Qué importante es tener una vida secreta, una vida aparte de la cotidianidad mundana, un lugar interior en el que podemos siempre encontrar los tesoros que hemos guardado. Un lugar, que puede ser físico o no, una cueva o una nube en la mente, en el que nadie puede nunca entrar, porque está separado por unas barreras inviolables, y vigilado por los gigantes del corazón.
Allí sólo entra uno mismo, porque uno es el único que posee la llave, el creador de la puerta y el dueño de su interior.
AHM
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- A Secret Life
- por Steve D'Agostino, John Foxx y Steve Jansen
Viendo un documental ayer en la televisión, titulado "Viaje a los confines del universo", he recordado que había ya en mi mente juvenil dos conceptos que era incapaz de admitir: el primero era el límite del universo, y el segundo la existencia de la nada. No podía concebir que el universo tuviera un límite, que a partir de cierto lugar en el espacio éste terminara... Y me preguntaba: ¿pero qué hay después? Es imposible que no haya algo más, porque el universo es infinito. Por supuesto, todo esto lo digo desde mi condición de lego en esta materia. No he estudiado física ni astronomía, pero estoy seguro que de haberlo hecho seguiría pensando lo mismo. No cabe en mi mente que exista un final, una frontera última en el universo. Y si así fuera, sólo sería la frontera entre un universo y otro.
Mi mente suele ser muy imaginativa, pero no en este caso. Recuerdo que un amigo me comentaba hace muchos años aquello de que el universo es curvo, por lo cual un rayo de luz lanzado hacia el infinito llegaría a encontrarse consigo mismo, después de dar la vuelta. Bueno, esa teoría creo que es de Einstein, y seguramente ya está más que probada. Puedo imaginar un universo curvo, elíptico, como un enorme huevo cósmico, pero... ¿qué hay más allá del huevo? Lo del rayo de luz es fácil. Suponiendo que hubiese una carretera que cruzara de polo a polo nuestro planeta, podríamos viajar de lado a lado sin tener nunca la sensación de que estábamos rodeando el planeta. Por el contrario, nuestra sensación sería siempre la de que seguimos una línea recta. Pero eso viene a decir que hay dos percepciones, dos perspectivas de un mismo hecho: la subjetiva y la objetiva. La primera nos dice que viajamos en línea recta hacia el horizonte, porque eso es lo que vemos directamente, y en ningún momento percibimos la curvatura del planeta. Y en segundo lugar está la visión desde fuera, desde arriba, que dice que efectivamente nuestro viaje sigue un círculo. Así que visto desde abajo, a ras de suelo, nuestro planeta parece infinito, y visto desde arriba, desde más allá de las nubes, comprobamos que es finito.
Digo esto para ilustrar un poco el tema del universo curvo. De acuerdo, nuestro planeta es curvo, circular, eso es evidente, y el universo conocido también lo es, supuestamente. De hecho, soñé una vez que viajaba hasta el fin del universo y después de cruzar la última barrera, me encontré de vuelta en mi casa... Pero eso no significa que el universo termine ahí. Sólo significa que mi percepción no puede o no sabe ir más allá. Ese es el punto al que voy. Para mí el universo es infinito. Soy incapaz de concebirlo de otra manera. ¿Por qué? Porque mi mente tiene unos límites, que ni siquiera la imaginación puede traspasar. Para mí es abolutamente imposible aceptar una frontera final del universo, al igual que me resulta imposible admitir un principio y un fin del mismo.
En este documental se hacía, tal y como dice su título, un "viaje hacia los confines del universo", y el viaje se desarrolla en el tiempo... De manera que el final de ese viaje es llegar al momento del Big Bang, la gran explosión que se supone fue el origen de todo esto, de las galaxias, estrellas y planetas, y de toda la vida que conocemos, hace unos 13.500 millones de años. Cuentan que en principio aquello tenía el tamaño de una partícula, que momentos después hubiéramos podido tenerlo en la palma de la mano, y que pocos momentos después ya tenía el tamaño de la Tierra. Y luego... aquello se colapsó, explotó y dió origen a todo lo que ahora se extiende por el vasto e inmenso océano. Miles de millones de galaxias, billones de estrellas y planetas, e infinidad de formas de vida. El porqué sucedió esto no lo explica el documental, y no es de extrañar, porque eso ya pertenece al más absoluto misterio.
