Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AHM







domingo, 5 de enero de 2014

El país del vacío



    Cuentan atrevidos viajeros que allí han estado, que el país del vacío es un lugar gélido, yermo, silencioso y oscuro. Pero que encontraron, a pesar de eso, unas cuantas ciudades, exiguas y medio desiertas, salpicando su accidentado paisaje. En ellas, entre una atmósfera de desinterés y abandono, enrarecida con el polvo del absurdo, viejas casas de piedra se inclinan y retuercen en ángulos grotescos, como bajo el peso de un tiempo sombrío que es mejor olvidar; y tras sus ventanas cuelgan tupidas y sucias cortinas que nadie abre jamás, porque parece ser que sus dueños prefieren no querer ver ni ser vistos.
    Los hombres y mujeres que lo habitan y caminan por las calles de esas ciudades, entre extraños árboles sin hojas ni pájaros, se asemejan a pálidas figuras de un antiguo teatro, lúgubre y fantasmal, donde no hay ya voces, luces ni aplausos, cuya función terminó hace mucho, donde todo está apagado, cerrado, muerto.  
    Dicen quienes lo han visitado (algunos por curiosidad y los más por extravío), que no hay nunca una música que navegue por las ondas de su húmedo y viciado aire, y si alguna lo intenta es inmediatamente rechazada, acallada, o se la hace prisionera y se la convierte en ruido.
    Hay como un muro gris, taciturno, que impide el color de la risa, una pared de niebla triste y opaca. Si alguien se atreve a reír, su gesto queda enseguida deformado en burla o en locura. Y las palabras, todas las palabras, suenan siempre huecas, como simples ecos errantes de la sombra.
    Las miradas se pierden en esa tierra sin luz, como aves ciegas, que no saben de nubes ni horizontes, y se vuelven hacia dentro, a un abismo sin estrellas, angosto y frío, donde el pensar da vueltas en una noria infinita que no va a ninguna parte.
    
    Pero algunas noches puede verse en su cielo la cara de una luna que sonríe...

    Es entonces, si se presta la suficiente atención, cuando es posible escuchar el rumor cálido y sutil de historias que confortan, en las que se pronuncian sonoros nombres olvidados, como de leyenda, y se narran hechos entrañables llenos de vida, maravillosos a veces, en un susurro que, traído por la brisa, acaricia al viejo corazón con la seda de sueños lejanos.
    En esas noches distintas, envueltas en una claridad inquietante, pero evocadora y amable, se sienten, a veces, fuertes deseos de embarcar, asido a uno de esos cuentos, y viajar así mágicamente hacia la misma luna, o hacia donde ella lo indique.
    Según cuentan, algunos lo hacen y se van. Dicen éstos entonces, montados ya en el grácil barco de aire, mientras éste comienza a moverse sobre las aguas del sueño, más allá del límite de la bruma, que escuchan de nuevo la música perdida, que el alma de las buenas cosas los llama desde el brillo cómplice de la luna, y que un duende invisible de aguda mirada les acompaña.
    Después, agitando la mano en señal de despedida, sonriendo, extrañamente contentos, desaparecen de la vista, atravesando la delgada y fulgente grieta que hay entre los mundos. Y nunca más se les vuelve a ver. En el aire sólo queda el eco de su risa y el seductor aroma de la aventura en ese momento iniciada...

    Me pregunto, en esta hora nocturna y tranquila, mientras recuerdo lo que escuché contar sobre ese triste país:
    ¿Se atreverán los demás, alguna de esas noches, a seguir los osados pasos de aquellos que se fueron? ¿A ir tras la estela de su última risa y abandonar así, para siempre, la oscura y helada tierra del vacío? 


Antonio Martín Bardán
(5 de enero, 2014)
       
   


7 comentarios:

  1. Bellísima historia Antonio

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  2. Siempre hay un momento para atravesar, esa fulgente grieta de los mundos que late en nuestro interior y escuchar nuestra propia melodía.

    Estoy con el Anónimo, bellísimo tu 'nocturno', Antonio.

    Te dejo esta música para el viaje:

    Shajan

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    1. Así parece, amiga Crystal, y menos mal que así es, porque si no...

      Me alegro de que te guste. No diría yo que es "bellísimo", pero disfruté mucho escribiéndolo.

      La música de Shajan (que no conozco), me la he descargado y la escucharé luego tranquilamente en casa.
      Gracias por el regalo.

      Un abrazo, Hada.

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    2. Precioso "balance cósmico" el de Shajan. Con su música escribí anoche la siguiente entrada de "La madre magia".

      Gracias de nuevo, Crystal.

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  3. Hermoso leerte, gracias por compartir.

    Saludos

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    1. Gracias a ti por tu visita, Suspiros. Me alegro de que te guste.

      Un saludo.

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