Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AMB







martes, 30 de junio de 2009

La casa sola y vacía



Esto no tiene nada que ver con el Zen, me parece a mí, pero como hoy es el último día de Junio quería despedirme (del mes en que nací) con otra canción.
Ésta la grabé en el 2003, o sea que ya ha llovido, bueno, no tanto, la verdad.
Es una balada que todos conoceréis y que yo canté a mi manera, en una de esas noches con luces de neón y copas doradas...
No quiero con este tema apuntar a nada triste. Ningún amor perdido estaba presente en el momento de cantar, ninguna pena, ni había el más mínimo deseo de olvidar a nadie que no se pudiera olvidar.
Sólo fue un pequeño homenaje al amor. Así, sin adjetivos, sin complementos, sin adornos de ningún tipo.
Me recordó, no sé bien por qué, esa parte de la letra que habla de "la casa sola y vacía" a aquel primer cuento de Julio Cortázar: "La casa tomada".
Tampoco tiene nada que ver una cosa con la otra, pero la mente establece sus relaciones sin importarle la lógica.

Un abrazo.

AC.



domingo, 28 de junio de 2009

El puente



Antes de seguir con otras historias zen, o lo que quiera venir, porque mi ventana sigue abierta y puede entrar cualquier cosa, me gustaría incluir un texto más del maestro Suzuki.
Y aquí está:


EL ZEN, ILÓGICO

"Paso con las manos vacías, y ¡mira!, la azada
está en mis manos;
Yo voy de pie y cabalgo al mismo tiempo a lomos
de un buey;
Cuando paso sobre el puente,
no es el agua la que corre, sino el puente".

Estos versos forman la famosa Gâthâ de Jenye (Shan-hui, 497-569), que generalmente se cita con el nombre de Fudashi (Fu-tai-shih); esta estrofa reproduce un punto de vista fundamental, que comparten los partidarios del Zen. Si bien su contenido no agota en manera alguna las doctrinas del Zen, sin embargo, indica de modo plástico el camino que persigue el Zen. Quien anhele conseguir una visión penetrante en la verdad del Zen -en tanto que ésta sea posible-, deberá aprender en primer lugar a comprender qué es lo que esta estrofa significa propiamente.

Nada parece más ilógico y contradice más la inteligencia sana del hombre que estos cuatro versos. Los críticos se sentirán inclinados a declarar al Zen como absurdo, desconcertante y allende el límite del pensamiento racional. Pero el Zen permanece inflexible y se niega a admitir que el llamado entendimiento sano del hombre, tal como contempla las cosas, tenga la última palabra; antes bien, él declara que la razón que nos hace posible obtener un conocimiento penetrante de la verdad se remonta a la búsqueda irracional de una interpretación "lógica".
Si nosotros queremos buscar seriamente en el fundamento o razón de la vida, entonces tendremos que sacrificar las conclusiones lógicas usuales y que nos son tan queridas y abrirnos un nuevo camino de la meditación, en la que nosotros huyamos de la tiranía de la lógica e igualmente de la parcialidad de nuestro uso corriente del idioma.

Por muy paradójico que pueda parecer, el Zen insiste en que nosotros debemos mantener la azada en las manos vacías y en que no es el agua, sino el puente, el que fluye por debajo de nuestros pies.


D. T. Suzuki

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- Del libro "Introducción al Budismo Zen"
- (traductor desconocido)
- Ed. Mensajero, 1972

Verano



Y entre una y otra historia zen, me parece bien un intermedio musical, un interludio. El tema, del amigo Antonio Vivaldi, se titula "Verano", de su famosa obra Las Cuatro Estaciones, pero creo que aparte del calor y la pasión, es una música refrescante. Para mí que la compuso una noche que corría la brisa, y un aroma de amapolas entró por su ventana...
Sólo me queda añadir un ¡Viva Vivaldi!