Bien, acepto al Big Bang como el punto inicial que dio origen al universo conocido. Pero... ¿responde esto a las preguntas? ¿Qué había antes de esa explosión original, además de aquella primigenia bolita de fuego? ¿La nada? Como he dicho antes, el concepto de "nada" no me entra en la mente, soy incapaz de admitirlo. La nada, como el vacío, son imposibilidades. No existe la nada, así como no existe el vacío. Todo, absolutamente todo, está ocupado por algo. Los taoístas hablaban de la importancia del vacío, de que lo que hacía útil a una vasija o a un camino era el vacío. Efectivamente, una vasija de barro sin hueco para verter en ella un líquido cualquiera, no sirve para nada, y un camino lleno de obstáculos y barreras no es un camino, sino un infierno. De forma que deberíamos hablar de un vacío relativo, necesario pero relativo. Porque nada está vacío. Porque no hay nada que pueda llamarse propiamente "nada".
Cuando me muevo, cuando camino, dentro o fuera de casa, utilizo los huecos que hay entre los distintos bloques de materia que encuentro a mi paso, ya sean muebles, paredes, árboles, vehículos o edificios. Ese supuesto vacío es lo que me permite moverme, pero dentro de ese vacío hay muchas cosas, por ejemplo el aire, con su oxígeno, que me permite respirar y vivir. El vacío absoluto sería como la muerte. Y la muerte, también me parece una imposibilidad. Recuerdo ahora aquello de que la energía no desaparece, sino que se transforma... Pues así es, eso es precisamente lo que ha estado haciendo desde siempre: transformarse.
Nos dice el susodicho documental que este universo, nacido del incomprensible Big Bang, se está muriendo... Que cada vez hay menos estrellas, y más nada... Pero también habla de que en esa "nada" hay algo, que ahora llaman "materia oscura". Una especie de energía desconocida, que está entre medias de todo. Así que está claro que vivimos en medio del misterio. Y me atrevo a añadir que somos ese misterio.
Es fácil pensar en que una gota de lluvia no es consciente de su calidad de lluvia, de que pertenece a una gran oleada de agua dulce que cae de las nubes, y lo mismo una gota del mar o un grano de arena del desierto, pero todos ellos, sean conscientes o no, forman parte de un conjunto. Y ese conjunto es algo infinito, que se manifiesta en infinitas formas, y que no tiene ni principio ni fin. Cuando la gota cae al suelo y se confunde con el charco o el río, no hace sino volver a unirse a aquello de lo que se separó momentáneamente. Y cuando muere un ser humano, pasa exactamente lo mismo.
Según el documental, dentro de unos tres mil millones de años, el Sol se convertirá en una gigante roja, se "tragará" a Venus y a Mercurio, y arrasará toda forma de vida sobre la Tierra... Más tarde será una enana blanca, se colapsará e implosionará, convirtiéndose en un agujero negro. Pero eso no es más que otra vuelta del infinito. Ni el fin ni la nada tienen papel en esta obra.
Antonio H. Martín (1 de diciembre, 2010)
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Imágenes: - NGC 253 - "Star of the Hero", por Nicholas Roerich ____________________
Un hermoso oasis verdeante y florido miró a su alrededor y no vio en torno a sí otra cosa que desierto; en vano trató de divisar algo igual a sí mismo. Entonces prorrumpió en este lamento:
"¡Ay de mí, infeliz oasis aislado! ¡He de permanecer solo! ¡En ninguna parte hay nada igual a mí, más aún, en ninguna parte hay siquiera unos ojos que me vean y se alegren con mis prados, mis fuentes, mis palmeras y arbustos! Lo único que me rodea es el triste, arenoso, rocoso desierto sin vida. ¡De qué me sirven en este abandono todas mis prendas, bellezas y riquezas!"
Habló entonces su viejo y gris padre, el desierto:
"Hijo mío, si las cosas fueran diferentes, si yo no fuese el triste y seco desierto, sino que estuviese florido, verde y lleno de vida, tú no serías un oasis, un lugar privilegiado, al que ya de lejos ensalzan en sus relatos los caminantes, sino que serías nada más que una pequeña parte de mí y, como tal, algo minúsculo que nadie notaría. Por ello soporta con paciencia lo que es la condición de tus excelencias y tu fama."
