Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AHM







jueves, 25 de junio de 2009

Notas sobre el Zen




Con el objeto de echar luz sobre algunos de los aspectos que aquí se han comentado someramente sobre el Zen, me permito incluir aquí unas cuantas notas. Pero en este caso el autor no soy yo, que disto mucho de ser un entendido en la materia, sino que acudo a Daisetz Teitaro Suzuki, maestro zen y escritor, que fue nada menos que el divulgador del Zen en Occidente.
Las notas son citas escogidas por mí de su obra Die Grosse Befreiung (La Gran Liberación), concretamente párrafos del segundo capítulo, titulado "¿Qué es el Zen?".
Este libro, que aquí se publicó con el nombre de "Introducción al Budismo Zen", está prologado por el prestigioso psicoanalista Carl Gustav Jung, y es toda una joya que sirve efectivamente de introducción, al menos teórica, al fascinante mundo del Zen.
El maestro Suzuki (1870-1966) escribió muchos libros sobre Zen, intentando siempre explicar algo tan incomprensible para nuestra mente occidental como es el sentido del Zen, en términos que pudiéramos entender. Parece que siempre lo más sencillo es lo más difícil de explicar, pero él, ya digo, lo intentó durante muchos años, y creo que fueron bastante significativos sus logros a este respecto.
Entre sus amigos, gente que le admiraba y respetaba se encuentran, aparte del mencionado Jung, Hermann Hesse, Erich Fromm y Alan Watts.
Y paso ya a dejar al maestro que nos hable sobre el Zen...

AC.

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¿QUÉ ES EL ZEN?

por Daisetz Teitaro Suzuki


... Hemos afirmado que en el Zen cristaliza toda la filosofía del Oriente, pero esto no quiere decir que el Zen sea filosofía en el sentido corriente de la palabra. El Zen no es un sistema que se base en lógica y análisis. Si él algo es, es lo contrario de la lógica, bajo la cual yo entiendo el modo dualista de pensar. Bien es verdad que en el Zen puede hallarse un elemento intelectual, pues el Zen es el espíritu en su condición de un todo, y en él tienen cabida muchas cosas. Pero el espíritu no es algo compuesto, que pueda dividirse en tantas y tantas capacidades sin que después de esta desmembración quede algo de sobra.
Ni el Zen tiene nada que enseñarnos por la vía del análisis intelectual, ni contiene dogmas fijos que deberán aceptar sus adeptos. En este aspecto el Zen es totalmente caótico, por así decirlo. Probablemente, los seguidores del Zen tendrán una serie de dogmas o teorías, pero ellos los tienen por su propia cuenta y en su propio interés, no se lo deben al Zen.
Así, en el Zen tampoco existen libros sagrados, ni doctrinas dogmáticas, ni cualesquiera fórmulas simbólicas, que pudieran hacer accesible la esencia del Zen. Si se me preguntara qué enseña el Zen, yo debo responder que el Zen no enseña nada. Las doctrinas que se dan en el Zen proceden del propio interior de cada uno. Nosotros mismos somos nuestros maestros; el Zen sólo muestra el camino. Puede que esta orientación sea una doctrina, pero en el Zen no existe nada que pueda calificarse de doctrina fundamental o base filosófica.

En la meditación, una persona ha de concentrar sus pensamientos en alguna cosa, por ejemplo, en la unicidad de Dios o en su amor sin límites, o en la caducidad de las cosas. Pero el Zen quiere evitar precisamente esto. Lo que el Zen persigue con todas sus fuerzas es la consecución de la libertad, y en concreto, la libertad respecto a todos los obstáculos no naturales.
La meditación es algo impuesto artificialmente, no respondiendo a la postura natural del espíritu. ¿Sobre qué medita el pájaro en el aire o el pez en el agua? El pájaro vuela, el pez nada. ¿No es esto suficiente? ¿Quién quisiera fijar su espíritu en la unidad de Dios o del hombre? ¿O en la nulidad de esta vida? ¿Quién quiere o desea ser estorbado en las manifestaciones cotidianas de su voluntad de vivir por meditaciones, por ejemplo, acerca de la infinita bondad de un ser divino o el fuego perpetuo del infierno?

