Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AHM







lunes, 31 de agosto de 2009

Noche de agosto



Este breve relato lo escribí hace doce años, un poco por diversión y entretenimiento. Todo fue a raiz de una reunión entre amigos una tarde de agosto, en donde decidimos que nos comprometíamos a escribir un cuento de verano cada uno. Al final, nadie escribió nada excepto yo, que quise cumplir con mi palabra, sobre todo porque la idea había sido mía.
La señora a la que está dedicado el cuento ya no está en este mundo. Durante casi toda su larga vida ejerció como maestra de escuela, y durante muchos años fue para mí una buena amiga, de tertulias y canciones, de reflexiones y largos paseos. Pongo aquí ahora este viejo cuento para terminar este mes de agosto, y como recuerdo de esta buena presencia en mi vida que se llamó y se llama doña Rafaela.

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NOCHE DE AGOSTO

(a Rafaela Marcos)


Eran casi las doce cuando decidió despedirse de sus vecinas y recogerse en casa. No es que estuviera cansada: precisamente ahora era cuando empezaba a refrescar un poco y le hubiera apetecido seguir allí sentada un rato más. Además, la terraza del bar estaba sólo a unos pasos de su casa. Pero lo que la cansaba era esa conversación tan a ras de suelo, tan llena de trivialidades, y que había oído ya tantas veces... Sus vecinas eran amables y simpáticas, lo que se dice buena gente, pero no eran la compañía apropiada para conversar a la luz de la luna. A sus queridas vecinas les daba igual que fuera de noche o de día. Siempre hablaban de lo mismo. De asuntos familiares, de los precios del mercado, de bodas, de bautizos, de cumpleaños, de hospitales, de otras vecinas... y sobre todo de su tema favorito: los vestidos.
Rafaela solía aguantar más o menos bien las primeras dos horas, pero luego la invadía como una especie de fatiga, como un mareo. Veía a las palabras dar vueltas ante sus ojos, como un remolino interminable. Siempre los mismos gestos, las mismas voces repetidas que había oído ya mil veces... Intentaba disimular su cansancio, su hastío, asintiendo a todo lo que le decían, esbozando una media sonrisa ante cada bobada que le contaban. Y poco a poco se iba quedando callada y como ausente.

-¿Le pasa algo, Rafaela? ¿Se encuentra mal?
-No, hija. Los años, que no perdonan, y ya no estoy para estos trotes. Se ha hecho un poco tarde y me está entrando sueño. A estas horas ya suelo estar acostada.

Pero aguantaba un poco más, por educación, por ser amable. Y mientras las voces seguían revoloteando a su alrededor como moscas estúpidas, ella miraba de vez en cuando a la luna. De reojo, para que no se notara demasiado, por aquello que se dice de que sólo los locos miran a la luna. Y suspiraba pensando en otras compañías y en otras conversaciones muy distintas...

Ahora estaba, por fin, en su casa. Sola y tranquila. El silencio era como un bálsamo que curaba el hastío de tantas palabras inútiles. Como un talismán que ayudaba a recuperar la propia voz, la interior, la auténtica, esa que casi nunca podemos usar pero que es la única que nos define y refleja lo que somos.
No se sentía cansada, ni tenía sueño a pesar de la hora. Abrió las ventanas de par en par para que entrara el fresco de la noche, y se dejó caer en el sillón de terciopelo rojo. Así estaba bien, en paz... La luz de la luna acariciaba las sombras, y el ruido del mundo se oía sólo a lo lejos, muy a lo lejos. El tiempo caminaba despacio, como de puntillas, al compás del silencio, y cada paso, cada minuto era como un latido lento y sereno, como un susurro, como una brisa.
Le dio por pensar en lo triste que es perder este precioso tiempo, en lo absurdo que es malgastarlo con actividades vacías e inútiles. Este es un mundo de locos, pensó. La gente normal se devana los sesos por encontrar fórmulas para matar el tiempo. La gente odia el tiempo. Y luego se quejan y dicen que esta vida es un asco. La gente es idiota, la gente está loca.

Pensar en esto del tiempo le hizo recordar cierta promesa que había hecho hace poco a unos amigos. Habían acordado que durante este mes de agosto cada uno escribiría un cuento, un cuento de verano, corto y fresco, para aliviar un poco la mansedumbre del calor. Quizá ahora era el momento. Se levantó, buscó el papel y el bolígrafo y, sin más dilación, empezó a escribir.


(continuará...)


Antonio H. Martín
(agosto, 1997)

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Imagen:
- "Cafe Terrace Place"
- Vincent Van Gogh

viernes, 28 de agosto de 2009

Mi bosque



Se me ocurre que este cuaderno virtual es un pequeño ejemplo de locura controlada. Sé perfectamente que no es importante, que es inútil, que no va a servir a nadie y nada va a cambiar.
Pero aun así, escribo en él y le agrego imágenes y música, decorando el hogar, como si lo fuera, como si sirviese para algo. Es mi pequeña obra inútil, insignificante; en él expreso mis sentimientos y pensamientos, y los de otros que me son afines, salvando tiempos y distancias.
Por sus páginas de cristal caminan mis sueños, como si estuvieran en casa, se deslizan ideas y sentires, hay ventanas abiertas desde las que se ven lunas que hablan y nubes que cuentan secretos...
Y aquí dialogo un poco con vosotros, los amigos invisibles, a través de los comentarios. Me leeis y os leo, intercambiamos opiniones, conversamos, como si estuviéramos sentados en una gran terraza abierta. Sobre nuestras cabezas la luna y las estrellas, y en el horizonte oscuras montañas que escuchan.

Nada de esto es importante, decisivo a nivel vital. No hay aquí ninguna llave mágica que abra puertas ocultas, ningún viento que descorra velos ni cortinas, ningún mapa del tesoro...
Pero esto es así si lo miramos desde una gran altura. No soy ni brujo ni guerrero, sólo soy un caminante, y aunque pueda ver la inutilidad de todo esto elijo seguir con ello, porque es la decisión de mi libertad, porque es donde mi vida quiere expresarse.
¿Locura controlada? Puede ser, pero también es un camino que andar, una ruta a seguir. Para mí, a nivel humano, sí es importante, porque lo siento.

Cuando vuelvo a ver desde mi ventana, estas últimas noches, a la constelación de Orión y un poco más abajo a Sirio, la estrella azul, sé que se acerca lo que para mí es el buen tiempo... Esto, por supuesto, no tiene sentido real ni es importante en absoluto, pero yo siento que viene el "buen tiempo", que remitirá la ola de calor, que el cielo será más azul, que empezará a correr la brisa y que el pájaro del sueño volverá a visitarme.
Es quizá mi locura controlada el querer verlo así, pero también es mi camino con corazón, en el que me siento vivo.

Este cuaderno es sólo un pequeño bosque en medio del desierto. Más allá está la arena interminable, inmensa, los laberintos de las horas y los pozos vacíos; más allá están las realidades, las noticias, los hechos... Todo eso lo sé. Pero aun sabiéndolo, seguiré regando mi bosque día a día, seguiré paseando por sus callejuelas de cristal y humo, por sus jardines húmedos y un tanto soñolientos, y entraré en sus pequeñas cabañas de madera, y en sus árboles, donde habitan otros caminantes amigos que cultivan sus propios sueños. Y esto lo hago no por estar loco, sino porque quiero.

Dentro de un mundo de conocimiento y misterio, cada uno elige su camino. Y aunque parezca que no va a ninguna parte, ése es el sendero que debe seguir, porque es el que para él brilla en medio de las sombras.
A los caminantes nocturnos nos encanta ver destellos en la oscuridad.


Antonio Castellón
(28 de agosto, 2009)

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Imagen:
- "Autumn"
- por Jacek Yerka

jueves, 27 de agosto de 2009

La oscuridad del día



por Carlos Castaneda


21 de mayo, 1968

No pasó nada fuera de lo común durante mi viaje para ver a don Juan. La temperatura en el desierto andaba por los cuarenta grados y era casi insoportable. El calor disminuyó al caer la tarde, y al anochecer, cuando llegué a casa de don Juan, había una brisa fresca. No me hallaba muy cansado, de manera que estuvimos conversando en su cuarto. Me sentía cómodo y reposado, y hablamos durante horas.
No fue una conversación que me hubiera gustado registrar; yo no estaba en realidad tratando de dar mucho sentido a mis palabras ni de extraer mucho significado; hablamos del tiempo, de las cosechas, del nieto de don Juan, de los yaquis, del gobierno mexicano.
Dije a don Juan cuánto disfrutaba la exquisita sensación de hablar en la oscuridad. Contestó que mi gusto estaba de acuerdo con mi naturaleza parlanchina; que me resultaba fácil disfrutar la charla en la oscuridad porque hablar era lo único que yo podía hacer en ese momento, allí sentado.

Argumenté que era algo más que el simple hecho de hablar lo que me gustaba. Dije que saboreaba la tibieza calmante de la oscuridad en torno. El me preguntó qué hacía yo en mi casa cuando oscurecía. Respondí que invariablemente encendía las luces, o salía a la calle hasta la hora de dormir.

-¡Ah! -dijo, incrédulo-. Creía que habías aprendido a usar la oscuridad.
-¿Para qué puede usarse? -pregunté.
Dijo que la oscuridad -y la llamó "la oscuridad del día"- era la mejor hora para "ver". Recalcó la palabra "ver" con una inflexión peculiar.
Quise saber a qué se refería, pero dijo que ya era tarde para ocuparnos de eso.


Carlos Castaneda
(1971)

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- del libro "A Separate Reality" (Una realidad aparte)
- por Carlos Castaneda
- traducción de Juan Tovar
- Fondo de Cultura Económica, México (1974)

La locura controlada II



por Bernard Dubant y Michel Marguerie


Mi risa -dice Don Juan- como todo cuanto hago, es real. Pero se trata también de locura controlada, porque es inútil. No cambia nada y, sin embargo, yo siempre río. No habiendo nada más importante que cualquier otra cosa, el guerrero escoge cualquier acción y la ejecuta como si le importase. Su locura controlada le hace decir que concede importancia a lo que hace, le hace actuar como si cada acción la tuviese verdaderamente, y, sin embargo, él sabe que no la tiene. De esta manera, puesto que ha realizado sus acciones, se siente en paz. Que sus acciones hayan sido buenas o malas, acertadas o no, no le concierne en manera alguna.

La locura controlada hace que el guerrero no se ate a nada: Él ama aquello que quiere, pero se sirve de su locura controlada para no interesarse... Amar a la gente o hacerse amar por ella no es lo único que podemos hacer en cuanto que hombres. Este amor que nos tira de las orejas no es sino una forma de vampirismo. Amar lo que se quiere y no atarse es también no atar a quien se ama: es la manera más noble de amar. El guerrero puede dar curso libre a sus sentimientos a condición de que no crea, es decir, que no se ate. Sus sentimientos son su locura controlada, deseo sin deseo, y él pasa a otra cosa sin dejar la menor huella.

Y Don Juan añade que su locura controlada se aplica sólo a sí mismo y a sus semejantes. En suma, la locura controlada permite pasar a través de la locura de sus semejantes sin ilusión, sin apego; sirve, dice Don Juan, para poder reír siempre.

(Una intuición próxima a ésta se encuentra en un escritor como Jacques Vacher: el humor -escribe- es la sensación de la inutilidad teatral y sin alegría en absoluto. El humor tal como se experimenta es distinto de la jovialidad benevolente o malévola de los hechiceros negros. Esto es ya una visión de la falta de importancia de las cosas.)

El guerrero, no perteneciendo ya al mundo y a sus semejantes, escoge, sin embargo, ejercer y, en apariencia, actuar como ellos. La única diferencia radica en que él equilibra su espíritu controlando su locura, mientras que los hombres en general mueren locos.


Bernard Dubant y Michel Marguerie
(1981)

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Imagen:
- "Painter's Kitchen"
- por Jacek Yerka

martes, 25 de agosto de 2009

La locura controlada



Quizá no queda del todo claro en el siguiente texto, porque es un tema complejo, pero es muy interesante y por eso lo expongo aquí. Hace 28 años dos ensayistas franceses se dedicaron a glosar y explicar los libros de Carlos Castaneda, que por entonces sólo sumaban cinco, e intentaron dar todas las explicaciones posibles a ese nuevo o viejo conocimiento con que el amigo Castaneda asombraba al mundo de los inquietos y buscadores. Un poco al estilo de Louis Pauwels y Jacques Bergier, pusieron toda la carne en el asador e intentaron explicar lo inexplicable.
Quizá fueron un poco "más papistas que el papa", y puede que hasta el mismo Castaneda quedara asombrado de tanta explicación... Pero este mundo es libre para expresarse (excepto en algunas "culturas"), y estos dos amigos hicieron mucho por acercar los difíciles textos del "brujo" Carlos Castaneda.
Por ello, todos los buscadores de estrellas les quedamos profundamente agradecidos.

AHM.
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La locura controlada

por Bernard Dubant y Michel Marguerie


El guerrero considera al mundo como un misterio sin límites, y lo que hacen los hombres como una locura sin nombre.