Este texto de Schopenhauer me hace pensar... Un oasis sólo existe como tal si está rodeado de desierto. Un oasis, por el hecho de serlo, con su agua y sus palmeras, ha de vivir siempre solo, visitado ocasionalmente por los caminantes que tengan la suerte de encontrarlo. ¿Es esto así, es cierto? Pues parece que sí. Y esa imagen es facilmente extrapolable a la vida humana. Hay muchos solitarios en este mundo desértico, muchos, y algunos brillan como pequeños oasis, y se quejan de sus soledades, de que sus colores, sus voces y su música no los ve ni escucha nadie. Pero es que... son oasis. Y los oasis están para encontrarlos en medio del desierto. Si todo el mundo fuera un oasis, quizá sería demasiado fácil y aburrido. Y si todo el mundo fuera un desierto, estaríamos en un mundo muerto. Al oasis se le llama así, por contraste con el desierto, y viceversa. El cielo nocturno es oscuro, negro, profundo, abismal, pero en él brillan las estrellas. Si todo fuera oscuridad, o si todo fueran estrellas... no existiría la vida. Como siempre, la cuestión anda entre equilibrios, balanzas y armonías. El secreto está en saber cruzar el puente sin caer al río, el secreto está en que si caes al río debes saber nadar. El oasis está en eso, y así, mientras el padre desierto nos mira asombrado, nosotros sonreímos.
Antonio HM.
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-imagen: "Desde el silencio" (sand on the table) por Isidro Castro
Recupero este texto del baúl del cuaderno, de hace más de dos años, porque tiene mucho que ver con mi actual circunstancia personal. A pesar de la edad, la vida me sigue mostrando retos, y este caminante no puede hacer otra cosa que seguirlos. ¿Qué es nuestra vida, si no seguimos su voz?
Este es el consejo que dio el viejo marinero a los muchos que le escuchaban, atentos y en respetuoso silencio, en el muelle del puerto, en aquella mágica hora de un atardecer antiguo:
"Conquistar el paraíso que hay oculto dentro de la vida, saber encontrar ese pozo escondido en el desierto...
Ésta es nuestra más importante misión, y aunque sea una misión ciertamente difícil, en la que tendremos que sortear mil obstáculos y atravesar toda una sombría selva llena de peligros, merece con mucho el esfuerzo de llevarla a cabo.
Si no seguimos esa misión, si no escuchamos la voz de ese reto y no encontramos el coraje para seguirla, nuestra vida no será más que una pálida y miserable sombra de lo que quizá pudo ser.
Tenemos que abrir bien los ojos, para intentar que lo hasta ahora invisible se haga visible, que nos muestre su rostro diáfano y desnudo. Tenemos también que abrir nuestros oídos, para poder escuchar esa música lejana cuya melodía sólo hemos logrado acariciar levemente en algún sueño.
Emprendamos el viaje en busca del tesoro de la vida. Montemos en nuestro frágil barco de madera, despleguemos las velas y zarpemos hacia la mayor de las aventuras.
Y que un buen viento nos acompañe en la travesía, y nos lleve hacia nuestro destino.
La estrella que buscamos está allí, en algún lugar más allá del océano."