Algunos afirman que el Zen es una forma de la mística y, por lo tanto, no puede reivindicar o pretender ser original en la historia de las religiones. Puede ser, pero el Zen es una mística de peculiar índole. Es místico en el sentido, por ejemplo, en que el sol brilla, la flor crece lozana, o en que yo oigo que uno redobla el tambor ahí fuera. Si éstas son realidades místicas, entonces el Zen se halla repleto de tal clase. Cuando un maestro del Zen fue preguntado en cierta ocasión qué es el Zen, respondió: "Vuestros pensamientos de todos los días". ¿No es esto claro y auténtico?
El Zen no tiene nada en común con espíritu sectario de cualquier clase. Los cristianos pueden practicar el Zen igualmente que los budistas, exactamente igual que en el mismo océano viven peces grandes y pequeños. El Zen es el océano, el Zen es el aire, el Zen es la montaña, el Zen es el trueno y el relámpago, la flor primaveral, calor de verano y nieve del invierno; ciertamente más que esto, el Zen es el hombre.

Bajo todas las formalidades, tradiciones y superestructuras que se han acumulado en su larga historia, en el fondo pervive este aspecto esencial del Zen. Su mérito principal radica en el hecho de que nosotros somos capaces de penetrar en esta realidad última sin desviación alguna.
Como ya quedó dicho anteriormente, la originalidad del Zen, tal como se practica en el Japón, se basa en la disciplina sistemática del espíritu. El misticismo habitual resulta demasiado excéntrico, porque se encuentra demasiado apartado de la vida cotidiana; aquí el Zen ha aportado una transformación. Lo que en otros tiempos habitaba en el cielo, el Zen lo ha traído a la tierra. Con el desarrollo del Zen la mística perdió lo místico, ya no sigue siendo el producto salido del esfuerzo de una naturaleza especialmente dotada. Pues el Zen descubre su esencia en la vida trivial y sin acontecimientos del hombre corriente de la calle, aprehende el hecho de la vida en medio de la vida, tal como ella acontece.

El Zen educa sistemáticamente al espíritu para ver esto. Abre el ojo del hombre en relación al misterio máximo, que se desarrolla a diario y de hora en hora; expande al corazón de manera que es capaz de rastrear la eternidad del tiempo y la inmensidad del espacio; nos brinda una vida en el mundo, como si camináramos en el jardín del Edén; y todos estos hechos espirituales se desarrollan sin refugiarse en una doctrina, sino aferrándose de manera sencilla y directa a la verdad, que habita en lo más íntimo de nuestro ser.


D. T. Suzuki

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- Del libro "Introducción al Budismo Zen"
- Ed. Mensajero, 1972



22 comentarios:

  1. Y qué será de nosotros, occidentales, tan educados en doctrinas, atados a doctrinas,marcando doctrinas...

    Conozco este libro,Antonio,una verdadera joya.

    Mil besos!
    (viste el film "primavera, verano, otoño, invierno, y otra vez primavera" de Kim Ki Duk?)

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  2. Hola, Silvia.

    En cuanto a las doctrinas, creo que deberíamos hacer un esfuerzo y sacudírnoslas de encima, la opción resultante se llama "libertad". Creo que merece la pena, no un poco sino un mucho.
    Y en cuanto a la película, siento decirte que no, no la conozco. Intentaré buscarla en la red.

    Besos, amiga.

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  3. Si algo, me acercó a la filosofía budista y al Zen es esa falta de pautas y de ritos. Me gusta que sean enemigos del adoctrinamiento tan típico de las religiones al uso. Todas, o la mayoría, operan por exclusión. Nada que ver con el Budismo o el Zen...
    Cabe todo en esa libertad. Muchas veces acudo a él a recolocarme la mente en su sabiduría sencilla, pero profunda al máximo. Como bien dices, lo difícil de entender y de asumir acostumbra a ser lo más obvio. Sin embargo lo elemental, es básico para la vida del espíritu y para la vida en general.
    Me resultaría muy difícil definirlo, pero si tuviera que hacerlo diría que es una escuela de maestría individual que llega absolutamente a todo aquel que acude a él con espíritu abierto.
    La única norma es la libertad de interpretación, pero con honradez extrema, si no, no sirve absolutamente de nada.
    Y es eso, y nada de eso a un tiempo. Esta vivo... como tú, o como cualquiera...
    Sigue acercándonoslo Sr. Druida. Hace falta. Le envío abrazos varios.