Todos los actos de los hombres son locura, o más bien son percibidos como locura por quienes ya no creen en el sentido de los actos ordenados por la razón. Los hombres actúan según las reglas que juzgan normales, con fines que estiman necesarios, justos, buenos, y llaman locura a los comportamientos extrarracionales. Volverse loco es perder la razón. Luego, el uso de la razón también es locura: esta normalidad, la razón entera, la explicación racional de las cosas, no es más que locura. Los actos y la vida de los hombres nada significan propiamente: la gente se pasa la vida envejeciendo, y su vida, a pesar de los credos ilusorios a que se aferran, nada significa para ellos ni para nadie.

Los actos de los hombres corrientes son sólo ruido y furor, como dijo Shakespeare. El dramaturgo había así intuído que el mundo no es sino un teatro y los hombres actores. El guerrero no percibe las cosas de distinta manera. Sus actos también son locura, pero como él no cree, es una locura controlada.

Con todo el mundo se sirve Don Juan de su locura controlada; todo lo que hace es locura controlada, lo cual no significa que no sea sincero, sino que sus actos son sólo los de un actor. Para mí -dice- no hay ni una sola cosa que sea importante, y menos mis actos que los de cualquiera de mis semejantes. A pesar de ello, continúo viviendo porque es mi voluntad... Mi voluntad controla la locura de mi vida.

El guerrero que ha anulado la importancia de las cosas, si escoge vivir, no puede considerarlo como una locura; pero como ejercita una elección que su voluntad dirige, su locura está controlada. El hombre que está bajo el control de su razón, no se controla; por eso su locura no está controlada, y su lado siniestro no puede apenas ser compensado por su lado alegre: el hombre ordinario no cree estar loco; ¡sus actos son endiabladamente serios! El guerrero elige actuar, debe creer sin creer, como hemos visto. Su acto es puramente gratuito, y él sabe que todos los actos pretendidamente serios son también gratuitos.
Tus actos -dice Don Juan-, así como, de manera general, los de tus semejantes, te parecen importantes porque has aprendido a pensar que son importantes.

Sí, pero entonces hay que agarrarse a algo. Como ya hemos visto, el guerrero no se agarra a nada; en nada se parece a esa gente que ha pretendido abrumar a su generación haciendo el vacío (¡que vacío tan ilusorio!, y ¡qué pérdida de tiempo!) y que, beoda, se agarra a algún mito movilizador, lo que prueba que se ha quedado convertida en hechiceros negros deseosos de creer, es decir, de comer el alimento que trafican sus semejantes.

La locura controlada es el deber creer; la locura no controlada es la creencia. Una cosa es importante cuando se nos ha dicho así y nosotros, solamente, balamos con el rebaño: es el es necesario creer en algo. Pero ACTUAR con todo su ser sin creer y sin conceder la menor importancia a lo que se hace, pero con toda la perfección que da un perfecto control y un perfecto abandono, es un acto de águila solitaria. Es la única manera desinteresada de actuar, y el guerrero debe actuar sin esperar nada a cambio.
(Cabe decir que este desinterés nada tiene que ver con un acto caritativo, que da buena conciencia.)

Y este desinterés es vulnerabilidad, y placer sin límites. Si la palabra nobleza tiene sentido, no puede significar más que esto.

(continuará...)
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- del libro "Castaneda: El camino del guerrero"
- Bernard Dubant y Michel Marguerie
- traducción de Eugenia Frutos
- Ediciones Mascarón, 1981

viernes, 21 de agosto de 2009

Preludio


Un mar de tierra, una tierra de mar,
las olas son rocas que bailan
a la luz de la luna
y los árboles delfines que danzan
sobre la hierba.

El viento dirige la orquesta
de la noche,
mientras la sombra calla y mira,
asombrada,
la fiesta extraña que comienza.

Es el preludio de la aventura,
la puerta de los sueños
que se abre...
En poco tiempo,
el azul destino vendrá.

Y su mirada será el abrazo
de hojas y caracolas,
de nubes y de mareas,
de flores y de sirenas.
El mundo y la estrella...

La semilla del aire
trae una luz oculta
que besará
los fríos párpados
del hada dormida...


AHM.
(21 de agosto, 2009)




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- "Prelude"
- Vangelis
- del álbum "Voices", de 1995

Mi patria




Mi patria es un lugar de mi corazón, un sitio escondido y secreto, que muchas veces se siente lejano o perdido, a pesar de estar adentro.
Es un lugar pequeño o grande, según se mire. A veces lo he visto como un sitio elevado, abierto, luminoso, sobre montañas, cercano a las nubes. Y otras veces como un mínimo rincón, un refugio entre el bosque frío y oscuro, sobre el que se proyecta un rayo de sol o de luna, como una isla en medio de un mar de sombras.
Mi patria siempre está en su sitio, soy yo quien se pierde. Lo único que hay que hacer es saber encontrarla, hallar el camino de vuelta. Y para eso hay que seguir las señales, escuchar las voces del aire, captar los brillos entre los pliegues del silencio, saber leer los susurros de la luz y del agua...

