Hay muchos momentos en las galerías del tiempo, de nuestro tiempo, entre los múltiples azares de la vida, en que perdemos el contacto con aquello que nos sustenta anímicamente. Eso que es como un lazo o un puente de magia a través del cual encontramos la fuerza y la alegría de vivir. Son momentos difíciles, en los que llegamos a sentirnos vacíos y como perdidos en medio de un laberinto, solos y a la deriva en alta mar, sin brújula ni estrellas ni viento... Momentos en los que caminamos por la misma senda sin ver aquello que ayer nos hacía vibrar, en que nos miramos al espejo y no sabemos reconocer al extraño que allí se refleja... Momentos fríos, oscuros, en los que no nos llega el abrazo de la luna, como si hubiéramos tropezado con alguna sombra del camino, como si hubiese cambiado el rumbo del aire, dejándonos confusos y sin aliento. En momentos así, se adueña de nosotros lo que suelo llamar "la mirada del mundo", esa mirada dura, material y escéptica, que nos enfrenta a un panorama desolador y caótico, a un desierto sin ilusiones ni promesas, a un vacío sin alma. Es como caer en el pozo de la noche... Y entonces no queremos nada, ni a nadie. La compañía se vuelve gris, y la soledad huele a tristeza. Buscamos por todos lados las viejas señales, los letreros que indicaban el camino, pero... una lluvia ácida ha borrado sus letras, y no hay huellas que seguir en ninguna parte. Los árboles duermen, la luna calla, y las estrellas se ven tristes y lejanas. Es como si algún extraño poder nos hubiera transportado a otro mundo, desconocido y hostil.
Pero siempre vuelve aquello... Lo perdido regresa, más tarde o más temprano, pero regresa. Es la hora del reencuentro, y todo retorna a su orden, al viejo y querido sentido, a la música antigua que escuchamos hace tanto tiempo, esa que nos enamoró para siempre... Y entonces ventanas y puertas se abren, los sueños recuperan sus alas, el aire su rumbo y los árboles su mirada. Gracias, amiga magia, por volver.
Tras la niebla que se desprende del principio de tu entrada, la luz pugna por hacer acto de presencia y parece abrirse paso entre el espesor de la fronda . Es cuestión de esperar, pero siempre, tras la noche, vuelve el alba... ¿Siempre?
Mmm, pues sí. Sin duda, un Reencuentro (así, con Mayúscula) puede ser algo muy especial. Sobre todo, si con él vienen recuerdos y vivencias de tiempos felices. Puede darse a muchos niveles, pero el amoroso es el más hermoso... No sólo recuerda uno a esa persona años atrás, quizás cuando era joven, sino que -y esto es lo más fascinante- se vuelve uno a mirar a sí mismo tal como era hace mucho tiempo; lleno de ilusiones y bríos juveniles. Me has sacado un suspiro con esta entrada, Antonio.
Existen dos tipos de reencuentro con uno mismo. Uno de ellos, refleja ese abrazo con aquello añorado, que hemos perdido entre inmensos espacios de tiempo absurdo. El otro, no es tan bello, evidencia nuestro vacío y no siempre se nos antoja un buen retorno. Después de tu reconocida predilección por la noche, se me antoja que este pasaje poco tiene que ver con la salida de la luz del sol. Y sin embargo, es positivo, y llena de calor el espíritu.
Me olvidé de mencionar a la niebla, pero está claro que la tenía en mente. Lo de "siempre" lo digo desde mi experiencia. No sé a otros, pero a mí me suele ser fiel esa "amiga magia"; tarda más o menos, a veces mucho, pero siempre acaba por volver. Si no fuera así...
Sila, lo maravilloso es que eso vuelva, que se pierda es una putada, jeje. Pero sí, al volver se disfruta más, porque la nostalgia se transforma en abrazo. Es la magia del reencuentro.
Qué alegría verte por aquí de nuevo, amiga Liz. En el nivel amoroso no había pensado, pero sí, encaja perfectamente con lo escrito. Y si además te ha sacado un suspiro...
