Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AHM







lunes, 16 de noviembre de 2009

Lord Dunsany (II)



Para terminar este breve homenaje a la figura de Dunsany, pongo aquí una introducción escrita por alguien que le conoció personalmente: Pradaic Colum.
Mi deseo es que los anteriores relatos y este texto sirvan para que os sintáis atraídos por su obra. Lord Dunsany era un buen soñador, y un buen narrador de sueños... Si en algo ha servido mi humilde labor de transcriptor, me doy por satisfecho, porque merece la pena leer al barón de Dunsany.

AHM.

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INTRODUCCIÓN a los CUENTOS DE UN SOÑADOR

por Pradaic Colum


Un joven alto y ceñudo, cuyos ojos vivísimos y penetrantes miraban a través de incongruentes antiparras, disertaba en una sociedad literaria de Dublín. Alguien decía: "Parece un retrato de Robert Louis Stevenson"; y en verdad que había cierta semejanza en el esparcido mostacho, en la punzante mirada y en la sugestión del rostro. Hablaba de poesía, y su profundo interés por el propio tema dábale poder para fascinar al auditorio con el hechizo de la misma poesía. Todos los poemas que recitó eran inspirados. No empleaba ningún artificio, mas todos pudieron comprender que escuchaban a un orador nato.

Era Lord Dunsany, cuyas piezas dramáticas La Puerta Brillante y El Rey Argimiris y el guerrero desconocido habíanse presentado en el teatro Irlandés (en 1909 y 1911). Era oficial del Ejército Británico, notable criketer, buen cazador, y ya había pasado por una guerra. Mas podía observarse que prefería, por encima de todo, las cosas de imaginación.


Encomiaba la obra de un joven poeta de su mismo distrito de Irlanda, el condado de Meath. Hablaba de ese condado con tal afición, que se comprendía que el propio Dunsany anteponía el hecho de ser de Meath al de ser irlandés. Meath es el condado central de Irlanda. Su suelo es muy fértil, y, por esa razón, fué siempre ambicionado por todos los conquistadores que invadieron Irlanda. Antes que vinieran los normandos contaba ya Meath con mil años de historia. Eran los dominios de Ard-ri, el emperador de los estados célticos de Irlanda. En Meath está Tara, tan sagrada y venerable, que el rey que logró poseerla tuvo por vasallos a los otros reyes de la antigua Irlanda. Y Cuchullain, cuyo nombre evoca todo un ciclo de mito e historia, tuvo una parte de Meath por patrimonio. "Hasta el hombre que batió a Napoleón era de Meath", proclamaba Lord Dunsany. Pero esto no es exacto. Aunque descendiente de una familia de Meath, Wellington nació en otro condado de Irlanda.

Los progenitores de Lord Dunsany, los Plunkett, normando-irlandeses, o norse-irlandeses, pudieron arraigarse en este famoso, por no decir fabuloso, territorio de Irlanda. El primer conquistador fundó dos señoríos: el señorío de Fingall y el de Dunsany. Los dominios, los castillos y los títulos proceden del siglo XIII y forman la más antigua baronía de las Islas Británicas. Así que Lord Dunsany pertenece a una de las seis familias de la más elevada aristocracia británica actual que datan de la época normanda.

Es de interés hacer notar que su padre fué notable orador y su tío el célebre estadista irlandés Sir Horacio Plunkett. Edward John Moreton Drax Plunkett, décimo octavo barón de Dunsany, cursó en una escuela pública inglesa y en una universidad inglesa; fué oficial de Guardias e hizo la guerra del Africa del Sur antes de empezar a escribir.



Como las antiguas literaturas, su obra comenzó por la mitología. Nos contó primero los dioses de los países en que habían de vivir sus reyes, sus sacerdotes y sus pastores. Los dioses de Pegana eran extraños y remotos; pero por debajo de ellos había mil dioses familiares: Roon, el dios de la Marcha, cuyos templos están más allá de los más lejanos montes; Kilulugung, el Señor del Humo; Jabim, que se sienta detrás de la casa a plañir las cosas rotas y abandonadas; Tribugie, el Señor de lo Obscuro, cuyos hijos son sombras; Pitsu, el que pega al gato; Hobith, el que aplaca al perro; Habinabah, el Señor del Rescoldo Encendido; el viejo Gribaun, que se sienta en el corazón del fuego y convierte la leña en ceniza.

