Aquí escribo,
al filo de la noche,
en este cuaderno de cristal
y humo,
para ahuyentar las sombras.


Con la ventana abierta,
por si viene el pájaro
del sueño.

AHM







martes, 27 de mayo de 2008


Libro del cantor

LIBRO DEL CANTOR


Sólo díselo a los sabios,
Pues la masa no comprende:
Yo voy a alabar a la vida
Que se inclina hacia la muerte.

En las noches amorosas
Que te engendran y que engendras,
Te sobrecoge una duda
A la luz del cirio pálido.

Ya no puedes en lo oscuro
Permanecer por más tiempo,
Y el anhelo te consume
Hacia un más estrecho abrazo.

Nada lejos te resulta,
Y acudes en vuelo rápido,
Y como la mariposa
En la ardiente luz te abrasas.

¡Sí! ¡Muere y resucita!
Y en tanto no comprendas
Lo que este lema encierra
Serás un huésped triste
Sobre la oscura tierra.


Johann Wolfgang von Goethe

miércoles, 14 de mayo de 2008


jueves, 8 de mayo de 2008


Tres voces



Mientras contemplo este nuevo amanecer, estas nubes gris-azuladas rodeando un centro de luz intensa y dorada, llena de lejanía. Mientras veo esto desde mi balcón tres voces vienen a mi mente, o salen de ella. Una, la primera, es la romántica, la del éxtasis de la belleza, la que nos hace sentir una emoción íntima y extraña a un tiempo, como si tuviéramos delante la imagen lejana de un destino o un origen olvidado. Otra es la chamánica, la que nos señala esa luz en el horizonte como la fisura entre los mundos, una especie de puerta por la que uno podría colarse, si supiera, hacia dimensiones distintas. Y por último, está la voz racional, que nos dice con un acento de desprecio, que todo esto no es más que un simple efecto estético.
Puede que las tres voces digan, a su manera, la verdad. Porque la verdad no tiene una sola cara, sino muchas. Pero las dos primeras voces son espléndidas, en su alegría, en su positivo misterio, en su empuje vital. Mientras que la última es mezquina, apagada, mutiladora y excluyente.
Esta última voz no une, separa. Y lo peor es que de ella, de esa actitud fría, de esa pobre visión, ha surgido este mundo en que ahora vivimos, de mala manera.

A.H.M.

miércoles, 7 de mayo de 2008



Una parábola


“Un hombre que paseaba por un campo se encontró con un tigre. Dio media vuelta y huyó, el tigre pisándole los talones. Al llegar a un precipicio, se agarró a la raíz de una vieja parra y se dejó colgar sobre el abismo. El tigre lo olfateaba desde arriba. Estremeciéndose, el hombre miró hacia el fondo del precipicio, en donde otro tigre esperaba ávido su caída para devorarlo. Sólo la parra lo sostenía.
Dos ratones, uno blanco y otro negro, empezaron entonces a roer la raíz. A su lado, el hombre vio una fresa silvestre de aspecto suculento. Aferrándose a la parra con una mano, pudo alcanzar la fresa con la otra. ¡Qué deliciosa estaba! ...”

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Esta antigua historia zen me parece que da en el clavo de cómo debemos aceptar la complicación de la vida. Entre uno y otro problema, entre una y otra amenaza, lo que mejor podemos hacer es... comernos la fresa.

AHM.