El espíritu tiene una torre inexpugnable
a la cual no puede alterar peligro alguno,
siempre y cuando la torre esté guardada
por el invisible protector
que actúa inconscientemente, y cuyos actos
se desvían cuando se hacen deliberados,
reflexivos e intencionales.
La inconsciencia
y total sinceridad del tao
se ven alteradas por cualquier esfuerzo
de demostración de autoconciencia.
Todas esas demostraciones
son mentiras.
Cuando se exhibe
de tan ambigua manera,
el mundo exterior entra en tromba
y lo aprisiona.
Ya no está protegido
por la sinceridad del tao.
Cada nuevo acto
es un nuevo fracaso.
Si sus actos son realizados en público,
a plena luz del día,
será castigado por los hombres;
si son realizados en privado
y en secreto,
será castigado
por los espíritus.
¡Que cada cual comprenda
el significado de la sinceridad
y se guarde de exhibirse!
Ése estará en paz
con los hombres y los espíritus,
y actuará correctamente, sin ser visto,
en su propia soledad,
en la torre de su espíritu.
Chuang Tse
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No sé si comprendo bien este texto de Chuang Tse...
Parece que aboga por el silencio, y por un actuar oculto, en secreto. Pero yo no siento que mi torre se vea atacada por "exhibirme", ni que mi sinceridad sea afectada por ello. Entre otras cosas, porque yo no me estoy
exhibiendo al escribir en este cuaderno. Hablo de sentimientos, sentimientos que siento, sí, pero los sentimientos son nubes que uno
caza al vuelo. No son propiedad de nadie. Están ahí, delante de los ojos, y uno los ve y los coge para sí, si puede, y luego los cuenta, si quiere.
Eso, creo, no afecta a la
torre, porque la torre ya tiene sus propios sentimientos bien guardados.
Si alguien quema un cuadro de La Gioconda, por la razón que sea, o le hace un comentario o un poema, o le escribe todo un libro, es porque puede hacerlo, pero ninguna de estas cosas afectará al cuadro original. Porque la
pintura original está a buen recaudo dentro de la torre. Incluso si desapareciera un día aciago el museo del Louvre, La Gioconda seguiría bien
viva dentro de nuestra torre.
No pienso que nadie sea culpable por cantar la belleza de una luz en el cielo de poniente. La cante o no, esa luz seguirá estando. Lo que hace el que canta, pinta o escribe es intentar comunicar el sentimiento que eso le produce. No se exhibe él, lo que muestra es
el hecho y la sensación, que es lo que desea transmitir.
Aunque, pensándolo más detenidamente, creo que ya sé a qué se refiere el maestro Chuang: se refiere a alzar la voz, a complicar las cosas, a intentar vestirlas con demasiados ropajes, a
camuflarlas con excesivas explicaciones.
Ahí sí puede que la "sinceridad del tao" se vea alterada, porque demasiadas palabras enturbian la claridad del agua.
Intentaré ser sobrio y escribir sólo lo justo. No quiero ser castigado ni por hombres ni por espíritus de ninguna clase. Y ante todo, no deseo que por mi
culpa se oscurezca esa "sinceridad del tao" que habla con voz tan diáfana, a todos los que saben escuchar.
Quiero que la "torre de mi espíritu" esté en paz.
AHM.
(10 de octubre, 2009)