Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AHM







jueves, 18 de junio de 2009

Sobre los viejos (II)



SOBRE LOS VIEJOS (II)


Declaraciones de un joven un tanto impetuoso



Pienso que el mundo es así, tan absurdo y tan viejo, precisamente por esta admiración equivocada, por esta especie de veneración, pueril y asustada, que se tiene por lo viejo, por lo que está de vuelta. Ese mareo de años que nunca llegaron a nada, pero que están ahí sentados en el sillón del tiempo como si supieran algo.
La chispa joven del hijo, del niño, su fuerza rebelde y limpia, positiva y posible, dura muy poco. En seguida se adapta a los esquemas del padre, copia sus formas y hasta imita el tono de su voz. Demasiado pronto el hijo, después de unos cuantos bailes y algún que otro viaje, empieza a cambiar su sueño por nada. El retrato del abuelo impone desde el centro de la pared. Impone mucho. Desde esos ojos grises, profundos, le está mirando nada menos que la imperturbable y poderosa realidad. Y además, para qué engañarnos, la luna quedaba muy lejos y hacía mucho frío aquella noche... No hay otra salida, ni tiene por qué haberla. El chico lo entiende bien y todo queda en su sitio, en el de antes. El mundo, una vez más, está salvado y en orden. Como siempre.

Creo, no obstante, que todo eso tan imperturbable y poderoso es sólo la realidad del abuelo. Respetuosa y digna, como todas las realidades, pero también mutilada, insuficiente y vieja, sobre todo vieja. La realidad auténtica, la entera, que no ha sido desnatada por ninguna memoria, que está viva y se mueve como un pájaro de luz, como una serpiente de aire, no cabe en el cuadro del abuelo, ni en ningún otro. La realidad es curva, sinuosa, danzadora. Siempre se sale del cuadro.

Lo viejo es lo que mueve a este mundo. Por eso este mundo es así de viejo. Recuerdo ahora uno de mis paseos por el Retiro, de hace muchos años, en el que visité ese lugar ridículo y triste que llamaban "Casa de Fieras". Y recuerdo, aparte del pozo aquel donde los monos charlaban de sus cosas, mientras otros monos con chaqueta y corbata los miraban entre divertidos y asombrados. Todo un cuadro de familia. Recuerdo a un lobo encerrado en una pequeña jaula. Tres metros escasos para correr. Un asco de pradera. Y el pobre lobo corría, trotaba sin cesar de un lado para otro como buscando una salida que no había, un campo lejano e imposible... Así, más o menos, siento que se mueve el mundo. Entre paredes estrechas de un gris metálico, donde cuelgan imponentes retratos antiguos, tristes cuadros de viejos y viejas que lo único que hicieron fue servir a la nada y cuidar de su miedo.
Nos movemos sin cesar dentro de esa jaula, rebotando entre paredes de niebla. Pero no es la libertad lo que buscamos. No somos lobos. Lo que nos gustaría es encontrar una jaula más limpia y bonita, un poco más espaciosa, donde rebotar más a gusto.

Se me puede decir, quizá, que todo ese clonismo social, ese mareo de vidas iguales, copiadas y vacías, ese amor entre viejos, sucede a la fuerza. Que hay una presión muy grande que obliga a que todo se parezca. Pero yo, sinceramente, no me lo creo. La gente en general ama lo viejo por eso mismo, porque es vieja. Y lo es voluntariamente. Lo otro les asusta. Se mueve demasiado deprisa y no hay por donde cogerlo. No es seguro ni tranquilo, y así no se puede vivir, no se pueden hacer planes para el futuro. Es una locura.
Mejor recortar los sueños para que quepan dentro del marco del abuelo. Al fin y al cabo, él sabía bien lo que había que hacer y consiguió llegar hasta los noventa sin demasiados problemas. Es el ejemplo a seguir. Además, si no fuera por él no tendríamos esta estupenda casa y andaríamos de alquiler, trabajando como esclavos para llegar a fin de mes. El abuelo, como digo, es el ejemplo a seguir, con todo lo que ello implica. Él sabía bien que a la vida no hay que darle más vueltas, que todo está inventado, que el pan es pan y el vino vino, y los sueños no son sino pájaros inútiles que hay que quitarse de la cabeza.

Preciosos pero inútiles. La gente en general es más amante de los muebles, cuanto más pesados mejor. Le gustan las paredes recias y gruesas, y usa las ventanas sólo para ver si llueve. Los pájaros y los sueños quedan bien en las películas y en las novelas, pero no son nada prácticos, no generan muebles, ni dinero, ni cosas. Pobres pájaros, pobres sueños inútiles. De hecho, lo que más le gustaba al abuelo ese del retrato era verlos caer, contemplar cómo su música de plumas, de color y de aire se precipitaba sobre el suelo bajo el tiro certero de su escopeta.
Los viejos, no sé por qué, sienten algo así como odio hacia todo lo que vuela.

En fin , para qué seguir. Hago esta leve crítica porque creo que la vida puede ser otra cosa. No tengo nada personal contra los viejos. Bastante tienen con ser los continuadores del tiempo. Lo que niego es esa categoría casi filosófica que se da a la vejez, cuando no es más que la cristalización deforme de lo humano, un estado patológico que impide el desarrollo, la expresión natural de la vida.

Llegar a viejo, remontar la línea de los años, si somos amantes de esta aventura, es algo absolutamente deseable. Pero hacerse viejo, ser viejo es como caer enfermo de gravedad, como darle la espalda a la vida, como encerrarse en un armario antiguo en el que se hubiera detenido el tiempo.
Esto último, lo de detener el tiempo, nos gustaría poder hacerlo en más de una ocasión. Parar el reloj y recrearnos a placer en ese momento especialmente emotivo o feliz. Pero no es así como funciona. Cuando se para el reloj, el tiempo simplemente se va, y nos quedamos solos con cara de idiota mirando al vacío. Lo que hay que parar es el mundo, la máquina gris que un día y otro sigue dando vueltas a lo viejo, para que todos los días se parezcan, para que todo siga en orden, ese orden viejo, para que todo permanezca en su sitio, dentro de la jaula, detenido y roto, para que la vida no pueda llegar nunca a nada. Eso es lo que hay que parar. Al menos por dentro, en lo que concierne a nuestra parcela personal, en lo cercano y posible.
Parar el mundo significa nada menos que ver a la vida moverse, y poder, también, movernos con ella. Esto es lo que nos importa. Y que los viejos se queden con sus armarios y su arena.

Debo reconocer, sin embargo, que me atrae la vejez, que me gusta. Pero sólo cuando ésta es una altura, una lejanía que hace más ancho el horizonte. Me atrae esa vejez que no es vieja, que se mueve, que respira el presente, que es amiga del aire... Obviamente, no es de ésa de la que he estado hablando. Hablaba de la otra, de la vieja, de la que tiene la casa llena de armarios con miles de cosas dentro, la que tiene respuesta para todo, pero no sabe distinguir entre lo de ayer y lo de hoy, esto que ahora nos pasa por delante de los ojos.
Hablaba de esa otra, que es la que abunda y la que más conozco. Y, bueno, quizá todo lo que he dicho sea un poco simple. Al fin y al cabo, sólo soy un simple observador con muchas limitaciones. Sencillamente, así es como lo veo y no sé contarlo de otra manera. En fin, creo que ya vale, ya es suficiente por hoy. No quiero hacerme viejo con esto. Ya he dicho lo que quería decir.

Únicamente añadir, volviendo al principio, que a mi modo de ver, si el diablo sólo fuera viejo, y no diablo, sabría efectivamente muchas cosas, pero no podría transformar ninguna. Y creo que la vida trata precisamente de eso.


Antonio Castellón
(Domingo, 27 de julio, 1997)

16 comentarios:

  1. "Si lo que quieres es vivir cien años..."

    Así comienza una canción de Sabina que me gusta mucho...

    No. No quiero vivir cien años. Y menos aún después de leer tus ideas en contra de la vejez!! jeje... (no tienes que explicarte, te he entendido perfectamente, es solo una ironía ;)

    En realidad, esa inocencia, esa capacidad de asombro y ese sentido de aventura de la niñez y -con fortuna- de la juventud, pronto son alienados por las 'programaciones culturales' a las que todos somos sometidos. Después, y si hemos tenido la suerte de tomar conciencia de ella, emprendemos el arduo camino de liberarnos de esquemas y dejar de ver el mundo tras el cristal... Tarde o temprano llega el día en que debemos abrir la ventana... Y saltar por ella ;)

    Por supuesto, lo otro es lo más 'conveniente'. Claro, porque es lo más fácil. Repetir modelos, vivir regidos por esquemas, optar según conveniencias.. Mientras el tiempo sigue pasando de manera imperceptible, llevándose con cada minuto la oportunidad que hubiéramos tenido de hacer de nuestra vida una aventura extraordinaria.

    No por grandes logros ni históricos reconocimientos ;) (el mayor logro sería sustraernos de esta alienación...); sino por poder decir, al final de nuestra vida, que fuimos dueños de nuestros días. Que cada uno contó. Que vivimos nuestra propia vida, la que 'nos dio la gana' vivir. Y que no vimos el mundo tras el cristal, ni tras la mirada de los que nos precedieron. Sino con nuestros propios ojos, después de haberlos abiertos el día en que despertamos.

    Sí... El mundo repite incesantemente modelos caducos de percepción. Y por eso los seres humanos se autolimitan al punto de morir sin siquiera imaginar todo aquello de lo que hubieran sido capaces.

    (Adónde irían a parar tantas vidas que no se vivieron).

    En realidad, lo más cómodo es repetir modelos. Lo otro implica creatividad, coraje, curiosidad, fe a toda prueba ;) Y muchos más obstáculos y limitaciones personales y circunstanciales que vencer. "¿Para qué??", es la pregunta que se hacen muchos... ¿para qué hacerse tanto lío si la vida es corta y es mejor una existencia tranquila?

    'Porque no somos plantas' sería mi inmediata respuesta ;)

    En fin...

    Tal vez esa pregunta sea tan retórica como la interrogante que nos plantea cada nuevo amanecer. Precisamente, porque la vida es corta: sin importar los años que pasen, al final nos parecerá que el tiempo pasó demasiado rápido. ¿Qué estamos dispuestos a hacer con el tiempo que nos ha sido concedido?

    ¿Saltar por la ventana o cerrarla y reemplazar el prometedor paisaje por la inmutable imagen del cuadro??

    ¡Nunca jamás!!! ;)

    Prefiero la inquietante noche, el prometedor amanecer, la emoción de lo desconocido.

    Y la certeza de que viví. De que escribí mi propia historia.

    Tal vez, entonces, el mundo para mí no sea "absurdo y viejo", sino uno por el que valga la pena pasar ;)

    un abrazo... joven impetuoso...

    ResponderEliminar
  2. El cuerpo acompaña a los años y si estos son bien vividos llegas a una vejez con un espiritu joven y una mente joven!!! hay que saber vivirlos!!!yo vivo el día a día tu ya lo sabes!!disfrutando lo mas que pueda de mis afectos!!

    Te cuento que tengo...msa de de 30...menos de 40 es mucha informacíon!jajaja!! pero esto va porque tengo una abuela de 91 años! con la que tengo una charla, tomamos mate y paso tardes que no te imaginas!!esta mejor que yo!!!
    Antoño te dejo un gran beso!!

    ResponderEliminar
  3. La sabiduria no tiene edad. Cuando hablo con algún joven y le intento enseñar algo, siemmpre le digo por delante.... "NO soy más lista que tú, sólo que soy mayor y he vivido un poquito más" La experiencia no es ser ni más ni menos sabio, es solo eso....experiencia.
    Saludos Antonio.

    ResponderEliminar
  4. He leído con atención tu segunda parte sobre los viejos. No he leído la primera porque estaba contemplando el retrato de mi abuela con sus ojos grises y se me pasó el tiempo sin darme cuenta. Hoy te leo después de rebotar y rebotar, y hago un alto en el camino y de poco me servirá, lo sé, decirte que sí, que estoy de acuerdo con cada palabra, con cada coma que has descrito de esa vida que no cabe en los márgenes de un retrato y cuando trata de ajustarse duelen todos los huesos porque por alguna razón, yo no sé ajustarme a la medida establecida, y se me pasa el tiempo, tic-tac, tic-tac...La vida es para los valientes, para los que no tienen miedo o teniendo miedo se enfrentan a él.
    ¿Será que hay que convertirse en diablo?
    Ha sido un placer esta sacudida. Estas declaraciones de un joven impetuoso.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  5. Ay,ay,ay!
    Sólo diré que, lo terrible, viejos aparte (o no), es decir que no somos lobos.Todos llevamos un lobo dentro...


    Besos!

    ResponderEliminar
  6. Hola, amiga Isis.

    Me ha gustado tanto tu comentario, que no te contesto aquí, sino en la "ventana principal", jeje.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  7. ¡Claro, Fabiana!

    Un espíritu joven, una mente joven siempre lo será, por muchos años que tenga sobre su cuerpo.
    La juventud es una actitud, no una edad.

    Un beso, joven amiga, y cuídate mucho (sobre todo, sé siempre joven).

    ResponderEliminar
  8. Bien dicho, Malú.

    ¿Y a que te ha ocurrido más de una vez encontrarte con un joven "viejo"?
    La experiencia es experiencia, no sabiduría.
    Hay monos "muy expertos", pero no sé de ninguno que sea sabio. No es por 'meterme' con los monos, pobrecillos, pero...
    Aunque como la vida es tan asombrosa, lo mismo mañana me presentan a cualquier mono capaz de darme lecciones, jeje. Pero lo que es seguro es que no será "viejo", sino más bien "diablo"...

    Un saludo, amiga astur.

    ResponderEliminar
  9. Hola, Carmen.

    Qué poco hablamos últimamente...
    Me encanta eso que dices de que no sabes "ajustarte a la medida establecida". Al final, aquí sólo quedamos los "hermanos de alma y de camino".
    Tic-tac, tic-tac... ¡Y a qué esperas para ser "valiente"!
    La que no espera es la vida, porque tiene muuuuchas cosas que hacer y muuuuchos vivos a los que atender, en sus deseos y en sus sueños.

    ¿"Convertirse en diablo"? Puede ser, amiga, pero en un sentido "fáustico". No en el otro, que para diablos ya están los viejos, seres anclados en sus tronos de experiencia, con sus coronas de arena y su bastón de serpiente.

    Un abrazo, Media Luna.

    ResponderEliminar
  10. ¿Ay, ay, ay, Silvia?

    Ay (digo yo ahora también), ojalá tengas razón y todos llevemos un lobo dentro -en el sentido en que lo digo en el texto.)
    Pero me temo que no es esa clase de lobo la que abunda en este mundo.

    Un beso "lobuno" (?).

    ResponderEliminar
  11. Esta otra "vejez" me interesa mucho porque es muy nefasta, comparto esa idea...¡cuántos jóvenes hemos conocido con esa actitud !...(también mayores, claro, son tantos que da un poco de miedo. Es un texto muy interesante y muy bien escrito. Gracias, Antonio. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  12. Bien, June, entonces ya estamos de acuerdo.
    Gracias por los elogios.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  13. En mi opinión, de poco nos sirve la sabiduría. Ni a nosotros, ni a los contemporáneos de Cicerón. Hacerse viejo significa indefectiblemente (nos guste o no; queramos o tampoco) llenar los armarios de cosas. Hay quién guarda tesoros y otros custodian quincalla. Pero los armarios, las cómodas y las mesitas de noche, se atiborran. Hay ancianos que repiten sus andaduras que no suelen interesar a los bisoños. Por eso son jóvenes. Solo cuando ellos se hacen decrépitos, entienden que es lo que parloteaba el vejestorio. Un senil puede vivir encerrado en su asilo o abrir la ventana para diluir el hedor a naftalina y volver a sentirse adolescente. Se dice que hay viejos jóvenes; que saben vivir el día a día suculentamente. Pero lo que no se dice como se hace esto. No hay canon ni axioma. Cada uno cree vivir dinámicamente la vida según sus criterios. Para uno, tomar el sol adormilado en el parque es vivir la vida. Otros con ochenta años es lanzarse en parapente. Juzgo que ambos tienen razón. Pero nadie tiene derecho a despojar los recuerdos a un anciano ni mofarse de él porque se ha convertido en un carcamal. Otra cosa es que uno quiera perder su tiempo “joven” en escucharle; y es de fácil solución, con tal de abandonarle y ser sordo a sus cuentos añejos. Hay quienes sin querer han recopilado sustanciosos momentos durante 70 años. Otros solo han vivido un año repetido setenta veces. Pero ambos son inocentes y honorables.
    La principal sabiduría radica en el respeto a la senectud; asunto que los antiguos conocían. Ahora ya no nos resta ni siquiera ese valor y nos aburren. Y aunque el viejo tenga un alma manceba, ante la Parca nada le va quedar. Te lo aseguro, Antonio. Después del juego, el Rey y el peón van a parar a la misma caja. Saludos.

    ResponderEliminar
  14. Hola, Daniel.
    En todo de acuerdo con lo que dices, con lo que tan bien dices. ¿Respeto a la senectud? ¡Por supuesto! Quien no respete a otro por el hecho de ser viejo y se burle de él... ¡ése es el verdadero viejo! Yo diría que más que viejo está "muerto".
    Creo que ya he explicado suficientemente que no me refería a los viejos, sino a los viejos, que no tiene mucho que ver con la edad. Otra cosa es que hace doce años supiera escribirlo o no.
    Claro que los años y las experiencias nos llenan, a todos, los armarios de experiencias y recuerdos, de "cosas" varias, pero eso no tiene por qué entorpecer nuestro fluir en la vida, y si lo hace es que nos hemos vuelto "viejos", viejos de fondo.

    No sé muy bien si la siguiente entrada (que sale ahora mismo), aclara algo lo que quería expresar, pero me gustaría que la leyeras.

    Un abrazo, amigo Conde.

    ResponderEliminar
  15. Ando por aquí "repasando" (es que me gusta este blogg oiga!)
    Con sabiduría y acierto se expresó el Sr. Conde. Y es que evidentemente que el hábito no hace al monje...

    ResponderEliminar
  16. Encantado, Cristal, de que repases lo que quieras. Ésta es tu casa.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar