás conmigo en que esta vida está llenita de sorpresas.

    Nunca es siempre igual, así es, porque la vida es como las aguas de un río, como el viento, como la lluvia...

    Un abrazo, Bruja del Norte.

    ResponderEliminar
  13. La belleza no es mía, amiga Eli, ni de nadie. Los que la sabemos ver somos sólo eso: receptores, sabios miradores, quizá, a veces, visionarios, pero no es algo nuestro ni de nadie.
    La belleza es sólo suya. Y los puentes de aire no los construimos nosotros. Lo que sí ocurre es que,
    al caminar por ellos, atraemos a otras miradas, que no los habían visto antes.

    Un abrazo, poeta.

    ResponderEliminar
  14. De acuerdo, amiga Crystal, hada de Nunca Jamás.

    Sobre lo que comentas, tengo en ciernes una nueva entrada, que viene a decir algo muy parecido.

    El pájaro del sueño es muy caprichoso. Por eso suelo tener mi ventana casi siempre abierta, por si acaso se sintiera seducido a entrar en mi morada. Pero es un pájaro esquivo, al que le gusta volar libre, y sólo en ocasiones se posa en el alféizar, se queda allí parado un rato, me mira, me cuenta breves historias, y en seguida emprende de nuevo el vuelo...

    Y sí, tienes razón, hada, después de sus visitas, lo que queda es un destello de claridad.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar