Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AHM







viernes, 7 de enero de 2011

Un saxo en la noche



Me apetece empezar este nuevo año con un escrito antiguo, otro rescate del baúl, entresacado de los viejos cuadernos de entonces. Se trata de un intento de retratar cierto ensueño de juventud, uno que durante años estuvo muy presente en mi vida, relacionando un sentimiento concreto con una música determinada.
Aquel ensueño nació de mis paseos nocturnos por las calles vacías de la gran ciudad...

AHM.

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En mi caja de música suena una melodía de jazz lento. La trompeta de Dusko Goykovich y el piano de Tete Montoliu. Una melodía entre sensual y melancólica, una historia de amor que revive en una noche cualquiera y nos encuentra solos, sentados ante la mesa vacía, con una copa de licor que llenamos una y otra vez, envueltos en el humo del tabaco, reclinados sobre el borde del pozo y mirando fijamente las estrellas que se reflejan en su fondo...
El jazz es una música que conozco poco, pero que entiendo muy bien. Es demasiado descriptiva, demasiado concreta para no entenderla. Mis preferencias musicales apuntan más a lo clásico y a lo romántico, a música de otras épocas, de otras dimensiones del espíritu, pero hay algo en el jazz que me atrae. Sobre todo, ciertas melodías lentas, con trompeta o saxo, escuchadas en medio de la noche.
Ya el querido lobo estepario apuntaba este atractivo. Él, el amante de Bach, Mozart y Händel, podía quedarse parado ante una sala nocturna de la que salía el sonido crudo y salvaje de una melodía de jazz, sintiéndose extrañamente atraído por ella.

Uno de esos sueños que no podemos explicar o razonar, pero que forman parte de nuestro más íntimo ser y que nos acompañan siempre, como una imagen indeleble y mágica que nos hace sentirnos vivos; uno de esos sueños se representa para mí con un paseo nocturno por la ciudad.
Todo está solitario, las luces brillan sobre calles desiertas, pobladas sólo de sombras y silencio. Y de pronto, desde algún lugar indefinible, empieza a oírse una trompeta o un saxo, en un tono triste, melancólico, pero lleno de vida... Ese sonido me hace llorar. Mi corazón tiembla, pero no siento pena, no recuerdo ningún amor perdido. De alguna manera, ese sonido me hace cabalgar por encima del tiempo.
Esa trompeta o ese saxo, vuelven cálida la noche, ponen una nota mágica, amorosa, en sus sombras...


Antonio H. Martín
(Diario de un obstinado - 26 de mayo, 1987)

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Hoy, veinticuatro años después, no tengo ya ese ensueño -quizá porque ya no paseo en la noche por la ciudad-, pero sí recuerdo vívidamente lo que sentía entonces, cuando ese saxo solo e imaginario tocaba una fibra importante de mi ser, y me quedaba parado, y casi extasiado, en medio de cualquier calle, bajo la luz pálida de las farolas, que eran como lunas que me miraban y me decían cosas... Esas cosas que entonces debía saber, con las que debía conectar, y que me hablaban de quién era yo y de cuál era mi camino.
¿Asuntos de juventud? No lo creo. Lo que ocurre es que con el tiempo el inconsciente modifica su lenguaje, y hoy me dice las mismas cosas de otra manera. El sueño siempre es el mismo.
En aquellos años, ya me hablaba la vida, de una forma muy directa, como lo hace con todos nosotros. Y cada ensueño es un mensaje, uno muy personal. Lo importante es saber escuchar.
Muchas cosas nos hubiéramos ahorrado, muchos senderos erróneos habríamos evitado si hubiésemos sabido escuchar y comprender lo que esos ensueños, con música o sin ella, nos estaban diciendo. Afortunadamente, las voces continúan sonando en medio de la noche...

AHM.

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- Ivan Renta, tenor sax solo (2006)

8 comentarios:

  1. Es maravilloso poderse emocionar con la música, bueno, no sólo con la música, porque hay tantas cosas bellas para emocionarmos.
    Para mí es la sensación de estar cerca de Dios, de uno mismo.
    Y en cuanto al aprendizaje, si naciéramos "sabidos" ", esto sería el paraiso.
    De todo se aprende y de los errores aún más. La ceguera, es una de las peores enfermedades, pero tambien se corrige.
    Me quedo con tu música.
    Besos

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  2. Sí, Mária, afortunadamente hay muchas cosas bellas que nos emocionan.
    El camino del aprendizaje hay que andarlo, por supuesto, pero a veces se siente que podríamos haber sido más rápidos en ese andar, porque nos parece -así lo sentimos-, que algunas cosas importantes se han perdido.
    Eso mismo es lo que dice el saxo en la noche...

    Un abrazo.

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  3. Yo tengo sueños muy sugerentes y sin embargo creo que nunca tienen música. Me has hecho recapacitar con tus palabras.
    Un abrazo y mis deseos de un buen año para ti.

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  4. Me encanta el saxo Antonio y por muchos años acaricié la idea de tocarlo. Es un sueño que despierta cada vez que sus notas cual peldaños cristalinos me devuelven a la cresta de la hora. El jazz es pura magia, una jaula emplumada a la que llamamos pájaro. Me sorprende a veces el hecho de coincidir tanto con mis ciber amigos. Y me complace saber que no estamos solos en la búsqueda de un mejor ángulo para suceder.

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  5. "Muchas cosas nos hubiéramos ahorrado, muchos senderos erróneos habríamos evitado si hubiésemos sabido escuchar y comprender lo que esos ensueños, con música o sin ella, nos estaban diciendo. Afortunadamente, las voces continúan sonando en medio de la noche... "

    Este fragmento me llenó de ecos la cabeza...
    Estas palabras actuaron como un despertador mágico.

    Gracias Antonio!!!
    Un abrazo.

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  6. Hola, Virgi.
    Ten en cuenta que esto de que hablo no era propiamente un sueño, sino un ensueño.
    Gracias por tu visita, y feliz año.

    Un abrazo.

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  7. Eli, tocar el saxo debe ser como acariciar el terciopelo de la noche.
    Sí, a mí también me sorprenden ciertas coincidencias en este espacio virtual. Un espacio que puede que no sea tan casual como parece. Al fin y al cabo, las manos de la vida tocan todo aquello que quieren tocar...

    Un abrazo, amiga poeta.

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  8. Me alegro mucho, Vico, de que mis humildes palabras actuaran positivamente.

    Ojalá que esas intersecciones imposibles puedan, de alguna manera, encontrarse.
    Para eso se inventaron los puentes...

    Un abrazo.

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