Silvia, atravesar laberintos y cruzar espejos ya es pura magia, pero seguro que sabes que no siempre tenemos disponible ese don que huele a jazmín... A veces se va, o es que nosotros nos bloqueamos y no lo notamos, que es como si se hubiera ido. Pero lo importante es que vuelve, y vuelve porque el puente entre la magia y nosotros es muy fuerte, porque llevamos su marca en el interior.
Es evidente que yo me refería a la primera clase de reencuentro que mencionas. La segunda es otra cosa muy distinta. El segundo tipo de reencuentro no es sino el desencuentro. No hablaba en esta entrada del reencuentro con uno mismo, sino de reencontrarse con aquella fuente de energía de la que bebimos antes, con aquellos lazos que nos transmitieron un sentido del vivir.
Sí, mi preferencia está en la noche, pero mi noche no es fría ni oscura, está llena de presencias y destellos.
Lo describiste tan bien...¿ Quién no se ha sentido así alguna vez? Yo tambíén creo en que el optimismo que se nos fue y la pasión por la vida, como las olas, nos regresa siempre . Saludos.
a veces existe es a sequía de ideas, de ganas, de amor, pero la vida es cíclica siempre vuelve al origen .....como dice Luis Antonio es cuestión de esperar
Tus escritos, a pesar de la nostalgia o la melancolía que acostumbran a respirar, siempre rezuman al mismo tiempo, un cierto poso de optimismo, que nos pone en contacto con esa parte, muchas veces olvidada y que vive en nuestro interior, que nos permite avanzar y superar las dificultades que se nos van presentando a lo largo de este viaje, tantas veces absurdo...
Sea por evolución de supervivencia, como creen-mos? algunos, o por ese hechizo que tan bien describes, démosle la bienvenida a la magia que nos libra de ese sobrecogedor "vacío en el alma".
Un muchacho, muy joven aún, escribió recientemente: "si sientes que todo a tu alrededor está bien, es que has puesto atención".
A veces nos 'desconectamos' y sentimos que la magia nos ha abandonado. Yo creo que son momentos de despiste, en los que no estamos en nuestro 'centro'.
O tal vez sean las 'noches oscuras del alma', esas que suceden cuando estamos caminando...
Lo importante es no detenerse... La desesperanza y el entusiasmo son estaciones que se alternan mientras avanzamos...
Entonces...vuelvo a Sirio, con quien me reencuentro cada noche limpia y sin nubes. Saber que tardaríamos ocho años luz sólo en llegar, me emociona. Pero más, que esté ahí desde hace miles, testigo fiel y luminoso de nuestras vidas...¡ah, el cielo! ningún otro mejor reencuentro. Besitos, gracias por tu contestación Otro día hablamos de Las Pléyades, del cinturón de Orión o de Cástor y Polux.
Creo que los retornos, los reencuentros con lo añorado siempre son tremendamente felices. Pero si solo existe el encuentro, el encuentro pasado y que no volverá, también tiene su grado de fortuna. Es algo que ya está en ti. Como perpetuamente he pensado que detrás de las cortinas no hay nada, es mejor no correrlas. La magia -como ya hemos apuntado otras veces- llega y se fabrica en las luces interiores.
Hola, Mária. Espero no perderme, jeje, y menos ahora, que tengo proyectos cercanos de viajes y traslados. Cuando consigues salir de un abismo vuelves a ver la luz, y todos los colores son como nuevos, porque, como dices, uno vuelve renacido.
No puedo saber si siempre pasa así, pero en mi caso, afortunadamente, así es. Quizá es algo cíclico, como dices, pero lo importante es que vuelva o no, hay que buscarlo, porque es absolutamente necesario. Si no existe ese reencuentro, sería muy fácil perderse en un mar de sombras.
No soy muy paciente, no me gusta esperar, pero seguramente es como dices y todo forma parte de un ciclo. Pero... entre una vuelta y otra se pasa mucha sed. Menos mal que se produce ese reencuentro, que es como si volviera el agua a la fuente.
Tienes mucha razón y lo expresas muy bien. ¿Nostálgico, melancólico...? No sé, pero seguro que algo hay de eso, porque me considero un romántico. Lo que sí es seguro es que siempre, siempre llego a encontrar la ventana por la que colarme a la casa de al lado... La magia es mi amiga amada. Y siempre volvemos a encontrarnos.