AC.


jueves, 25 de junio de 2009

Notas sobre el Zen




Con el objeto de echar luz sobre algunos de los aspectos que aquí se han comentado someramente sobre el Zen, me permito incluir aquí unas cuantas notas. Pero en este caso el autor no soy yo, que disto mucho de ser un entendido en la materia, sino que acudo a Daisetz Teitaro Suzuki, maestro zen y escritor, que fue nada menos que el divulgador del Zen en Occidente.
Las notas son citas escogidas por mí de su obra Die Grosse Befreiung (La Gran Liberación), concretamente párrafos del segundo capítulo, titulado "¿Qué es el Zen?".
Este libro, que aquí se publicó con el nombre de "Introducción al Budismo Zen", está prologado por el prestigioso psicoanalista Carl Gustav Jung, y es toda una joya que sirve efectivamente de introducción, al menos teórica, al fascinante mundo del Zen.
El maestro Suzuki (1870-1966) escribió muchos libros sobre Zen, intentando siempre explicar algo tan incomprensible para nuestra mente occidental como es el sentido del Zen, en términos que pudiéramos entender. Parece que siempre lo más sencillo es lo más difícil de explicar, pero él, ya digo, lo intentó durante muchos años, y creo que fueron bastante significativos sus logros a este respecto.
Entre sus amigos, gente que le admiraba y respetaba se encuentran, aparte del mencionado Jung, Hermann Hesse, Erich Fromm y Alan Watts.
Y paso ya a dejar al maestro que nos hable sobre el Zen...

AC.

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¿QUÉ ES EL ZEN?

por Daisetz Teitaro Suzuki


... Hemos afirmado que en el Zen cristaliza toda la filosofía del Oriente, pero esto no quiere decir que el Zen sea filosofía en el sentido corriente de la palabra. El Zen no es un sistema que se base en lógica y análisis. Si él algo es, es lo contrario de la lógica, bajo la cual yo entiendo el modo dualista de pensar. Bien es verdad que en el Zen puede hallarse un elemento intelectual, pues el Zen es el espíritu en su condición de un todo, y en él tienen cabida muchas cosas. Pero el espíritu no es algo compuesto, que pueda dividirse en tantas y tantas capacidades sin que después de esta desmembración quede algo de sobra.
Ni el Zen tiene nada que enseñarnos por la vía del análisis intelectual, ni contiene dogmas fijos que deberán aceptar sus adeptos. En este aspecto el Zen es totalmente caótico, por así decirlo. Probablemente, los seguidores del Zen tendrán una serie de dogmas o teorías, pero ellos los tienen por su propia cuenta y en su propio interés, no se lo deben al Zen.
Así, en el Zen tampoco existen libros sagrados, ni doctrinas dogmáticas, ni cualesquiera fórmulas simbólicas, que pudieran hacer accesible la esencia del Zen. Si se me preguntara qué enseña el Zen, yo debo responder que el Zen no enseña nada. Las doctrinas que se dan en el Zen proceden del propio interior de cada uno. Nosotros mismos somos nuestros maestros; el Zen sólo muestra el camino. Puede que esta orientación sea una doctrina, pero en el Zen no existe nada que pueda calificarse de doctrina fundamental o base filosófica.

En la meditación, una persona ha de concentrar sus pensamientos en alguna cosa, por ejemplo, en la unicidad de Dios o en su amor sin límites, o en la caducidad de las cosas. Pero el Zen quiere evitar precisamente esto. Lo que el Zen persigue con todas sus fuerzas es la consecución de la libertad, y en concreto, la libertad respecto a todos los obstáculos no naturales.
La meditación es algo impuesto artificialmente, no respondiendo a la postura natural del espíritu. ¿Sobre qué medita el pájaro en el aire o el pez en el agua? El pájaro vuela, el pez nada. ¿No es esto suficiente? ¿Quién quisiera fijar su espíritu en la unidad de Dios o del hombre? ¿O en la nulidad de esta vida? ¿Quién quiere o desea ser estorbado en las manifestaciones cotidianas de su voluntad de vivir por meditaciones, por ejemplo, acerca de la infinita bondad de un ser divino o el fuego perpetuo del infierno?

