Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AHM







martes, 13 de octubre de 2009

Niño y sueño



"El niño es un sonámbulo. Lo maravilloso del sueño en que vive sólo lo descubre al despertar."

Aimé Michel


Estas palabras de Michel me hacen recordar una vieja idea:
¿Se supone que cuando el niño se hace adulto despierta, y es entonces cuando se da cuenta que lo vivido anteriormente era sólo un sueño, un sueño maravilloso? ¿No puede que sea otra cosa? ¿que lo que le ocurre al niño, cuando deja de serlo, sea algo como entrar en otro sueño, uno que ya no es tan "maravilloso"...?
Creo que los niños tienen una especial capacidad para ver la vida, para sentirla, porque todas las ventanas de su torre están abiertas de par en par, su percepción está limpia. Es después, en el contacto continuo con el mundo, donde esa capacidad se deteriora y se empobrece.
El niño, según va creciendo, va cerrando puertas y ventanas, porque el mundo así se lo enseña. La regla esencial de la escuela del mundo es: "¡Déjate de fantasías y conoce lo real! Lo que ves son sólo pájaros en tu cabeza..." ¿Y no será esta realidad otra fantasía, una de muy bajo nivel?
Escribía Hölderlin en su Hiperión:

"¡Ojalá no hubiera ido nunca a vuestras escuelas! La ciencia, a la que perseguí a través de las sombras, de la que esperaba, con la insensatez de la juventud, la confirmación de mis alegrías más puras, es la que me ha estropeado todo.
"En vuestras escuelas es donde me volví tan razonable, donde aprendí a diferenciarme de manera fundamental de lo que me rodea; ahora estoy aislado entre la hermosura del mundo, he sido así expulsado del jardín de la naturaleza, donde crecía y florecía, y me agosto al sol del mediodía.
"¡Oh, sí! El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona, y cuando el entusiasmo desaparece, ahí se queda, como un hijo pródigo a quien el padre echó de casa, contemplando los miserables céntimos con que la compasión alivió su camino."

El niño es como un mago, uno muy frágil y sensible, pero un mago, que puede ver cosas que los adultos ya han olvidado. Por eso cuando crece, o cuando le obligan a crecer, descubre que aquello que vivía resulta que era "maravilloso"...
Por fortuna, hay hombres que no han perdido del todo esa conexión con la mirada de su infancia. Y que, a pesar de todos los matices y sombras de la experiencia mundana, siguen mirando al horizonte, las nubes, las estrellas y la luna con una inexplicable sonrisa.


Antonio Castellón
(12 de octubre, 2009)

____________________

Imagen: "Roots and Wings", por Rob Gonsalves

32 comentarios:

  1. Hay cierto aire a Rousseau en tu post, Antonio.A ciertas edades la fantasía –si todavía la tenemos- es como dices de muy bajo nivel. Cuando uno cruza la frontera del supuesto ecuador, “ Nel mezzo del caminin di nostra vita”, como decía Dante, (o algo parecido) nuestra capacidad de ensoñación se reduce. Andar hacia el otro extremo es un camino de renuncias progresivas. Yo también estoy con Hölderlin. De niños somos un maravilloso Dios metido en una cosa amorfa. Hoy, nos presentamos al mundo con un perfecto cuadrado, - sin mendigo o con él- dentro.
    La solución es quizá, no sólo simplemente reflexionar, si no reflexionar sobre los sueños del niño que fuimos. Regresar un poco. Revivir mucho. Hay que forzar la maquina de fabricar sueños, aunque las pilas empiecen a flaquear.
    Estupenda tu meditación. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Querido Antonio,

    Siento discrepar con la idea de que cuando al hacernos mayores, despertamos del sueño de la niñez. En mi caso, todo fue una mala pesadilla. Yo era un niño bastante retraído y acomplejado. Vivía --literlamente-- con miendo, aterrado de los mayores y de mis compañeros de escuela. Era incapaz de huír de todo aquéllo. La adolescencia cambió mi vida, para bien, pero tampoco diría que viví un sueño, sino un nacer a la vida, empezar a ver. Sólo de mayor, si es que se puede decir que soy eso: mayor, he parendido a soñar. A ver con los ojos del corazón y del alma e intentar ponerme en el lugar de los demás. He aprendido, más o menos, a arrinconar mis complejos y ahora sé amar, de verdad y sé apreciar la virtud de los demás. Puede que en la niñez sentara, en mi caso, las bases de algo, pero nada onírico. Y si tuviera que regresar a ella..., preferiría morir.

