Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AHM







viernes, 30 de noviembre de 2012

La jaula es uno mismo




Mi relación con el conocimiento es muy particular. Soy de los que "saben" y luego, con demasiada facilidad, "olvidan"... Quiero decir que aquellas cosas que se supone sabía, dejo de saberlas tiempo después. No porque se me borren de la memoria, sino porque dejo de "sentirlas". Pierdo el contacto directo con ese saber, con esa verdad, y entonces es como si para mí dejara de existir, porque ya no interactúa con mi vida. Los sentidores somos así: poco racionales y muy poco prácticos.
Pero, afortunadamente, cuando menos lo espero, vuelven esos raros momentos que me gusta denominar "claridades", y entonces vuelve a mí el conocimiento perdido, en esa forma directa y sentida que te cambia la mirada.
Hoy, por ejemplo, he vuelto a saber lo siguiente: que es del todo contraproducente e insoportable estar siempre pendiente de las propias cuitas, de ese entramado personal de los problemas cotidianos. He vuelto a saber que la jaula es uno mismo. Que el laberinto y la telaraña que a veces nos detiene y aprisiona lo configura la propia mente.
Un exceso de atención, una fijación de la mirada hacia lo estrictamente personal, puede convertirse en obsesión y ensuciar nuestra visión, hasta el punto de que todo lo que vemos es un reflejo de nuestros conflictos internos. Lo cual nos da una imagen muy distorsionada de la realidad.
Y esta claridad, nueva y vieja, me lleva a una necesidad diferente, que tenía aparcada desde hace tiempo. Necesitamos desprendernos de ese mal vicio que deforma nuestra visión. Alejarnos de nosotros mismos nos dará una visión mucho más amplia, y sólo entonces veremos las salidas que antes, desde dentro de la propia jaula, no veíamos.
Abrir los brazos al aire nuevo de días nuevos, ensanchar nuestra mirada, cubrir otros horizontes, besar esos sueños que aún caminan cerca, invisibles para quien no sabe mirar, pero que están a nuestro lado, con pasos suaves y brillantes, con sus voces, sus sonrisas, su música, sobre las veredas que flanquean las horas de los días engañosamente vacíos.
Hay que salirse de uno mismo. Esa es la única manera de salir de la jaula. La vida, la madre vida, nos espera...


Antonio H Martín


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imagen: Amazing rocks - BIG (blog de imágenes gratuitas)
música: So Long Ago, So Clear (Vangelis & Jon Anderson)

martes, 20 de noviembre de 2012

Los límites de la jaula

 
 
Sigo buceando en mi baúl, en los viejos papeles, y me he encontrado con algo que escribí un día como hoy, de hace veinticinco años, y que decía así:

  "Me doy cuenta de que siempre escribo lo mismo, con palabras más o menos diferentes, pero que expresan siempre lo mismo. Siempre dando vueltas al mismo tema, al mismo problema. Así es mi vida. No escribo nada distinto porque mi vida nunca es distinta, siempre es igual, un lento y pesado caminar en círculo, bordeando los límites de la jaula, arañando sus paredes. Y, después de todo, he de sentirme agradecido, porque a pesar de los años transcurridos en esta jaula aún me quedan uñas para seguir arañando, aún me queda el alma para seguir soñando. ¿Y quién sabe lo que pasará mañana o pasado mañana? No hay ninguna jaula que dure para siempre, ninguna noche que sea eterna, ni siquiera la del espíritu, ni siquiera la de este pobre loco, este caminante perdido y confuso que ahora escribe estas líneas para no ahogarse del todo, para mantener tensa la última cuerda, para guardar el último sueño."

Diario de un obstinado
(20 de noviembre, 1987)
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Resulta un tanto patético comprobar hoy que, cuando las circunstancias vuelven a golpear, uno sigue reaccionando de la misma forma. Eso viene a decir que no he aprendido gran cosa, o que lo aprendido ha sido olvidado. Esto de la jaula es algo que vuelve una y otra vez, y es así porque sus límites aún no han sido traspasados, no de un modo definitivo. Ha habido salidas y escapes, sueños maravillosos que han sido felizmente vividos, pero parece que siempre, cuando las cosas se tuercen, vuelve uno a estar atrapado dentro de esos límites, y debe ser porque algo, una oculta cadena, le tiene sujeto a esa jaula. No estoy ya seguro, en lo que a mí concierne, de si hay una manera eficaz de romper esos límites, de rasgar totalmente esos barrotes de hierro gris. Pero sí tengo que reconocer una cosa: que el trabajo, o es constante, o se pierde. Al sueño, a nuestro sueño de vida, hay que conquistarlo día a día, hora tras hora, minuto a minuto... La magia es fluida y generosa, pero también difícil y esquiva.


Antonio H Martín