Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AHM







miércoles, 30 de septiembre de 2009

La casa del sueño



Nos cuenta Hermann Hesse en su Infancia del Mago que "la casa era grande y antigua, con muchas habitaciones parcialmente vacías, con sótanos y grandes pasillos en los que resonaban los pasos, y que olían a piedra y frescura, y desvanes interminables llenos de leña y fruta, y corrientes de aire y vacío oscuro."
Una casa así, aunque más pequeña, tengo yo en un sueño. Lo que más me gusta es el desván, que convertí en estudio, y es donde tengo los libros y los armarios con los secretos. Hace ya mucho que no voy por allí, y no recuerdo si encargué a alguien que la cuidara. Tengo que volver cuanto antes.
Pero sigamos con Hesse. Después de describirnos su casa de la infancia, donde muchos mundos cruzaban sus rayos, donde la luz jugaba en múltiples colores y la vida sonaba rica y polifónica, al final nos confiesa: "La casa era bonita y me gustaba, pero más bonito todavía era el mundo de mis ilusiones, más ricas todavía mis fantasías. La realidad nunca me bastaba, me hacía falta la magia."

Sí, la magia, Lástima que con los años esa dama se vuelva cada vez más esquiva... La pared de la realidad, esa supuesta y dura pared, desnuda y brutal, se hace más alta cada vez, más inviolable, más difícil de escalar, mientras que el aire suave del sueño, el sinuoso y brillante dibujo de la magia es cada día más inencontrable, más lejano, más perdido.
Definitivamente, tengo que volver a mi casa del sueño, al sueño de mi casa, subir al desván y abrir los armarios de los secretos.


AC.
(octubre, 1996)

12 comentarios:

  1. ¿y no te ha pasado que cuando vuelves a la(s) casa(s) de la infancia que eran tan grandes resulta que son todas ellas más pequeñas que la casa recordada.
    El recuerdo lo engrandece todo.
    Luego, subes al desván y tampoco es ya como lo recordabas...
    La imaginación sale ganando siempre, así que mejor no perderla.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Solo cierra los ojos... que la magia siempre se lleva. Como el lapiz y la libreta...

    Saludos cordiales : )

    ResponderEliminar
  3. Sí, Alfaro, y no sólo las casas, sino también las calles y hasta los barrios.
    Pero aquí es distinto, porque mi casa está en un sueño, y cuando vuelvo está igual que antes.
    Los soñadores construimos para la eternidad, jeje, o por lo menos para un largo tiempo.
    Si alguna noche volviera a mi casa y la notase más pequeña, eso sería una indicación clara de que mi ser había perdido facultades, de que se había empequeñecido...
    De momento, no sucede así.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  4. Hola, Arya.

    Gracias por el consejo, pero no me hace falta cerrar los ojos. La magia siempre la veo, o casi siempre, porque siempre está ahí. Es el pájaro del sueño, que se posa sobre el árbol de la noche y a veces incluso entra por mi ventana.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  5. Mis sueños han estado siempre poblados de casas, que al parecer eran mías pero que para mi siempre eran desconocidas...o bien descubría una y otra vez nuevas habitaciones ; siempre han sido sueños repetitivos y es por eso que recuerdo por lo menos tres casas que podría describir a la perfección. supongo que algo sobre mi misma querrían decirme, quizá sobre el propio conocimiento y espero que dieran el resultado apetecido, pues hace ya algunos años que esos sueños no llaman a mi puerta, solo son ya recuerdo sumamente agradable a los que me gustaría regresar pues de alguna manera sería como un regreso al hogar...

    Besito volado y soñado.

    ResponderEliminar
  6. Bendita fantasía, qué sería de nosotros sin ella. ¿Cómo escaparíamos de la dura realidad? Pues parece una casa muy especial, la de tu sueño, imagínate que bonito sería si pudieras invitar a alguien. Me ha gustado mucho el texto Antonio, un beso!

    ResponderEliminar
  7. Me encanta tu comentario, Brujita, porque me ha hecho recordar otra casa (también yo tengo varias, jeje), una que es muy larga y en la que solía descubrir habitaciones nuevas. ¡Era magnífica esa sensación!
    Y no eran habitaciones vacías, sino ya bien amuebladas. Para mí era "la casa de las sorpresas", jaja. Hace tiempo que no voy por allí, pero cualquier noche de estas vuelvo.

    Creo que en estos sueños la casa somos nosotros mismos.

    Besito volado, soñado y casero.

    ResponderEliminar
  8. Gracias, Andrea.

    Sí, ¡bendita fantasía!
    Pero a esa casa ya he invitado a alguien, a varios amigos. Los sueños te permiten hacer estas cosas, jeje. Y aunque no muy grande, era (y es) muy acogedora. Una casa de piedra con tres alturas y muchos escondites.

    Un beso, amiga, y a ver si te curas de las jaquecas... (¡jaja!)

    ResponderEliminar
  9. Saludos Antonio, compruebo que últimamente escribes torrencialmente (cantidad)
    Empiezo por aquí.
    A mi me ha pasado como Alfaro. En una ocasión tuve la oportunidad de regresar a la casa de mi niñez. Lo que yo creía un gran caserón, -con desván incluido-, había encogido. Sin saberlo, viví en Liliput y yo lo recordaba como un universo en sí mismo. Cierto es lo que dice Hesse. Las casas son más bellas, cuando existen recuerdos; allí dónde sucedieron las fantasías. Una casa llena de ensueños pasados o presentes, la hace viva y majestuosa.
    Seguramente la casa ideal, es la soñada. Cuando en algún viaje he visitado un lugar que me ha parecido placentero, siempre pienso que en aquel espacio construiría mi casa. Y eso me llevaría a poseer mil casas. Eso seria una vileza, pues invariablemente los paisajes que me fascinan suelen ser completamente vírgenes.
    Los hogares etéreos son los que navegan dentro de nosotros mismos.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  10. Hermoso escrito, Antonio.
    13 años ha que lo escribiste, y es emocionante reconocerte en tus palabras, tus anhelos, tus búsquedas.
    Cosas que cambian/ cosas que no... Por ejemplo, tu apego al gran Hesse, que sigue incólume y que te agradezco infinitamente. Traes hasta nosotros estos fragmentos que no conocemos, y se llena nuestra mente y espíritu de mariposas y aves soñadoras.

    Ojalá pudiéramos convocar y dirigir nuestros sueños. Sería fantástico. Pero bastante logramos ya con nuestra fantasía e ilusión, las personas que tenemos esa "ventana" abierta.
    De todos modos, te deseo volver pronto a ese bello lugar, para que de esa buhardilla nos traigas cosas fascinantes.
    Un beso soñador

    ResponderEliminar
  11. Posdata:

    Acabo de recordar un a cosa:

    He soñado con varias casas, algunas que sí existieron y otras que sólo vi en sueños (por cierto, una de ellas resultó un sueño profético... pero de ella hablaré en mi blog un día de éstos). Pero hay una que SIN DUDA destaca de las demás: la casa de una de mis abuelas en Puebla, en la que viví de los 5 a los 8 años. Cuando sueño con esa casa, sé a ciencia cierta que ESA ES MI VERDADERA CASA.
    Por cierto, hace tiempo que no sueño con ella. ¡Cuánto me gustaría volver a ella una vez más, en sueños! Tu Entrada me ha hecho recor5darla con fuerza.

    Un beso "añorante".

    ResponderEliminar
  12. Ja,ja,ja,Antonio, me temo que una de mis casas coincide con la tuya...encantadoras habitaciones de visillos flotantes y perfectamente amuebladas, todas novedad para mi una delicia de lugar.
    También yo pienso que eran una forma de llevarme al autoconocimiento...y si así era, lo que el sueño me mostraba era tan delicioso que necesitaré trabajo duro para conseguir ser una sombra de lo allí veía...

    Besitos volados y soñados.

    ResponderEliminar