Pues, amiga Isis, ese muchacho es un sabio. No, la magia no nos abandona, pero somos seres despistados y variables, que se pierden por caminos de niebla. Y es muy fácil perder el rumbo cuando nuestra visión se limita a edificios grises y rostros vacíos. Lo bueno es que eso regresa, nuestros ojos se aclaran y vemos aquello que siempre estuvo ahí. La alternancia es sólo un parpadeo.
Virgi, ocho años luz se recorren en sólo unas horas, pero tienes que coger la nave de alta velocidad interestelar, claro, jeje. Sirio es la estrella azul, la estrella de los sueños y los deseos. Aunque otros digan que es "la cabeza del perro" que sigue al gigante cazador Orión.
No sé por qué, pero siempre que la veo, en una de esas noches despejadas que mencionas, siento algo especial. Quizá sea porque hace tiempo que tengo allí una parcelita, con casa y jardín, que me espera...
¿Detrás de las cortinas no hay nada?... hummm, me gustaría que leyeras mi entrada anterior sobre "el fin y la nada".
"La magia llega y se fabrica en las luces interiores.", dices, y estoy de acuerdo, pero... eso da a entender dos cosas: que lo que llamamos 'magia' es sólo un producto de nuestra mente -un sueño imaginario-, y que hay una división entre el interior y el exterior. No creo que sea así.
Todos lo que tenemos ya cierta edad, alguna vez o muchas veces hemos pasado por esos momentos que tan bien describes. Afortunadamente buscamos siempre la magia, y ella vuelve. Un saludín.
Así es, Malú, estamos de acuerdo: la magia siempre vuelve, o volvemos nosotros con ella. El caso es que se produce el reencuentro, que es lo que importa.
Tras la niebla que se desprende del principio de tu entrada, la luz pugna por hacer acto de presencia y parece abrirse paso entre el espesor de la fronda . Es cuestión de esperar, pero siempre, tras la noche, vuelve el alba... ¿Siempre?
ResponderEliminarUn cordial saludo
Es lo maravilloso de la vida, perder o, dejar que se pierda, para recuperarlo acto seguido y disfrutarlo aun más.
ResponderEliminarMmm, pues sí. Sin duda, un Reencuentro (así, con Mayúscula) puede ser algo muy especial. Sobre todo, si con él vienen recuerdos y vivencias de tiempos felices.
ResponderEliminarPuede darse a muchos niveles, pero el amoroso es el más hermoso... No sólo recuerda uno a esa persona años atrás, quizás cuando era joven, sino que -y esto es lo más fascinante- se vuelve uno a mirar a sí mismo tal como era hace mucho tiempo; lleno de ilusiones y bríos juveniles.
Me has sacado un suspiro con esta entrada, Antonio.
Un abrazo muy grande
amigo Antonio, los laberintos se atraviesan y los espejos se cruzan...
ResponderEliminary la magia vive entre jazmines.
(creo que esta vez, hemos escrito sobre lo mismo...)
mil besos*
Existen dos tipos de reencuentro con uno mismo. Uno de ellos, refleja ese abrazo con aquello añorado, que hemos perdido entre inmensos espacios de tiempo absurdo.
ResponderEliminarEl otro, no es tan bello, evidencia nuestro vacío y no siempre se nos antoja un buen retorno.
Después de tu reconocida predilección por la noche, se me antoja que este pasaje poco tiene que ver con la salida de la luz del sol. Y sin embargo, es positivo, y llena de calor el espíritu.
Un abrazo
Hola, Luis Antonio.
ResponderEliminarMe olvidé de mencionar a la niebla, pero está claro que la tenía en mente.
Lo de "siempre" lo digo desde mi experiencia. No sé a otros, pero a mí me suele ser fiel esa "amiga magia"; tarda más o menos, a veces mucho, pero siempre acaba por volver.
Si no fuera así...
Un saludo, amigo.
Sila, lo maravilloso es que eso vuelva, que se pierda es una putada, jeje.
