Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AHM







martes, 12 de marzo de 2013

La caricia del aire



  Estaba dando uno de mis habituales paseos por el campo, un tanto enfadado conmigo mismo por haberme levantado demasiado tarde y haber desperdiciado la mañana. Quejándome del nuevo viento frío y de las nubes que amenazaban lluvia, cuando hacía tan sólo dos días se había empezado a sentir como una incipiente primavera. Y pensaba en esos momentos, no recuerdo bien por qué, en los supuestos beneficios de una adecuada respiración... Me decía, por ejemplo, que un experto en yoga me podría indicar el necesario método a seguir para respirar correctamente y relajar los nervios, pero que eso me sonaba sólo a meros alivios superficiales, a "aspirinas" que no iban al problema de fondo.
  Y entonces, inesperadamente, me encontré frente a una visión singular: uno de los pequeños prados circundantes no había sido segado y en él se mostraban aún las altas hierbas. El aire, ese mismo aire frío que antes me molestaba, pasaba sobre él en esos instantes y lo hacía moverse de forma sinuosa, amable, casi musical. Era como si lo acariciara... Convirtiendo a ese prado en una susurrante laguna de agua verde y sedosa, con ondas danzantes que atraían la mirada, por donde parecían nadar sueños olvidados de la infancia... Me quedé observándolo durante unos minutos, y eso me cambió el estado de ánimo. Es curioso, me dije, que un "simple efecto estético", como diría un escéptico, tuviese el poder de reconciliarme conmigo y con el mundo en esa helada e intempestiva mañana del postrero invierno. Pero así fue, y volví a casa contento y con una media sonrisa, en calma, sin tensiones, gracias a ese fortuito encuentro, a esa pequeña alegría, a esa inesperada caricia del aire.
  Me acordé entonces de las palabras de Séneca, cuando, hablando de "la humana locura", decía aquello de que... "A muchos los retiene el sentimiento de la suerte ajena o la queja de la propia; a los más, que no persiguen ningún fin claro y seguro, una frivolidad tornadiza, mudable y descontenta de sí misma les lleva a cambiar continuamente de propósito; a algunos no les agrada ninguna orientación que puedan dar a sus vidas y la hora fatal los encuentra mustios y dando bostezos, de manera que no cabe dudar de la verdad de aquello que, como un oráculo, dejó dicho el mayor de los poetas: 'De la vida es escasa la parte que vivimos'. Porque todo el espacio restante no es vida, es mero tiempo."
  Así es, pensé. El espacio que no vivimos es "mero tiempo", un tiempo sin historia, vacío, sin luz, en el que casi todo se nos torna en motivo de queja. Menos mal que, a veces, algo se nos abre en la mirada y podemos ver en el simple movimiento de la alta hierba de un prado bajo el efecto de la brisa, una amable y ensoñadora caricia del aire...


Antonio H. Martín  


4 comentarios:

  1. cuántos "gustos" tiene el relato del sinsabor, miel y porqué no almendrado casi amargo
    .
    ello, si podemos definir un relato según el gusto que provoca la palabra y su concepto
    .
    saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues sí, Omar, hay muchos y distintos sabores en ese relato. Seguramente cada ser tiene su forma propia y peculiar de vivirlo y de sentirlo. La mía es tal y como la describo en este breve texto. Aunque no siempre es exactamente igual. Varían el tono y los matices, dependiendo de qué tipo de encuentro o desencuentro tenga ese día...

      Gracias por tu visita. Saludos.

      Eliminar
  2. Una verdadera epifanía. Muy lleno de vida de verdad, con todos sus matices. Muy bello. Una caricia al alma tuya este aire, un alma que siente hondo y a la de quien te lee, que vibra a través de la tuya.

    Un abrazo, amigo Antonio.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, amiga Fer, una especie de pequeña epifanía, envuelta en algo tan simple y aparentemente trivial como el roce del aire sobre la hierba de un prado. Pero es que a veces las cosas más sencillas pueden esconder tesoros insospechados.
      Me alegra saber que mis letras te han hecho sentir también esa caricia.

      Un abrazo de aire.

      Eliminar