AC.

jueves, 20 de agosto de 2009

Claro de luna II



Y esta es una versión orquestada de la misma música, con la curiosidad de que se trata de una escena borrada de la película Fantasia, de Walt Disney.

Y, por supuesto, también está dedicada a ese alguien especial de mi sueño de anoche. Así como también a todos mis buenos amigos, que por aquí paseais vuestra mirada.

AC.



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- Clair de Lune
- Claude Debussy
- Orquesta de Filadelfia
- Dir.: Leopold Stokowski
- (escena suprimida de Fantasia, 1946)

Claro de luna





Dedicado a alguien muy especial, que conocí anoche en un sueño...

AHM.


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- Clair de Lune
- Claude Debussy

martes, 18 de agosto de 2009

La avispa



Puedo viajar con mi imaginación hasta el límite del universo conocido, e incluso más allá. Puedo soñar maravillas, puedo pensar maravillas, y también puedo algunas veces vivirlas.
Pero, según parece, no puedo evitar que una simple avispa me clave su aguijón...
El domingo pasado, al ir a cerrar la ventana de mi cuarto de estudio para poner el aire acondicionado, por lo insoportable del calor, un bichito amarillo y negro que por allí andaba revoloteando se sintió en peligro ante mi presencia y no se le ocurrió otra cosa que picarme.
Le iba a preguntar que por qué me había picado, pero se fue volando sin ni siquiera despedirse, como con un tácito "ahí te pudras, asqueroso humano"... Por supuesto, me acordé de toda su familia, su género, su especie y no sé qué más, pero no tuve más remedio que quedarme con su veneno dentro.
En un principio confié en la fuerza de mi sangre para solventar el problema, en mis defensas. Me decía: "mi veneno es más fuerte que el tuyo, hija de p...", pero la cosa empezó a avanzar, desde el dedo corazón de la mano derecha hasta todo el dorso, que se inflamó rápidamente. Pensaba: "si esto sigue su curso y llega hasta el corazón me voy al carajo"... Jeje, pero no, se paró ahí. Mis glóbulos blancos y otras cositas sin nombre propio ni común detuvieron al veneno antes de que alcanzara mi muñeca. Y ahí sigue el muy c.....
Hoy ya es martes y mi dedo está casi irreconocible. Ha engordado y parece otro, aunque aun me funciona para teclear aquí. Dolor no he sentido, sólo la molestia de la inflamación. Pero lo que este simple hecho me hace pensar es... ¿por qué? ¿Qué le hice yo a la avispa de las narices para que me picara? ¿Acercar mi mano a su cuerpecito diminuto? Si ni siquiera la había visto... Además, se supone que estaba en mi casa y ella no estaba en la suya, de manera que era ella la invasora.

En fin, esto son sólo consideraciones superficiales. Ahora voy con las otras...
¿Qué significa que me picara la maldita avispa? La cual, ahora que veo la foto que adjunto, tiene toda la cara de un demonio... Pues no lo sé. ¿Andaba yo demasiado relajado en pensamientos suaves y necesitaba un "empujón" para continuar? Lo mismo esto tiene algo de cierto, porque estoy escribiendo, jejeje. Me río, porque siento que es la mejor medicina para cualquier cosa.

La avispa y yo, a ver quién puede más...
Comprendo perfectamente que nuestra Madre Tierra no es sólamente madre nuestra, de los seres humanos, sino también la madre de millones de especies distintas, que, naturalmente, son contrarias y no pueden cohabitar en el mismo lugar, y si lo hacen nunca se van a llevar bien.
Pero insisto en algo: yo estaba en mi casa. ¿Qué leches buscaba una avispa en mi ventana? ¿Hacer un avispero? Suelo tener la ventana abierta por si viene de visita el pájaro del sueño, ¡no para que venga una avispa! ¡Jajajaja! Estos son los peligros de abrir puertas y ventanas, que, como hay de todo en este mundo, no puedes saber quién o qué va a venir.
Pero aun así, seguiré con la ventana abierta. Porque confío. Aunque desde ahora tendré más cuidado.

No tengo nada en contra de las avispas y otros bichitos similares, que seguramente son mucho más antiguos que la especie humana y nos sobrevivirán en este planeta. Un respeto para todos ellos, pero... ¡que no me piquen! Porque entonces el lobo muerde.

