Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AHM







jueves, 16 de diciembre de 2010

Ya es de noche...



Esto escribía uno a los treinta años, cuando lograba encontrar un hueco en su tiempo y volvía al cuaderno abandonado, como quien regresa a mirarse en un espejo antiguo, que guarda en un armario entre paños de olvido; intentando encontrar aquello que las circunstancias no le dejaban ver, pero de cuya existencia estaba seguro.
Al releer estas viejas páginas, veo como un puente imaginario entre la amargura y la esperanza, como una rebeldía contra la sombra. Como si aquel joven lanzara una flecha hacia el futuro, atravesando el humo gris de un presente vacío.

AHM
(16 de diciembre, 2010)

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Ya es de noche, una fría noche de invierno, y ha llegado el momento de recogerse ante la pequeña mesa del estudio y relajar un poco la mente de todo el ajetreo del día, meditar un poco sobre las cosas queridas, valiosas, esas cosas que durante todo el día permanecen calladas en nuestro interior, medio olvidadas por el ruido de la tensión, de los problemas, de la lucha de una vida absurda y vacía.
Hoy ha caído algo de nieve sobre la ciudad, y la nieve siempre me ha transmitido una extraña alegría, no sabría explicar por qué. El caso es que estoy escribiendo, lo que no hacía desde hace muchos meses, y eso es bueno para mí, aunque se trate sólo de estas simples líneas. Por ello, le estoy agradecido a la suave nevada de esta tarde, y también a un librito de Hesse que hoy he estado leyendo en el metro mientras volvía a casa.
Así que he puesto en mi caja de música los conciertos para violín de Bach, y junto con el papel y el bolígrafo, el paquete de cigarrillos y un vaso de vino, me he puesto a escribir. Sé que al final no voy a escribir nada, es decir, que me voy a limitar a imprimir una palabra tras otra en el papel, un poco por inercia, por pasar el tiempo, sin reflejar ninguna sustancia, ninguna pasión. Pero aun así me parece mejor que sentarme a mirar la televisión, y eso ya es algo.

La música de Bach sigue sonando, y me asombra su pureza, su frescura, su limpio y sereno fluir; evoca una época, unos sentimientos que ya no existen, o que se han vuelto invisibles y extraños en nuestro tiempo. Se despierta mi vena romántica ante estos violines. Esta música es ya de otro mundo, y lo triste es que algunos de nosotros, hijos de ese mundo perdido, estamos envueltos en este otro, somos prisioneros de esta otra realidad, en la que ya no hay violines, ni magia, ni pasión romántica, sólo angustia, vacío, sólo el nostálgico mirar atrás y la indiferencia ante el presente y el futuro.
Quizá gente como nosotros no debimos nacer en esta época... O quizá esto no sean más que palabras sin sentido; quizá uno sea realmente idiota al autocompadecerse, y este mundo de hoy sea tan mísero y tan maravilloso como cualquier otro, sea del tiempo que sea, con lo cual estaríamos perdiendo el tiempo inútilmente en lamentaciones, mientras dejamos que la vida pase a nuestro lado, sin verla, sin oírla, sin ni siquiera presentirla. Esto sí que sería trágico, y hasta cómico.
Pero, ¿no somos en el fondo unos pobres payasos? Todos nosotros, con nuestra grave tristeza, nuestro áspero odio a la realidad, ¿no somos en el fondo unos idiotas, al preocuparnos tanto por los formalismos y evadir lo auténtico, la vida que respiramos día tras día?

Todas las mañanas luce el sol sobre los campos, las montañas y las ciudades. Todas las noches brillan las estrellas... Nuestro dolor es sólo una enfermedad superficial por la que nos dejamos engañar. Y nos gusta. En el fondo queremos sufrir, deseamos este dolor que a veces nos revuelve las entrañas. Lo deseamos porque es lo único que todavía reconocemos como nuestro en medio del extraño laberinto que nos envuelve.
Sabemos que al final de este camino sólo está la muerte, pero a ella también la deseamos, secretamente, con el viejo temor a lo desconocido, con el miedo antiguo de todo hombre, pero la deseamos. Porque, ingenuamente, imaginamos que tras la última puerta hallaremos lo perdido, encontraremos lo absoluto que siempre anhelamos; tras la última puerta...
Somos como niños que quieren volver al interior de la madre, porque no nos ha gustado lo que hemos encontrado afuera.

Pero nosotros, niños perdidos entre el torbellino de este mundo, deberíamos aprender a crecer. Sería bueno poder saludar al sol cada mañana, poder sentir a la inmensa y cálida tierra bajo nuestros pies, y poder sonreír a las estrellas durante la noche. Sería bueno no dejarnos engañar por la niebla, saber respirar a través del humo de este mundo. Sería muy bueno.


Antonio H. Martín
(Diario de un obstinado - 19 de febrero, 1987)


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- Concierto para violín, cuerdas y continuo, nº 1
- Johann Sebastian Bach
- violín: Hilary Hahn
- Los Angeles Chamber Orchestra
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- When Darkness Falls
- Secret Garden

14 comentarios:

  1. Me encantan este tipo de textos improvisados, en los que se empieza a relatar la cotidianidad y se acaba llegando a conclusiones acerca del mundo que nos rodea.

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  2. Me alegra que así sea, Laura. La verdad es que nunca he sabido escribir de otra manera. Aquello era un diario íntimo, y un diario es donde se vuelcan todas las cosas que uno lleva dentro, para expresarse, para desahogarse, para buscarse, y para encontrar un sentido a la vida y al mundo.