    Ya sé que no a todo el mundo le pasará lo mismo. Pero cuando miro a un niño, desconfío de sus pensamientos, quiero decir, dudo de que pueda ser feliz.

    Un abrazo
    Chuff!!

    ResponderEliminar
  3. Querido Antonio, me vas a permitir, que utilizando tu espacio conteste tu post, y también lo que dice el amigo Zen.

    Así pues, queridos ambos:

    está claro que en cada ser, y desde muy pronto,se conforma un universo parecido, pero con connotaciones personales que lo hacen único y distinto de cualquier otro.
    La niña que aún vive dentro de mí, tampoco tuvo una infancia afortunada, por motivos diversos. Pero creo que no he soñado más en mi vida. Seguramente como un escape a la realidad de mi entorno. Y quizás porque me acostumbré, o me gustó en demasía, sigo haciéndolo. Aunque la realidad que ahora me concierne, no tenga nada que ver con la de entonces...o casi...
    Crecer, a veces, se convierte en una vorágine que nos da unos recursos y nos hace perder otros.
    Pero cada uno vive,eso, de una forma distinta. Yo, como vosotros, sólo puedo hablar de la mía y suponer que seguro que no soy el único ser que ha llegado a las mismas conclusiones.
    Cuando nuestra realidad, culesquiera el motivo, necesita un escape, es lícito y lógico recurrir a la magia del sueño, o del ensueño. Y una vez descubres y controlas su hechizo... cuesta renunciar a ella,¿verdad amigos?, por lo menos a mi.
    Pero a diferencia de Daniel, y vaya por delante que me hubiera gustado y mucho!, yo no creo haber sido un maravilloso Dios metido en una cosa amorfa. Yo estoy contigo Zen, yo fui una niña valiente, pero muchas veces asustada, que defendía y aún defiende sus pocos buenos recuerdos de entonces, con uñas y dientes. Esta bitácora es un buen ejemplo de lo que digo, aunque por las rendijas siempre se escape parte de esa triteza. Pero,como tú,Zen, no volvería a caminar ese sendero. No, en este ciclo.
    Y la adolescencia, también fue para mi, un alivio, un encuentro por primera vez con un ansiado e ignoto, por ese entonces equilibrio. Algo que me proporcionó una paz que desconocía y que ni siquiera sabía que ansiaba. Y en ello ando desde entonces.
    Pero creo, cada vez más, que el niño que sigue viviendo en nosotros, si le escuchamos con la suficiente atención, vuelve a encontrar esa conexión con su mundo onírico y con esa percepción infantil, nuchas veces olvidada o despreciada, que nos hace distinguir, sin ninguna duda, lo veraz de lo que no lo es, con una certeza absoluta.
    Y termino con una cita de un libro de Umbral, que me recomendó no hace mucho un bue amigo, dice asi:
    Hay una época de la existencia, en que uno decide ser solo sus sueños, y el surrealismo es una adolescencia en cuanto que quiere alimentarse de sueños
    Y aunque aún con cosas en el tintero, ésto, ya está demasiado largo como de costumbre... así que, os dejo un abrazo a ambos y os deseo felices sueños.

    ResponderEliminar
  4. yo creo que michel se refier que despertamos cuando al ser adultos, recordamos y abrazamos al niño que erasmos, que somos.
    Grandes palabras. Un placer leerte amigo.
    espero que todo valla biem^^
    un abrazoQ

    ResponderEliminar
  5. Antonio, tenía un poco abandonado mi blog y a mis contactos. A pesar de eso tengo que reconocer que siempre es un placer leer, ver, oler, y sentir los aires de sueño que flotan en este espacio a través de tus palabras. Los sueños son importantísimos en mi vida, y este lugar tiene un indescriptible acercamiento a lo onírico que me fascina.