"Y cuando cierra la noche, en la hora de Triburgie", dice en el capítulo de Los Dioses de Pegana que versa sobre los mil dioses lares, "surge calladamente de la selva Hish, el Señor del Silencio, cuya prole son los murciélagos, que han quebrantado el mandato de su padre, pero siempre en voz baja. Hish acalla al ratón y todos los susurros de la noche, y deja quedos todos los ruidos. Sólo el grillo se rebela. Pero Hish envía contra él tal hechizo, que luego de cantar mil veces, su voz se apaga y entra a formar parte del silencio."

Después de escribir Los Dioses de Pegana descubrió Lord Dunsany una figura más sugestiva para él que cualquiera de sus dioses: la figura del Tiempo. "De pronto, la atezada figura del Tiempo se alza ante los dioses; de sus manos gotea la sangre, y una roja espada cuelga perezosamente de sus dedos". El Tiempo había arrasado a Sardathrion, la ciudad que ellos habían levantado para su solaz, y cuando el más viejo de los dioses le preguntó, "el Tiempo le miró a la cara y avanzó hacia él, acariciando con sus dedos ensangrentados el puño de su ágil espada".
Una y otra vez narra de las ciudades que fueron maravilla antes de que el Tiempo prevaleciera contra ellas: Sardathrion, con su león de ónice, que asoma sus patas en la obscuridad; Babbulkund, llamada por quienes la amaban la Ciudad de Maravilla, y por quienes la aborrecían la Ciudad del Perro, donde, sobre las techumbres de palacio, "alados leones volaban como murciélagos, cada uno del tamaño de los leones de Dios, y las alas más anchas que ninguna de las creadas"; Bethmoora, cuyas ventanas vierten una tras otra a la sombra "la luz que espanta a los leones".
Todos nosotros hemos de lamentar que no figurasen esas historias de Dunsany entre las que leíamos en nuestra juventud:

"Si hubiera leído La Caída de Babbulkund o Días de Ocio en el País del Yann cuando era muchacho -dice W.B. Yeats-, tal vez hubiera cambiado a mejor o peor, y considerado esa primera lectura como la creación de mi mundo; porque cuando somos jóvenes, cuanto menos circunstancial, cuanto más lejos está un libro de la vida vulgar, más conmueve nuestros corazones y más nos hace soñar. Somos perezosos, infelices, exorbitantes, y, como el joven Blake, no admitimos ciudad hermosa que no esté enlosada de oro y plata".



De los cuentos ha pasado al poema teatral y ha llevado a la escena la impresionante sencillez de sus mitos y fábulas.
Sus reyes, mendigos y esclavos son sobremanera sencillos e inocentes; no tienen más que una pasión, o una visión, o una fe. Llegó al teatro con escaso conocimiento de lo que se llama "construcción teatral", pero con una pasmosa intuición para la situación dramática. Esta capacidad para el sentimiento de la situación es la que ha hecho de sus Dioses de la Montaña, su Rey Argimiris y el guerrero desconocido y su Noche en una posada verdaderas obras dramáticas.

Tan fundamental como el sentido de la situación debiera ser para los dramaturgos el del lenguaje exaltado. Hay palabras, palabras, palabras, pero no lenguaje; entendiendo por tal su exaltación en el teatro actual. Lord Dunsany, con W.B. Yeats y J.M. Synge, ha restaurado y potenciado el lenguaje teatral.

"¡Oh, espíritu guerrero!", exclama el Rey Argimiris apostrofando al muerto cuya espada ha encontrado en campo esclavo; "¡oh, espíritu guerrero, dondequiera que ahora vagues, cualesquiera que sean tus dioses, ya te castiguen o te bendigan; oh, espíritu caballeresco que dejaste aquí tu espada: mira cómo te adoro sin dioses a quienes adorar, porque el dios de mi pueblo ha sido roto en tres esta noche! Mi brazo está torpe por tres años de esclavitud y se ha olvidado de la espada. Pero guía tu espada hasta que haya matado a seis hombres y armado a los más fuertes esclavos, y tendrás todos los años el sacrificio de cien hermosos bueyes. Y erigiré en Ithara un templo a tu memoria, donde todo el que entre te recordará; y así serás honrado y envidiado entre los muertos, porque los muertos son muy celosos del recuerdo. Aunque hayas sido un bandido que arrancases vidas ilícitamente, raras hierbas se abrasarán en tu templo, y jóvenes vírgenes cantarán, y recién cortadas flores cubrirán las naves solemnes... ¡Oh, pero tiene una buena hoja esta vieja espada; no querrías verla errar el golpe; no querrías verla hendir sedienta el aire; una espada tan enorme necesita un buen hueso lleno de médula! ¡Ven a mi brazo derecho, oh, antiguo espíritu, oh, alma del desconocido guerrero! Y si te oyen algunos dioses, háblales contra Illuriel, el dios del rey de Darniak."