Algunos afirman que el Zen es una forma de la mística y, por lo tanto, no puede reivindicar o pretender ser original en la historia de las religiones. Puede ser, pero el Zen es una mística de peculiar índole. Es místico en el sentido, por ejemplo, en que el sol brilla, la flor crece lozana, o en que yo oigo que uno redobla el tambor ahí fuera. Si éstas son realidades místicas, entonces el Zen se halla repleto de tal clase. Cuando un maestro del Zen fue preguntado en cierta ocasión qué es el Zen, respondió: "Vuestros pensamientos de todos los días". ¿No es esto claro y auténtico?
El Zen no tiene nada en común con espíritu sectario de cualquier clase. Los cristianos pueden practicar el Zen igualmente que los budistas, exactamente igual que en el mismo océano viven peces grandes y pequeños. El Zen es el océano, el Zen es el aire, el Zen es la montaña, el Zen es el trueno y el relámpago, la flor primaveral, calor de verano y nieve del invierno; ciertamente más que esto, el Zen es el hombre.

Bajo todas las formalidades, tradiciones y superestructuras que se han acumulado en su larga historia, en el fondo pervive este aspecto esencial del Zen. Su mérito principal radica en el hecho de que nosotros somos capaces de penetrar en esta realidad última sin desviación alguna.
Como ya quedó dicho anteriormente, la originalidad del Zen, tal como se practica en el Japón, se basa en la disciplina sistemática del espíritu. El misticismo habitual resulta demasiado excéntrico, porque se encuentra demasiado apartado de la vida cotidiana; aquí el Zen ha aportado una transformación. Lo que en otros tiempos habitaba en el cielo, el Zen lo ha traído a la tierra. Con el desarrollo del Zen la mística perdió lo místico, ya no sigue siendo el producto salido del esfuerzo de una naturaleza especialmente dotada. Pues el Zen descubre su esencia en la vida trivial y sin acontecimientos del hombre corriente de la calle, aprehende el hecho de la vida en medio de la vida, tal como ella acontece.

El Zen educa sistemáticamente al espíritu para ver esto. Abre el ojo del hombre en relación al misterio máximo, que se desarrolla a diario y de hora en hora; expande al corazón de manera que es capaz de rastrear la eternidad del tiempo y la inmensidad del espacio; nos brinda una vida en el mundo, como si camináramos en el jardín del Edén; y todos estos hechos espirituales se desarrollan sin refugiarse en una doctrina, sino aferrándose de manera sencilla y directa a la verdad, que habita en lo más íntimo de nuestro ser.


D. T. Suzuki

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- Del libro "Introducción al Budismo Zen"
- Ed. Mensajero, 1972



Hakuin



¿ES ASÍ?


El maestro Zen Hakuin (1) era conocido entre sus vecinos como aquél que llevaba una vida pura.
Una jovencita japonesa muy atractiva, cuyos padres regentaban una tienda de comidas, vivía cerca de su casa. Una mañana repentinamente, los padres descubrieron con espanto que la muchacha estaba embarazada.
Esto puso a los tenderos fuera de sí. La joven, al principio, se negaba a delatar al padre de la criatura, pero después de mucho hostigarla y amenazarla acabó dando el nombre de Hakuin.
Muy irritados, los padres fueron en busca del maestro.

"¿Es así?", fue todo lo que él dijo.

Al nacer el niño, lo llevaron a casa de Hakuin. Por entonces éste había perdido ya toda su reputación, lo cual no le preocupaba mucho, pero en cualquier caso no faltaron atenciones en la crianza del niño. Los vecinos daban a Hakuin leche y cualquier otra cosa que el pequeño necesitase.
Pasó un año, y la joven madre, no pudiendo resistir más, confesó a sus padres la verdad: que el auténtico padre del niño era un hombre joven que trabajaba en la pescadería.
La madre y el padre de la chica fueron en seguida a casa de Hakuin para pedirle perdón. Después de haberse deshecho en disculpas, le rogaron que les devolviese el niño.