    Con respecto a tu escrito, tengo que decir que me ha parecido muy interesante. En mi opinión, gran parte de la cuestión se resuelve en la primera cita del texto, donde se afirma con respecto al niño que “Lo maravilloso del sueño en que vive sólo lo descubre al despertar". Es necesaria, por tanto, una dualidad entre los sueños y la vida (que se nutre de ellos) para que ambos puedan existir. En este aspecto coincido con ZenyZero cuando sostiene que ha aprendido a amar de grande, no de niño. Para esto es necesario despertar, retrotraerse al sueño, interpretarlo a la luz de nuestro presente y descifrar en él las necesidades del niño que fuimos y somos. Como también dice Cristal00k "recurrir a la magia del sueño, o del ensueño" cuando este sueño al que llamamos "realidad" nos abruma. El niño no sueña, el niño para mi es el mismo sueño, vive dentro de él, se sorprende del mundo con el que entra en contacto en sus primeros años, y adjudica a los fenómenos, a los que la ciencia trata de osificar en normativas, una mirada mágica, que le sirve, muchas veces, para hacer frente al mundo ante el cual se siente indefenso y del cual no puede despertar. Pero es ya de grande cuando aquel niño se transforma en un verdadero mago que puede hechizar y conjurar la realidad para transformarla en lo que le hubiera gustado que sea. La fantasía es necesaria como motor de la realidad, pero sólo en está última aprendemos a perfeccionar nuestras utopías, a soñar, a hacerle frente a nuestras pesadillas, a salir del sueño para saber y disfrutar que soñamos, y que podemos soñar a pesar del dolor.
    “Hay que forzar la máquina de fabricar sueños, aunque las pilas empiecen a flaquear”
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  6. Romanos 10. Si confiesas con tu boca que Jesucristo es tu Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salv@.

    ResponderEliminar
  7. dejemos
    (re)nacer
    a nuestro
    niño


    (hermosa imagen que acompaña)

    Mil besos,Antonio!

    ResponderEliminar
  8. Hola Antonio, estoy de acuerdo contigo y a pesar de ser joven aun, siento como la sociedad me consume y me enloda, y cuesta mucho soñar que todo es una utopia en donde podemos actuar sin dejar consecuencias, como niños.

    Me quedare con esta frase:

    "El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona"

    Gracias por tus escritos

    ResponderEliminar
  9. Y hoy, como hace más de quinientos años, un niño al timón es capaz de descubrír, no lo perdido, sino lo oculto entre lo aparente, en una "deriva que crece". Se disfraza de navío, no por navegar, sino para "tenderse entre los puentes..."

    Gracias Antonio, guerrero de luz.

    ResponderEliminar
  10. No sabría vivir sin soñar. A mi no me pierde la realidad me pierden los sueños y a veces me duelen justo en ese momento en el que despierto y deseo que el sueño se haga realidad. Eso es lo más tremendo de los sueños, querer que se cumplan.

    Besos, Antonio.

    ResponderEliminar
  11. El niño no sueña,el niño ignora, el niño juega que es su forma de aprender y conocer el mundo, empezamos a soñar en la adolescencia y para entonces ya el aprendizaje fue cortando alas.
    La infancia solo puede ser feliz por ignorancia, por desconocimiento, por protección de los mayores, suponiendo que la infancia haya sido realmente feliz. Y esto en na sociedad "avanzada" como la nuestra.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  12. Maestro Antonio: una vez más, gracias por traernos este jugoso texto.

    En mi blog he dejado un regalo para ti.

    Un abrazo,

    Antonio

    ResponderEliminar
  13. Para un perseguidor de sueños, crecer es redoblar la búsqueda ... de niña me pasaba horas en el altillo de un armario escapando del ruido de multitud de hermanos, para poder vivir en una ensoñación que ya olvidé; ahora persigo sueños conscientes y disfruto de aquellos que dormida recibo, ¡quizá no sean tanto sueños...son mis realidades oníricas, esa otra vida en la que tejo la trama que la vida real hará realidad algún día, y así suele ocurrir...

    Besitos volados.

    ResponderEliminar
  14. Hola, Antonio.

    Por supuesto que hay sueños de niño que perdemos irremediablemente. Si te refieres a Santa Claus, los Reyes Magos o el Ratón Pérez... un día (fatal) nos tuvimos que enterar de que no existían más que en nuestra imaginación.
    Pero afortunadamente, el mundo de la fantasía e ilusión no se reduce a esos mitos infantiles, y ya adolescentes y hasta adultos, hay quienes continuamos con bravura defendiendo la existencia de esos mundos paralelos, de esos ámbitos alternos que nos permiten ensoñar al propio tiempo que vivimos la realidad pura y dura.

    Al menos, eso creo yo. Y además, sostengo que Santa, los Reyes y el Conejo de Pascua no sólo viven en nuestra imaginación infantil, sino en nuestra memoria, como los recuerdos más pereciados...

    Un beso, amigo del Árbol Azul, que ciertamente existe

    ResponderEliminar
  15. Siempre he oído a mi alrededor que era una ingenua,(y que vivía en un mundo de fantasía, por eso ya te comenté en una ocasión que me refugié en la escritura de muy niña, y que la blogosfera y gente como tú ha sido sin dudarlo lo mejor que he hecho en los últimos tiempos), bueno, a lo que iba, pues eso que yo creía que la ingenuidad era algo malo, hasta que me hicieron ver que no, que el mundo ya tenía demasiado de lo otro y que precisamente necesitaba gente ingenua como yo...

    ResponderEliminar
  16. Hola, Daniel.

    Lo de tener fantasías de bajo nivel, ya a cierta edad, es culpa del mundo que nos ha tocado vivir, que no propicia precisamente un buen nivel en ese sentido, y quizá en ningún otro.
    Creo, sinceramente, que aquellos sueños viven dentro nuestro. Así que habrá que buscarlos con ese regreso de que hablas y revivirlos en la medida de lo posible, y de lo imposible también.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  17. Hola, Zen.

    No se dice aquí que cualquier infancia sea una etapa feliz, en absoluto. Lo que se dice es que el niño tiene una capacidad, una conexión, que suele perder de adulto.
    Por supuesto, cada uno hemos vivido nuestra infancia de distinta manera, por las diferentes circunstancias, y asimismo nuestra juventud.
    Me atrevería a decir que en tu caso fue la adolescencia donde tuviste tu particular despertar, eso es normal y nos ha pasado a muchos, si no a todos (a todos los "sensibles"), pero eso no quita para que el niño sea, a su manera, una especie de mago, independientemente de la situación concreta que le rodea.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  18. Hola, Cristal.

    Pues yo estoy con Hölderlin y con Daniel Damián: el niño es, si no un dios sí un mago. Y si no encuentra eco en las personas que le rodean, lo busca por ahí, en donde sea, porque por todas partes ve puertas abiertas que le llevan donde necesita ir.
    Mi infancia tampoco fue una paraíso, fue una niñez normal, con los juegos, los colegios y los problemas normales, pero sólo en cuanto al exterior. Internamente, veía y sentía cosas que no me atrevía a comentar, no sólo a mis mayores sino ni siquiera a mis compañeros de calle y colegio.
    Está claro que no todos los niños son iguales.
    A mí tampoco me gustaría nada volver a mi infancia, porque sería como volver a perder cierta libertad, libertad de acción, ya que los niños están siempre "sometidos" por sus mayores. Pero lo que no quiero perder nunca es ese poder de conectar con la magia y el asombro ante la vida.
    Es decir, no quiero volver a ser niño, de ninguna manera, pero sí mantener vivo a ese niño que vive por dentro.

    Como decía Umbral (gracias por la cita): "hay una época de la existencia, en que uno decide ser solo sus sueños..."
    Pero no todos los niños lo hacen, porque los hay que no es que no tengan sueños, sino que sus sueños se ven en seguida realizados por el mundo que les rodea. Digamos que hay niños "normales" y niños que no lo son tanto.
    La diferencia es una realidad.
    Uno decide lo que siente y puede. El que está de acuerdo con el mundo tendrá una feliz existencia, y el que no, también, si sabe encontrar su camino secreto.

    Un abrazo, hada.

    ResponderEliminar
  19. Hola, Leo.

    Aimé Michel se refiere a que el niño no es consciente de que lo que ve en su infancia es "maravilloso", eso sólo lo ve cuando crece. Al niño le parece de lo más normal su fantasía, hasta que los adultos le enseñan que no es así, y que además es inútil.
    Pero siempre hay caminos de regreso, para quien lo quiera.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  20. Hola, Fausto.

    Me gusta mucho eso que dices: que el niño no sueña, sino que es el mismo sueño.
    Y ese sueño, añado, se suele disolver en el contacto con el mundo "real". Este mundo real es el que nos muestra que aquello que vivíamos de niños era sólo un sueño.
    Lo que llamas "dualidad entre los sueños y la vida" yo lo veo como "puentes", esos puentes necesarios que nos permiten volver de alguna forma a aquella maravilla que veíamos tan claramente cuando éramos niños.

    Supe, desde adolescente, que toda mi vida iba a ser una lucha entre lo que denominaba "vida" y "mundo". Para mí, el mundo es como un mal sueño, una especie de pesadilla que niega mis sentimientos, de ahí que surgiera una cierta rebeldía, la cual mantengo.
    Saber estar en ambas esferas contrapuestas es aprender a vivir, y a sobrevivir. Y para ello uso esos "puentes" que digo. Lo contrario sería un desierto, no sólo sin agua, también sin aire.

    "Hechizar y conjurar la realidad para transformarla...", eso que dices es lo que intento todos los días. Y cuando lo consigo es cuando de verdad me siento vivo.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  21. Hola, Anónimo.

    Gracias por tu visita, pero no hablamos el mismo idioma.
    Jesús es un buen amigo, pero no tengo "señor", sino "señora", su nombre es Magia.
    Así que no seré "salvo", no como tú lo entiendes.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  22. Hola, Silvia.

    Sí, dejemos renacer a ese niño, que sin duda sabe muchas cosas que aparentemente hemos olvidado.

    Besos infantiles.

    ResponderEliminar
  23. Hola, Annabel.

    Efectivamente, "la sociedad consume y enloda". También yo lo viví así, y creo que el reto es no dejar que eso suceda.
    Te aconsejo que leas el tema de "la locura controlada", en este mismo cuaderno.

    No dejes nunca de ser joven.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  24. Hola, Poiésis.

    ¡Cuánto tiempo!
    Los niños son muy capaces de encontrar "lo oculto", porque aún están en contacto con el inconsciente. No han sido del todo aleccionados para dejar de ver...

    Un abrazo, poeta.

    ResponderEliminar
  25. Hola, Juana.

    ¿Vivir sin soñar? ¡Imposible! Al menos para este viejo lobo caminante.
    Sí, cuando despertamos nos sentimos a veces como en el borde de un abismo inmenso, un abismo entre el sueño y la realidad cotidiana, pero bueno, al menos hemos vivido ese sueño. Y eso ya es algo.
    Luego está lo de intentar dar alguna pincelada a esa realidad, con los colores del sueño. Ardua labor, pero a veces sale algo hermoso.

    Un beso, soñadora azul.

    ResponderEliminar
  26. Hola, Alfaro.

    No estoy de acuerdo contigo: el niño sueña, sueña mucho, lo que ignora, lógicamente, es el mundo adulto.
    La infancia puede ser feliz por ignorancia, como apuntas, pero también por conocimiento de algo inconsciente, que el niño ve con claridad. No hace falta que entienda nada, lo vive.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  27. Gracias, Antonio.

    Por tu presencia aquí y por tu regalo. Ya te he dejado mi saludo en tu "Verbo y Penumbra".
    El premio lo guardaré en mi armario, y luego lo pondré en la vitrina de abajo. Pero no voy a repartirlo, porque, como tú mismo indicas, es todo un problemón, jeje.

    Un abrazo, poeta.

    ResponderEliminar
  28. Hola, Brujita.

    ¿De niña te subías al altillo de un armario? Jejeje, ¡me encanta! A mí me gustaban los tejados.
    Persigues sueños conscientes y disfrutas de los otros..., pues sí que eres toda una brujita.
    Y me alegro de que tus "realidades oníricas" suelan plasmarse en la "vida real"

    Besitos soñados

    ResponderEliminar
  29. Hola, Liz.

    No, no me refiero a Santa ni a los Reyes Magos, me refiero a los umbrales que el niño (o algunos niños) es capaz de ver...

    El Árbol Azul existe, ciertamente, y recuerdo ahora un viejo sueño en que veía un precioso árbol con flores blancas, en el interior de una gran cueva. A ese sueño tengo que volver, necesariamente.

    Un beso, amiga pintora de sueños.

    ResponderEliminar
  30. Hola, "Ingenua" Bruja del Norte.

    Así es, amiga: de lo otro sobra. Das una patada a un bote en la calle y salen de debajo veinte seres normales, que estaban ahí jugando a las cartas, jeje.
    Este mundo necesita de "ingenuos", es decir, de seres que conserven cierta pureza en la mirada, cierta ilusión y alegría, cierto asombro ante el misterio de la vida.

    Un abrazo, Bruja.

    ResponderEliminar
  31. Ay qué maravillosa la frase final de tu escrito!!!!!!!!!

    Qué bella de verdad...

    Me la repetiré para no olvidarla nunca jamás. Me ha encantado...

    Yo creo que cuando somos niños jugamos con la ilusión.. con el velo de Maya.. y, como la ilusión es un juego al fin y al cabo, nos divertimos en la ficción, sin tomarnos demasiado en serio y sacándole el jugo a cada día... Cuando crecemos nos identificamos con la ilusión.. olvidamos que es una ilusión y ya no podemos concebirnos en términos que no sean ilusorios.. Perdemos la conciencia.. o sea, nos volvemos inconscientes, o sea, nos dormimos.. ;) Yo creo que de niños estamos despiertos....

    besos!!!!

    ResponderEliminar
  32. Así es también como lo veo, Isis: el niño está despierto, y el mundo con sus lecciones se encarga de "dormirlo".
    Y en la medida en que seamos capaces de conectar con ese niño que fuimos seguiremos estando despiertos.

    Me alegra que vuelvas a pasear por este rincón.

    Besos, maga.

    ResponderEliminar