    P.D. Ojito al parche, que hoy andas en "bocadillo" entre la niña que se cree rayuela y el buho de al lado... cuidadín!

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  4. Bueno y al final que es el Zen? el hombre, la verdad íntima del hombre? LLevo toda la vida escuchando hablar de la verdad, de la única verdad, de la gran verdad, de la íntima verdad...pero que diablos es esa verdad, y una verdad respecto a que mentira (mira me salió la dualidad).La libertad, pero eso no es una verdad sino una necesidad o apartar de nosotros todo lo que no sentimos como cierto, por ejemplo dejar un trabjo que no gusta. Si seguimos en ese trabajo nos estamos mintiendo?...

    El Texto que has dejado es realmente bonito e interesante. Gracias.
    Un gran beso.

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  5. Fíjate, Cristal:

    Conocí, bueno, me aproximé al Zen hace ya muchos años, de la mano de un libro que me recomendó un amigo (puede que fuera el mismo tío Hermann), y al principio no entendía ni jota de qué me estaban hablando. Pero en seguida percibí algo que me atrajo profunda e intensamente: el aire de libertad que allí se respiraba.
    Después no he leído mucho sobre el tema, y en absoluto soy un entendido al respecto, pero me quedó para siempre esa primera impresión, y cuando releo algún texto vuelvo a sentirla.

    También me enteré más tarde que en los monasterios Zen (al igual que en los taoístas) hay cantidad de reglas y normas de conducta. Imagino que esto es inevitable en cualquier sociedad. Y eso impidió mi acercamiento a uno de estos centros -dado que mi personalidad es más bien anárquica-, pero no me ensució esa imagen y ese aroma de libertad que sentí en un principio.

    La "honradez extrema", como la llamas, es una condición sine qua non, que se presupone en gente con el corazón sano, como es tu caso.
    Gracias, amiga, me quedo con todos tus abrazos.

    Besos.

    PD.- Si estoy de "bocadillo" entre Rayu y el búho de al lado, ¡es que soy el jamón! Oh, oh...
    Jejeje, pero de 'pata blanca'.

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  6. Eso digo yo también, Juana: ¿y al final qué es el Zen?

    ¿La verdad? ¿Recuerdas cuál fue la respuesta de Jesús a esa misma pregunta?...
    Según el Zen, cualquier verdad que esté enfrentada a una mentira no es tal verdad. Y si vemos un brillo en la noche y lo comparamos con la oscuridad, es que no hemos visto nada...

    La verdad es algo que está dentro de ti, y de Rayuela, y... sí, también dentro de Cristal, creo.
    La verdad es todas las cosas moviéndose al unísono, incluso las que están paradas, la verdad eres tú y el pájaro en la rama, la flor y la nube, la vela y la sombra.
    No es para nada necesario decir qué es la verdad, sólo es necesario verla. Después, todas las preguntas sobran.
    Por eso, ¿qué se puede responder a quien te pregunta por la verdad? Sólo un ¡mírala!
    Eso es lo que intenta el Zen, que miremos, fuera de dualidades, para ver la totalidad.

    Y la única libertad, la única, amiga Juana, es la de ver.
    El que está en un trabajo que no le gusta tiene dos opciones: o marcharse, o morirse de asco. Así de simple. Y sé bien de lo que te hablo, porque lo he vivido.

    Cristal, por ejemplo, retrasa lo más que puede limpiar su horno, porque no le gusta hacerlo, y puede que al final se compre uno nuevo, jeje.
    Parece absurdo, pero ése es el respiro que se concede a sí misma. Y lo hace así, se lo regala, porque aprecia su vida y no le apetece perder el tiempo en algo que le desagrada. Ahí actúa su libertad, por supuesto.
    Pero esa libertad se puede "agrandar", le pueden crecer alas, y entonces llegaríamos a hacer cosas que no nos gustan, porque las vemos "de otra manera", fuera ya del círculo cerrado de nuestros gustos personales.

    Bueno, espero no haberme liado demasiado.

    Un beso, Lunaazul.

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  7. Ahora lo veo más claro."cualquier verdad que esté enfrentada a una mentira no es tal verdad" me quedo hoy con esta frase, pensaré en ella, me resultua muy estimulante.
    Antonio ¿seguro que no eres poeta?. Tu respuesta la he sentido como una poesía, dices cosas realmente preciosas. Gracias.

    Besos y buenos días.

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  8. Hola Antonio,

    Te respondo antes de que me olvide,
    de Merton leí: Gandhi y la no violencia y el Rinoceronte y la lluvia.
    Y me pareció una persona que se adelantaba a su tiempo en muchas de sus reflexiones...

    Bueno, voy a por el post!

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  9. Es verdad que al principio, occidentales como somos nos vemos un poco perdidos. Cuando empecé con la práctica de yoga, meditación, no hacía más que preguntar: ¿Y esto para qué? ¿Y que se supone que estamos trabajando ahora? Y siempre la misma respuesta:

    Todo lo que preguntas está en Tí, ya lo notarás...Entonces cambié de táctica: He notado una opresión en el pecho, es por qué algún chakra está bloqueado...? Respuesta: Muy bien, sigue escuchándote...
    Salía de las clases con un mosqueo :-)

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  10. Hola de nuevo, Antonio.

    Veo que estás reponiendo tupidamente el tiempo de tu ausencia, pues publicas cosas nuevas casi a diario! Llevas un ritmo rapidísimo, corcel estepario...

    Bueno, he de confesar que no entiendo mucho de todo esto, pero en realidad no creo que se trater de "entender", sino de aprender a registrar y sentir la realidad, y moverse de manera acorde, de "resonar" de la manera más natural y más impasible de que seamos capaces.

    Una vez me dijo una Maestra (aunque no era zen): "La Vida no es lo que debería ser, ni lo que quisiéramos que fuera: la Vida es, simplemente, lo que es".
    Esta lectura me recordó de alguna manera esta enseñanza.


    No está del todo lejos, tampoco, del "conocimiento" de Juan Matus.

    Al final, la naturaleza humana es UNA, aunque los matices culturales difieran ligeramente, ¿no crees?

    Gracias, una vez más, por invitarnos a reflexionar.

    (Y también por las bellas ilustraciones).

    Un beso

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  11. Quizá porque con el Zen se abre una dimensión diferente acerca del percibir las cosas , trae consigo mucha paz y aceptación . Debe ser una maravilla ser un Zen.

    Deseo disfrutes de bonitos días, un beso Antonio.

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  12. Hola queridísimo Antonio!!!!

    Antes que nada, déjame agradecerte por tus lindas palabras y buenos deseos que dejaste en mi blog...

    Ya he vuelto de mi pequeño viaje, el cual ha sido una experiencia absolutamente mágica e inolvidable.. ¡Me muero de ganas de compartirla con todos ustedes! Lo cual haré poco a poco, pues aunque he regresado a la ciudad, tardaré aún en regresar a mi noche.. Una prolongada ausencia implica pendientes que resolver al regreso ;)

    Qué maravilla de texto nos regalas hoy... Uno de mis maestros, Karlfried Graf Dürkheim, discípulo de los maestros Jung y Suzuki, decía que el Zen es "la vía de lo cotidiano".

    La delicada flor del espíritu que es el Zen puede ser apreciada cuando el corazón, absorto en su contemplación, se ha abierto por completo, haciendo que trascendamos todos los conceptos.

    Tal vez por ello las enseñanzas zen se transmitan en pequeños cuentos que, pese a su sencillez, nos brindan perlas de sabiduría...

    "Haz lo que haces" es una de las enseñanzas zen... Tal ves este bello camino sea uno de los que más nos exhorta a vivir inmersos en el presente, en este imperceptible presente que nos sitúa entre lo que fue y lo que aún no se ha escrito. Y es que quizá el zen sea una llave para poder abrir la puerta por la que entra la eternidad cuando vivimos el aquí y el ahora...

    Hay tanto que decir al respecto... Pero nada lo definiría mejor que lo ha hecho el maestro Suzuki: "El Zen es el océano, el Zen es el aire, el Zen es la montaña, el Zen es el trueno y el relámpago, la flor primaveral, calor de verano y nieve del invierno; ciertamente más que esto, el Zen es el hombre".

    ¡¡¡Qué bello regalo de regreso han sido estas hermosas palabras, querido Antonio!!!!

    Gracias una vez más, amigo...

    un abrazo inmenso!!!!

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  13. Gracias Antonio, por traernos estos párrafos tan claros, tan ilustrativos, tan lúcidos a mi modo de ver. No conocía el libro, pero lo quiero leer.
    Un beso, y más gracias!

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  14. No, amiga Juana, no soy poeta; me gustaría serlo, pero no.
    Lo que sí soy, por encima de todo, es un sentidor, a la manera de Unamuno. Eso sí.
    Piensa que la verdad es total o no es. La verdad incluye a la mentira; la noche y el día, la luz y la sombra forman parte de un mismo conjunto.
    Todos sabemos, por lógica, que no hay sombra sin luz, pero ¿sabemos asimismo que no hay luz sin sombra?

    Besos, Lunaazul.

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  15. Hola, amiga Bruja.
    No conozco esas obras de Merton, y te digo que me atrae especialmente "El rinoceronte y la lluvia". Me suena ese título como muy zen.

    ¡Jajaja! No puedes entrar a practicar Yoga con un espíritu crítico "racional", porque si no... ¿para qué te sirve?
    Se supone que el raciocinio se tiene que dejar en la puerta, junto con los "clic-clac" (los zapatos).
    No sé mucho de yoga, pero creo que básicamente lo que enseña es a respirar, a saber respirar bien.
    Asunto importantísimo, que no solemos tener en cuenta, así nos va...
    Desbloquea ese chakra, Bruja, y sigue respirando, viviendo, brujeando y escribiendo muuuuuuchos años.
    Todos te lo agradeceremos, aunque sea de una forma sutil y yóguica, jeje.

    Un abrazo.

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  16. Hola, Liz.
    Sí, me estoy reponiendo, pero "tupidamente", como dices, porque los textos no son míos, son sólo citas.
    Me quedo con tu expresión de "corcel estepario", me ha encantado y la pienso patentar, con tu permiso, claro.

    Tu Maestra no sería "zen", pero te dijo una verdad como un templo de grande.
    Y sí, claro que tiene que ver con don Juan Matus. Estoy convencido de que la verdad se huele a distancia. Si uno tiene la bastante sensibilidad para percibirla.

    Dices que "la naturaleza humana es UNA"... Esto me recuerda a cuando la amiga Cristalook decía aquello de "todos somos iguales"...
    Sí, tan "iguales" que tenemos que cerrar la puerta de casa, por si se nos cuela algún "igual"...

    Yo me pregunto: ¿si la naturaleza humana es Una, por qué se presenta tan dividida?
    ¿Es una guerra, por ejemplo, una matanza entre iguales? ¿Tanto se odia la vida a sí misma?
    No lo creo, de verdad, no lo creo en absoluto.
    La naturaleza humana no es "Una", es múltiple, y todas sus partes están enfrentadas entre sí, porque son diferentes.

    Pregunta, amiga Liz, a don Juan Matus, y dile si todos somos iguales, si la naturaleza humana está unida. Seguro que le ibas a provocar un ataque de risa.
    ¡Jajajaja!

    La vida, amiga, es DIFERENCIA, y la semejanza que se puede tener con otro ser humano es similar a la que tenemos con un mosquito.
    Luego, aparte, están esos otros seres humanos con los que coincidimos, esos a los que podemos sentir como amigos.
    Son pocos, pero existen, y son los que nos alegran la vida.
    Por ejemplo, tú, Liz, pintora de sueños.

    Un gran beso desde el Árbol Azul.

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  17. ¡Azul! ¡Has vuelto!

