Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AHM







martes, 17 de noviembre de 2015

La ventana




    Una noche de invierno, mientras caía una intensa helada y las estrellas titilaban en un cielo nítido, expresivo, susurrante e invocador, decidió liarse la manta a la cabeza y tirar su casa por la ventana. Y se marchó persiguiendo un sueño. Uno muy atractivo y brillante que le pareció ver moviéndose, como danzando, entre las sombras de la lejanía. La casa cayó en las aguas de un frío y oscuro lago y se hundió. Para siempre. Más tarde, ocurriría lo mismo con su sueño.
    Hoy, en medio de una tierra desconocida, entre extrañas voces y vacíos silencios, sólo le queda... la ventana. Suspendida misteriosamente en medio de la nada, sujeta por hilos invisibles, como encantada por la luna. 


Antonio H. Martín
(17 de noviembre, 2015)


          
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imagen: del vídeo "El flautista de Hamelin" (1985)
música: Four Last Songs - Richard Strauss
    (poemas: Hermann Hesse, Joseph von Eichendorff y otros)
    (soprano: Elisabeth Schwarzkopf)
    (director: George Szell)

    

4 comentarios:

  1. La bonita mentira de cada día
    no engaña a nadie, pero ayuda a vivir, y exalta.
    No pido más.

    Amanece inundando.
    Los pájaros cantores
    cierran los circuitos eléctricos del día.
    ¡Es la belleza, es la vida!
    La cabeza se enciende como una bombilla
    a unos doscientos voltios de normal poesía.
    ¿Es la belleza? No sé.
    Es el mundo habitual de la pereza
    donde mis números sirven,
    mis distancias miden,
    mis ideas cuentan,
    no se funde el aparato que en mí versifica.
    ¿Es la vida?
    Sé que hay otra
    más real, más escondida, menos mía,
    pero ésta es mi alegría, mi mentira,
    y los átomos me dejan de momento
    que viva en mi fantasía,
    es decir, en lo vulgar
    del día que es tan sólo un cada día
    sin más, normal,
    fabulosamente real.

    Gabriel Celaya

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    1. De acuerdo, amiga Jota. Nadie dice aquí lo contrario.
      Además, perseguir un sueño no tiene por qué ser algo extraño y fabuloso. Hay buenos sueños que son, en la forma y en el fondo, de lo más normal, y que no buscan horizontes lejanos sino otros muy cercanos... Dentro de esa "normalidad" puede hallarse un tesoro de vida. Por supuesto que sí.
      No se trata de salir volando y de construir la casa sobre una nube, sino de saber vivir intensa y profundamente el momento presente, por muy vulgar que nos pueda parecer. La magia está en transformar el sentir de esos momentos. No en convertirlos, mediante algún proceso alquímico, en otra cosa, sino en saber penetrar la esencia del momento y en conseguir danzar con él armónicamente. Sin que tenga que haber en ello ningún doble sentido, ningún afán de trascendencia.
      Esto me recuerda a la respuesta que dió un antiguo maestro zen a la pregunta de en qué consistía la iluminación... El maestro contestó simplemente que cuando tenía hambre comía, cuando tenía sed bebía y cuando tenía sueño dormía.
      Esa "bonita mentira de cada día" que mencionas, puede convertirse en una preciosa verdad, sin necesidad de cambiar nada ni de buscar extraños fondos ocultos. Como he dicho a menudo, tan sólo hay que saber mirar. Entonces se descubre que "la vida es bella"... Muchas veces terrible en su forma, pero con un valor intrínseco que merece la pena conocer y experimentar, por muchas que sean las sombras que se crucen en nuestro camino.

      Gracias por el poema de Celaya.
      Un saludo.

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  2. Buenísimo relato, Antonio.
    Brilla especialmente por su brevedad, pero es muy triste.
    Me encanta el rol que juega esa ventana, siempre "abierta, por si viene el pájaro del sueño".
    Saludos cálidos desde México, Amigo

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    1. Gracias, amiga Liz.
      Breve sí que es, sí, pero... ¿triste? La presencia de esa ventana "suspendida misteriosamente en medio de la nada" es precisamente el contrapunto que quita hierro al asunto y disuelve la tristeza. Sin ella todo sería negrura pero, gracias a alguna inefable magia de la vida, sigue ahí. Y eso hace que entre la luz necesaria para que a pesar de todo lo perdido el caminante pueda seguir su camino.

      Un abrazo, estimada pintora de sueños.

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