Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AHM







martes, 23 de julio de 2013

Palabras en la noche



    «Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche, nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado...» 

Jorge Luis Borges
("Las ruinas circulares")


    En algunas ocasiones me encuentro con que algún buen amigo me critica, en el sentido de no valorar lo que escribo, no porque no le guste sino porque afirma que son meras palabras, que poco tienen que ver con mi vida real. Críticas así deberían desanimarme, pero no lo hacen, porque sé muy bien desde dónde escribo, en qué estado me encuentro cuando lo hago. Y aunque diga entonces cosas que parecen no tener relación con mi cotidianidad, sé que escribo desde la verdad, que no estoy inventando nada, que cuando escribo soy, efectivamente, el que escribe y no otro.
    No tendría ningún sentido para mí escribir desde la falsedad. Una escritura ficticia no hubiera sobrevivido tanto tiempo. Escribo cuando en mi mente se da eso que gusto en llamar "claridad", que no es sino un pensamiento más o menos coherente que viene a aclarar cualquier cuestión que hasta entonces estaba oscura. Cuando tengo esa claridad, intento expresarla en palabras y así surgen, con mayor o menor fortuna, mis escritos, que en principio tienen el efecto de dibujar un puente de razón en medio de las brumas de lo aparentemente caótico.
    Nadie me ve desembarcar en esa unánime noche, ni ve cómo mi canoa se hunde en el mar del inconciente, nadie excepto yo mismo. Por supuesto, es en la soledad donde ocurren estas cosas, no podría ser de otra manera. Desde ahí escribo. Y lo escrito, al volver a leerlo, muchas veces me sorprende. Puede incluso suceder que, al cabo de un tiempo, no sepa bien lo que he querido decir, o no acierte a comprender por qué lo he dicho. Porque en ocasiones las claridades son fugaces, y ya no se encuentra uno en el mismo lugar en que estaba cuando lo escribió. 
    Es por eso por lo que mi buen amigo puede llegar a la conclusión de que no hay una relación directa y consistente entre lo escrito y lo vivido. Así somos algunos caminantes, algunos viajeros del espíritu y el pensamiento: olvidadizos, inconstantes. No es por frivolidad por lo que damos una apariencia de certeza a una idea y al día siguiente hacemos lo contrario. Es porque ya no recordamos, más que en teoría, esa idea, porque ya no tenemos, no sentimos la claridad de ayer.
    Al igual que cuando uno se despierta en medio de un buen sueño, e intenta continuarlo... Resulta muy difícil, porque los sueños se nos escapan entre la niebla del despertar, y las fuertes luces de la vigilia ciegan el frágil y hermoso brillo del sueño. Nos esforzamos por volver, buscamos la postura en que estábamos, para que el cuerpo se recoloque y recuerde el lugar donde se encontraba, en un intento de que la conciencia regrese a ese sitio... Pero sólo muy raras veces lo conseguimos. 
    Así pues, he de decirle a mi amigo que ya me gustaría seguir al pie de la letra mis propias instrucciones, y aplicarme el cuento, pero que eso no siempre es posible. Para volver a sentir aquella claridad que tuvimos una intensa noche, no queda sino viajar de nuevo. Y para eso hay que esperar a que el viento sea propicio.
    De modo que, por el momento, habrá que seguir soportando esa visión de mis anteriores escritos como bloques de palabras, congelados en el tiempo, sin aparente relación con la vida. La aventura necesaria, el extraño en la cocina y la luz inclinada seguirán siendo tan sólo cuadros de una galería inánime.
    Pero, seguro que cualquiera de estas noches, cuando se disuelva lo umbrático y la mirada del sueño recupere su aliento... 


Antonio Martín Bardán    
(23 de julio, 2013)


—dedicado a C.S.—  
     

8 comentarios:

  1. pues la claridad de tu mente ha dejado en claro que tienes suficiente destreza al escribir
    saludos

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    1. Gracias, Omar.
      Siempre que te acercas por aquí es para dejar un comentario positivo. Lo de la "destreza" supongo que lo dan los muchos años de lectura y escritura. Pero aún me considero muy insuficiente.

