Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AHM







sábado, 22 de septiembre de 2012

La historia del Dr. Hans (II)

 


  Llegué por fin a casa, y sin más preámbulos, dejando a un lado la frugal cena que me tenía preparada, me fui hacia mi sillón favorito, en el cuarto de estudio, encendí la pequeña lámpara y me sumergí en la lectura de ese diario. La noche se presentaba tranquila, y por la ventana empezaban a introducirse los primeros rayos de luna. No puse nada de música. Quizá después, pero ahora sólo quería silencio...
  El diario, tal y como dije antes, no era del propio Dr. Hans, sino que estaba escrito, al parecer, por alguien que le conoció, y supo, quizás por boca de aquel, la historia que había protagonizado. Tal vez un amigo cercano, que prefirió ocultar su nombre. Y comencé a leer...

  Por fin, después de muchos paseos infructuosos, durante varias semanas, por toda la región, de múltiples incursiones por las muchas grutas del lugar, el dr. Hans encontró lo que andaba buscando, en lo más hondo de la gran cueva... Y pudo escribir en su diario de campo que, efectivamente, ¡el cristal con sabor a cereza existía! Salió presuroso, deseando comunicar a los aldeanos la buena noticia, que seguramente sería motivo de fiesta en toda la comarca...
    Pero antes de partir hacia la aldea, el dr. Hans consideró que quizá no fuera suficiente con su palabra, dado lo inaudito de su descubrimiento. Así que pensó en llevar una pequeña muestra del mismo. Pero... ¿se atrevería a cortar aunque sólo fuese una fina lámina de aquel cristal que las más antiguas leyendas consideraban sagrado?
    Así que, considerando lo difícil de la situación, optó por visitar al viejo Achim, el sabio de la aldea. Él sería el primero en conocer la noticia, y a él pediría consejo. Estaba impaciente por divulgar su descubrimiento, pero su buen juicio le indicaba que era mejor escuchar antes la opinión del anciano.
    Y el dr. Hans fue a ver al viejo Achim, que vivía en lo profundo del bosque, como el druida que era, junto al río. Y en esa casa repleta de viejos libros, manuscritos, relojes y extrañas figuras...



Antonio H. Martín
_______________________

imagen: "Personal Forest" - Jacek Yerka (2006)   

9 comentarios:

  1. Ya sé que en el cuadro de Yerka hay dos detalles que no coinciden con la época en que se desarrolla el cuento, que es a finales del XIX: la radio y el televisor. Pero es que... ¡me encanta esa pintura!

    Saludos.

    ResponderEliminar
  2. Quien sabe... quizás en el país de Dr. Hans, eso, sean minucias :)
    Te sigo y se me hace corto...
    En fin! Esperaremos.

    ResponderEliminar
  3. Sí, es posible, Cristal.
    En cuanto a la extensión, te explico: debido a circunstancias, escribo en sitios de lo más peregrino, y casi en seguida tengo que cortar, debido a múltiples interrupciones. Hoy, por ejemplo, he tenido que dejar la mesa en donde estaba en el restaurante, porque venía una avalancha de 54 chocolateros a pasar la tarde...
    Así que... me he tenido que ir con la música a otra parte.
    Esto va a ser un cuento por entregas breves. No puede ser de otra forma. Pero, como pueda, lo continuaré hasta el final.

    Un saludo, amiga.

    ResponderEliminar
  4. Me haces pensar en Dickens, en Dumas... con sus novelas por entregas. Mira por dónde, a veces las circunstancias externas que parecen a primera vista limitantes, pueden contener magníficas invitaciones a la creatividad.
    Nos informaste hace algún tiempo que posiblemente entrarías en una etapa de menor actividad en las redes, y sin embargo yo observo que estás publicando con mayor asiduidad que antes. ¡Avanti! Y que las Musas te indiquen con acierto y precisión por dónde continuar tus caminos.
    Por mi parte, paladeé con mi imaginación ese cristal mágico con sabor a cereza. ¿No sería un resto de la ventana de la casita del bosque de Hänsel y Gretel? De ser así, probaría que los cuentos de hadas llegan con el tiempo a tomar cuerpo en la realidad...

    Un saludo con sabor de otoño

    ResponderEliminar
  5. Da igual los detalles, la imagen es muy bonita, estoy de acuerdo. Es verdad que se hace corta, eso es un buen síntoma...de que nos gusta. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  6. Lo bueno cuanto mas breve mejor!!
    Me quedo prendida a la historia esperando...
    Cariños....

    ResponderEliminar
  7. ¿Dickens? ¿Dumas? Muy alto pones el listón, amiga Liz.
    Más allá de que sea por entregas, no hay ninguna semejanza. Lo mío es sólo un cuentito sin importancia.
    Pero es cierto lo que apuntas: estoy escribiendo algo más que antes. Quizá porque ahora, en medio de estas circunstancias extrañas, siento más intensamente la necesidad de escribir.
    No, el cristal con sabor a cereza no es un resto de la casita aquella de Hänsel y Gretel. Es algo... diferente. Ya iré contando, según me dicte la imaginación.

    Un abrazo, amiga entre montañas.

    ResponderEliminar
  8. Gracias, Susana.
    Me alegro de que te guste. Lo de publicar entradas muy cortas, ya he explicado a qué se debe. Me gustaría hacerlas más largas, pero no puedo.
    A ver si consigo acabarlo en unos días.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  9. Gracias, Oriana.

    Con suerte, lo continuaré y terminaré en no mucho tiempo.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar