Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AHM







lunes, 8 de junio de 2009

Sueño de flautas II



SUEÑO DE FLAUTAS

por Hermann Hesse


(Segunda parte)



Yo, por mi parte, continué tranquilo el camino sumido en mis pensamientos, hasta que el sendero dio vuelta en un recodo.
Allí había un molino, y junto al molino se hallaba una barca en el agua. Un hombre sentado en la barca parecía estar esperándome; en efecto, cuando me saqué el sombrero y subí a bordo, la barca comenzó a navegar enseguida río abajo. Me senté en la mitad de la embarcación, y el hombre atrás, al timón. Y cuando le pregunté a dónde íbamos, levantó la vista y me miró con ojos grises y velados.
"Donde quieras", me dijo con voz apagada. "Río abajo hacia el mar o a las grandes ciudades, la elección es tuya. Todo me pertenece".
"¿Todo te pertenece? ¿Entonces eres el rey?"
"Quizá", dijo él. "Y tú eres un poeta, según creo. ¡Cántame entonces una canción de viaje!"
Me infundía temor ese hombre serio y sombrío, y además nuestra barca navegaba tan rápido y sin ruido río abajo, que saqué fuerzas de flaqueza y canté acerca del río que lleva las naves y en el que se refleja el sol; el río, que es más ruidoso en contacto con las orillas rocosas y termina alegremente su peregrinaje.
El semblante de aquel hombre permanecía impasible; cuando finalicé, asintió silenciosamente, como uno que sueña. Y enseguida, ante mi asombro, él mismo comenzó a cantar. Y también cantó acerca del río y del viaje del río por los valles, y su canción era más bella y vigorosa que la mía, pero todo sonaba muy distinto.
El río, tal como él lo cantaba, bajaba como un ser destructor dando tumbos desde las montañas, hosco y salvaje, rechinando los dientes al sentirse refrenado por los molinos y presionado por los puentes; odiaba a todos los barcos que debía sostener; y bajo sus olas, y entre largas y verdes plantas acuáticas, mecía sonriente los blancos cuerpos de los ahogados.
Nada de esto me gustaba; pero su tono era tan hermoso y enigmático que quedé completamente confundido, y angustiado callé. Si lo que aquel cantor viejo, sutil e inteligente cantaba con su voz sofocada era cierto, entonces todas mis canciones habían sido nada más que tontería, torpes juegos infantiles. Entonces el mundo no era básicamente bueno y lleno de luz, como el corazón de Dios, sino opaco y sufriente, malo y sombrío; los bosques no susurraban de placer, susurraban de dolor.



Seguimos navegando. Las sombras se hicieron más largas, y cada vez que yo comenzaba a cantar mi voz sonaba menos clara, e iba apagándose. Y cada vez el extraño cantor respondía con una canción que hacía al mundo más y más incomprensible y doloroso, y a mí me dejaba más y más desconcertado y triste.
Me dolía el alma, y yo sentía no haberme quedado en tierra junto a las flores o al lado de la bella Brigitte; para consolarme, empecé a cantar en la oscuridad creciente, con voz fuerte a través del rojo resplandor del anochecer, la canción de Brigitte y de sus besos.
Entonces se inició el ocaso y enmudecí. El hombre al timón cantó, y también él cantó del amor y del placer del amor, de ojos oscuros y ojos azules, de labios rojos y húmedos, y era hermoso y conmovedor lo que cantaba lleno de pena a medida que oscurecía sobre el río. Pero en su canción el amor era también lúgubre y temible, y se había convertido en un secreto mortal, dentro del cual los hombres, extraviados y dolidos, tanteaban entre penurias y anhelos, y se torturaban y mataban los unos a los otros.
Yo escuchaba y quedé muy fatigado y entristecido, como si hubiera estado viajando durante años a través de la mayor miseria y aflicción. Sentía que del desconocido emanaba y se deslizaba en mi corazón una permanente, silenciosa, fría corriente de pena y mortal angustia.
"Así que la vida no es lo más elevado y hermoso", dije finalmente con amargura, "sino la muerte. Entonces te ruego, oh triste monarca, que cantes una canción a la muerte".
El hombre al timón cantó de la muerte, y cantó más bellamente que antes. Pero tampoco era la muerte lo más hermoso y alto, tampoco en ella había consuelo. La muerte era vida, y la vida muerte, y estaban enzarzadas entre sí en un furioso combate de amor, y esto era lo último y el sentido del mundo, y de allí se desprendía un resplandor que podía, a pesar de todo, alabar toda miseria, pero también una sombra que enturbiaba todo placer y belleza rodeándolos de tiniebla. Pero desde esa tiniebla ardía el placer más bella e íntimamente, y el amor ardía más profundo en medio de esa noche.

Yo escuchaba y me había quedado totalmente en silencio; no existía en mí otra voluntad que la del extranjero. Su mirada descansó sobre mí, callada y con una cierta bondad melancólica, y sus ojos grises estaban cargados del dolor y la belleza del mundo. Me sonrió, y entonces cobré ánimos y le rogué en mi necesidad: "¡Ah, retorna, por favor! Tengo miedo aquí en la noche, quisiera volver a la casa de mi padre, o volver para encontrar a Brigitte".
El hombre se levantó y señaló la noche; el farol resplandeció claramente sobre su rostro enjuto e imperturbable. "Ningún camino va hacia atrás", dijo seria y amablemente, "hay que proseguir siempre hacia adelante, si se quiere conocer el mundo. Y de la muchacha de los ojos oscuros ya has tenido lo mejor y más hermoso, y cuanto más te alejes de ella, tanto más hermoso y mejor será. Pero marcha hacia donde quieras; te daré mi lugar al timón".
Yo me hallaba tremendamente entristecido, pero sabía que él tenía razón. Lleno de nostalgia pensé en Brigitte y en mi país y en todo lo que había sido hasta entonces cercano, luminoso y mío, y en todo lo que había perdido. Pero en ese momento iba a tomar el sitio del extraño y conducir el timón. Así debía ser.
Me levanté en silencio y me dirigí a través de la barca al asiento del timonel; el hombre se acercó a mí también en silencio, y cuando estuvimos el uno frente al otro me miró fijamente a la cara y me dio su farol.



Pero cuando me senté al timón y hube afianzado el farol junto a mí, me encontré solo en la barca; advertí con un profundo estremecimiento que el hombre había desaparecido. Sin embargo, no me sentía asustado, lo había presentido. Me parecía que el hermoso día de viaje, Brigitte, mi padre y la patria habían sido sólo un sueño, y que yo era un viejo apenado y que siempre había viajado a través de aquel río nocturno.
Comprendí que no debía llamar a ese hombre, y el reconocimiento de la verdad se desplomó sobre mí como una helada.
Para saber lo que ya presentía, me incliné sobre el agua y alcé el farol, y desde la negra superficie me miró un rostro penetrante y serio con ojos grises, un rostro viejo y sabio. Era el mío.
Y como ningún camino lleva hacia atrás, continué el viaje por las aguas oscuras a través de la noche.


Hermann Hesse (1919)



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- Publicado por Ediciones Librerías Fausto, Buenos Aires, 1975.
- Traducción de Rodolfo E. Modern

15 comentarios:

  1. Y más tarde o más pronto,todos, continuaremos ese camino, aunque no sé si llenos de sabiduría.

    Y tal como dice Hesse, la percepción siempre será de ir hacia adelante.

    El tiempo, o lo que de él conocemos, con permiso de Susskind, no permite otra cosa, al menos a este lado del espejo.

    Y desconozco si Merlín cantaba, aunque ahora que lo pienso... quizás lo averigue. Pero para invocar y o conjurar se necesita una voz potente. No me imagino a un Druida con voz meliflua. Lo decía en ese sentido.

    En cuanto a lo de pasarme al otro lado, créeme si te digo que todos esos y algún otro rol he representado y sin problemas. Pasa, que el de Pirata, permite muchas licencias y me gusta especialmente. Ya sabes lo que dicen, las chicas buenas van al cielo y las malas a todas partes...jeje

    Un abrazo Sr. Druida de la Luz inclinada.

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  2. Antonio:

    ¡Cuánta sabiduría detrás de este relato!
    Es un genio de las metáforas el maestro Hesse: ese viaje en la barca es la travesía de la vida, que desembocará finalmente en el mar, la muerte, tarde o temprano.

    Otro maestro, Bob Dyllan, diría: "Don't look back", =, No mires atrás. O sea, el mismo mensaje de que siempre hemos de ver hacia adelante. Los recuerdos nos acompañan, pero a fin de cuentas nuestro viaje es solitario.

    Y siempre es mejor transitar los caminos cantando...
    (¿Ya nunca volvió a sacar su flauta?, me pregunto. Quizás ella sólo lo acompañó durante su juventud).

    Un beso, amigo peregrino y caminante.

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  3. Hola, Cristal.
    Sí, "la percepción siempre será de ir hacia adelante", como dices, pero eso es sólo una percepción. No todas, jejeje.
    Ya nos veremos las caras en "el otro lado del espejo". Y entonces sabremos si vamos hacia adelante o hacia dónde leches vamos (si es que "vamos")...

    Entendido por fin lo del Druida. Y de nuevo gracias, por la parte que me toca.

    Si ya has probado otros "roles", pues entonces no tengo nada que decirte. Me gusta eso de que "las chicas buenas van al cielo y las malas a todas partes". Siempre he sentido debilidad por las 'chicas malas', que en el fondo no es que sean malas sino que están llenas de curiosidad ante la vida.

    El cuento de "Juego de sombras" que le gustaba a tu profesor es bueno, pero quizá demasiado "romántico" para ponerlo aquí. Me recuerda algo al "Werther" del joven Goethe.
    Está bien, pero es triste, y a mí no me gusta la tristeza.

    Un abrazo, Sra. Cristal del País de Nunca Jamás.

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  4. ¡Hombre! ¡Liz con su lirio!

    Sí, amiga, el tío Hermann era un "genio de las metáforas".
    Pero, sinceramente, no creo que él quisiera dar a entender con este relato una idea lineal de la vida, como la barca que se desliza por la corriente del río hasta ir a dar al mar, que es la muerte. No lo veo así.
    Más bien creo que, aunque quizá no se diga claramente en el cuento, Hesse intenta expresar la imagen de un círculo o una esfera. Algo así como un "eterno contínuo", donde el ayer se roza con el hoy y con el mañana.
    Me parece que ésa es la idea.

    La flauta no lo sé. Que yo sepa, Hesse sabía tocar el violín, y ya de mayor cambió eso por los pinceles. Le encantaba pintar a la acuarela en medio del campo.

    Un abrazo, amiga pintora de sueños mágicos, en los que a veces consigo "colarme".

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  5. Y aquí llega otra chica mala!
    Tu tío Hermann y su carga de oscuridad,ohhh!!!!.
    Y el círculo del que hablás ha de cerrarse con la muerte.Son difíciles y brumosos,muy brumosos los caminos de la vida pintada por Hesse.Todo lo bueno quedó atrás, y nos damos cuenta cuando no hay retorno?
    Es cierto que navegamos entre aguas turbulentas, pero a veces entramos en algún remanso del río y podemos disfrutar la belleza del paisaje.O no?
    Pues,Antonio, desde que leí a Cristal y comprobé que soy un holograma ya no sé qué más decir...(jaja).
    Muy bueno el cuento!
    Besos (aún del lado de acá)

    Y leo que el libro que tenés entre manos fue publicado en Liberías Fausto, Buenos Aires, 1975.Miro hacia atrás desde la cubierta de mi barco,y me veo en esa librería! Cómo se me pasó esa publicación?! Será que estaba obsesionada con Demian , y con Ernesto Sábato...Puedo volver, Antonio?

    Mil besos!

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  6. Me encanta H.Hesse, fue una de mis primeras lecturas. Un saludo.

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  7. Hola, Rayuela, ¡chica mala! (jeje)

    Así que eres un holograma. No lo sabía. Bueno, no pasa nada, todos somos hologramas, aunque algunos tienen mariposas y otros no...
    No he dicho que ese círculo tenga que cerrarse con la muerte, ¿y por qué la muerte ha de ser un "cierre"? ¿quién sabe lo que es la muerte?

    Amiga Silvia, podés volver cuando quieras. La librería no sé si sigue abierta, pero en la Imprenta de los Buenos Ayres Rondeau 3274 aún quedan ejemplares de este libro.

    Un beso, maga de las palabras.

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  8. Hola, June.

    Como siempre, mi "tío" Hesse es una buena tarjeta de presentación.
    De las mejores.
    Me he pasado por tu sitio y me ha gustado. Así que, con tu permiso, te agrego a mi lista.
    Gracias por tu visita.
    Un saludo.

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  9. El camino como la vida que siguen su curso y se acompañan siempre mirando hacia un futuro! me gustó. un gran beso!

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  10. Me alegro de que te guste, Fabiana.
    Más adelante pondré otros cuentos del "tío" Hermann.

    Un beso.

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  11. Es un honor, Antonio.Te correspondo con un link y una respuesta. Saludos

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  12. Hola, June.
    Ahora mismo me voy a leer tu respuesta.

    Un saludo, nueva amiga.

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  13. Bueno, el otro día en mi cuento Fluir, las golondrinas en bandada dibujaban una flecha que hacían a la protagonista seguir adelante. De eso se trata, de fluir, aprender, y seguir fluyendo.

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  14. Eso es, Malvada, fluir, y no quedarse estancado en un recodo del camino.
    Siempre he hablado aquí de "movimiento", creo sinceramente que está íntimamente ligado a lo que es la vida.

    Un abrazo, Bruja dominguera, jeje.

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  15. buenos,Me encanta su website,muy informativo, Te falta sólo una herramienta de traducción el resto tudo ok!
    abrazo
    excusa mi horrible espanol!

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