He aquí un parlamento dramático, realmente exaltado y noble. La elocuencia que le es natural cuando habla de cosas imaginarias, y que acaso le viene de herencia, alcanza sus más fina expresión en los parlamentos de sus dramas.



Todos somos hoy ficcionistas; Lord Dunsany era esa rara criatura: el fabulista. No pretende cultivar las formas impositivas de lo que llamamos realidad, graciosas, impresionantes o expresivas; propónese, por el contrario, transportarnos en absoluto fuera de esta realidad. Es como el hombre que viene a los refugios de los cazadores y dice: "Os maravilláis de la Luna. Yo os diré cómo y por qué se hizo la luna". Y luego de contarles de la Luna, sigue narrando de las maravillosas ciudades que están más allá del bosque, y del joyel que hay en el cuerno del unicornio. Si tal escritor fuese censurado por llenar a la gente de sueños y ociosos cuentos, podría contestar (si tuviera la necesaria filosofía): "He mantenido viva en su espíritu la capacidad de maravillarse, y maravillarse en el hombre es santidad".

Lord Dunsany podría decir de sí mismo, con Blake: "La imaginación es el hombre". Podría, creo, llegar hasta declarar que lo más digno que puede hacer la Humanidad es exaltar cada vez más la imaginación. Apenas si es posible sorprender en su obra una idea social. Hay una, sin embargo: la impecable hostilidad contra todo lo que empobrece la fantasía del hombre, contra las ciudades viles, contra los intereses comerciales, contra la cultura que dimana de la organización material.
El se cierne sobre las cosas que despiertan la imaginación: espadas y ciudades, templos y palacios, esclavos en revuelta y reyes en desgracia. Tiene la mentalidad de un creador de mitos, y puede dar a los barcos, a las ciudades y a los torbellinos, vastas y propias formas.

Fácil es encontrar sus orígenes literarios. Son la Biblia, Homero y Herodoto. Hizo de la Biblia, cuando joven, su libro de maravillas, inducido por la censura de su madre, que era enemiga, según él mismo nos cuenta, de que leyese periódicos vulgares y corrientes. La Biblia le ha dado su exaltada y rítmica prosa. También de ella ha tomado los temas que tanto ha repetido: lejanas e increíbles ciudades, con sus profetas y sus dioses paganos.
Gusta de Homero y de los relatos de Herodoto sobre las antiguas civilizaciones. No creo que sea muy aficionado a la literatura moderna, y estoy seguro de que no lee ninguna de las obras filosóficas, sociológicas y económicas que llenan hoy las librerías. No juzgará un libro por la cubierta; pero estoy seguro de que los juzgaría por su título.
Le he visto arrobarse con los títulos de dos libros que fueron reseñados a la vez. Era uno Los altos hechos de Finn, y el otro, La Historia del Imperio Romano Oriental desde la subida de Irene a la caída de Basilio III. (No estoy seguro de haber citado exactamente a los soberanos bizantinos.)

Tiene una imaginación pródiga. Le he visto abocetar un escenario para una obra, escribir una breve historia e inventar una docena de episodios de cuento en el espacio de una mañana, sin cesar de hablar fantásticamente. Piensa mejor, presumo, al aire libre, mientras tira o caza en torno a su castillo. Y despliega una graciosa hospitalidad en ese castillo del siglo XII, en el condado de Meath; y haría una larga caminata a pie, lo sé muy bien, para descubrir un buen interlocutor y traerlo a su círculo.
Hace mucho tiempo que un antiguo historiador de Irlanda escribió en los Anales de los Cuatro Señores: "Hay dos grandes ladrones barones en el camino a Drogheda: Dunsany y Fingall; y si conseguís libraros de las manos de Fingall, seguramente caeréis en las de Dunsany."


Pradaic Colum

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- del libro "Cuentos de un Soñador"
- Francisco Arellano, Editor (Madrid, 1977)


11 comentarios:

  1. Qué maravilloso texto!!

    Has logrado tu cometido: los relatos anteriores me fascinaron y claro que sí... la obra de Lord Dunsany me resulta muy interesante!

    Siempre conozco cosas nuevas cuando paso por tu casa..

    Un abrazo inmenso!!!

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  2. Me alegro mucho, Isis.
    Ese era mi objetivo: divulgar la obra de este buen soñador, por si alguien no la conocía.

    Un abrazo, amiga-maga.

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  3. En Dunsany, como él mismo señala en Blagdaross, "todas las cosas desechadas que callan durante el día hallaron voces."