Perdón por este escrito medio absurdo, que seguramente es consecuencia del calor.

AC.

lunes, 17 de agosto de 2009

Visiones



Mientras preparo la próxima entrada, aprovecho para poner este vídeo que me ha mandado mi amigo José María:
Se trata del extraño arte de Octavio Ocampo, nacido en Celaya, Guanajuato, en 1943.
Es digno de ver.



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Imagen:
"Astral Projections", de Rob Gonsalves.

viernes, 14 de agosto de 2009

El rayo



Ya bien entrada la noche, el maestro y su discípulo preferido se sentaron bajo el árbol del jardín, a la suave luz de la luna.
Era una noche apacible de agosto, y corría una fresca brisa que venía de las montañas.
En principio todo fue silencio. Cada uno miraba a cualquier parte, a su capricho, a las flores dormidas, a las hojas del árbol, a la luna que brillaba entre nubes de plata, a las montañas oscuras del horizonte...
Luego el maestro miró directamente a su alumno y le hizo una pregunta inesperada:

-¿Sabes qué diferencia hay entre un rayo y tú?

-¿Entre un rayo y yo...? Hace usted unas preguntas muy extrañas, maestro.

-¡Esa, ésa es la diferencia! ¡Los rayos no hablan!

El discípulo se quedó estupefacto, sin saber qué más decir. El maestro sonreía y de pronto las hojas del árbol comenzaron a moverse empujadas por un fuerte viento, el cielo se oscureció ocultando la luna y en pocos segundos una fina lluvia comenzó a caer.

-Maestro, quizá deberíamos meternos en la casa, aquí nos vamos a empapar...

-No, debemos esperar aquí a que venga.

-¿A que venga quién?

El maestro no respondió, sólo sonreía mientras miraba a las nubes. Y de repente, venido de la nada, apareció... el rayo.

-¿Ves? Esa es la cola del dragón...

Al poco tiempo se escuchó un imponente trueno.

-Y ésa es su voz.


AC.

jueves, 13 de agosto de 2009

La Tierra



¿Alguien recuerda alguna vez a Pachamama? ¿a la Madre Tierra?
La amiga Isis ya sé que sí, pero los demás solemos vivir inmersos en esa cosa llamada "mundo". Un mundo social con sus normas y sus costumbres, que nos envuelve y nos roba el corazón...
Vivamos como vivamos, la Tierra es nuestra madre y siempre lo será, lo reconozcamos o no, lo sintamos o no. De ella nacímos y con ella moriremos.
Todos somos hijos de la Tierra. Ya sé que asimismo somos hijos del cielo y las estrellas, pero eso sólo es porque Gea nos engendró... Sin Gea, Gaia, Pachamama o como queramos llamarla, no estaríamos aquí pensando, viviendo, sintiendo.
Así que cuidémosla, como a una madre, porque con ello nos cuidaremos a nosotros mismos. No siempre se lleva uno bien con su madre, no siempre, pero hay algo que siempre hay que guardar y mantener: el respeto. Y nuestra madre sin duda lo merece.
Todos nuestros sentires, todos nuestros sueños son parte de ella.

Un abrazo, desde este humilde cuaderno, a la Pachamama.

AC.

domingo, 9 de agosto de 2009

Escalones



Así como las flores se marchitan
y a toda juventud la vejez sigue,
florecen los peldaños
porque asciende la vida,
todo saber, toda virtud florecen en su momento exacto
sin que les sea dado durar eternamente.
A cada llamamiento, al corazón se exige
que esté pronto al adiós y a comenzar de nuevo,
que esté dispuesto a darse, sin trabas y animoso,
a nuevas y distintas ataduras.
En la entraña de todo comienzo hay un hechizo
que a vivir nos ayuda, y nos protege.

Ledamente debemos recorrer los espacios;
no atarnos a ninguno como a una patria propia;
el espíritu cósmico no quiere encadenarnos ni oprimirnos,
aspira a que ascendamos, a que nos dilatemos peldaño tras peldaño.
Apenas intimamos con una nueva esfera de la vida
o nos acomodamos en un ámbito,
comenzamos sin duda a entumecernos;
tan solo el peregrino, tan solo el que está pronto a la partida
se hurtará a la parálisis que engendra la costumbre.

Aun la hora de la muerte puede que nos coloque
frente a nuevos espacios que hayamos de cruzar:
la vida jamás cesa de llamarnos...
¡Animo, corazón!: ¡di adiós y estás curado!