      Saludos, amigo poeta.

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  2. Si todo escritor escribiera solo como es en su vida cotidiana, nadie escribiría ni nadie hubiera hecho las maravillas de novelas, libros o poemas que hay en este mundo.
    Creo que la imaginación es lo único que nadie nos puede atar ni poner cadenas, así que la persona que es rica en imaginación tiene un gran mundo interior que nada tiene que ver con su vida....y es muy afortunada pudiendo vivir otra vida paralela a la suya.
    Me encanta leerte, sea o no tu vida.
    Besines

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    1. Sí, amiga Malú, cuando uno escribe lo hace desde otra esfera íntima, que muchas veces poco tiene que ver con la cotidianidad. Pero eso no le resta valor. Esa vida interior, esa vida paralela, como la defines, es tanto o más valiosa que la que se ve desde afuera. De hecho, dice mucho más de nosotros mismos que cualquier evento o circunstancia de los que nos suceden en la vida exterior.
      Dices que te encanta leerme, y eso ya es mucho para mí. Y sí, amiga astur, se trata de mi vida.

      Un besín, desde la vecina Cantabria.

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  3. Uno, yo el primero, se busca las coartadas que precisa, para justificar la propia y natural incoherencia de todo ser humano, lo que nunca justificará esa falta de conexión entre lo que decimos o escribimos con lo que hacemos. Aceptar, reconocer, incluso intentar explicar eso, como es el caso en tu texto, es totalmente legitimo, pero... no resuelve el vacío de nuestra incongruente dualidad.
    Goldmundo y Narciso, deben de fundirse alguna vez, también en la cotidianidad, no solo en el éter de una "claridad", aunque sólo sea porque ambos merecen encontrar ese preciado equilibrio del que tantas veces haces gala en este magnífico Cuaderno. Pero tú sabes bien que respeto tu camino profundamente.

    Gracias por la dedicatoria y te dejo un gran abrazo.

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    1. ¡Hombre, Sir Charles en persona!
      Gracias por pasarte, amigo crítico, y gracias por tu comentario, con el que no puedo menos que estar de acuerdo, por supuesto.
      Sólo una cosita, amigo: que no estoy intentando justificar nada. Mi texto es sólo el pobre abrazo del náufrago al tablón que se encuentra en medio del océano.
      Por descontado que uno lo que desea, busca y ansía es esa coherencia. Y no he perdido la esperanza de que algún día Narciso y Goldmundo se den un fuerte abrazo, y se fundan ya para siempre. Pero, mientras tanto, hay que nadar en las aguas que tocan.
      Equilibrio, armonía, coherencia... Ese es el lenguaje de la magia, amigo. Y yo tan sólo soy un aprendiz de mago.
      Muchas gracias por tu visita y comentario, viejo camarada. Quiero que sepas que tus críticas son siempre muy bien recibidas por este viejo lobo, porque sé que están hechas desde el corazón.

      Un fuerte abrazo, querido amigo.

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  4. Yo también creo, como tu amigo, que debemos intentar encarnarnos en la mejor versión de nosotros mismos, el mayor número de veces posible. Pero en todo caso, agarrado al tablón o no.. si nadas... intenta que sea hacia la orilla que más te guste :)

    Y aunque nadie dijo que fuera fácil, está claro, que sólo esa actitud de intentarlo una y otra vez, es la que nos llevará a buen puerto.

    Te deseo mucha suerte, caminante.

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  5. De acuerdo, amiga Crystal. Así debería ser: intentar siempre la mejor versión de nosotros y las más de las veces. Pero de momento lo único que hago es nadar asido a ese tablón (hacia una amable orilla, sí, jeje).
    En esto, como en todo, pero en esto aún más, hay que ser obstinado, si queremos conseguir aquello que anhelamos. Porque parece haber como una tendencia al olvido, incluso, a veces, al abandono. Ser obstinados, aunque nos demos una y otra vez contra la misma pared. Hasta que esa pared deje de serlo y se nos abra el camino oculto.

    Gracias, amiga hada. Un abrazo.

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