Antonio H. Martín (Cuaderno Nocturno, 22 de julio, 2008)
Este cuaderno de bitácora, que suele pasear por la noche, cumple hoy tres años de existencia. Comenzó el 14 de noviembre del 2007, y la verdad es que yo, en principio, no tenía ningún interés en hacerlo, pero un buen amigo me convenció. De lo cual hoy me alegro mucho. Me alegro por dos motivos: el primero es porque me resulta hermoso poder publicar de esta manera abierta, pudiendo acompañar los textos con imágenes escogidas y a veces con música, también escogida, claro. Son sólo adornos, pero me gusta. Y el segundo motivo, el más importante, es haber conocido a tanta gente amable y sensible, amante del arte y de las reflexiones, lo que me ha brindado una perspectiva más interesante del mundo... Muchos han pasado por aquí, muchos se han ido y algunos se han quedado, y entre ellos, hay a quienes considero como mis amigos. No hace falta decir nombres. El tesoro que he descubierto es ese, el de haberos conocido, el de compartir con vosotros escritos, pinturas, fantasías y experiencias. No imaginaba yo hace tres años que entre el laberinto del mundo se movían las espirales de la vida con tanta presencia y tanta fuerza. Que entre las sombras de un mundo aparentemente gris, había tantos caminantes del alma, tantos seres sensibles y buscadores, tantas mentes inquisitivas e inquietas, tantos bebedores de lunas y estrellas... Lo que me da la idea de que este cuaderno ha sido como abrir una ventana a un mundo desconocido para mí. Y lo sigue siendo. Hoy ya no me siento tan diferente como hace tres años. Aunque continuo siendo un lobo estepario, sé que en muchas partes del mundo brillan luces afines, y que la soledad es, efectivamente, una ilusión sin sentido, un cerrar los ojos, una isla absurda en medio de un océano lleno de riquezas ocultas.
Gracias a todos por vuestra amable presencia y, antes que nada, por existir, por ser como sois. Un abrazo, amigos.
La amiga Brujita, desde su blog "El mundo desde mi escoba", nos ha regalado a algunos un galardón... Y habla en él de que lo que más le ha gustado de esta aventura de los blogs es la amistad, el conocer, aunque sea virtualmente, a gente afín, a gente con sentimientos que podía comprender y que le llegaban. Ella lo define como "cosecha de amigos". Su blog (tiene otro, llamado "Haikus frente al espejo"), va a cumplir tres años, o sea que es todo un adulto.
La imagen lleva el título de "Que nuestra luz nunca se apague", y muestra a una media luna abrazando a una pequeña estrella. Que es como decir... que la mirada del sueño ama al destino que la espera, lo cobija, lo nutre, lo besa. Como he dicho siempre... el mundo es mágico.
Caminaba por el campo, cerca del río, como todas las tardes desde hacía ya casi un año, con su libro, sus cigarrillos y sus sueños, que eran como pájaros en su cabeza, quizá como nubes... Solo, como todas las tardes.
El libro era de filosofía oriental y decía cosas fabulosas. Leyéndolo le parecía que se le ampliaba la mente, y todo cuanto veía tomaba un color distinto ante sus ojos. Era consciente de la realidad, del mundo, pero al mismo tiempo se sentía también consciente de otra realidad, de otro mundo... Los árboles no eran sólo árboles, las nubes no eran sólo nubes. Y él mismo no era sólo lo que aparentaba ser.
Caminaba despacio, porque no había ninguna prisa por nada, porque el tiempo le acompañaba en su andar, como si fuera su amigo. Nada tiraba de él desde atrás, y nada le llamaba. Todo parecía estar en su justo sitio. Caminaba siguiendo el ritmo de su respiración, que estaba acompasada con todo lo que le rodeaba. Cuando levantaba la mirada del libro, saludaba sonriente a árboles, flores y piedras, a las nubes y al aire, a las casas y a la hierba. Cada curva del camino era una invitación para seguir, pero sin el empuje del tiempo extraño, sin la tirantez del vacío.
No, no estaba en el paraíso, pero se sentía feliz. Era maravilloso percibir esa música del silencio, ese juego del aire con las formas, esa danza entre sombras y luces, ese baile amable entre la mente y el mundo. Esos besos que se intuían, que casi se escuchaban, como leves susurros... Era como oír el girar de la llave de plata, la que abre la puerta del país del sueño.
Y en eso... vio el brillo. Observó un reflejo de oro sobre el río, que le hizo detenerse. El atardecer, sí, el sol que se iba a iluminar otra parte del mundo y se despedía, pero... Este brillo hizo algo más que dorar las aguas, este brillo le habló, le llamó...
No podemos saber qué es lo que le dijo, ni qué extraña llamada escuchó, pero el caminante dejó el libro sobre la hierba, y el tabaco, y siguió el camino, bordeando el río, hacia el horizonte, hacia la noche. Con la certeza de que nunca iba a volver.
Sólo se llevó sus sueños, su maletín de pájaros y nubes. Y también... su sonrisa.
Antonio H. Martín
(5 de noviembre, 2010)
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- imagen: "Brilliance" (detalle)
- por Gregory Williams