ResponderEliminarPero sí, al volver se disfruta más, porque la nostalgia se transforma en abrazo. Es la magia del reencuentro.
Saludos.
Qué alegría verte por aquí de nuevo, amiga Liz.
ResponderEliminarEn el nivel amoroso no había pensado, pero sí, encaja perfectamente con lo escrito.
Y si además te ha sacado un suspiro...
Un abrazo desde el Blau Baum.
Silvia, atravesar laberintos y cruzar espejos ya es pura magia, pero seguro que sabes que no siempre tenemos disponible ese don que huele a jazmín... A veces se va, o es que nosotros nos bloqueamos y no lo notamos, que es como si se hubiera ido.
ResponderEliminarPero lo importante es que vuelve, y vuelve porque el puente entre la magia y nosotros es muy fuerte, porque llevamos su marca en el interior.
Besos, amiga Rayu.
Hola, amigo Pajarillo.
ResponderEliminarEs evidente que yo me refería a la primera clase de reencuentro que mencionas. La segunda es otra cosa muy distinta.
El segundo tipo de reencuentro no es sino el desencuentro.
No hablaba en esta entrada del reencuentro con uno mismo, sino de reencontrarse con aquella fuente de energía de la que bebimos antes, con aquellos lazos que nos transmitieron un sentido del vivir.
Sí, mi preferencia está en la noche, pero mi noche no es fría ni oscura, está llena de presencias y destellos.
Un abrazo, Pajarillo.
Hay veces que cuesta salir de la oscuridad, que todo a nuesttro alrededor se vuelve frío y hostil.
ResponderEliminarHay veces que uno no parece avanzar a través del desierto...
Pero de repente no sabiendo uno muy bien por qué, se sale del tunel, levantas la mirada y vuelves a ver lo que te rodea de un modo distinto.
Y sí, amigo Antonio, la magia existe, está ahí y nos sorprende.
Un beso.
Lo que tienen los abismos es que cuando sales, lo haces renacido y los colores parecen más intensos.
ResponderEliminarNo te me pierdas, que te queremos.
Besos
Lo describiste tan bien...¿ Quién no se ha sentido así alguna vez?
ResponderEliminarYo tambíén creo en que el optimismo que se nos fue y la pasión por la vida, como las olas, nos regresa siempre .
Saludos.
a veces existe es a sequía de ideas, de ganas, de amor, pero la vida es cíclica siempre vuelve al origen .....como dice Luis Antonio es cuestión de esperar
ResponderEliminarTus escritos, a pesar de la nostalgia o la melancolía que acostumbran a respirar, siempre rezuman al mismo tiempo, un cierto poso de optimismo, que nos pone en contacto con esa parte, muchas veces olvidada y que vive en nuestro interior, que nos permite avanzar y superar las dificultades que se nos van presentando a lo largo de este viaje, tantas veces absurdo...
ResponderEliminarSea por evolución de supervivencia, como creen-mos? algunos, o por ese hechizo que tan bien describes, démosle la bienvenida a la magia que nos libra de ese sobrecogedor "vacío en el alma".
Anda vd. inspirado Sr. Druída. Abrazos.
Un muchacho, muy joven aún, escribió recientemente: "si sientes que todo a tu alrededor está bien, es que has puesto atención".
ResponderEliminarA veces nos 'desconectamos' y sentimos que la magia nos ha abandonado. Yo creo que son momentos de despiste, en los que no estamos en nuestro 'centro'.
O tal vez sean las 'noches oscuras del alma', esas que suceden cuando estamos caminando...
Lo importante es no detenerse... La desesperanza y el entusiasmo son estaciones que se alternan mientras avanzamos...
besos miles querido amigo!!
Entonces...vuelvo a Sirio, con quien me reencuentro cada noche limpia y sin nubes.
ResponderEliminarSaber que tardaríamos ocho años luz sólo en llegar, me emociona. Pero más, que esté ahí desde hace miles, testigo fiel y luminoso de nuestras vidas...¡ah, el cielo! ningún otro mejor reencuentro.
Besitos, gracias por tu contestación
Otro día hablamos de Las Pléyades, del cinturón de Orión o de Cástor y Polux.