    Aunque sólo sea por un momento, es muy grato ver por aquí las huellas de tus pasos.
    Tú sí que vas camino de ser una maestra zen, porque tus pies descalzos se impregnan de la tierra que pisan y luego se difuminan en la niebla del atardecer.

    Un beso, amiga, y, por favor, vuelve de vez en cuando para saber de ti.

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  18. Querido Antonio: He leído con mucha atención tu entrada y esta vez sí me gustaría aportar algo que ratifica lo que tú ya has escrito de mano de Daisetz Teitaro Suzuki. Mi aportación viene de la autora Charlotte Joko beck. Ambos vienen a decir lo mismo. Dice Charlotte que el zen es la vida. Sin más añadidura. Vivir según los preceptos de zen significa dar marcha atrás en nuestro vuelo desde la nada, para abrirnos al vacío del aquíy ahora. Significa sobre todo reconciliarnos con la vida. En el libro "La vida tal como es", Charlotte nos enseña a despertar a la vida diaria, a descubrir lo ideal en lo cotidiano y gozar de la riqueza de nuestros sentimientos, relaciones, y actividades. Como dice Daisetz, el zen es el pensamiento. Me quedo con eso también.
    Creo que estoy muy lejos de esa "disciplina", pero mi interés crece por ella. Al menos por su conocimiento.
    Un placer compartir contigo. Siento no poder compartir con tus otros contertulios y leerlos más detenidamente, porque sin duda el debate enriquece, pero estoy convaleciente y no puedo dedicar más tiempo.
    De nuevo un placer, y un abrazo.

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  19. Isis, ¡qué sorpresa!

    Pues sí que ha sido corto tu viaje.
    Pero dices que "mágico e inolvidable", y eso es lo importante.
    Ya nos dirás los detalles.

    Me suena mucho el nombre de Dürkheim, pero no tengo ningún libro suyo, no le he leído.
    Exactamente, amiga, el Zen es "la vía de lo cotidiano", pero con los ojos bieeen abiertos.

    A las últimas palabras de Suzuki que citas, yo añadiría, humildemente, como corresponde a mi 'rango' de profano: que el Zen no sólo es el hombre, es también la mujer, y en este caso la mujer se llama... ¡Isis!

    Un abrazo, amiga.
    Ojalá que vuelvas pronto a "tu noche" y nos cuentes las historias vividas.

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  20. Libertad, un placer verte por aquí.
    Si te interesa el tema, seguro que puedes encontrar mucho material al respecto, en las librerías y en la red.
    Y este libro en concreto, del maestro Suzuki, yo mismo lo puedo buscar y enviártelo.

    Un beso zen. (?)

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  21. ¡Hola, Carmen!

    ¿Qué es eso de que estás "convaleciente"? No me enterado de nada. ¿O te refieres a tu problema? Ah, vale, ahora caigo. Me imagino que el calor no es bueno para nada. Al menos para mí no lo es.
    Sí, así es amiga, el Zen es la relación directa con la misma vida. El Zen es la vida.

    ¿Cómo que estás lejos de esa "disciplina"? Ya sé que es difícil vaciar la taza, pero merece la pena, merece muuuucho la pena. Una taza limpia, vacía, es una taza libre que llamará la atención de la vida,
    que es una señora que vuela por ahí, de nube en nube, de terraza en terraza, de mesa en mesa...)

    Me gustaría mucho echarle un vistazo a ese libro de Charlotte.
    Pero, de momento, me conformo con leerte a ti, Carmen Media Luna, porque tu mirada está abierta y plena de asombro y curiosidad ante la vida, como una niña que recién descubre el color de las flores paseando por el valle de la vida.

    Un abrazo, de corazón a corazón.
    (qué fuerte suena esto, jeje)

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  22. ¡No sé Antonio!... el Zen lo entiendo más como lo podría hacer el más pobrecito de sus discípulos , aquellos que ni leer saben pero que reciben desde la sencillez la enseñanza que los cuentos zen les hace llegar...con la parábola de sus maestros, y es desde ahí que puedo seguir fluyendo en calma, aunque no siempre ... ja,ja,ja.

    Besito volado.

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