Hermann Hesse




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Imagen:
Fotomontaje de Gárgola, de We Create the Time
(el link en la anterior entrada y en la lista de blogs)

sábado, 8 de agosto de 2009

El último viaje


Una noche de agosto de hace cuarenta y siete años, mi querido tío Hermann se perdió en un sueño y ya nunca más volvió.
No notó en absoluto que se perdía, lo que sintió es que estaba regresando a casa, que por fin había encontrado el camino de vuelta al hogar...
Caminaba por unas montañas verdes a la luz inclinada del atardecer, y ante su mirada se desplegaba el valle de su infancia y el brillo de su juventud. Todos sus antiguos sueños le hacían guiños desde la arboleda y le susurraban al oído viejas y amables canciones. Divisó a lo lejos, entre las sombras, siluetas, figuras que le resultaban conocidas; le pareció reconocer a Hölderlin y a Novalis, también a Mozart, que sonreía tras un manzano. Más abajo, en la orilla del río, vió un pueblo, una aldea, y reconocíó todas y cada una de aquellas casas. ¡Sí, había vuelto a su hogar!

Siguió caminando, y de pronto una figura le salió al encuentro. Se presentó como un tal Siddharta, le saludó y le dijo que él era el peregrino que sabía tres cosas: pensar, ayunar y esperar... Más allá creyó ver asimismo al pintor Klingsor, que estaba sentado en una especie de jardín junto con Harry Haller, al que llamaban "lobo estepario", y ambos bebían alegremente y cantaban. A estas alturas del sueño, Hermann se creía inmerso en su Viaje al Oriente y esperaba que en cualquier momento apareciera Leo, pero a quien vio a lo lejos fue a Knulp, el viejo seductor, que paseaba silbando alegremente por un sendero.
Era extraño este sueño, se dijo Hermann, pero muy agradable, porque aquí y allá encontraba viejos y queridos amigos. De repente, se encontró ante un extraño árbol, plantado en medio del camino, en cuya copa le pareció ver un rostro sonriente... ¡era Piktor! O sea, que estaba cerca del paraíso...
Continuó su andar, fascinado por tan buenos encuentros, y vio a una bella mujer, que dijo ser la princesa Fátima... Entonces, Hermann supo que estaba en el otro lado del círculo, que había traspasado la barrera, que no había vuelta atrás, pero ¿quién quería volver? Además, Fátima se parecía sospechosamente a su amada Ninon... Los dos cuerpos se acercaron lentamente, mirándose fijamente a los ojos, y se besaron con dulzura.

Así que, como digo, mi tío Hermann no volvió nunca de ese viaje, y en él sigue aún, gozando de sus sueños, los mismos que fue construyendo a lo largo de su existencia terrenal. Hesse siempre anheló penetrar en el corazón del iris, y por fin lo consiguió, después de muchos años de angustias y problemas.
Yo, a veces, le veo desde lejos, en mis esporádicas visitas al país de los sueños.


Antonio H Martín

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Imagen: "Para siempre Hesse"
fotomontaje de Gárgola, del blog We Create the Time

http://ahoraandnow.blogspot.com/

jueves, 6 de agosto de 2009

Somos libres ahora


No he visto esta película digitalizada de Final Fantasy, que creo que es una saga, pero me gustó mucho este vídeo, y sobre todo me encantó la música de Enya y eso de que diga que somos libres ¡ahora!
Espero que os guste.

AC.



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- We are free now
- Final Fantasy
- Enya

domingo, 2 de agosto de 2009

Crepúsculo




¡Ésta es mi vida, la de arriba,
la de la pura brisa,
la del pájaro último,
la de las cimas de oro de lo oscuro!

¡Ésta es mi libertad, oler la rosa,
cortar el agua fría con mi mano loca,
desnudar la arboleda,
cojerle al sol su luz eterna!


Juan Ramón Jiménez

(de Poesía en verso, 1917-1923)


sábado, 1 de agosto de 2009

El arpa III



He estado ausente unos días por simples razones climáticas, pero no quería acabar este mes sin añadir el texto que algunos me habeis pedido sobre el tema del arpa.
Así que pongo a continuación la última parte del escrito de "La apreciación del arte", para que se entienda mejor lo que quiso expresar Okakura y para que ilustre el cuento taoísta que nos narraba anteriormente, el de la "Doma del Arpa".