Creo que los retornos, los reencuentros con lo añorado siempre son tremendamente felices. Pero si solo existe el encuentro, el encuentro pasado y que no volverá, también tiene su grado de fortuna. Es algo que ya está en ti.
ResponderEliminarComo perpetuamente he pensado que detrás de las cortinas no hay nada, es mejor no correrlas. La magia -como ya hemos apuntado otras veces- llega y se fabrica en las luces interiores.
Un abrazo, Antonio.
Así es, Cristal, la magia existe. Yo suelo decir aquello de "el mundo es mágico o no es". Porque no me entra en la cabeza un mundo sin magia.
ResponderEliminarUn beso, amiga.
Hola, Mária.
ResponderEliminarEspero no perderme, jeje, y menos ahora, que tengo proyectos cercanos de viajes y traslados.
Cuando consigues salir de un abismo vuelves a ver la luz, y todos los colores son como nuevos, porque, como dices, uno vuelve renacido.
Besos, amiga arborícola.
Hola, Laura.
ResponderEliminarNo puedo saber si siempre pasa así, pero en mi caso, afortunadamente, así es.
Quizá es algo cíclico, como dices, pero lo importante es que vuelva o no, hay que buscarlo, porque es absolutamente necesario. Si no existe ese reencuentro, sería muy fácil perderse en un mar de sombras.
Un saludo.
Hola, Ktana.
ResponderEliminarNo soy muy paciente, no me gusta esperar, pero seguramente es como dices y todo forma parte de un ciclo. Pero... entre una vuelta y otra se pasa mucha sed.
Menos mal que se produce ese reencuentro, que es como si volviera el agua a la fuente.
Saludos.
Hola, hada Cristalook.
ResponderEliminarTienes mucha razón y lo expresas muy bien. ¿Nostálgico, melancólico...? No sé, pero seguro que algo hay de eso, porque me considero un romántico.
Lo que sí es seguro es que siempre, siempre llego a encontrar la ventana por la que colarme a la casa de al lado...
La magia es mi amiga amada. Y siempre volvemos a encontrarnos.
Un abrazo.
Pues, amiga Isis, ese muchacho es un sabio.
ResponderEliminarNo, la magia no nos abandona, pero somos seres despistados y variables, que se pierden por caminos de niebla. Y es muy fácil perder el rumbo cuando nuestra visión se limita a edificios grises y rostros vacíos.
Lo bueno es que eso regresa, nuestros ojos se aclaran y vemos aquello que siempre estuvo ahí. La alternancia es sólo un parpadeo.
Besos, maga Isis.
Virgi, ocho años luz se recorren en sólo unas horas, pero tienes que coger la nave de alta velocidad interestelar, claro, jeje.
ResponderEliminarSirio es la estrella azul, la estrella de los sueños y los deseos. Aunque otros digan que es "la cabeza del perro" que sigue al gigante cazador Orión.
No sé por qué, pero siempre que la veo, en una de esas noches despejadas que mencionas, siento algo especial. Quizá sea porque hace tiempo que tengo allí una parcelita, con casa y jardín, que me espera...
Un abrazo.
¡Bienvenido, amigo Conde!
ResponderEliminar¿Detrás de las cortinas no hay nada?... hummm, me gustaría que leyeras mi entrada anterior sobre "el fin y la nada".
"La magia llega y se fabrica en las luces interiores.", dices, y estoy de acuerdo, pero... eso da a entender dos cosas: que lo que llamamos 'magia' es sólo un producto de nuestra mente -un sueño imaginario-, y que hay una división entre el interior y el exterior. No creo que sea así.
Un abrazo, Conde.
Todos lo que tenemos ya cierta edad, alguna vez o muchas veces hemos pasado por esos momentos que tan bien describes.
ResponderEliminarAfortunadamente buscamos siempre la magia, y ella vuelve.
Un saludín.
Así es, Malú, estamos de acuerdo: la magia siempre vuelve, o volvemos nosotros con ella. El caso es que se produce el reencuentro, que es lo que importa.
ResponderEliminarUn saludín, amiga astur.