Hakuin no puso ninguna objeción. Al entregarles al pequeño, todo lo que dijo fue: "¿Es así?".

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(1) Uno de los máximos exponentes de la escuela Rinzai (1685-1768), al cual se debe en gran parte el desarrollo del sistema koan en el Japón.
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- Del libro "Carne de Zen - Huesos de Zen"
(antología de historias antiguas del budismo Zen)
- Traducción y notas de Ramón Melcón López-Mingo
- Editorial Swan, 1979

martes, 23 de junio de 2009

La taza de té



(Como se ha hablado aquí, comentando el último texto, de "lleno" y "vacío", me ha parecido bien continuar con esta breve historia zen, que habla precisamente de lo mismo, y en la forma concentrada y directa que caracteriza al espíritu zen.)


LA TAZA DE TÉ

Nan-in, un maestro japonés de la era Meiji (1868-1912) recibió cierto día la visita de un erudito, profesor en la Universidad, que venía a informarse acerca del Zen.
Nan-in sirvió el té. Colmó hasta el borde la taza de su huésped, y entonces, en vez de detenerse, siguió vertiendo té sobre ella con toda naturalidad.
El erudito contemplaba absorto la escena, hasta que al fin no pudo contenerse más.

"Está ya llena hasta los topes. No siga, por favor".

"Como esta taza," dijo entonces Nan-in, "estás tú lleno de tus propias opiniones y especulaciones. ¿Cómo podría enseñarte lo que es el Zen a menos que vacíes primero tu taza?".


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- Del libro "Carne de zen - Huesos de zen"
- Traducción de Ramón Melcon López-Mingo
- Editorial Swan, 1979

domingo, 21 de junio de 2009

El bote vacío



EL BOTE VACÍO

por Chuang Tse


Aquel que gobierna sobre los hombres vive en la confusión.
Aquel que es gobernado por hombres vive en el dolor.
Por tanto, Yao deseaba
no influir en los demás
ni ser influido por ellos.
El camino para apartarse de la confusión
y quedar libre del dolor
es vivir en el tao,
en la tierra del gran vacío.

Si un hombre está cruzando un río,
y un bote vacío choca con su esquife,
por muy mal genio que tenga
no se enfadará demasiado;
pero si ve en el bote a un hombre,
le gritará que se aparte.
Si sus gritos no son escuchados, volverá a gritar,
una y otra vez, y empezará a maldecir.
Y todo porque hay alguien en el bote.
No obstante, si el bote estuviera vacío,
no estaría gritando, ni estaría irritado.

Si uno puede vaciar su propio bote,
que cruza el río del mundo,
nadie se le opondrá,
nadie intentará hacerle daño.

El árbol derecho es el primero en ser talado,
el arroyo de aguas claras es el primero en ser agotado.
Si deseas engrandecer tu sabiduría
y avergonzar al ignorante,
cultivar tu carácter
y ser más brillante que los demás,
una luz brillará en torno a ti
como si te hubieras tragado el Sol y la Luna:
no podrás evitar las calamidades.

Un hombre sabio ha dicho:
"Aquel que está contento consigo mismo
ha realizado un trabajo carente de valor.
El éxito es el principio del fracaso.
La fama es el comienzo de la desgracia."

¿Quién puede liberarse del éxito
y de la fama, descender y perderse
entre las masas de los hombres?
Fluirá como el tao, sin ser visto,
se moverá con la propia vida
sin nombre ni hogar.
Él es simple, sin distinciones.
Según todas las apariencias, es un tonto.
Sus pasos no dejan huella. No tiene poder alguno.
No logra nada, carece de reputación.
Dado que no juzga a nadie,
nadie lo juzga.
Así es el hombre perfecto:
su bote está vacío.


Chuang Tse

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- De "El Camino de Chuang Tzu"
- Versión de Thomas Merton
- Editorial Debate, 1999