    Gracias por iluminar senderos con tus letras nocturnas, amigo etéreo...

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  4. Ni te imaginas lo que te echo de menos... la Cristalita y tú sois dos pozos en los que es necesario beber.

    Me dices en mi blog que "la nada" no existe... ahora que no nos oye nadie, te confesaré que yo también lo creo ;) Las nadas están repletas de causas y razones, de sueños y esperanzas, de torbellinos y tormentas.

    Que sepas que eres mi biblioteca particualar.

    Un beso muy grande, Antonio.

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  5. Antonio, aunque no te deje comentarios quiero que sepas que te estoy leyendo.
    Ultimamente estoy con poquito tiempo...así que leo y me veo.
    Te debo confesar que he descubierto a Lord Dunsany contigo.
    Besos.

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  6. Aquí "la Cristalita" sigue leyendo con interés las entradas del Cuaderno Nocturno, Luisiña... Unos son pozo, y otros fuente, tú entre ellos.
    A mí, también me gusta aprender de vosotros dos.
    Excelente y completa semblanza la de Pradaic Colum sobre Dunsany, la que nos trae el amigo Druida esta vez.

    Y también toda una lección de historia fantástica.
    A pesar de que le conocía y le había leído, a raíz de la publicación de estos posts, ando de nuevo sumergida en algunos de sus magníficos relatos cortos, de los que estoy disfrutando mucho más a fondo.

    Y cuanto más avanzo en mi lectura, más creo que el Lord escribe, sobre todo, más que sobre sus recuerdos reales o sus imaginaciones, sobre sus recuerdos oníricos y sus ensoñaciones.

    Hay una belleza sublime en su redacción y su temática. Y me gustan además sus especialísimas toponimias y los magníficos nombres de sus personajes. Toda una mitología de ficción mezclada con la real y de una gran riqueza literaria. Bien es verdad que ser originario de ese Condado (Meath) imprime carácter a la hora de describir paisajes e imaginar historias. Hay en Irlanda gran profusión de leyendas, tanto orales como escritas y en ese lugar tan señalado más.

    Es ahí donde la mitología céltica ubica a la fabulosa Tara, la colina de los Reyes y a la Lia Fáil o Piedra del Destino donde se coronaban a los reyes de la Isla. Amén de muchas otras celebraciones.

    Todo un referente de la literatura maravillosa el amigo Dunsany. Hacen falta sus fantásticas historias en estos tiempos que a menudo nos oprimen en una realidad gris y anodina.
    Muchas veces me pregunto, ¿qué sería de este mundo sin la fantasía?

    Magnífica entrada Antonio, gracias por acercarnos a otras probabilidades.

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  7. Hola, Elisabeth.

    Así es, en el crepúsculo las cosas desechadas recuperan su voz y sus recuerdos, como Blagdaross, el viejo caballo de madera y sus fabulosas aventuras...

    Gracias a ti, amiga, por seguir esos senderos con la mirada.

    Un saludo, poeta.

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  8. Hola, Luisa.

    Así que "Cristalita" y yo somos dos pozos..., jeje. Me alegro, porque lo de 'pozo' me suena a aquello del "pozo en el desierto" que escribía Saint-Exupéry.
    Y me alegro asimismo de que estés de acuerdo en lo de las "nadas"...

    Un abrazo, Luisa, poeta, de tu "bibliotecario particular".

    ;)

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  9. Hola, Malú.

    Todos andamos últimamente con "poquito tiempo", espero que pronto vuelva la calma.
    Pero bueno, al menos tú encuentras tiempo para hacer tus viajes y sacar esas hermosas fotos de la tierra asturiana.
    Me alegra saber que has descubierto al barón de Dunsany gracias a este cuaderno.

    Un abrazo, amiga astur.

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  10. Hola, Cristal.

    ¿Eres pozo o fuente? Jejeje.
    Sobre que eso que dices, es cierto, y él mismo lo confesó: escribía sobre sus sueños.
    Pero ya sabrás que los sueños se mezclan muchas veces con nuestras percepciones y vivencias cotidianas. Así que sería como en el caso del amigo Hoffmann, que entreveraba unos asuntos y otros.

    Como decía otro amigo, Michael Ende: "La fantasía es más necesaria que nunca en este siglo en que vivimos."

    Un abrazo, hada de cristal.

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  11. Perdona, Cristalook.

    He escrito "sobre que eso que dices"... Es evidente que sobra un "que", jeje.
    No hablaba de quesos, lo que pasa es que las prisas no perdonan a nadie...

    Saludos.

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