Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AHM







sábado, 13 de febrero de 2010

La vieja voz dorada



Rebuscando en el baúl me he encontrado con una curiosa página... Resulta que hace unos treinta años, después de leer el Hiperión de Friedrich Hölderlin, obra que me entusiasmó, y aún impregnado de su espíritu, me atreví a escribir yo mismo algo que se le pareciera, aunque fuera desde muy lejos... Ya se sabe que los jóvenes son muy atrevidos, jeje. No se trataba en absoluto de intentar imitarle, sino de dar rienda suelta al sentimiento que entonces me embargaba.
Bueno, pues aquí está la página, que es una breve carta que el poeta Hermann le escribe a su viejo amigo Josef:

En estas tardes soleadas he vuelto a pasear... Por los alrededores del pueblo, entre viejos árboles y acompañado por el susurro de la brisa, he caminado durante horas buscando un poco de paz para mi cansado corazón.
Y llegada la hora del ocaso, ante el hondo respirar de la tierra, ante la inmensidad de su sueño y la riqueza de su silencio, he vuelto a encontrar ese grave sonreír de la naturaleza, esa magia intemporal que otrora fue dueña de mi ser, que me hizo crecer por encima de la indigencia del mundo; esa magia que marcó mi alma con un signo de eternidad y derramó sobre mis labios el sagrado vino de la certeza.

No, amigo mío, no está queda la vieja voz dorada. Sigue viva su antigua canción. ¡Sí! ¡Sigue viva! Pero, ay, tan sólo para aquel que sabe escucharla y tiene aliento en el pecho para cantar con ella. No para mí, que he perdido mi voz y enterrado mi esperanza bajo las arenas del desierto.
He escuchado una vez más la canción que la naturaleza siembra en el corazón de los hombres desde el amanecer del tiempo; y una vez más han visto mis ojos su eterna sonrisa... Pero cuando ha abierto sus brazos maternales y me ha llamado, el demonio que ahora me habita me ha empujado hacia atrás y ha cerrado la puerta.
Y entonces he huido, corriendo por el camino de regreso, avergonzado de mí mismo y de mi sombra...


Creo que sobran los comentarios, son cosas que les pasan a ciertos jóvenes en momentos críticos, cuando sienten que no están en el camino deseado y que algo oscuro les corta el paso hacia esa conjunción entre los sueños y la vida.
Pero, afortunadamente, siempre se vuelve a escuchar esa "vieja voz dorada"...


Antonio H. Martín
________________________

imagen: Caspar David Friedrich (1774-1840)


8 comentarios:

  1. Pues, ¡vaya despertar dorado que me has dado esta mañana!
    El tono de tu protagonista, Hermann, me gusta mucho, aunque tiene ese aire melancólico que te deja un poco triste. Pero ese aire "romántico" lo comparte esencialmente con el espíritu de Caspar David Friedrich, en pleno movimiento del Sturm und Drang. Por cierto, Hado Padrino, debo confesar que no conocía ese cuadro suyo. Es espectacular, realmente.

    ¿Y el Video? Delicioso, tanto en imagen como en lenguaje musical.

    Vamos, un deleite en toda forma.

    Feliz Día de la Amistad, Amigo del Árbol Azul

    ResponderEliminar
  2. Olvidándose y vaciándose, la siembra en el corazón, l(l)ega cosechas.

    Mientras la humanidad duerme, a tientas, el lobo, muy cerca, sueña y lúcido aúlla a una luna, siempre en vela, con la jovialidad de una juventud auténtica.

    La noche golpea los párpados, intentando anidar en las cuencas, pero el pájaro del sueño, las despierta a todas ellas y una a una, las encuaderna.

    Un abrazo amigo del abrazo.

    ResponderEliminar
  3. Yo entré, y desde entonces soy su prisionera...

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  4. oiga joven!
    paseemos juntos por los alrededores del pueblo, la voz nos está esperando!


    mil besos,Antonio*

    ResponderEliminar
  5. Cuanto me alegro, amiga Liz, de haberte descubierto un cuadro del maestro Caspar.
    Hermann tiene un aire melancólico, si, pero recuerda que casi todo el Hyperion está escrito en ese tono.

    Un abrazo azul.

    ResponderEliminar
  6. Muchas gracias, Eli.

    Tus palabras, como siempre, son un jardín en el que me pierdo gustoso, entre brillos de luna.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  7. ¿A dónde entraste, Matilde? ¿Te entregaste en sus brazos?
    Bueno, entonces serás una gozosa prisionera... Porque esa es la "cárcel" del infinito, o sea, que no tiene nada de prisión, sino todo lo contrario.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  8. Vale, joven Silvia, paseémos por los alrededores y sigamos la llamada de la voz, que seguro tiene aún mucho que decirnos.

    Mil y dos besos**

    ResponderEliminar