Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AHM







jueves, 15 de septiembre de 2011

La vieja maleta



Después de otro año de rutinas y vacíos, de luchas y de pérdidas, he vuelto a poner ante mí la hoja en blanco. No sé muy bien por qué lo he hecho, porque lo que sí sé bien es que mi mente está más blanca aún que la hoja. En fin, aquí estamos la hoja y yo, mirándonos en silencio y reflejando nuestra mutua blancura...
La caja de música me está ofreciendo ahora un precioso concierto de Händel. Pero entre el allegro y mi apagada persona hay como una diferencia de onda, una barrera invisible que me impide contactar, apreciar, sentir. Demasiado júbilo para mí, demasiada armonía, demasiada belleza.
He quitado la cinta de Händel y en su lugar he puesto la danza final de La Consagración de la Primavera, de Stravinski. Esta sí que me llega, me toca más cerca y con más fuerza. Casi se puede decir que me golpea...
Ya ha terminado. Para continuar he puesto El Pájaro de Fuego, a ver qué pasa.

Por cierto, una de las dos parejas de canarios que viven en casa ha tenido hace unos días una preciosa cría. Sus alas aún son muy cortas y torpes para volar, pero sus patas ya son las de un adulto y se pasa la mitad del día dando saltos entre los palos de la jaula (que es bastante amplia); la otra mitad está metido en el nido con la madre, que hasta ahora aguanta paciente sus largas visitas. Ya veremos dentro de unos días más...
No deja de asombrarme, de maravillarme la incansable pujanza de la Naturaleza, la eterna renovación de la vida, que año tras año, interminablemente y siempre con la misma fuerza, regresa al lugar de donde se marchó. Al menos, siempre cuando cuenta con los medios necesarios para ello. Asunto éste que cada vez tiene más difícil, gracias a esos simpáticos e inteligentes seres de dos patas y cuatro ruedas llamados hombres modernos.

Bueno, mi mente sigue en blanco, pero menos. Ya se divisan en su horizonte algunas formas imprecisas que se acercan lenta y torpemente. ¿Serán pensamientos?
El caso es que ahora me da por preguntarme si tiene algún sentido, algún significado oculto todo ese barullo que mencioné antes, lo de las rutinas y los vacíos, las luchas y las pérdidas, toda esa obsesión personal... Y me lo pregunto a la luz de ese asombro ante la naturaleza, ante la fuerza de la vida que siempre regresa. La verdad es que veo muy clara la respuesta. No hay duda, todo eso se reduce a una simple y banal idiotez. No es más que un bagaje inútil y absurdo que arrastro día tras día durante años, y que no significa nada. Una ya vieja y gastada maleta que llevo siempre conmigo a todas partes, desde mi adolescencia, y quién sabe si desde antes, y que contribuye enormemente a impedirme el avance, a no permitirme andar con soltura. Un bulto innecesario y pesado que no me deja vivir.

Por propio carácter, yo siempre he sido y continúo siendo un amante del individualismo. El proceso de individuación del que habló Jung, o la rara y preciosa virtud de la obstinación que siempre defendió mi querido Hermann Hesse, han sido y son para mí materias de primera magnitud. ¿A qué puede llegar un hombre si no sigue el camino a través de sí mismo? ¿Qué puede llegar a comprender, a asumir de un modo íntegro y auténtico, total? No tengo dudas sobre esto. Siempre he hecho todo lo posible para apartarme de los intentos de masificación que nos rodean por todas partes en este mundo de ovejas. Siempre me he esforzado en mantenerme fuera de la corriente, en el otro lado, en el del lobo, el lobo estepario, y cuando, en momentos, sólo en momentos, lo he conseguido de verdad ha sido cuando mejor y más vivo me he sentido. Y cuando algunas veces, demasiadas, he intentado lo contrario, el integrarme en la masa, asumir sus pensamientos y sus actitudes y ser uno más entre los demás, entonces ha sido cuando peor, más falso y más pobre de vida me he sentido.

¿Qué pasa pues con mi maleta? ¿No se trata de un símbolo de mi individualismo, de un signo de mi obstinación? No, definitivamente no. Mi maleta, por supuesto, está llena de cosas que me pertenecen, que son de mi exclusiva propiedad. Pero no son realmente mías, no me pertenecen ni las pertenezco en el nivel que de verdad importa. Esa maleta, mi vieja y gastada maleta, que ahora mismo, en este preciso momento sigo llevando a cuestas, no me pertenece, repito, como individuo, sino como persona. No es un signo de individualismo, sino de personalismo. Su existencia responde a la obsesión por lo personal, no a la obstinación por lo individual.
Ya sé que no lo explico bien. Pero sé muy bien lo que quiero decir.

Quizá cuando, por ejemplo, alguna vez viaje en tren, y ese tren pase sobre un puente, abra entonces la ventanilla y arroje mi maleta al río, para que se hunda y se pierda. Y con ella... yo.
Lo que quede después tendrá mucho más que ver conmigo mismo.


Antonio H. Martín
(Diario de un obstinado - 28 de abril, 1991)

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No hay una razón especial para elegir esta página de mi antiguo diario. Es sólo que la he encontrado, la he releído y me ha parecido interesante, como dato del camino individual de alguien, que en este caso era yo. Y no creo que sea necesario escribir ahora sobre la diferencia entre individualidad y personalidad. Pero si a alguien le interesa, por supuesto lo haré. El caso es que pueden parecer lo mismo, en una primera mirada, pero no lo son, en absoluto.

AHM.




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música: El Pájaro de Fuego, por Igor Stravinski
intérprete: Ballet Real Danés
imagen: torisphoto
http://www.flickr.com/photos/28662178@N08/4556457681/

2 comentarios:

  1. Antonio !

    Mira que anotaciones...a cuadernos de un disconforme, anotaciones de un condenado,y libretita negra de apuntes purpura..pues ahora le sumamos...Diario de un obstinado

    excelente HH

    slds.

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  2. Pues sí, amigo Demian, en esa lista se puede sumar mi diario de un obstinado. Aunque de eso hace ya veinte años...
    Hesse, como siempre, todo un maestro.

    Saludos.

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