    Un saludo.

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  3. "La vida es eso que se te pasa mientras estás planeando otras cosas." ya lo decía John Lennon.

    Hay épocas que nos ciegan los acontecimientos y es ineludible pasar el duelo pero hay que intentar sobreponerse, superar los baches y las piedras que nos pone el camino; si mantenemos esa ceguera nos perderemos lo (poco) bueno que nos pueda suceder.

    La vida no tiene ningún sentido; es lo que es.

    Te dejo un beso.

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  4. Es precioso. Quizá todos debiéramos pensar como pensabas ( y, espero, pienses) tú.


    Un besazo, y chapeau por ti.

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  5. Som@s much@s los que nos sentimos que no somos de este mundo, sin embargo es mejor no caer en la melancolía, no languidecer y saludar al sol, adorar la divinidad que hay dentro de todos nosotr@s y vibrar con la magia, para que la magia vibre, nos atrape y colme.

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  6. Amigo, mirarse en antiguos espejos, puede resultarle oneroso a nuestro "yo" incluso hasta peligroso... sobre todo si te inquieres tan a fondo, (aún ocultándote tras tus letras), como en este texto... en el que se adivina la desesperanza de las primeras frustraciones de una incipiente madurez.

    Creo, que más allá de situaciones concretas, por ahí hemos pasado y seguimos pasando todos ¿verdad?

    En fin, gracias por la lucidez y el consuelo de no sentirnos únicos en ese "trance".

    Por cierto, señor obstinado, muchos de los que le seguimos, le robaríamos con gusto esos Cuadernos antiguos... ¡ya lo creo! Así que a ver si se anima y nos regala con más textos como este. Excelente.

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  7. Nuestras ideas a cerca de la humanidad nos hablan, en realidad de nosotros mismos. Cuando somos grandilocuentes, nos entusiasmamos por ella.. convertidos en misántropos, la odiamos. Ya indiferentes, la excluimos del vocabulario. Evolucionamos nosotros, no la humanidad. Las estrellas, siempre son las mismas aunque a veces,nos resulten alienadas

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  8. Por supuesto, Volvoreta. Tenía mucha razón el amigo Lennon.
    Todos nos encontramos con baches y piedras en el camino, esta vida es así, este mundo es así, no habitamos precisamente en el paraíso... Pero, como dices, hay que intentar sobreponerse. Eso es lo que expreso al final de aquel viejo escrito.
    En cuanto a la vida, no sé si tiene o no un sentido, objetivamente hablando, y si lo tiene, no sé si es bueno para nosotros o no. A lo único que me atrevo es a buscar un sentido propio.

    Gracias por venir y por el beso.

    Saludos.

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  9. SÍ, Kimberly, este caminante sigue pensando y sintiendo lo mismo que hace 23 años. Han cambiado ciertos matices, pero el fondo es el de antes.

    Gracias por tu comentario. Un abrazo.

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  10. Hola, amiga Malvada.
    Pues me alegra saber que somos muchos. Aunque me temo que seguimos siendo una minoría, porque si no, el mundo tendría una forma muy diferente, ¿no te parece?

    La melancolía es un signo de ciertos seres, algo como un destino. Y la magia es la medicina que usan esos mismos seres para no sucumbir.

    Un abrazo, Bruja.

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  11. Amiga Crystal, tienes toda la razón, pero este texto no ha significado para mí una mirada regresiva en antiguos espejos, sino sólo echar un vistazo a las cosas viejas que guardo en el baúl, para rescatarlas del olvido.
    Hoy me miro en espejos diferentes.

    Sí, seguramente, cualquier persona sensible ha pasado por trances iguales o similares.

    No hace falta que me robeis nada, jeje. Seguiré rescatando y publicando aquí aquellas páginas que me parezcan mínimamente interesantes.

    Un abrazo, hada.

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  12. Muy exacto lo que dices, Sila.
    El mundo toma la forma de nuestros sentimientos. Y, efectivamente, sólo es posible una evolución de la Humanidad: la evolución personal. Asunto éste que descubrí hace muchos años en los libros de Krishnamurti, y luego he ido comprobando por mí mismo.

    Las estrellas también evolucionan, por supuesto; parecen las mismas y estar en el mismo sitio, pero no. En este universo se mueve todo, hasta las piedras. Pero, claro, eso a nosotros no nos incumbe mucho, porque están demasiado lejos (o eso parece).

    Un saludo evolutivo.

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  13. Una vez más demuestras,Antonio, lo maravilloso que es llevar Diarios, al menos en ciertos momentos o épocas de la vida. Al rellerlos, te reconoces a ti mismo, como bien dices, como en un espejo antiguo, y ves claramente las cosas que siempre han sido iguales y esas otras, en las que vamos cambiando a través de los años.

    Yo, como túi, gusto de apuntar mis pensamientos con la intención de releerlos años, incluso décadas después. Es una inversión que reditúa ampliamente.

    Te felicito, por este escrito y por todo lo que eres. Y te envió por este medio mis más devotos deseos para un Año Nuevo venturoso en todos sentidos.

    Cariñosamente, Liz, de México

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  14. Siempre me gustó escribir diarios, amiga Liz. Tenía al hacerlo la impresión de que me gustaría leerlos pasado el tiempo, pero sobre todo lo hacía porque necesitaba hacerlo. Necesitaba explicarme a mí mismo lo que me ocurría.

    Feliz año nuevo, amiga pintora de sueños.
    Un gran abrazo.

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