AHM.
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LA APRECIACIÓN DEL ARTE
(texto final)

por Okakura Kakuzo


Debemos recordar que el arte sólo es de valor si nos dice algo a nosotros. Puede ser un lenguaje universal en la medida en que nosotros seamos universales en nuestra simpatía. Nuestra naturaleza finita, el poder de la tradicción y del convencionalismo y nuestros instintos hereditarios restringen el alcance de nuestra capacidad de gozar con lo artístico. Nuestra misma individualidad establece un límite a nuestro entendimiento; nuestra personalidad estética busca sus propias afinidades con la creación del pasado. Es cierto que, con el cultivo, nuestro sentido de apreciación artística crece, y somos capaces de disfrutar de muchas expresiones artísticas que hasta entonces no reconocíamos. Pero, después de todo, vemos sólo nuestra imagen en el universo; nuestras idiosincrasias particulares nos dictan el modo en que percibimos. Los maestros del té coleccionaban solamente los objetos que caían estrictamente dentro de la medida de su apreciación personal.

En relación a esto recuerdo un relato que concierne a Kobori Enshiu. Enshiu era admirado por sus discípulos por el gusto admirable con que había formado su colección. Decían: "cada pieza es tal que uno no termina de admirarla. Muestra que tienes mejor gusto que Rikiu, ya que su colección tan sólo podía ser apreciada por uno entre mil". Lleno de pena, Enshiu replicaba: "Esto os prueba lo vulgar que soy. El gran Rikiu se atrevía a amar objetos que le gustaban personalmente, mientras que yo inconscientemente me proveo de lo que gusta a la mayoría. Verdaderamente, Rikiu fue uno entre mil entre los maestros del té".

Es muy lamentable que parte del entusiasmo aparente que existe hoy en día por el arte no tenga sus fundamentos en la sensibilidad real. En esta época democrática nuestra los hombres exigen lo que popularmente se considera mejor, independientemente de lo que les dicen sus sensaciones. Desean lo costoso y no lo refinado; lo de moda y no lo bello. Para las masas, la contemplación de periódicos ilustrados, el producto avalado por su propio industrialismo, parece dar un alimento de goce artístico más digerible que un cuadro italiano antiguo o los maestros Ashikaga, a los cuales fingen admirar. Para ellos el nombre del artista es más importante que la calidad de su trabajo. Como se quejaba un crítico chino de hace muchos siglos: "El público critica un cuadro con los oídos". Es esta carencia de apreciación genuina la responsable de los horrores seudoclásicos que hoy nos reciben a todas partes donde vayamos.

Otra equivocación corriente es la de confundir el arte con la arqueología. La veneración hacia la antigüedad es uno de los rasgos mejores del carácter humano y está muy bien que sea cultivado largamente. Los maestros antiguos son merecidamente honrados, porque abren un sendero hacia la iluminación futura. El mero hecho de que hayan pasado sin merma siglos de crítica y hayan llegado hasta nosotros cubiertos de gloria merece nuestro respeto. Pero seríamos tontos si evaluáramos sus logros basándonos simplemente en su edad. Y sin embargo, permitimos que nuestra simpatía histórica pase por encima de nuestra discriminación estética. Ofrecemos flores de aprobación cuando el artista ya está sin problemas en la tumba. El siglo diecinueve, preñado por la teoría de la evolución, nos ha creado el hábito de perder de vista al individuo entre las especies. Un coleccionista está ansioso por adquirir especímenes que ilustren un período o una escuela y olvida que sólo una obra maestra nos puede mostrar mucho más que cualquier número de productos mediocres de una escuela o período dado. Clasificamos demasiado y disfrutamos muy poco. El sacrificio del esteta al método científico de exhibición ha sido la ruina de muchos museos.

Las exigencias del arte contemporáneo no pueden ignorarse en ningún esquema de vida. El arte de hoy es lo que realmente nos pertenece: es reflejo nuestro. Condenándolo nos condenamos nosotros. Decimos que la era presente no posee arte: ¿quién es el responsable de esto? Es indudablemente una vergüenza que a pesar de todas nuestras rapsodias sobre la antigüedad, prestemos tan poca atención a nuestras propias posibilidades. ¡Batalladores artistas, almas agotadas languideciendo a la sombra del frívolo desdén! En este siglo de egocentrismo, ¿qué inspiración les ofrecemos?
El pasado puede bien mirar con piedad la pobreza de nuestra civilización; el futuro se reirá de la aridez de nuestro arte. Al destruir lo hermoso de la vida estamos destruyendo el arte. Ojalá un poderoso brujo pudiese, con el tronco de la sociedad, crear un arpa poderosa cuyas cuerdas resonaran al toque de los genios.


Okakura Kakuzo
The Book of Tea, 1956